Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Autoliberación

Meditación ante el volcán

Formamos parte de un todo

Perplejo ante las imágenes devoradoras del volcán de la isla de la Palma, se me han ocurrido los siguientes puntos de meditación:

  1. El ser humano, a pesar de los logros alcanzados en la ciencia y la tecnología, sigue siendo un pequeño insecto en medio del Cosmos, impotente antes estos fenómenos naturales como un volcán, tifones, tsunamis, riadas, etc. ¿Por qué nos lo hemos creído y hay un orgullo posmoderno absurdo? Miro las hormigas y aprendo.
  2. El orden cósmico nos supera. Este volcán es como una cerilla que ilumina mi mente para saltar hacia el Universo y decirme: sube más allá y acepta una cosmovisión que rompe con tus criterios del tiempo y del espacio.
  3. Construimos fábricas, casas, graneros, propiedades. Nos llamamos dueños del futuro. Y en un santiamén “como ladrón” en este caso la naturaleza se lo lleva todo. ¿En dónde he puesto mi corazón?
  4. La vida humana es más importante que toda posesión material. Pero aun esta siempre está en riesgo. Como cuenta el Kempis de aquel que iba por la calle y le cayó una teja. ¿Tenemos conciencia de que formamos parte de un todo y que el devenir de nuestra vida temporal tiene un término y una continuidad distinta?
  5. Los pequeños, los pobres, los campesinos que han perdido todo lo que tenían siempre son las principales víctimas. ¿Me acuerdo de que, según Jesús, poseerán la tierra y el reino?
  6. Los canarios tienen una pasta especial. Incluso cuando hablan de su tragedia tienen tal tranquilidad y parsimonia que les sitúa en otra dimensión. Quizás estén más cerca de la paz contemplativa que presta sabiduría a la vida.
  7. “Somos espectáculo”, dice el apóstol Pablo. El volcán de la Palma tiene una dimensión espectacular. Hemos seguido la apertura de sus bocas, el río de lava hacia el mar, su bramido continuo. Lo hemos visto embobados e impotentes. Su fuerza ante nuestra pequeñez, su belleza junto a su poder devastador, su irrupción ante nuestros planes. Hasta el dolor tiene un misterio de belleza y la belleza un lado de dolor.
  8. Las islas están formadas por viejos volcanes durante millones de años. Te miras en el espejo y ves en tu rostro pasar el tiempo. Corres al trabajo, te preocupas por el tráfico, el último acontecimiento de tu pequeña vida. Levántate y aúpate hacia el no-tiempo.
  9. La Tierra es un ser vivo en continua transformación. Un día se separaron los continentes, surgieron los mares, evolucionaron los animales y vino el hombre. El volcán recuerda que hay una inteligencia, un fuego, una vida, una energía sembrada en el interior del Cosmos. ¿Podemos acceder a ella? Solo desde el silencio.
  10. El volcán como la sonrisa de un niño, el movimiento de las mareas, el cráter de un flor, el parto de una madre, la belleza de una anciana y mil cosas que me rodean sólo me impelen a arrodillarme y saborear un amor sin medida ni raciocinio.
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Marketing espiritual


Hoy está de moda la tesis de que hay que frecuentar los pensamientos positivos, las afirmaciones que nos reafirman, las frases alegres que calen nuestro subconsciente contrarrestando las horas de negatividad.
Pero yo me pregunto: ‟¿Se alcanza la felicidad con un eslogan? ¿Puede el hombre tocar el cielo a base de marketing?


Siempre existió la jaculatoria, el koan y el mantra. Pueden ayudar. Pero para cambiar hay que desearlo. No a fuerza de puños, ni de repeticiones, sino de apertura a la verdad, como la tierra a la lluvia. Deja de pensar, quédate en silencio, respira hondo. El Ser dentro de tu ser hablará.


De nada sirven las técnicas si uno no está enamorado.
Y si uno lo está , todas son buenas y todas sobran.


RENUNCIAR A ‟SER BUENO»


Cuando cometo un error y me siento culpable, es el personaje, el «yo pequeño» el que se siente así. Cuando vivo colgado del pasado, angustiado por aquello que no hice o nostálgico por la felicidad que no volverá, lo vivo desde el personaje, desde un montón de ideas que almaceno en el baúl como ropa vieja y apolillada. Tú no eres eso.


Cuando soy ‟bueno» para que tú me quieras -mamá, papá, superior, novia, esposo, jefe- lo hago desde una careta que no es mi verdadero yo.

