Siempre hace buen tiempo

Category Archives: DOLOR

Morirse a gusto

Pintar los muertos, rodearlos de música, flores y hasta champagne es una pasada a la que habitualmente están acostumbrados los estadounidenses. El numerito que en este sentido presencié hace muchos años en la Wallace Funeral Home, una funeraria de un popular barrio neoyorquino, me quitó las ganas de rezar. Había maquillado al cadáver como una actriz de Hollywood y aquello se parecía más a un festejo de graduación que a un obituario. Un recuerdo que me viene a la memoria en este día de difuntos.

Sin embargo, la tecnificada sociedad made in USA es la que ha inventado la muerte anónima. Pocos días antes, durante mi trabajo en una parroquia de Manhattan, había asistido a una anciana que se moría sola en el piso veinticuatro de un modernísimo hospital. Sus queridos parientes la habían despostado allí como un mueble; los médicos le ensartaron en la muñeca una pulserita con un número de identificación, y la pobre mujer había pasado de especialista en especialista como un cojinete en una cadena de montaje.

Continue reading…→
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

El primer nido

«¡Qué bien le viene al corazón su primer nido!», dice el poeta, saboreando el recuentro de la casa de la infancia. Los primeros balones, los «hijo mío, no llegues tarde» al salir de paseo, las vueltas del cole con el peso de los libros y las lágrimas del cate, el sabor a hogaza crujiente y a madre y hermanos tras el frío del invierno y los desengaños, las noches de sobremesa y los cuentos del abuelo a la luz de la lumbre.

La casa de la infancia.

¡Qué alegría del regreso desde el lejano país, la mili o el viaje! ¡Y qué tristeza la del adiós!

«De aquella ventana del adiós no te has ido, madre, todavía», canta Bertrán, o Juan Ramón: «Parece que, en un trueque de pasión, el corazón se trae roto el nido, que se queda en el nido, roto el corazón!»

Parece que la cal, el tejadillo, la puerta, la ventana, habitan nuestra alma en vez de habitar nosotros la casa aquella enjalbegada de la infancia…

¿Qué será recuperar el color, el sabor y el calor de la primera de las casas que ya hemos olvidado, la luminosa y feliz casa del Padre? Todos llevamos dentro un primer nido.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Disfrutar del no-tiempo

Leo esta interesante cita de Salvador Pániker:
“Yo detesto el tiempo. La mayoría de la gente rememora el pasado y hace planes para el futuro. Yo me pregunto: ¿pero cuándo vive esta gente?
La mística en mi acepción, no tiene nada que ver con ninguna cuestión religiosa, ni estética, ni nada de esto, sino con esta capacidad de vivir el presente, de exorcizar el tiempo.
Vivir el presente está relacionado también con la capacidad de encontrar algo que a uno le importa más que uno mismo.”
Una postura ante la vida que comparto enteramente. Salvo en su colorario: que tal actitud no tenga nada que ver con la mística.
Cuando uno se centra en el presente, se desvincula de la culpa del pasado y de la angustia de lo que me va a suceder en el futuro, entre otras realidades la llamada muerte, el ahora taladra todo y abre al infinito, y en esa fusión el yo desaparece.
Estamos con todo, estamos con Dios, o como queramos llamarlo. Y es cuando se consigue callar a la ruidosa mente, aparece el silencio y en el silencio emerge su rostro sin rostro.

«El ego es un invento reciente de la evolución, y un día u otro desaparecerá».
Salvador Paníker

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

No dejes, soledad, de acompañarme

Entre los solitarios de hoy día hay dos especies: los que se deterioran por la soledad y los que crecen en la soledad. La diferencia se produce con una sola palabra: “conexión”. Si no hay conexión de amor maduro con los demás (familia, pareja, amigos), es indispensable la conexión interior: el descubrimiento con el centro de las diversas capas de la “cebolla”, lo hondo de nuestra conciencia.

Las diversas formas de meditación han descubierto, que allí en lo profundo siempre estamos bien. Al taladrar hasta el fondo de la conciencia, gracias a la soledad, el silencio, la escucha y la contemplación de la naturaleza, uno puede encontrase con un horizonte sin tiempo, donde la culpa por el pasado y el miedo al futuro se desvanecen, porque conectamos con un “ahora” sin límites, donde todo está bien. Así se han realizado algunos grandes hombres, sean santos, científicos, filósofos, creadores literarios…

Es más, sin un tiempo de soledad, incluso quienes tienen la suerte de mantener buenas relaciones, no pueden lograr ser ellos mismos, pues se convierten en víctima del oleaje exterior y pueden sucumbir en la tormenta de la ansiedad, la angustia o el absurdo. Todo el mundo necesita un tiempo de buena soledad. Pues la verdadera y funesta soledad es “no poder hablar con tu corazón”.

                Por ejemplo, un poeta soldado del mil quinientos, Hernando de Acuña, que luchó en la batalla de San Quintín, tiene un soneto a la soledad, del que copio aquí su primera estrofa:

Pues se conforma nuestra compañía,
no dejes, soledad, de acompañarme,
que al punto que vinieses a faltarme
muy mayor soledad padecería
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather