Siempre hace buen tiempo

Meditación ante el lago

 

 

Serena y limpia el agua de la tarde
copiaba azul los surcos de mi alma
y el lago reflejaba el sol en calma
al dar su gota última de sangre.

Y al abrirse a la noche que se transe
de una brisa tan pura, me reclama
morirme yo contigo en esa llama
que es el amor que vive y se reparte

en cada brizna del aire adormecido,
en cada beso, en cada pensamiento
con que te mueres y retornas  vivo

en limpio amanecer. Dame el sosiego
de estar en paz en medio de los vientos,
oh Dios, al dar  mi último suspiro.

(Inédito, 2004)

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