Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Dios

“Para el presente amén, para el futuro aleluya”

Pedro Arrupe, durante su enfermedad


En estos tiempos tan tumultuosos me gusta recordar algunas frases del padre Arrupe, porque sin duda era uno de esos hombres que, como a él le gustaba decir, tenía “el futuro en la médula”. Quizás mi preferida es la última que pronunció antes de morir. La oyó el padre Mariano Ballester, SJ, que le atendió mucho en los últimos días de su vida y que durante su enfermedad le ayudó en la logopedia con mucha dificultad a hablar y escribir después de la trombosis que sufrió de regreso de su viaje a Tailandia y Filipinas.


Hoy, con la pandemia encima, las injusticias y locuras políticas que estamos viviendo, es toda una meditación:
“Para el presente amén, para el futuro aleluya”.
Tiene más miga de lo que parece. El pasado no importa. Pasó, no hay que darle vueltas. Alimentar el sentimiento de culpa por algo que se hizo mal es masoquismo, no sirve para nada. Sobre todo, al saber que el amor de Dios lo quema, los perdona. Darle vueltas a lo negativo del pasado es una forma de protagonismo absurdo, una falta de fe y una tortura inútil.

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Descansa, hijo mío

“Acurrúcate, hijo mío, y descansa –dijo Dios asomado al llamado puerto de Los Cristianos en el municipio de Arona (Tenerife), donde acababan de llegar detenidos 193 nuevos inmigrantes subsaharianos-.

En tu rostro se duermen exhaustos doce meses de sol implacable, sed, hambre, desierto, desesperación; los adioses a tu tierra seca, las lágrimas de los tuyos, los disparos en las fronteras, el miedo a las alambradas, tus ahorros perdidos en una navegación a la imposible libertad”.

Te han dado un vaso de agua y un bocadillo, y te han dicho que ahí en la Europa del bienestar no tienes sitio ni como barrendero. Que ya son demasiados; que sus automóviles no caben en las carreteras; que no quieren privarse de la play-station, los yogures contra el colesterol y la comida proteínica para mantener sus gatos en forma. Que vale, que sí, que les das mucha pena; que a ver si la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional invierten en el desarrollo de vuestros países, pero que de momento no hay nada que hacer”.

“Eso sí, están dispuestos a gastarse en pruebas y hasta buscar un alojamiento adecuado para saber si tienes el covid-19.

“Sin embargo yo te aseguro que aunque una madre se olvidara de la criatura de sus entrañas, yo no me olvidaré de ti; que eres predilecto de mi Hijo, el que se identificó contigo; que velo tus sueños y que hice el mundo bien, como una gran mesa abastecida para todos”. Dijo Dios. Luego corrió a acurrucar para siempre en su regazo infinito a un recién nacido que no pudo llegar vivo a la playa.

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Otro mayo con María

“Inmaculada”. Residencia Pedro Fabro. Madrid

“La primavera ha venido / nadie sabe cómo ha sido”, escribía Juan Ramón. Y así es, puntualmente, por encima de nuestras vicisitudes, guerras y hasta la omnipresente pandemia, las mañanas relucen al sol, las tardes se van haciendo tibias y el anual milagro de la naturaleza estalla nuestros campos de flores y de vida.

Con mayo regresan también alegres recuerdos de infancia y juventud. Entre ellos, la evocación de María, la madre de Jesús que ocupaba ese sitio hogareño y soñador de nuestras ilusiones intactas. Era un instante eterno, con el cordón azul de su medalla al cuello, contemplar a la Virgen adolescente de la congregación mariana en aquellas velas de oración ante su imagen niña.

Y el mes de las flores. En casa montábamos también nuestro altarcito con flores, que eran regalos de nuestra adolescencia, sumidos en el amor al eterno femenino, a la joven madre, que sabía nuestros secretos.

Después de tantos años, hoy, en este mayo confinado en que no podemos ni ver ni oler las flores que cantan nuestro sabor a fragilidad y eternidad feliz, deposito este soneto a sus pies, con el alma siempre joven, gracias a ella:

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Yo soy un tesoro oculto

Hoy en mi meditación leo a Hakim Sanai, místico sufí de la primera mitad del siglo XII, que escribe en “El jardín amurallado de la Verdad”:

Pero, ¿cómo podrás conocerlo

mientras seas incapaz de conocerte?

Uno por uno es uno, ni más ni menos,

el error comienza en la dualidad,

la unidad no conoce el error.

