Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Poemas

Sabiduría de niño

Javi Galván del Rey
Los niños son pedazos de Dios y no lo saben,
van saltando en la lluvia y no se mojan;
el aire besan, sin ser sus propietarios.
Dan regalos sin precio, a solas juegan
y van acompañados de todo el universo.
 
Los niños aún no saben
qué papel les darán en la comedia;
y cuando miran, te ven directamente
sin careta, te ven como tú eres,
sin sopesar qué vales o qué cobras,
si eres peón, capataz o propietario,
joven o viejo, y el puesto que te han dado
quienes reparten roles de apariencia.
 
Juegan los niños con tu niño oculto
y solo desde ellos  te vives como eres.
 
Pedro Miguel Lamet
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La voz del verano

Como voces secretas de una vida,
del verano aquel vuelve el sonido
con sordina de grillos, sin ruido,
y música de lejos ya perdida.

La noche quieta y la palabra huida
se han quedo en el aire y el olvido
añorando aquel joven perseguido
por la luna de ensueños pretendida.

Pero el ardor que anhela tu mirada
que desde el mar buscaba mi sonrisa,
sigue, Jesús, clamando con ternura

con la misma palabra enamorada:
“Sígueme, amigo, óyeme en la brisa,
y húndete ahora en toda la hermosura”.

Pedro Miguel Lamet

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El minuto perdido

Tuve tiempo de estar contigo a solas,
de andar la luz, hundirme en la espesura;
tuve tiempo de desvelar la hondura
que es andar como tú sobre las olas

y atrapar del silencio cabriolas.
Pude besar en esta noche pura
la lumbre que me quema y que perdura
y hallarte vivo entre las cacerolas.

Pude abrazarte ahora enteramente.
Pero, al verme atrapado por la vida
preferí no remar contracorriente;

no quise despertar del largo sueño,
por no sentir el fuego de mi herida
donde anidas, Amor, y eres mi Dueño.

Pedro Miguel Lamet

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Si estás perdido

Si estás perdido en ese desconcierto

de no saber a dónde va el camino

y esta vida te lleva al desatino

de andar sin rumbo solo en un desierto;

si a veces añoras retornar al huerto

y sentarte a la sombra de aquel  pino

para mirar al sol dormirse en el divino

regazo de la mar igual que un muerto,

cierra los ojos, respira en este instante

lo que detrás de tu ser te configura,

piérdete así del todo en ese encuentro

que habita tras la forma y la figura,

y descansa tu alma como amante

en el beso de amor que eres por dentro.

Pedro Miguel Lamet

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Cuando no estoy

“Cuando no estoy, estás tú”

Cuando no estoy, estás tú,
y cuando estás, amanece
ése yo sin figura,
que, dormido, más que nombre
y deseo o poder o residencia
es río, manantial, ola y abrazo
de este pasar en busca de su Ser
que es tu presencia.

Me miro en ti, cuando camino
sin camino, como un niño
que acaba de nacer y nada solo
en el mar en que nadaba
antes del tiempo.

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Devuélveme mi estrella

Ahora que el niño se acurruca en este

gastado cuerpo

y que el mundo va camino de no saber  caminos,

devuélveme la estrella

en su esplendor de estaño,

que anoche he vuelto a escribir cartas a la vida

y no responde nadie.

Ve al buzón de allí cerca

a recoger la mía, la que hace sesenta años

deposité a los Magos

pidiéndoles una bicicleta azul

para dar libertad

a mi cojera,

pues quisiera escuchar aún sus pasos

desde la almohada,  el oído semidespierto

a un  lejano rumor de dromedarios

camino de mi casa

y de mi ensueño.

Voy ahora a despertar a mis padres,

a levantarlos de la tumba

para ir en pijama hacia el cuarto de estar

y brincar con ellos de alegría,

pues aún conservo intacta la sorpresa

que ellos supieron sembrar

tragándose las lágrimas.

Desde entonces tomé el oficio

más bello de la tierra:

restaurador de sueños o , si queréis,

perseguidor

y lustrador de estrellas.

Pedro Miguel Lamet

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La nochebuena del alma

Cuando anochece cada noche oscura

y busco entre las sombras un camino

para aliviar la duda, el desatino

que es no encontrar la luz en la locura

 

de un mundo que se ofusca y se tortura

por detener el tiempo en torbellino

mientras lloro su ausencia de destino,

solo tu llanto enciende mi ternura

 

al devolverme el niño que he perdido

y descubrir que dentro de mi alma

hay un pesebre pobre que te espera,

 

un hogar de silencios y de calma

donde Tú estabas sin que yo supiera

que de mi cuna nunca te habías ido.

         Pedro Miguel Lamet, SJ

¡Muy feliz Navidad de todos y venturoso año nuevo!

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Un canto a la vida

      FLOR, AGUA, BRISA

Para la flor el tiempo se escabulle,

fallece su color en un instante

como el regalo gratis y acuciante

que dispensa la vida cuando fluye.





Para el río el agua se diluye

en su pulir la piedra itinerante

y va a morir al mar como un amante

que en su abrazo la anula y la destruye.





Para mi ser la vida es una brisa

que en el nacer me sopla amablemente

me derrumba, me salva, me enloquece

y convertida en viento de repente

me anega en una lágrima, una risa

hasta besar el Mar eternamente.

Pedro Miguel Lamet

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Después del caos

EL TÚ OCULTO EN LA AUSENCIA

La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla.
Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

(Gn 1,2)

Carvoeiro (Portugal)

Era todo un bostezo desahuciado
y el miedo permanente de la ausencia,
el envés asustado de la esencia,
que busca ser y anhela lo creado.

Era el hueco que nunca fuera amado
en la noche sin luna ni presencia,
el vacío del beso y la querencia
de ese abrazo que nunca habíase dado.

Era mi ser perdido en la penumbra,
la tarde sin amor ni despedida,
la mesa sin brasero, la ternura

que pide el yo de pan y risa hambriento.
Era el Tú que se oculta en la espesura
y brotará si nace el sentimiento.

Pedro Miguel Lamet

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En la entraña de un mundo que no entiendo

Anochecer en Alvor (Portugal) PML
 AMANECER
 
 
Con el frescor primero, como un canto,
nacían los colores  a la vida
desde el sol desleído en rosa pálido;
y agorera la noche despedía
aquella sombra que dejó tu llanto,
 
aquella sombra que muere cada noche,
cuando se duerme el cuerpo,
y el alma sin quebranto
vaga sola buscando entre las nubes
el cobijo que le de un abrazo
 
por ensayar cada día este estar muerto
que es vivir sin vivir el desencanto;
y para luego despertar contigo
y mirar desde el alba el rostro amado
 
en que nací a luz, por siempre amanecido
,
oh Dios que habitas de amor acurrucado
en la entraña de un mundo que no entiendo
y en el secreto temblor de mi regazo.
 
Pedro Miguel Lamet
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