Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Poemas

Soñé con ser tu marinero

Mar de Alvor, Algarve, Portugal. ©PMLamet
SOÑÉ CON SER TU MARINERO

Soñé de niño ser tu marinero
y cruzar por los mares de la vida
sin más norte que esa tu luz que anida
en el sol que acaricia a mi velero.

Quise alcanzar la gloria prisionero
de mi poder, mi fuerza y mi partida,
sin comprender que estaba ya perdida
por llevar el timón tan altanero.

Ahora en el atardecer descubro
que nunca mi bogar fue de mi mano,
que no alcancé más puerto que la brisa

en la frente, y ese horizonte hermano
hacia un mar que me lleva y que columbro
para anegarme entero en tu sonrisa.

Pedro Miguel Lamet
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Amar no tiene nombre

“Te amo” .dijo el Principito- . “Yo también te quiero” –Dijo la Rosa-
“No es lo mismo”, respondió él.


AMAR NO TIENE NOMBRE

 Amar es un vacío,
un llevar en las manos
el temblor de estar solo
mirando las estrellas,
un saberse una pluma
movida por la brisa
y olvidarse que el miedo
hizo en ti su morada
y arrumbar en lo oscuro
los planes ya trazados
y dejar que tu alma
llore a solas lo absurdo
que es estar y no estar.



Amar es un insólito
querer ser lo imposible,
derrotar los deseos,
recomponer el mundo
a trozos de ilusiones,
arrimar a las rosas
la eternidad rompiente
y regar con ausencia
la cuna de la noche
donde acecha el dolor.



Amar no es el anhelo
de vivir la primicia
de un ser entre los brazos
o llevar de la brida 
el feliz yo caliente,
o andar con un espejo
de un tú mismo mejor





















Ni pensar que ya es tuyo
el ser que has aprehendido,
ni pregonar al mundo
desde un tú apuntalado,
ni reírse del salto
que el otro no ha querido,
ni poner a tus ojos
parcelas por el mundo
con un cartel: "No entrar".

Amar es un perderse
en la noche estrellada
y saber que hace tiempo
has dejado de ser.
Es flotar sin un norte
por el mar de tu alma
y mañana ¡quién sabe!
no saber, no saber...


Amar es estar solo
con todo en compañía
y morir de vivirse
tan lleno del presente,
canción de un gran vacío
de lo amado que nace
en llamas del recuerdo
y el grito de un instante
que es, que fue, que apenas
vuela en lo casi perfecto
en la luz que no ha sido.

Amar no tiene nombre, 
quizás sólo la noche
que queda si has querido
al borde de la orilla,
una huella en la playa
que dejaste al pasar
y ser mar en la mar.


Pedro Miguel Lamet

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¡Cómo suena tu nombre!

¡CÓMO SUENA TU NOMBRE!

No hay nada que resuene como el nombre
de labios del amado, de tal suerte
que resucite el alma, te haga fuerte,
te toque las entrañas y te asombre,

herida de dolor, cuando aquel hombre,
jardinero del huerto de la muerte,
hizo vibrar el aire frío e inerte
y te llamó “María” sin renombre.

¡Oh qué riada de recuerdos vino
hasta anegar de sueños el momento
y estrechar en sus pies esa presencia

que es abrazar lo humano y lo divino!
Tu Rabboni desenterró la ausencia
y nuestro amor cristalizó en el viento.

Pedro Miguel Lamet 

¡Feliz Pascua a todos!

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Noche oscura

NOCHE OSCURA

¡Dime qué ausencia es esta del deseo
y qué agujero soy  cuando te llamo
como perro perdido sin su amo
o desierto sin agua en que me veo,

si  Tú  no estás y grito que en ti creo,
y  bien sabes. Señor, cuánto que te amo!
¿Por qué es de noche y no encuentro ni un gramo
de aquella luz, ni un silbo, ni un gorjeo?

¿No será que el vacío es la presencia?
¿No será que el  silencio es tu palabra
y la nada la flor de la llenumbre?

Acurruca tu Ser en mi querencia,
anúlame este yo y haz que se abra
a la noche que colmas con tu lumbre.

Pedro Miguel Lamet
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Abísmame en tu Ser

“Mientras deambulo absorto por sendas de este espejo,
ABÍSMAME EN TU SER
 
Si del silencio hiciera 
 un abismado hueco,
 y en las tardes sin nadie 
 el diapasón ardiente
 del aire sobre el aire
 hasta matarme el ego
 por ser contigo
 uno,
 dormiría
 tan dormido y despierto,
 tan nada y todo en uno,
 como esa nube leve
 del sol atravesada.

 Si esta noche me dieras
 el saber sin concepto,
 un ser sin etiqueta,
 un navegar sin barco
 y una luna sin tiempo,
 que en las sombras fabrica
 la amenaza del miedo,
 quizás descubriría
 el vaivén de mi cuna
 y el sabor de tu verso.