El lugar mismo no tiene lugar.

¿Cómo podría haber lugar para el creador del lugar,

o el  cielo para el hacedor del cielo?

Él dijo: “Yo era un tesoro oculto

la creación fue creada a fin de que pudierais conocerme.

Dime: ¿por qué si lo que buscas no existe en lugar alguno,

te propones viajar allá a pie?

La ruta que debes recorrer tú mismo

estriba en pulir el espejo de tu corazón”.

… …. …

Mejor  busca tu imagen en tu corazón que en tu arcilla mortal;

libérate de las cadenas que has forjado a tu alrededor,

pues serás libre cuanto estés libre de la arcilla.

O en otras palabras “el buscador es lo buscado” y dicho por Jesús de Nazaret: “El reino de los cielos dentro de vosotros está”.

La dualidad, la tensión entre el pasado y 

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La araña del pensamiento

Respecto a las disquisiciones sobre inmanencia y trascendencia, el Uno y el múltiple, encuentro este poema de Rumi. Genial la imagen de la araña que teje con la saliva de los pensamientos. En cuanto se habla de Dios, lo estropeamos. Es como querer explicar un poema o diseccionar una flor

¡Oh, el que se compromete

con esto y aquello sin trascender el Ser!

¿Sin ponerte fuera del camino,

qué esperas hacer?

Deja de hacer una red, como una araña

con la saliva de tus pensamientos.

Es tan endeble, tan frágil.

Devuelve cualquier cosa que te haya dado el pensamiento.

Observa al Rey.

Busca Su favor, que se te ha dado

sin pensamiento.

Si no hablas, tu palabra será la de Él.

Si no tejes, Él te tejerá.

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Tomás, el encerrado, no se aclara

El encerrado Tomás no se lo cree. Los apóstoles estaban muertos de miedo. No se lo podían creer. Habían visto muchos latigazos, mucha sangre, mucho dolor y fracaso, la muerte de su líder, su mesías. Las apariciones eran confusas: lo veían los de Emaús y no se lo creían. La enamorada Magdalena entre lágrimas no lo reconocía. Pedro y los demás siguen atrancados. Tomás es como el ciudadano del siglo XXI: quiere constatación material, pruebas científicas, palpar, lógica de bolsa, bancos y multinacionales. Ha rechazado el mundo de lo invisible: solo son creencias, fantasías, elucubraciones. Rechaza el otro lado de la vida, ese “no sé qué queda balbuciendo” que solo algunos intuyen detrás de todo.

Ellos tienen miedo a los judíos, nosotros al coranavirus, por el que estamos encerrados. Este domingo –“el primer día de la semana”, dice la comunidad joánica- aparece Jesús de noche en medio de ellos. No entra por la puerta, surge en medio de ellos, en comunidad, que la primera lectura de los Hechos presenta como un ideal de estar juntos, de compartir.

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Una ventana abierta al infinito

Llevamos dentro, sin saberlo, una ventana al infinito.

Durante el confinamiento de la pandemia muchos se quejan de que solo tienen una ventana o balcón abierto a la calle. Algunos ni siquiera eso. Sin embargo todo ser humano posee una ventana abierta al infinito.

“Eso es cosa de místicos”, he oído decir con frecuencia entre gente de Iglesia al hablar de esos temas, con un cierto tono despectivo o al menos inaccesible para un ciudadano de a pie.

Pues bien ha llegado la hora de que la mística, al menos en calderilla, esté al alcance de todos. De todos los que, claro, tengan algún interés de salirse de la dormición general que nos domina.
Uno de los temas que están alcazando cierto éxito entre la gente que busca algo de quietud es el del “espacio interior”. Eckarhart Tolle, que en mi opinión se sale de los tópicos libros de autoayuda. lo define así:

“La conciencia del espacio significa que, además de ser consciente de las cosas -lo cual siempre acaba reduciéndose a percepciones sensoriales, pensamientos y emociones-, hay por debajo una corriente de conciencia. Esta conciencia implica que no sólo somos conscientes de las cosas (objetos), sino que también somos conscientes de ser conscientes. Si puedes sentir un estado interior de quietud y alerta en el fondo mientras ocurren cosas en primer plano, ¡ya está! Esta dimensión está en todas la personas. Pero la mayoría no es consciente de ello. Yo a veces lo indico diciendo. “¿Puedes sentir tu propia Presencia?”

