Siempre hace buen tiempo

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Soy mar, soy armonía

SOY MAR

Soy  Mar, en un Cádiz todo horizonte. Dios  quebró mi pierna, me dejó con un pie en el mundo, el otro, el enfermo, en el cielo: S.J. Creo en el hombre, que es un modo de creer en Dios y en la poesía, vestíbulo de la mística, del Jesús amigo.

SOY ARMONÍA

Esta foto de la Vía Láctea tomada una noche de verano  nos evoca a Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, que unos 400 años ante de Cristo,  enseñaba:

  Si se os pregunta ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el Universo.

Una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas, consideradas entidades geométricas de una dimensión. Sus vibraciones se fundan en simetrías matemáticas particulares que representan una prolongación de la visión pitagórica del universo y la recuperación, en la más moderna visión del mundo, de la antigua creencia en la Música de las Esferas.

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Abísmame en tu Ser

“Mientras deambulo absorto por sendas de este espejo,
ABÍSMAME EN TU SER
 
Si del silencio hiciera 
 un abismado hueco,
 y en las tardes sin nadie 
 el diapasón ardiente
 del aire sobre el aire
 hasta matarme el ego
 por ser contigo
 uno,
 dormiría
 tan dormido y despierto,
 tan nada y todo en uno,
 como esa nube leve
 del sol atravesada.

 Si esta noche me dieras
 el saber sin concepto,
 un ser sin etiqueta,
 un navegar sin barco
 y una luna sin tiempo,
 que en las sombras fabrica
 la amenaza del miedo,
 quizás descubriría
 el vaivén de mi cuna
 y el sabor de tu verso.

 Si mañana es ahora
 y ayer ya no amanece
 y el hoy solo un instante 
 que se me esfuma yerto,
 abísmame en tu Ser
 porque así me diluya
 mientras deambulo absorto
 por sendas de este espejo,
 donde barrunto el aire
 de tu perfume eterno.

 Pedro Miguel Lamet
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Aparece en inglés mi biografía de Pedro Arrupe

Editada por IJS STUDIES de Boston (EE:UU;) acaba de aparece la traducción al inglés de mi biografía “Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del XXI”

 Pedro Arrupe : Witness of the Twentieth Century, Prophet of the Twenty-First

     (No reviews yet) Write a Review $24.95SKU: 1201UPC: 9781947617087Author: Pedro Miguel LametBinding: PaperPages: 495 pp, bibl., indexPublication Date: 2020ISBN: 978-1-947617-08-7LCCN: 2020950303Imprint: IJS Studies – Research on Jesuits and the Society of Jesus

Pedro Arrupe : Witness of the Twentieth Century, Prophet of the Twenty-First

Product Overview

The renown of few contemporary church figures has grown as much over time as that of the charismatic General of the Jesuits, Pedro Arrupe (1907-1991). Born into a bourgeois family in the industrial city of Bilbao, he studied medicine in Madrid, but after several years of study he left medical school to join the Society of Jesus, where decisive events awaited him. Expelled from Spain during the Republic, Arrupe was a citizen of the world by vocation and formation. During World War II he worked as a missionary in Japan, where he was accused of being a spy and imprisoned. He directly witnessed the explosion of the atomic bomb dropped on Hiroshima, and he used his medical knowledge to attend to the victims.

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El punto de luz

EL PUNTO DE LUZ

Sólo soy cuando dejo de ser
y vuelco la existencia sobre el vano
vacío de la sombra.

Me pierdo y me descubro
en la sima abisal de la marea.
El tiempo es solo ola,
la vida permanencia.

Sé que estás prendido de la estrella
allí donde la estrella ha dejado de serlo
y es el punto de luz 
donde amanezco.

