Siempre hace buen tiempo

Mi sombra

«Yahvé es tu guardián, tu sombra; Yahvé está a tu derecha.»
(Sal 121, 5)

Al lado, inseparable,
al tamaño de mí,
hecho a medida
e inmenso como el hueco
que llevo dentro ardiendo.

Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.

Aquí, entre estas páginas,
rompiendo la penumbra
de la tarde,
allí, junto al volante,
copiloto.
Más grande que los montes
y menudo,
para el bolsillo, oculto
en ese afable
rumor de pipa y de cerillas.

Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.

Lo ignoran los viandantes,
se oculta tras semáforos,
despide olor a Metro
y vende «magazines»
por las tardes,
imposible de ver
sentado en un kiosco.

Se duerme en aquel banco,
lleva un casco de guardia
y una boina.
Vocea por las calles sus tiovivos
y antorcha, con la muerte,
es su despido de lágrima y pañuelo
todo madre.

Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.

Y miro al rascacielos
encerrado
entre grises paredes
de silencio.
Levanto la mirada hacia los postes,
que marcan la tardanza
y el camino,
y escucho el traqueteo
entre dos soledades del viaje
que va dejando el rastro
de mi paso.

¿Desde dónde el auxilio
cada tarde?

Él vive junto a mí.
Él es mi sombra.

Pedro Miguel Lamet

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