 Si mañana es ahora
 y ayer ya no amanece
 y el hoy solo un instante 
 que se me esfuma yerto,
 abísmame en tu Ser
 porque así me diluya
 mientras deambulo absorto
 por sendas de este espejo,
 donde barrunto el aire
 de tu perfume eterno.

 Pedro Miguel Lamet
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El punto de luz

EL PUNTO DE LUZ

Sólo soy cuando dejo de ser
y vuelco la existencia sobre el vano
vacío de la sombra.

Me pierdo y me descubro
en la sima abisal de la marea.
El tiempo es solo ola,
la vida permanencia.

Sé que estás prendido de la estrella
allí donde la estrella ha dejado de serlo
y es el punto de luz 
donde amanezco.

Pedro Miguel Lamet

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Baja a mi noche

“Sentada en su butaca”
 
 
 
 
 BAJA A MI NOCHE
  
 Baja ahora a mi noche con la piedad del beso
 con que posa en la hoja la gota de rocío
 y límpiame el espejo con que copio este mundo
 de tristeza de niños sin niñez
 y ancianos sin arropo.
  
 Cántame tu nana, Señor, que tengo miedo
 a las sombras que tejen los dueños del dinero
 y a la frialdad de campos que engendran
 rascacielos con índices nikeis e ibex trentaicinco,
 cuando las flores huyen y los pájaros mueren
 sin ramas protectoras.
  
 Desándame el camino, que, perdidos sin norte,
 escarbamos asfaltos en busca de esperanza.
  
 Vuelve a casa, mi amigo, enciende tu fogata
 saca el pan con que hornas la ternura, y el vino
 con que sangras de nuevo entre misiles,
 que hace tiempo que no encuentro la risa
 sentados en la mesa de tu cuarto de estar.
  
 Me falta la cretona y el canto del jilguero,
 la tisana y la tarta, un calor de merienda
 y el croché de la abuela, sentada en su butaca
 y su nube sin tiempo. 
 Que la tele no grite
 zafiedades al aire y noticias que abruman
 al corazón exhausto.
  
 Salgamos a correr.
  
 
 Pedro Miguel Lamet
  
   
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La estrella de los Magos

Os deseo a todos el mejor regalo de Reyes, recuperar la ilusión
y reencontrar la estrella.
¡Felices Reyes!

Una estrella entre nubes desleídas


LA ESTRELLA DE LOS MAGOS

En medio de la noche rumorosa
y en un bosque de brumas ateridas
caminaba sin rumbo solo a oídas
de ese miedo interior que me rebosa,
cuando entre nubes refulgió preciosa,
como bálsamo azul en mis heridas
una estrella entre nubes desleídas
que encendió la ilusión por cada cosa.
De pronto renació en mí el niño huido
que en el cuarto de estar abría la puerta
al regalo de ser, al sueño tierno
de un día de Reyes que perdió el olvido,
y en una bici la sorpresa abierta
de volar de nuevo hacia el amor eterno.

Pedro Miguel Lamet
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Meditación de fin de año

MEDITACIÓN DE FIN DE AÑO

Cuando al mirarme en el espejo, vago

hacia la sombra que detrás me dejo

y desayuno en la ventana un poco

de esta luz que me regala el tiempo,

te pregunto, Señor, cómo me llamo

y quién es este que pregunta al cielo

ahora que dicen que se acaba un año

y lo despiden con risas y festejos,

como si el fin no fuera cada día

y cada hora un nuevo comienzo;

como si pudiera retornar al niño

que jugaba a peonzas en el suelo

o al soñador sentado en la escollera

por bucear tu luz entre los versos.

Me parece este paso como un río

que no puedo atrapar; cual un intento

que no tiene otro fin ni otra diana

que despeñarse en un desfiladero

donde el “yo” ya es la nada iluminada,

una gota en el mar del  Universo.

Pedro Miguel Lamet

VIDEO DEL POEMA RELIZADO POR MI HERMANO MIGUEL ANGEL:

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Nochebuena de la pandemia

En esta Navidad tan atípica os deseo más que nunca, queridos amigos y lectores, felicidad de dentro. Quizás la fragilidad, inseguridad e incertidumbre en que vivimos por la pandemia, las restricciones que condicionan estas fiestas nos puedan ayudar más que nunca a acercarnos al desasimiento total con que vino Jesús a este mundo, despojándose de todo. Al final, paradójicamente, la más profunda razón de nuestra alegría.

Algo que he querido plasmar en este soneto:

NOCHEBUENA DE LA PANDEMIA


Nunca el mundo sintiose tan propicio
ni la tierra un erial tan deseable
para anhelar el Verbo que nos hable
desde el amor que era en el principio.


Nunca vimos tan cerca el precipicio
como en esta pandemia abominable,
ni sentimos el miedo a lo inestable
por un tiempo insalubre de desquicio.


Y nunca nochebuena fue tan buena
como la de habitar en lo inseguro
con una paradójica alegría,


ya que nunca la vida fue tan plena
ni el amor tan gratis y tan puro
como nacer en brazos de María.


Pedro Miguel Lamet, sj


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