Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Iglesia

La polémica de "Los dos papas"

El cardenal Bergoglio (Jonathan Pryce) y el papa Ratzinger (Anthony Hopkins) en una escena de “Los dos papas”.

La polémica despertada por la producción  de Netflix “Los dos papas” no ha hecho sino despertar mayor interés por el film del brasileño Fernando Meiralles, que está siendo visto tanto por creyentes como por ateos,  indiferentes, viejos y jóvenes, y ha sido nominada para los  Globos de Oro junto a “El irlandés” de Martin Scorsese e “Historias de un matrimonio” de Noah Baumbach. Hay que adelantar que se trata de una obra de ficción basada en hechos reales, que recrea en un hipotético encuentro entre el cardenal Bergoglio (Jonathan Pryce) y el papa Ratzinger (Anthony Hopkins) –de hecho conversaron a veces- y es adaptación de una obra de teatro de Anthony McCarten.

Meiralles, que ha dirigido obras de carácter social como Ciudad de Dios El jardinero fiel estructura su película en el momento en que Bergoglio, decido a retirarse, acude a la residencia papal de Castelgandolfo para solicitar de Benedicto XVI la firma a su renuncia. El encuentro transcurre en una evolución del enfrentamiento entre dos concepciones teológicas y eclesiales contrapuestas que desemboca en un acercamiento en lo humano sobre sus propias vidas. Estas aparecen en flashbacks tanto con recursos al documental real como a la reconstrucción de ficción. En esto la película puede ser ambigua, ya que presenta elucubraciones mezcladas con fragmentos de archivo, lo que da credibilidad fílmica a lo que ambos prelados cuentan.

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El día que mataron a Ellacuría

El 16 de noviembre de 1989 día que mataron a Ellacuría -este sábado hará 30 años- yo estaba en un restaurante, almorzando con los informadores religiosos de los medios  de Madrid. Presidía el “patriarca” de entonces, Martín Descalzo, que pocos días antes había escrito en ABC un artículo contra Ellacuría. Me llamaron al teléfono del restaurante -entonces no había móvil- para darme la noticia del asesinato de los jesuitas y las cocineras de la UCA. Lo comuniqué a mis colegas y se quedaron de piedra.

Tres días antes había venido a mi casa a verme Ignacio Ellacuría. Manteníamos relaciones estrechas, porque él seguía con interés el semanario “Vida Nueva” de entonces, que a la sazón yo dirigía,  y muchas veces le había llevado en mi coche por las calles de Madrid. En ocasiones para visitar a Carmen Conde, esposa de Zubiri, del que Ignacio era especialista. Meses antes él, Sobrino y Jon Cortina me invitaron a comer para pedirme que escribiera una biografía de Rutilio Grande, otro mártir jesuita salvadoreño, muy amigo de monseñor Romero, que ahora está en avanzado proceso de canonización y que ya cuenta con una bunea biografía. Pero aquel día Ignacio me pidió que montara la Facultad de Comunicación de la UCA. Le dije que estaba muy cogido entonces por el periodismo y los libros y le presenté a Norberto Alcover, que finalamente se encargó de lo de la facultad.

Podéis imaginar cómo me quedé cuando escuché la noticia. Me impresionó el impacto unánime con que respondieron los medios de comunicación españoles e internacionales. Sólo Martín Descalzo no se atrevió a escribir sobre el tema, por haberlo descalificado semanas antes. Que medios laicos como “El País” dieran al caso tanta cobertura probaba que hay causas como la justicia, que en  este caso brotaba de un compromiso cristiano, que son indiscutibles. Era la herencia de una línea marcada por Pedro Arrupe y el  el famoso Decreto IV asumido por la Congregación General de la Compañía. Hoy han muerto más de un centenar de jesuitas en todo el mundo por defender los derechos de los pobres. Pero ni El Salvador ni en la Iglesia se ha hecho justicia. Los culpables siguen libres. El proceso de beatificación y canonización de estos hombres, sacerdotes y relgiosos, que dieron su vida desde la fe por el Cristo de carne y hueso crucificado en El Salvador. (Como lo hizo Romero, felizmente canonizado) está en espera pues la Postulación de la Compañía anda muy ocupada con Rutilio Grande y el padre Arrupe.