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Predicar el silencio

San José María Rubio, SJ

Cierto predicador gozaba de unánime reconocimiento por su elocuencia, pero en la intimidad confesaba a sus amigos que sus brillantes discursos no producían ni de lejos el efecto que lograba un Maestro espiritual con sus sencillas sentencias.

Asi que se fue a convivir algunas semanas con aquel  Maestro.

-¿Has logrado conocer la razón de su eficacia? -le preguntaron sus amigos.

-Si, cuando él habla -respondió el predicador- sus palabras expresan el silencio. Las mías, en cambio, sólo expresan el pensamiento.

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El monasterio mundial de la pandemia

En un contexto de enfermedad y muerte surgen dos aspectos liberadores: el silencio y el vacío

Empezamos a escuchar el silencio. Todo se ha detenido y el mundo ha entrado por obligación en un tremendo sigilo, donde vuelve a escucharse el sonido del viento, los pájaros, la lluvia, el mar, y sobre todo de uno mismo.

Se diría que el mundo se ha convertido en un enorme monasterio, obligado a unos ejercicios espirituales por real decreto.

San Juan de la Cruz llamaba a esta vivencia “la nada”, que en realidad para él era el todo

En palabras de un místico contemporáneo, Eckhart Tolle, “lo que aparece ante nosotros como espacio en nuestro universo percibido por medio de la mente y los sentidos es lo No Manifestado mismo, exteriorizado

Monasterio del desierto de Calanda

Estos días vivimos en un contexto de muerte. El continuo bombardeo de cifras nos estremece, muerde en nuestro subconsciente aumentando una sensación de miedo e inseguridad. Las noticias se interpretan desde una óptica materialista. Nos hemos rodeado de tales valores, que lo que importa es la apariencia, el poder, la juventud, el placer y el dinero, disfrutar de lo inmediato. No hay otra óptica ni otros intereses.

                Sin embargo tenemos otra manera de mirar detrás de esas noticias. Por ejemplo, dos aspectos son liberadores contemplados desde el despertar interior: el silencio y el vacío. Pueden verse en la ausencia de ruido de nuestras calles y la sensación de vacuidad en nuestro entorno. De pronto un mundo dominado por el ruido de los automóviles, la música estridente, los impactos de los medios y redes sociales, el martilleo de la publicidad, la obsesión por el consumo o  la sexualidad, viajes y artilugios, empezamos a escuchar el silencio. Todo se ha detenido y el mundo ha entrado por obligación en un tremendo sigilo, donde vuelve a escucharse el sonido del viento, los pájaros, la lluvia, el mar, y sobre todo de uno mismo.

Vacío_Existencial
El vació conduce al Todo

Se diría que el mundo se ha convertido en un enorme monasterio, obligado a unos ejercicios espirituales por real decreto. “Lenguaje sin palabras / y cánticos sin voz, / proclaman en la tierra, / proclaman en la altura, / la pequeñez del hombre, / la majestad de Dios” (José Selgas). Es cierto que tal stop a una sociedad vertiginosa puede convertirse en trauma para el que se rebela, pero es una bendición para quien conecta sin cavilaciones con el hondón del alma, donde palpita nuestro auténtico ser, el Dios de dentro.

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Ver desde dentro

Ciega del Castell de Guadalest (Alicante) ©PMLamet

Bella escultura la de esta ciega que mira al cielo y está punto de caer. Es como una metáfora de muchas circunstancias de nuestra vida, porque, aunque tengamos del don de la vista,  con frecuencia nuestra mirada es incapaz de ver el camino que nos lleva a la Vida. Sobre esa ceguera y esa vida escribió Leopoldo Panero un hermoso y breve poema  titulado “Las manos ciegas”.

Ignorando mi vida, 
golpeado por la luz de las estrellas, 
como un ciego que extiende, 
al caminar, las manos en la sombra, 
todo yo, Cristo mío, 
todo mi corazón, sin mengua, entero, 
virginal y encendido, se reclina 
en la futura vida, como el árbol 
en la savia se apoya, que le nutre, 
y le enflora y verdea. 
Todo mi corazón, ascua de hombre, 
inútil sin Tu amor, sin Ti vacío, 
en la noche Te busca, 
le siento que Te busca, como un ciego, 
que extiende al caminar las manos llenas 
de anchura y de alegría.

Muchos miran y no ven. Porque con los ojos del alma es despertar, taladrar la apariencia, tocar la verdad desde dentro, donde poseemos sin saberlo la auténtica visión, una maravillosa centella de la Luz Total.

Pedro Miguel Lamet

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