Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Jesús de Nazaret

Villancico del ángel curioso

Queridos lectores y amigos:

Que Jesús nazca de nuevo en lo profundo de vuestros corazones, gracias al silencio, esa cuna secreta sin palabras que hace aparecer la Palabra en nuestro interior como un saboreo de la eternidad sin tiempo e ilumine con la Luz sobre toda luz también en vuestro entorno.

¡Con cariño, feliz Navidad!

Y mi obsequio de cada año: este soneto-villancico con los mejores deseos para ti y todos los tuyos:

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Eres Adviento

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Saberme vivo

Llega la Pascua y con ella una cierta locura. Los discípulos se hacen un lío. María de Magdala, la enamorada, no reconoce a Jesús a primera vista. Los de Emaús huyen atrapados por la murria. Tomás quiere meter su mano en la llaga del costado. Y en el centro, la polémica de la tumba vacía, que tanto preocupará a los teólogos.

No hay una prueba física, científica y racional de la resurrección. La gran experiencia definitiva de que Cristo ha resucitado es la transformación de aquel grupo de pescadores ignorantes y atemorizados, cuyo líder ha sido ejecutado a las puertas de Jerusalén, la confluencia de sus testimonios.

Jesús ahora atraviesa paredes, está y no está, despierta la duda o inflama el corazón. La experiencia del resucitado, aunque se apoya en hechos históricos, requiere la fe o en cierto modo la mística. En mi opinión, los apóstoles despertaron por dentro, descubrieron que la muerte no existe, que desde siempre eran seres sin tiempo en el tiempo, pertenecían a la explosión de luz que une lo creado con lo increado, manifestación de lo inmanifestado, y eso les cargó de comprensión y fuerza.

Hoy abunda la noche, el miedo, las puertas tranqueadas, los corazones solitarios, las tesis e ideas que dividen, el enfrentamiento agresivo de creyentes e increyentes e incluso de fieles entre sí, como siempre hubo, hasta ocasionar incluso guerras de religión. La resurrección ocurre en lo íntimo de cada conciencia y fuera de ella.

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Lágrimas de María

VÍSPERAS DE PASIÓN


Bulle Jerusalén de luna llena
y arde el monte con gritos de alegría
ahogando en fiesta su miedo y agonía,
y anhelando una luz de pascua plena.

Sola, bajo mi manto, ando serena
las calles de la noche larga y fría

hundiéndome en el ascua que me guía
desde el fondo del alma y de mi pena.

¿Dónde has ido Jesús? Ya no te veo.
¿Te ocultas de tu madre en el ocaso,
cuando van a arrancarte de mi vida?

¿No será que me escondes el deseo
de que llore en tu cuerpo por si acaso
reluzca aún más con mi dolor tu herida?

Pedro Miguel Lamet
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Devúelveme a mi Niño

Queridos amigos y seguidores: Cuando brillan tantas luces de fulgor comercial y el olvido de la Navidad auténtica en nuestra sociedad de consumo, os envío un abrazo desde la fragilidad de Belén y os felicito a todos de corazón con este soneto:

DEVUÉLVEME A MI NIÑO

Con el paso que pesa de la vida

me he ido haciendo un adulto irreparable,

silenciando en mi ser que algo me hable

de esa palabra secreta más querida,


esa tu voz que sin saberlo anida

en lo hondo de mí, tan insondable,

que entre tanta hojarasca desechable

he dejado en la sombra preterida.


Para nacer contigo y tu mirada

devuélveme a ese Niño que se ha ido,

acércame a Belén y su alegría


y hazme sitio en tu cueva, despojada

de vanidad y orgullo endurecido,

para escuchar la nana de María.


Pedro Miguel Lamet, SJ
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Al árbol de la Cruz

AL ÁRBOL DE LA CRUZ

De tu dolor, del tiempo amanecido,
de una palabra ardiente que encendía;
de las entrañas puras de María
y del amor hasta la esencia herido;

desde tu cuerpo tres veces caído
y la noche oscura de la sangre mía,
devuelves con tu cruz a la armonía
este mundo que nace en tu alarido;

este mundo que abarcas con tu abrazo
y limpias con tu muerte de tristeza,
este miedo a vivir esta pobreza

que florece en tu árbol cual si fuera
hontanar para siempre en tu regazo
al colgar de tu cruz mi primavera.