Pedro Miguel Lamet

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El último secreto de Pedro Arrupe

“Hay que sufrir y ofrecerlo. Es la vida. Dios está más allá de todo. Mi vida es estar con Dios. Tenemos que ver a Dios en todo”
El último secreto de Pedro Arrupe
Juan Pablo II y Pedro Arrupe
“Lo único que queda siempre y en todo lugar, que me ha de orientar y ayudar siempre, aun en las circunstancias más difíciles y en las incomprensiones más dolorosas, es siempre el amor del único amigo, que es Jesucristo”.
La comparación de las teologías de Arrupe y Juan Pablo II arroja luz para comprender la incomunicación de dos hombres de Dios, que conducirá a Pedro a la kénosis, el vaciamiento interior de nueve años de enfermedad, vividos de forma heroica.
Me confesó cuatro iluminaciones místicas en su vida: “Lo vi claro delante de Dios. Los jesuitas teníamos que dar ese paso. Fue algo precioso, bonitísimo” (lo decía con al rostro transportado).
Tenía conocimientos extrasensoriales de las personas. Casi todos los jesuitas se sentían percibidos y comprendidos antes de contarles nada.

Hoy se cumplen treinta años de la muerte de Arrupe. Se fue de este mundo precisamente el 5 de febrero, aniversario de los mártires de Nagasaki. de su querido Japón Cuando le visité en Roma, ya afectado por la trombosis para entrevistarle de cara a la biografía, vivía de la fe en medio de la marginación y desautorización de la Santa Sede.

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Baja a mi noche

“Sentada en su butaca”
 
 
 
 
 BAJA A MI NOCHE
  
 Baja ahora a mi noche con la piedad del beso
 con que posa en la hoja la gota de rocío
 y límpiame el espejo con que copio este mundo
 de tristeza de niños sin niñez
 y ancianos sin arropo.
  
 Cántame tu nana, Señor, que tengo miedo
 a las sombras que tejen los dueños del dinero
 y a la frialdad de campos que engendran
 rascacielos con índices nikeis e ibex trentaicinco,
 cuando las flores huyen y los pájaros mueren
 sin ramas protectoras.
  
 Desándame el camino, que, perdidos sin norte,
 escarbamos asfaltos en busca de esperanza.
  
 Vuelve a casa, mi amigo, enciende tu fogata
 saca el pan con que hornas la ternura, y el vino
 con que sangras de nuevo entre misiles,
 que hace tiempo que no encuentro la risa
 sentados en la mesa de tu cuarto de estar.
  
 Me falta la cretona y el canto del jilguero,
 la tisana y la tarta, un calor de merienda
 y el croché de la abuela, sentada en su butaca
 y su nube sin tiempo. 
 Que la tele no grite
 zafiedades al aire y noticias que abruman
 al corazón exhausto.
  
 Salgamos a correr.
  
 
 Pedro Miguel Lamet
  
   
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“Para alcanzar amor”, en librerías

Para alcanzar amor

A partir del 27 de enero está en la calle mi nuevo libro Para alcanzar amor: Igancio de Loyola y los primeros jesuitas. Hace veinte años escribí mi primera biografía novelada de San Ignacio de Loyola, El caballero de las dos banderas, pero centrada, como suele suceder, en los años más movidos de la vida del fundador de los jesuitas: sus tiempos de gentilhombre “desgarrado y vano”, su conversión, sus años de peregrinaje. Ahora lanzo una novela histórica biográfica integral que engloba también los años más difíciles, los de la fundación de la Compañía de Jesús y su relación con sus compañeros, los primeros jesuitas.

TEXTO DE CONTRAPORTADA

El escritor Pedro de Ribadeneira, reconocido clásico de nuestra literatura, regresa a los ochenta y cuatro años de edad a su natal Toledo, y, a orillas del Tajo, evoca las peripecias de su larga vida: Desde el momento en que partió aún adolescente, como paje del cardenal Farnesio, hacia Roma, donde conocería casualmente a Ignacio de Loyola que, cuando solo contaba catorce años, le admitió en la naciente Compañía de Jesús. Eso le convirtió en su primer biógrafo y uno de los hombres que más trató y mejor conoció al fundador de los jesuitas.

                Ahora en su ancianidad rememora la vida del fundador, sus raíces, su época airada de caballero, su conversión, los tiempos de peregrinaje, de estudios, de fundación junto a sus compañeros y los años de oculto gobernante de la orden que ya extendía su influjo por todo el mundo conocido. Se plantea además las dudas y críticas que algunos han vertido sobre su libro, escrito en el marco de los acontecimientos de la España de Felipe II, la reforma y la contrarreforma, y bajo el condicionamiento de los inicios del proceso de canonización del futuro santo.