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Carta abierta a Bernardino M. Hernando

El periodista Bernardino M. Hernando

El periodista y sacerdote Bernardino M. Hernando falleció el pasado 7 de abril de un derrame cerebral. Como amigo y compañero de fatigas en los tiempos de “Vida Nueva” envío al vuelo de su silencioso paso por este mundo esta carta como homenaje y memoria.

Querido Bernardino:

Típico tuyo. Te has ido de puntillas, sin avisar, sin despedirte, en el anonimato que es lo que realmente te gustaba. Casi nadie se ha enterado de que fuiste uno de los curas periodistas importantes del posconcilio y la transición. Pero tú eras así, tímido, culto, lector empedernido, sonriente, poeta y un poco sarcástico y escéptico,  como mirando el mundo desde un palco y una asumida y radical libertad.

              Eras enormemente cordial y amistoso, pero cuando te acercabas te  retirabas un poco, te metías en la cueva de tus libros que nunca te cabían en casa. Aún recuerdo cómo me llamaste para entrar en la redacción de Vida Nueva, cuando te nombraron director. Con Joaquín Luis Ortega y Antonio Pelayo, a las órdenes de Martín Descalzo realizasteis la conversión de la revista de familiar a especializada., con ayuda de Mary G Santa Eulalia y María Luisa Bouvard. ¡Qué tiempos aquellos en los que escribíamos con la “tartamuda” y Paco IzquierdoJuan Barberán o Juanmi ilustraban y confeccionaban sin las ventajas de la informática noticias que miraban con lupa en Presidencia del Gobierno. A veces nos costaba caro, sobre todo cuando la censura de Fraga mandaba secuestrar la revista por los artículos de Martín Prieto con el seudónimo de Segundo Arteche. La gente leía esa página como una de las escasas ventanas abiertas a la libertad durante el franquismo.

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El alma bella de un santo feo