Pedro Miguel Lamet



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Del “yo” ridículo al “nosotros” universal

Foto: “La sonrisa del emigrante” © PML

Me tropecé contigo en cualquier calle, enfrente de unos grandes almacenes, uno de esos templos heladores del consumo, de los que suele uno salir con las pupilas abotargadas de luces y colores, y me ofreciste un ejemplar de “La farola”. Y por un vil euro me regalaste con una sonrisa, que no se puede pagar con todo el oro del mundo.

En tu mirada se reflejaba una aldea perdida del África subsahariana, el bohío de tu familia con niños de vientre abultado en la puerta, desiertos, montañas, ríos, hambre, miles de kilómetros, la patera que arrojó al mar a algunos compañeros de infortunio y lo de siempre: el rechazo al diferente, la soledad del marginado, la Europa prometida para la que solamente eres un intruso molesto para esta sociedad del bienestar.

Y me vino a la mente otra sonrisa, la del papa Francisco:

“En realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino solo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo”.

Ni las naciones, ni los políticos, ni la sociedad escuchan tal llamamiento, porque esta es la sociedad del “yo”, del “ande yo caliente” en cuotas de poder, placer, vacunas, pasaportes y seguridad. ¡Y a Francisco se le acusa de “comunista” o de “ciudadano Bergoglio”, como lo llama la ultraderecha “tan católica”! ¿Por ser el buen samaritano de nuestro tiempo, por ser “el papa de los emigrantes”? “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». (Mt, 25, 31-469).

Del “yo” ridículo al “nosotros” universal.

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Recuperar la Estrella de los Magos

Nunca como ahora en nuestras vidas necesitamos recuperar las estrellas de los Magos, volver a encenderlas en nuestras vidas. Nunca como ahora nos hemos sentido mundialmente ayunos de ilusiones, no solo por el azote del covid, sino por un materialismo que desde hace muchas décadas encauzan los ideales raquíticos hacia el enriquecimiento personal y colectivo de las naciones, los políticos y casi todos los líderes. 

La Epifanía es una fiesta que enfoca las conciencias hacia lo universal. La manifestación de Jesús a todas las naciones a través del símbolo de los Magos, que les hace caminar hacia lo imposible para encontrar la Buena Noticia, sigue viva en el corazón de los pequeños que escuchan la música interior del corazón. Solo desde dentro vuelven a aparecer en el horizonte las señales que bis mueven hacia un «más» entusiasmante.

Os ofrezco estos dos poemas que intentan despertar en nosotros el niño dormido:

LA ESTRELLA DE LOS MAGOS

En medio de la noche rumorosa
y en un bosque de brumas ateridas
caminaba sin rumbo solo a oídas
de ese miedo interior que me rebosa,

cuando entre nubes refulgió preciosa,
como bálsamo azul en mis heridas
una estrella entre nubes desleídas
que encendió la ilusión por cada cosa.

De pronto renació en mí el niño huido
que en el cuarto de estar abría la puerta
al regalo de ser, al sueño tierno

de un día de Reyes que perdió el olvido,
y en una bici la sorpresa abierta
de volar de nuevo hacia el amor eterno. 

***  **** *** *** *** ***


DEVUÉLVEME MI ESTRELLA

Ahora que el niño se acurruca en este
gastado cuerpo
y que el mundo va camino de no saber  caminos,
devuélveme la estrella
en su esplendor de estaño,
que anoche he vuelto a escribir cartas a la vida
y no responde nadie.
Ve al buzón de allí cerca
a recoger la mía, la que hace setenta años
deposité a los Magos
pidiéndoles una bicicleta azul 
para dar libertad
a mi cojera,
pues quisiera escuchar aún sus pasos
desde la almohada, el oído semidespierto
a un lejano rumor de dromedarios 
camino de mi casa
y de mi ensueño.
Voy ahora a despertar a mis padres,
a levantarlos de la tumba
para ir en pijama hacia el cuarto de estar
y brincar con ellos de alegría,
pues aún conservo intacta la sorpresa
que ellos supieron sembrar
tragándose las lágrimas.
Desde entonces tomé el oficio
más bello de la tierra:
restaurador de sueños o, si queréis,
perseguidor 
y lustrador de estrellas.