                Pedro Miguel Lamet viene a introducirnos también en los apasionantes hechos que enmarcan el nacimiento de la Compañía de Jesús, dentro del complejo ambiente político y social del Siglo de Oro, con su habitual amenidad y rigor histórico. Contrasta la personalidad de Ribadeneira, escritor sensible y algo quejumbroso, con la de Ignacio, provisto de honda armonía interior, amor apasionado a Jesucristo, e insólita capacidad de sintetizar la mística y el sentido práctico, cualidades que supo imprimir en la orden religiosa más eficaz y polémica de la Historia.

En el V Centenario de la herida y conversión que transformaron

al gentilhombre Íñigo de Loyola

AQUIRIR EL LIBRO ON LINE:

En Agapea, En Amazón, En Casa del Libro, En El Corte Inglés

ISBN9788491649748 – Fecha de lanzamiento: 27 de Enero de 2021 – Idiomas: Castellano – Género: Novela histórica – Formato: Tapa blanda – Editorial: LA ESFERA DE LOS LIBROS – Dimensiones: 23.5 x 15.5 – Número de páginas: 520

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El arte de creer

Cuenta una vieja leyenda hindú que hubo un tiempo en que todos los hombres eran dioses, pero abusaron de su divinidad y el dios supremo Brahma decidió despojarlos de su ser y poder divinos y ocultarlos donde ningún hombre pudiera encontrarlos. Fue ardua la tarea de encontrar un buen escondite.
Algunos dioses menores convocados a consejo para dar con el lugar adecuado para esconder la divinidad del hombre propusieron ocultarla en lo más hondo de la tierra o arrojarla al fondo de los océanos; otros dijeron que lo más seguro sería elevarla por los aires a la más alta de las atmósferas.
Pero Brahma dijo que él sabía de qué pasta había hecho al hombre y que llegaría un día en que los seres humanos excavarían las entrañas de la tierra, descenderían al suelo de las aguas más profundas y surcarían las bóvedas celestes. Así que podrían reencontrar su divinidad.
Se desalentaron los dioses menores: no había lugar en el mundo donde esconder la divinidad de modo que nadie pudiera encontrarla. Meditó un rato Brahma, y presentó su decisión: escondería la divinidad del hombre en lo más profundo del propio ser de los humanos; era el último sitio donde irían a buscarla.

Como cualquier otro aspecto de nuestra vida, cualquier tipo de fe o religación trascendente es en sí misma ambigua. Religiosos dicen ser los suicidas fedayines que matan indiscriminadamente en nombre de Dios y otros fanáticos más cercanos que confunden fe religiosa con intolerancia, culpabilidad, angustia y miedo.
La religión mal entendida ha fabricado mucha infelicidad y reglamentarismo huero, si no terror y hasta locura. En cambio, la fe auténtica en el Dios-amor, ese que según el citado relato hindú se esconde en lo profundo del corazón humano, ha liberado conciencias, ha hecho crecer al hombre, le ha reportado alegría y capacidad de superar las mayores desgracias, ha engendrado santos tan heroicos como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, el Poverello de Asís o Ignacio de Loyola, Francisco de Javier, o defensores de la paz y la justicia como Gandhi o Ellacuría.


La pregunta, desde esta perspectiva, siempre es la misma: ¿Hasta qué punto la religión o cualquier suerte de fe en algo trascendente nos ayuda en nuestra realización como personas? Parece que la respuesta siempre es la misma: Todo el mundo cree en algo, aunque sea en el amor de su novia o en un ensueño de felicidad futura. Si no, viene el desmoronamiento de la persona.

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“Así como nosotros”

El que no perdona nunca rompe los barrotes de su propia cárcel.

Ha llovido mucho desde que Séneca escribió en su libro “De moribus”: “Perdona siempre a los demás, nunca a ti mismo”. Entre otras cosas el gran filósofo cordobés no conoció al gran especialista del perdón, Jesús de Nazaret, que dio en la clave al mostrar la gran razón para hacerlo, el amor: “Muchos pecados le son perdonados porque amó mucho”; y la ignorancia: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. Sólo el cristianismo cambió, incluso culturalmente, el arte del perdonar, que es simultáneamente un modo de amor y de humor.

