Siempre hace buen tiempo

Paz en la pandemia

“Un niño para la esperanza” (Plaza de Olavide. Madrid) ©PMLamet

Una instantánea en medio de la covid-21. La anciana (arriba a la derecha) mira con interés, parapetada en su mascarilla, a la joven madre que vigila con amor a su bebé dormido.
Y la naturaleza cobija con su verde abrazo este triángulo de vida detenido por la foto en su tiempo y espacio. En medio de nuestras vicisitudes de enfermedad, inquietud y miedo, ésta constituye una imagen de paz inefable.
La vida sigue, como lo que es: un canto de amor y esperanza del ahora eterno. La quietud se refleja, como caricia de sol en el rubio rostro del niño, que recibe en silencio el amor de la madre. Viene espontáneamente a la memoria el Salmo 130 sobre el abandono confiado en los brazos de Dios:

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.


En esta época inexplicable y temerosa, solo nos queda sentirnos en paz en el regazo de Dios, moderando nuestros deseos, aquietando el corazón ambicioso en brazos de la Providencia.
No somos dueños del tiempo. Las flores, las plantas, el sol, la vida siguen su rumbo. Un aleteo de presencia habita detrás del misterioso latir de todo. ¿Nos creemos de veras que, pese a las noticias negativas, estoy, como el niño, cobijado por la ternura de un Dios que es padre y madre?
El camino para llegar es el silencio interior.
Dice un proverbio oriental: “Siéntate en tu cielo interior y deja a la hierba crecer”.





Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.