Pedro Miguel Lamet
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¡Feliz Navidad del desconcierto!

Cuando miro, ¿qué miro? ¿La realidad de las cosas o una imagen incierta, que procesa mi cerebro a partir de los datos que capta mi retina? ¿Es mi mundo verdadero o una ilusión, un sueño, solo maya como dirían algunos orientales? El apóstol Pablo opina que pasa la efigie de este mundo y que vemos “como en un espejo”, de los de su época, claro, en los que apenas se veía con definición, sin muchos “megapíxeles” diríamos ahora.
Sea como fuere, dicho espejo está muy requetebién, y me confieso enamorado de la apariencia de nuestro mundo, trasunto, reflejo, chispa de la luz total. Como caminar a través de la lluvia, caminito de misa bajo el paraguas, con frío afuera y calor por dentro.
Ese fuego de hogar que da la fe, esa manera de mirar distinta del que se sabe de paso, pero encantado de la vida que Dios mismo eligió para su Hijo en la primera Navidad, cuando descubrimos hasta qué punto lo pequeño es grande y cómo el cuerpo, la tierra, y hasta el frío de la lluvia se convierten desde esa noche en signo de esperanza, sacramento.
Es lo que os deseo en esta nochebuena, en la que con rebrotes de pandemia, problemas económicos, amenazas de guerra, tragedias migratorias, como nunca sentimos que en nuestra fragilidad reside nuestra fuerza y en la incertidumbre la esperanza que brota de la fe. Feliz Navidad, queridos amigos y lectores, con este soneto:

NAVIDAD DEL DESCONCIERTO

En esta Navidad del desconcierto
cuando busca el migrante su destino
y el pobre, el refugiado, un camino
por este mundo triste, solo y yerto;

cuando el poder, el oro y su desierto
enajenan al hombre peregrino
que se aparta del calor divino
cerrando un corazón que estaba abierto,

muéstranos que el vacío de la cueva
y el arropo interior de tu cariño,
en la noche que brilla de alegría,

encarnan esa luz de Buena Nueva
por el cálido amor de un frágil Niño
que llora hoy en brazos de María.

Pedro Miguel Lamet



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En mis 50 años de sacerdocio

Un momento de mi ordenación sacerdotal hace 50 años

Hace 50 años fui ordenado sacerdote por el obispo Ramón Echarren. Una efemérides llena de recuerdos que marcó mi vida y me llena de gratitud a Dios y a todas las personas que me han acompañado en esta maravillosa aventura. Hoy, junto a mi familia y hermanos de comunidad lo he recordado con esta homilía que os ofrezco, queridos amigos, para que os unáis en mi acción de gracias.

Pedrito, de bebé y con su primera sotana

HOMILÍA EN MIS 50 AÑOS DE SACERDOCIO

Celebramos este año el V centenario de la Conversión de San Ignacio, desde aquella herida que le cambió y ha arrojado tanta luz desde entonces en el mundo a través de nuestra Compañía. Salvando las distancias, en estos cincuenta aniversario de mi ordenación sacerdotal, quiero recordar que debo la luz también a una pierna quebrada, una tuberculosis ósea en la cadera que me mantuvo escayolado e inmóvil a mis seis años durante un año entero y luego más años hasta los once de edad, con sucesivos aparatos en la pierna, que impidieron arrancar a la vida como cualquier niño normal. Eso me permitió ver el mundo, los juegos, la familia, los acontecimientos como desde un balcón. Y también, como Ignacio, leer mucho: tebeos, aventuras y vidas de santos. De ahí, de ese distanciamiento, nació mi vocación a la Compañía de Jesús y al sacerdocio.

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