Si esta vida es un sueño o una película, un pasar en definitiva, el que es incapaz de perdonar y perdonarse no sabe relativizar, absolutiza lo transitorio, le da tal importancia a la ofensa que desea cristalizarla para siempre. Su morbo se vuelve contra él como un boomerang, volviendo su corazón duro como una piedra, amargado e infeliz.

Hoy se quejan los moralistas que no hay demasiada conciencia de pecado, ni en el orden social, ni económico, ni sexual. El pecado es una palabra casi desterrada de nuestro lenguaje. Sin embargo, ¿por qué la gente vive infeliz, estresada, con una vaga y difusa conciencia de culpa? Han surgido en esta sociedad consumista pequeños nuevos “pecados”. Hoy es pecado fumar, sobre todo para los americanos del norte. Es pecado tirar papeles en el campo y desperdiciar agua tontamente. Es pecado no tener buen tipo y no ser joven. Sobre todo la televisión nos enseña que todo lo malo que ocurre cada día y aparece en el telediario es culpa nuestra: los accidentes de tráfico, el hambre del mundo, la droga, el sida, el cáncer, la bajada de la bolsa, hasta la pandemia y el cambio climático.

Todo ello crea en nosotros una especie de mala conciencia que amarga. Y como el viejo remedio del confesonario no está ya en boga –quizás porque en vez de liberar muchas veces, por mala interpretación de la reconciliación cristiana, hacía más pesado el talego del sentimiento de culpa– se busca al psiquiatra, al vidente, al astrólogo o, lo que es peor a diversas formas de drogas duras y blandas. La cosa es escapar.

Siempre defiendo que el hombre ha nacido para ser feliz, si su mente y su corazón pueden despertar a la verdad profunda y a la armonía universal. Para conseguirlo es necesario perdonar a los demás y perdonarnos a nosotros mismos.

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¿Quién mató al padre Huidobro?

Fernando de Huidobro, SJ

El pasado día 8 de enero fue reabierto el proceso de canonización del P.Huidobro a petición del Arzobispado Castrense

Había sido interrumpido porque había duda si lo mató un proyectil enemigo o el fuego amigo. Hilari Raguer sostenía que lo asesinaron compañeros disgustados por haber escrito a Franco contra los fusilaimientos.

Discípulo de Heidegger en Friburgo se ofreció para ser capellán de cualquier ejército, preferiblemente republicano.

Será procesado, por tanto, al parecer, no como “mártir”, sino como “confesor”

El pasado 8 de enero por la tarde, al iniciarse la reciente gran tormenta de nieve, se celebró en la residencia de los jesuitas de la calle Maldonado de Madrid, la apertura del proceso de beatificación/canonización del padre Fernando de Huidobro Polanco, SJ (1903-1937), capellán de la legión fallecido violentamente durante nuestra guerra civil. En realidad, se trata de una reapertura promovida por el arzobispado castrense, porque el primer proceso iniciado por la Compañía de Jesús, se interrumpió en tiempos de la transición, entre otros motivos porque era difícil probar que el obús que le mató provenía de la zona roja o el fuego amigo, y por tanto poder encauzar el proceso como mártir. En todo caso lo que sí se pone hoy de manifiesto es que se trata de una figura de reconciliación que incluso escribió a los mandos nacionales en contra de los fusilamientos indiscriminados de jóvenes rojos, a los que atendió también  a riesgo de su vida.

UN INTELECUAL EJEMPLAR, DISCÍPULO DE HEIDEGER

Carnet de estudiante en Friburgo

Nacido en Santander en el seno de una familia acomodada -su padre era ingeniero que fue destinado a Melilla, Málaga y Madrid-, gozaba de gran simpatía de carácter y brillantes cualidades intelectuales. Después de fallecer su padre y cursar el bachillerato, sintió vocación a la Compañía. Su madre y sus hermanos le aconsejaron que esperara un año, en el que hizo en Areneros un curso de preparación a Derecho, que aprobó en la Universidad Central con matrícula de Honor. Tras su noviciado y juniorado en Granada, fue destinado a Oña donde sufrió en octubre de 1939 la supresión de la Compañía y subsiguiente expulsión a Bélgica, donde estudió en Marneffe y luego en Valkenburg (Holanda) ciudad en la que fue ordenado sacerdote.

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