Manuel García Nieto, SJ

Hay hombres y mujeres cuya santidad viene envuelta en unas cualidades de lujo, tanto físicas como intelectuales o psicológicas. Y otras personas en donde las virtudes quizás brillen más porque las cualidades humanas echan para atrás. Este el caso de Manuel García Nieto, SJ, cuyas virtudes heroicas acaban de ser aprobadas por el papa Francisco en nuevo paso en su camino hacia los altares.
Del padre Nieto cuentan que era tan horrorosamente feo –rostro deforme, andar renqueante, voz ronca- que a la hora de ser candidato para el sacerdocio sus superiores se plantearon si admitirlo o no, pues del Derecho Canónico aconseja que no se ordenen a los muy feos por el rechazo que esto puede suponer en los fieles. Nieto se limitó a presentar a su hermano que era más feo que él y fue admitido.
Pronto se vería la belleza espiritual cautivadora de aquel muchacho débil de salud que había nacido en un pueblecito de Salamanca llamado Macotera el 5 de abril de 1894 y que desde muy niño le gustaba jugar a decir misa. A los catorce años ingresó en el seminario salmantino y trabajó seis años como sacerdote diocesano, los dos primeros con el cargo de coadjutor en Cantalapiedra, y los otros cuatro como teniente cura en la parroquia de Santa María de Sando y su anejo El Valejo. Desde el principio fue un modelo de sacerdote, “tras las huellas del Cura de Ars”, como dice su biógrafo Benigno Hernández. Por ejemplo fomentaba mucho las vocaciones entre los jóvenes de su parroquia.
En 1926 decide hacerse jesuita e ingresa en el noviciado de Carrión de la Condes, para estudiar sucesivamente en Salamanca y Oña (Burgos) donde se dedicó a repasar teología. A partir de ese momento Manuel ocupará el único y gran destino de su vida: director espiritual del seminario de Comillas, tanto con los seminaristas más jóvenes como de los mayores, a los que impartió también clases de Teología Pastoral y Teología Ascética y Mística.
Estaba dirigiendo una tanda de ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes cuando estalló la guerra civil. En comunidad durante el mes de agosto de 1936 fue detenido con sus compañeros y conducido por un piquete milicianos a Santander. Pronto se dedicó a trabajar clandestinamente con seminaristas dispersos,arriesgando su vida, pues en aquel tiempo fueron asesinados 25 de los detenidos en Comillas. Al año siguiente, gracias a un salvoconducto, se refugió en Vizcaya, hasta que ocupada Comillas por las tropas de Franco, vuelve a ejercer su cargo de director espiritual de filósofos y teólogos.
Muy duro consigo mismo, pues dormía poco y comía menos, era sin embargo muy cautivador para los alumnos del seminario, del que en los años cincuenta saldría una buena cosecha de insignes sacerdotes, muchos de ellos obispos. Tenía especial debilidad por atender a los pobres. En los años de escasez de la posguerra su cuarto parecía una tienda de ultramarinos, donde se acumulaban ropas y víveres para los necesitados.
Su fuerza estaba sobre todo en su profunda y continua vida de oración, su amor a la Eucaristía y en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que impartía sobre todo a sacerdotes durante los veranos. “Por nada del mundo cambiaría media hora de Sagrario”, decía. “Un acto de amor de Dios vale más que la creación entera”, o “hay que reventarse por Cristo”. Sufrió cuando la Universidad Comillas fue trasladada a Madrid y sus métodos, en la vorágine del posconcilio, fueron cuestionados. A partir de 1968 permaneció en Comillas hasta su muerte el 13 de abril de 1974. Un buen perfil traza de él el arzobispo Gabino Díaz-Merchán: “En su vida la mortificación ocupaba un puesto muy importante, pero no estaba separada del amor. Por eso era al mismo tiempo atrayente. Inculcaba la necesidad de la penitencia, sin embargo en la dirección espiritual era muy indulgente”. Y José María Cirarda: “Siempre admiré en él la austeridad penitencial, y una humanísima comprensión para todos, animada por una caridad exquisita”.
El escritor José Luis Castillo-Puche le dedicó muchas páginas en su novela Sin camino (Buenos Aires 1956) sobre esta última etapa. También aparece en la novela La vida a una carta (Barcelona 1986) Murió en loor de santidad el Viernes Santo de 1974 cuando contaba con 80 años. En principio fue enterrado en Comillas (Cantabria) pero en 1985 fue trasladado a una capilla de la Iglesia Parroquial del Milagro de San José en Salamanca . Su epitafio dice así:

P. Manuel García Nieto, S.J.
Macotera, 5-IV-1894 – Comillas, 13-IV-1974
Vida de continua oración
Penitencia por amor a Cristo
Entrega generosa al pobre
Corazón sacerdotal

Como san José María Rubio, SJ en su humilde apariencia física resplandecía más la acción de Dios. Cuentan que una vez le dijo a un seminarista: “Cuando recuerdes mis defectos, anótalos para que no se te olviden”. Ahora se ha dado un paso más para que brille como ejemplo de santidad para toda la Iglesia.

SI QUIERES SABER MÁS: El padre Nieto, una vida para Cristo, Biografía on line, de Benigno Hernández.

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Arrupe, camino de los altares

Para quienes conocimos y amamos personalmente al padre Arrupe el próximo martes se completa un acto que nos llena de alegría: la apertura del proceso de su beatificación en San Juan de Letrán. Es verdad que para muchos de nosotros Pedro Arrupe era ya un santo sin necesidad de aureola. Pero tiene importancia el posible reconocimiento de la Iglesia, sobre todo cuando no pocos ponían dificultades a este gran hombre que supo mirar lejos y fue un auténtico “testigo del siglo XX y profeta del XXI”

Quien no se encuentre en Roma puede ver el acto en vivo en TelePace-Roma.
En Sky, canal 515 – En Roma en el canal digital 73 o 214 en HD.

