Como el otoño, me deshojo esta tarde con el viento que desnuda lentamente el cercano jardín y arrastra mis pesares hacia el cielo apagado de lo inútil.
Se va quedando el árbol desprovisto de aquellas coloridas ilusiones con que ayer se poblaban sus ramas de versos pasajeros. ¿Recuerdas?
¡Quería, necio de mi, conservar para siempre aquel verde vestido de risa y primavera! Muñones de mi mismo se levantan hacia el amor azul porque esta noche, sin fronda, se puedan ver más nítidas las ocultas estrellas.
Que me bese la luna como a un desposeído.
Que me arrope la noche con su oscura querencia y me habite su nada en el todo infinito, hasta que llueva o nieve la belleza de arriba.
Que el otoño desnude este tronco que habito desde esa sabia oculta y más allá del tiempo me inunde tu presencia.
En 2026 se cumplen dos aniversarios de gran importancia en torno a san Juan de la Cruz: el tercer centenario de su canonización y el primer centenario de su proclamación como doctor de la Iglesia.
Ofrezco este año mi homenaje al gran místico de Hontiveros y mayor poeta de la lengua castellana —al que dediqué también la novela histórica LA NOCHE ENAMORADA— este soneto:
LLAMA DE AMOR VIVA
A San Juan de la Cruz
Pequeño fraile de la noche oscura al que cautivo, solo y humillado la luz de la poesía te ha cantado con la voz más sublime, honda y pura:
tu mística nos hunde en la espesura de un jardín del alma con su amado y un monte en subida por el lado en que la nada engendra su figura.
Cuando ahogado el yo por la dureza de este mundo que anda a la deriva y se turba en su más profundo centro,
muéstrame tú la llama de amor viva que de mi noche alumbre una proeza: romper “la tela de ese dulce encuentro”.
En esta noche tibia, quieta y llena de un temblor de palabra y despedida, de soledad y amor el alma herida celebras tú, Jesús, la última cena.
Compartes con el pan esa honda pena del sin sentido, la angustiosa vida que es fracaso, dolor, obra incumplida, y el vino de tu sangre nazarena.
En esta hora de la confidencia, cuando Judas se hunde en su amargura y Pedro negará en un corto trecho
cuanto aprendió a tu lado de dulzura, déjame que ahonde en la experiencia de apoyar, como Juan, mi alma en tu pecho.
FLOR DE VIERNES SANTO
De mi fuego a tu fuego hay un paso que es la noche profunda del que mira por encima del odio y de la ira y se enciende de amor en el fracaso.
De mi noche a tu noche hay un ocaso que es derrotar en silencio la mentira y abrazar en tu muerte cuanto aspira a alcanzar en su luz aquel traspaso
del miedo que descubre la alegría. Va mi alma contigo ensangrentada por las calles del mundo tras el llanto
de todos cuantos llevan por tu vía aquella cruz tan dura y tan pesada que llegó a florecer en Viernes Santo.
PALABRAS DE MARÍA DOLOROSA A SU HIJO MUERTO EN LA CRUZ
¿Qué te han hecho, Jesús, hijo del alma? ¿A dónde el odio y la envidia te han traído, que tu cuerpo te sangra malherido y una espada atraviesa mis entrañas?
¿Dónde fueron las risas de aquel niño que jugaba en la puerta de mi casa? ¿Dónde partió mi joven carpintero, dónde, muerto José, mi único amigo?
Te ha matado el poder, la fuerza bruta que no sabe de luz, que solo mata. Ya no puedo escuchar tu voz bendita ni puedo acariciarte con mis nanas.
El tiempo se ha parado, todo es noche, tus discípulos todos han huido. No hay consuelo ni alivio. Pon tu calma en medio del dolor, mira qué frío
llena al mundo de miedo y pesadumbre. Todo pide que vuelvas con tu Pascua. Resucita, Jesús, en tus hermanos vuelve otra vez a tus campos y tu barca.
Siembra entre los hombres el alivio de saber que la vida es tu Palabra. Repártenos tu Pan, danos tu Vino, confirma que el Amor todo lo salva.
¡Vuelve a mostrar de nuevo tu camino! ¡Ven, Jesús, resucita! ¡Maranatha!
SABIDURÍA DE VIERNES SANTO
Enséñame a morirme cada día porque sigo enganchado a la creatura y tengo miedo a esa noche tan oscura en que deje este mundo y tierra mía.
Tengo miedo al desagarro y a la fría soledad de quien triste se apresura a romper con el tiempo que no dura y a ignorar si le espera la alegría.
Desde tu cruz, enséñame el camino para vivir muriendo a la apariencia y amar lo que respira entre las cosas
que así hallaré por ti un sabor divino y la luz que trasciende toda ciencia en el secreto oculto de las rosas.
Fernando Vidal, que coordina un grupo de oración en la parroquia San Ignacio de Loyola en Madrid, ha publicado este folleto, «Orar con Pedro Miguel Lamet«, donde elige algunos textos míos, ilustrados con música y dibujos para la meditación que tuvo lugar el 24 de enero. Fue una increíble experiencia de silencio y contemplación, que nunca olvidaré. He aquí el citado folleto por si os sirve:
Si quieres bajártelo o imprimirlo, pulsa en los iconos de la primera línea.
Si quieres verlo a página completa, pulsa en View Fullscreen, a la izquierda.
«Yahvé es tu guardián, tu sombra; Yahvé está a tu derecha.» (Sal 121, 5)
Al lado, inseparable, al tamaño de mí, hecho a medida e inmenso como el hueco que llevo dentro ardiendo.
Él vive junto a mí. Él es mi sombra.
Aquí, entre estas páginas, rompiendo la penumbra de la tarde, allí, junto al volante, copiloto. Más grande que los montes y menudo, para el bolsillo, oculto en ese afable rumor de pipa y de cerillas.
Él vive junto a mí. Él es mi sombra.
Lo ignoran los viandantes, se oculta tras semáforos, despide olor a Metro y vende «magazines» por las tardes, imposible de ver sentado en un kiosco.
Se duerme en aquel banco, lleva un casco de guardia y una boina. Vocea por las calles sus tiovivos y antorcha, con la muerte, es su despido de lágrima y pañuelo todo madre.
Él vive junto a mí. Él es mi sombra.
Y miro al rascacielos encerrado entre grises paredes de silencio. Levanto la mirada hacia los postes, que marcan la tardanza y el camino, y escucho el traqueteo entre dos soledades del viaje que va dejando el rastro de mi paso.