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Cómo nacer de nuevo

Supone cambiar la forma de mirar

Una encuesta callejera sobre lo opinión que tiene la gente acerca de su vida nos daría un resultado mayoritariamente negativo. Casi nadie está contento con su suerte. O el trabajo no les satisface, su vida afectiva es una fuente de problemas o la economía, la salud física o mental no anda muy bien. Pese a los grandes logros de la era tecnológica y el desarrollo de los países del mundo occidental en el que nos encontramos, algo falla para que la media de nuestros habitantes arroje un índice tan elevado de infelicidad. Porque dependemos de los acontecimientos exteriores, no de nuestro auténtico yo.

Se puede decir que todos morimos y nacemos un poco cada día. Abandonamos algunas cosas y comenzamos otras nuevas. Vamos, casi sin darnos cuenta, cambiando de rostro, de experiencias, de objetos, de ropa, de amigos. Cuando muere una persona conocida, cuando nuestra ocupación evoluciona o visitamos un nuevo lugar, algo cambia en nosotros. Sin embargo es el cambio interior el más importante y del que dependen todos.

A ese nacimiento me refiero, al que condiciona a todos los demás. Porque «no es fuera, sino dentro donde hace mal o buen tiempo». Si echamos una ojeada atrás percibimos que, aunque un substrato de nuestra personalidad siempre está ahí, ¿en qué nos reconocemos ahora de cuando teníamos ocho, quince, veinte o treinta años? Nuestras células cambiaron al ritmo de nuestras experiencias y etapas.

Pero no se trata de evolucionar sólo a golpe de desengaños, sino de ser autores de nuestra vida. Los maestros espirituales siempre enseñaron la necesidad de nacer de nuevo, cambiar por dentro, alcanzar la luz, lo que redunda inmediatamente en el mundo de fuera.

Cada día puede ser de este modo un descubrimiento y un paso más hacia la felicidad. La condición es saber morir cada noche y nacer al amanecer del día siguiente y tener capacidad de despertar con aires de estreno. Ello supone cambiar nuestra forma de mirar, tirar las viejas gafas llenas del polvo de los años y con ellas los esquemas heredados, los criterios preestablecidos, las normas aprendidas de memoria para redescubrir la vida, las personas, los paisajes y colores.

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Respirar la paz

(Foto: Barcas flotando. ©PMLamet)

Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.


Esta estrofa de Antonio Colinas en “Letanías del ciego que ve” sintoniza bien con la imagen de barcas flotando quietas a la débil luz del crepúsculo. Frente al torbellino de un mundo atolondrado que se mueve al vértigo de noticias, el watsapp, y el consumo frenético parece imposible respirar esa música no oída que se esconde detrás del silencio, corazón de todo.
En primer lugar porque no somos conscientes de nuestra respiración, que es la frontera de contacto con la vida. Y después porque no vivimos, nos viven desde fuera.
Como las barcas de la foto para respirar y vivir hay que flotar. Que los éxitos y los fracasos, las penas y las alegrías crucen por arriba como galernas que pasan. En el fondo del mar y de nuestra conciencia todo sigue en paz, todo roza la eternidad en la que somos.


Que si insiste la muerte,
que si avanza la edad, y todo y todos
a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa,
me venza el mundo al fin en esa luz
que restalla.
Y su fuego me vaya deshaciendo como llama
de vela: con dulzura, despacio, muy despacio,
como giran arriba extasiados los planetas.

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La esposa prestada

Si cierro los ojos, salto al vacío que hay detrás, descubro que soy sin límites

Cuando me despierto de un profundo sueño es como si naciera de nuevo. Arranco a la vida en la mañana y eso a veces me genera pesadumbres. Se agolpan las preocupaciones, responsabilidades, miedos sobre el futuro.
Y sobre todo la gran pregunta: ¿Quién soy yo?

Leo en un libro de Sri Nisargadatta Maharaj, uno de los sabios orientales más profundos, el siguiente diálogo:
MAESTRO: ¿Qué conocimiento quiere usted?
DISCÍPULO: Mi verdadero Sí mismo.
M: Mientras piense que el cuerpo es usted, usted no obtendrá el verdadero conocimiento. En marathi hay una frase, “la esposa prestada”, la que tiene que ser devuelta. De modo semejante este cuerpo es una cosa prestada; usted tiene que devolverlo. Esta identidad con el cuerpo tiene que partir.
D: ¿Cómo va uno a lograr deshacerse de esta identificación?
M: Pruebe a investigar los estados de sueño profundo y de vigilia. Éstos están sujetos al tiempo. Sin la experiencia de los estados de vigilia y de sueño, pruebe a explicar lo que usted es.
D: Entonces yo soy sin palabras.
M: ¿Está usted seguro? Los Vedas también dijeron “Esto no es, eso no es”, y finalmente guardaron silencio, pues ello es más allá de las palabras.