En cualquier parte del mundo (streaming) en https://telepacenews.it/diretta

En VALENCIA (España) se celebra con este motivo una semana en honor de Arrupe. El mièrcoles día 6, a las 19:30 pronunciaré en Centro Arrupe de esta ciudad una conferencia sobre el tema.

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Arriesgda película efectista sobre San Ignacio de Loyola

A medio camino entre el medioevo y el renacimiento, la figura de Ignacio de Loyola (Azpeitia 1491-Roma 1556), el gentilhombre que, de caballero al servicio del duque de Nájera llegó a convertirse en fundador de la Compañía de Jesús, excede los límites del interés exclusivamente religioso. Desde Lenin a los actuales brókeres, pasando por el semiólogo Roland Barthes, ha sido objeto de sesudos estudios, interesados sobre todo en su revolucionario método de los Ejercicios Espirituales y su sentido práctico y psicológico del liderazgo.
Sin embargo y pese a que la primera etapa de su vida, la de “soldado desgarrado y vano”, como él mismo se autocalificaba, tiene aspectos muy cinematográficos, sólo hay en la Historia del Cine un precedente a la película que hoy nos ocupa: El capitán Loyola, film en blanco y negro de 1948, dirigido por José Díaz Morales con guion de José María Pemán, Francisco Bonmatí de Codecido, y Carlos M. De Heredia, que pasó sin pena ni gloria por nuestras pantallas.
La biografía de este santo vasco -que luchó a favor del rey de Castilla-, líder de la Contrarreforma, tiene tres etapas muy caracterizadas: su infancia y juventud en Loyola, Arévalo y Navarra en busca de la gloria según el modelo ideal del caballero andante de la época; la conversión tras la herida de Pamplona que le conduce a su vida de peregrino en búsqueda de la claridad interior; y, en tercer lugar, la de universitario en París, fundador de los jesuitas y sus carismáticos años de gobierno y santa vida en Roma.
Lo más curioso del film que nos ocupa es que se trata de una película de producción, guion y dirección filipinos, con poco más de un millón de dólares de presupuesto, actores españoles, y solo 17 días de rodaje en nuestro país en las localizaciones evocadoras de su época. Para mayor desafío se trata del primer largomentraje del realizador filipino Paolo Dy, con la ayuda de la escritora y actriz, Cathy Azanza, que se han atrevido con la primera etapa de la vida de Ignacio: su infancia, aventuras de caballero orgulloso y enamoradizo, y los años de su conversión espiritual. Un salto cultural importante para un equipo de producción oriental, aunque ha contado desde luego con asesores jesuitas en los aspectos históricos y teológicos.

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Seguidor de Arrupe, amigo del Papa y defensor de los pobres

El abrazo de dos generales de los jesuitas: Adolfo Nicolás (saliente) y Arturo Sosa (nuevo).
El abrazo de dos generales de los jesuitas: Adolfo Nicolás (saliente) y Arturo Sosa (nuevo).

Decididamente en Roma soplan vientos latinoamericanos. La Compañía de Jesús acaba de elegir a Arturo Marcelino Sosa Abascal, un venezolano de 68 años, abierto y comprometido, forjado al mismo tiempo en la lucha fronteriza a favor de los pobres, en importantes cargos de gobierno jesuíticos y con una profunda formación intelectual sobre todo en temas políticos y sociológicos. ¿A qué responde esta elección? Ayer mismo, durante una amigable comida, a la pregunta de Jesús Bastante, redactor-jefe de RD, sobre quién podría ser el futuro superior general, respondí sin dudarlo: Arturo Sosa. ¿Por qué? Muy sencillo: la Compañía, aparte de buscar un hombre de Dios con preparación y experiencia, no podía dejar de tener en cuenta de que a dos pasos de su Curia General gobierna un Papa latinoamericano y jesuita.

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