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Monthly Archives: marzo 2024

Resucitar a la presencia

RESUCITAR A LA PRESENCIA

Si me miro en el fondo de mí mismo
sin dejar que mi yo se me interponga,
ni el triste pensamiento me proponga
toda la vaciedad del propio abismo.

Si busco sin buscar con heroísmo
la luz secreta que de Ti prolonga
ese amor que ya soy, haz que me imponga
sumergirme contigo en tu bautismo,

que es nacer otra vez a la alegría
de saberme pequeño como un niño,
tan grande como el mar en su querencia

y navegar tan solo en el cariño
de ese Dios que embriaga el alma mía
por la resurrección de la presencia.

Pedro Miguel Lamet

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La muerte resucitada

Armonía, paz, dulzura y unción trascendida son los sentimientos que emite esta tabla del siglo XVI que se conserva en el Museo Antiguo de Sigüenza, procedente de la cercana pedanía de Pozancos. De allí fue trasladada para evitar su expolio en una época en que era frecuente el robo de obras de arte en las iglesias rurales. Debida al pincel de un anónimo pintor castellano, representa el Entierro de Cristo con las clásicas figuras: Cristo muerto sobre el sudario en el momento de ser colocado en el sepulcro por Nicodemo y José de Arimatea, mientras María, con las manos juntas, lo contempla desolada y consolada por su “nuevo hijo”, el apóstol Juan, a la par  que las tres santas mujeres se ocupan de Jesús a sus pies, especialmente la más versada en besarlos y enjugarlos, María Magdalena.

El oro de las auras y la riqueza de las vestiduras son solo el complemento de los detallistas rostros espléndidamente humanos en torno a la suave curva del cuerpo de Cristo, que atraviesa, como un río de quietud, todo el cuadro. Un Adán y una Eva, que también fueron trasladados al Museo de Sigüenza, escoltaban a la pintura en la parroquia de Pozancos como un resumen de historia de salvación. Todo ello ornamentaba el enterramiento de   don Martín Fernández, señor de Pozancos, capellán que fue de la iglesia de Sigüenza, arcipreste de Hita (no el famoso escritor), cura de las Inviernas…

Hoy mirar esta tabla nos sitúa en el no-tiempo del arte, que toca la fibra más secreta del ser humano, con un canto íntimo a la muerte y la Vida, dejándonos en el alma ese sabor a más, la inefable paz eterna de una Pascua secretamente oculta ya en el mismo sepulcro.

Foto: “Entierro de Cristo”. Tabla de Pozancos. Exposición dedicada al centenario de Cisneros (2017). Hoy en el Museo Antiguo de Sigüenza. ©PMLamet

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Al papa Francisco en sus once años de pontificado

      AL PAPA FRANCISCO

Como una estrella de una luz lejana
que ilumina el desierto, de repente
viniste a Roma sencillo y sorprendente
a abrirnos de par en par una ventana;

rompiste el protocolo y la mundana
vanidad de una Iglesia indiferente
para sentarte sin más entre la gente
como un pastor que ríe en la mañana.

Amigo de los pobres y pequeños,
voz de los sin voz, alzas tu cayado
contra un mundo de odio e injusticia;

como Jesús, no temas a los dueños
del mundo del poder y la malicia,
pues en tu cruz ya has resucitado.

Pedro Migue Lamet, sj



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