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Soy amor sin saberlo

Cuando hablamos de amor solemos referirnos a la consecuencia, a la concreción del amor. Casi nadie se da cuenta de que el amor estaba ya dentro de mi como una antorcha secreta en el fondo de la cueva antes de que nadie, ni siquiera yo mismo supiera verlo.

Sólo cuando un día se abre paso al exterior, porque algo o alguien lo llama, sale de la cueva.
Entonces solemos llamar amor a la manifestación del amor.

Es decir, caemos en la cuenta de que el amor existe en mi cuando lo movilizamos, cuando la antorcha se abre paso en medio de la oscuridad.

No sabíamos que el amor es la conciencia de unidad que está siempre en el fondo sin saberlo.
Saber que soy uno con el universo es amor.
Lo que llamamos amor es esa tendencia de la parte a juntarse con el todo; la necesidad de la antorcha de salir de la cueva para recuperar su identidad en la hoguera total.

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Soledad acompañada

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Hoy la gente sufre mucho porque se siente sola.

En la gran ciudad, rodeados de cientos de miles de personas andamos muy solos, como sonámbulos, como sombras.
Hiperconectados con internet, móviles, nuevos medios de comunicación, sentimos la gélida tristeza de no tener a nadie que nos quiera. Parece como si no hubiera nadie detrás del hilo o las ondas electromagnéticas.
Pues bien, eso es mentira..

Repito: ¡No es cierto!
No estoy solo.
Alguien me escucha, me coge de la mano, me acompaña.

Lo he visto en el amanecer y en el fondo de la transparencia perfecta de un vaso de agua. Me falta mirar con atención. Si me fijo, ese «algo» está detrás del accidente del amigo y del abandono del esposo. Hasta en la muerte del hijo y el frío que me saluda la mejilla cada mañana. En los imperceptibles latidos del campo y cuando hueles una manzana y sorbes con los labios la espuma de la cerveza… ¿No lo notas?

Cuando esa energía cálida se te haga presente, la percibirás en el fluir de tus venas y en los viejos recuerdos del trastero; en el beso del ser amado y el seno oscuro de la noche. También, cuando estás sin nadie. ¿No lo oyes? Si dices, ‟¡qué vida esta!», es que no has mirado bien.

Si estás atento a tu corazón, escucharas una secreta fuente, ‟aunque es de noche».

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Afinar el violín

Armonía con el universo


La tarea de una vida es como la de un gran músico con su violín. Tiene que afinarlo para que alcance la gran armonía con toda la orquesta. Cuando suena así, a su tiempo, sin desafinar, contribuye al milagro artístico de la sinfonía.


Afinar el ego no es hacer mortificaciones, ni negarse a la vida, ni renunciar a nada. Es ser capaz de ir más allá de él mismo y observarlo. Cuando se armoniza con la sinfonía, él sólo se afina, ocupa su puesto con el acorde justo.
Lejos de lo que mucha gente cree, esto no es un acto de voluntarismo.


Es dejarse ser, no poner trabas, perderse en el maravilloso poema sinfónico de la vida. Como un pétalo, un árbol, un valle, un ave, un insecto, un río o una montaña, el ego tiene también su papel en el poema del universo.
El concierto se estropea cuando un instrumento se empeña en destacar en todo momento o cuando suena cuando no le corresponde entrar en la partitura. No hay como mirar a los ‟famosos», determinados políticos, modelos, periodistas, escritores y estrellas de cine que no paran de figurar. Es el ego ridículo que dice ‟aquí estoy».


Afinar el ego es hacerlo tan sutil que no estorbe con sus condicionamientos, que no son más que creaciones de su mente, y resituarlo para que deje ver.. y escuchar la armonía del resto del universo.

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Los pies en el escenario

Representación de El Gran Teatro del Mundo

No nos equivoquemos. Un día puedes tener un resplandor de luz. Relativizas el trajín de cada día y te dices, ‟la vida es otra cosa». Pero desengañémonos, mientras vivimos, no podemos prescindir del personaje que estamos representando en el Gran Teatro del Mundo. Y a veces llegamos a creer que somos realmente ese personaje, el ego pequeño: el futbolista, el ingeniero, el funcionario, la seductora, el poeta o el albañil.


No hay teatro sin personajes. Tenemos que interpretar algún papel para vivir, si no, estaríamos muertos. Cualquier día te das cuenta y dices: ‟¡Caramba si era sólo un papel!» Eso ocurre, cuando te apercibes de que llevas una máscara, un disfraz. Y cuando te has fundido con algo que trasciende lo anecdótico, un fuego impersonal que quema el ego, descubres lo que realmente era: un pensamiento, un sueño, un parpadeo en la pantalla de cine.

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