Siempre hace buen tiempo

Category Archives: HISTORIA

¿Por qué fue expulsada y suprimida la Compañía de Jesús?

Embarcación de los jesuitas expulsos por los soldados de Carlos III en uno de los puerteos de España

Con motivo de la reaparición, esta vez bajo el sello de Ediciones Mensajero, de mi novela histórica El último jesuíta, muchos lectores me han preguntado por las auténticas razones de fondo por las cuales la Compañía de Jesús fue expulsada de vários países y luego extinguida en la Iglesia del siglo XVIII. He aqui mi respuesta, en forma de entrevista:

PML – Tres factores claves de la Contrarreforma fueron decisivos: el establecimiento de la Inquisición, la fundación de la Compañía, y el concilio de Trento. Antes de Trento nació la Compañía de Jesús (1540), fundada por Ignacio de Loyola (1491-1556). Inicialmente pensada para la actuación misionera en tierra de paganos, y luego dedicada a la acción en Europa partiendo del mundo cultural y político, además de las misiones. A los votos habituales (obediencia, castidad, pobreza) añadieron un cuarto, obediencia al Papa, que se encontró con otro soporte para su autoridad. Creció prodigiosamente con su “predicación en avanzadilla”, siendo pioneros de inculturación en el Lejano Oriente y luego en las Indias.  Pero su dependencia directa del Papa los convertiría en peligro para los absolutismos de la Ilustración, que explica implícitamente el motivo principal de la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús en el S. XVIII.

San Ignacio de Loyola

Pregunta– ¿Cuál fue el contexto social y político de Europa en el siglo XVIII que llevó a la supresión de la Compañía de Jesús?

PML – El caldo de cultivo fue la Ilustración, que predicaba la razón y el progreso como únicas fuentes de felicidad. Un movimiento cultural que se presenta en contra del fanatismo religioso y la ignorancia, con figuras señeras como Voltaire y Descartes, o el “hombre bueno” en su estado natural de Rousseau. Todo ello se sintetizaba en los saberes recogidos en La Enciclopedia. Políticamente Europa estaba dominada por monarquías absolutistas, principalmente borbónicas. En ellas la ideología dominante era el regalismo favorable a la supremacía del Rey sobre la del Papa.

Pregunta– ¿De qué manera el Jansenismo, propuesto por Cornelius Jansen, contraponía la perspectiva teológica de los jesuitas?

Jansenio

PML – Cornelius Jansen, obispo de Ypres (1585-1638), vivió las discusiones teológicas de agustinos y jesuitas que tenían como origen el tema de la gracia; de la predestinación (agustinos, dominicos), y la libertad. El foco difusor fue la antigua abadía cisterciense de Port-Royal, protegida por una familia nobiliaria e influyente, los Arnauld.  Mientras los jansenistas defendían el rigorismo, los jesuitas eran partidarios del probabilismo que en resumen es una doctrina de teología y filosofía moral cristiana, basada en la idea de que es justificado realizar una acción, aún en contra de la opinión general o el consenso social, si es que hay una posibilidad, aunque sea pequeña, de que sus resultados posteriores sean buenos, optando así por la libertad. Aquí interviene el principio de conciencia personal: si una opinión es probable, está permitido seguirla, incluso aunque la opinión opuesta sea más probable.

Pregunta– ¿Los críticos a la Compañía de Jesús, en la época de la supresión, afirmaban que la orden se había vuelto más política que religiosa? ¿Por qué había esa percepción? ¿Esto fue lo que llevó a la supresión?

PML – En mi novela El último jesuíta uno de los personajes afirma: “La Compañía de Jesús há muerto de éxito”. Había um abismo cultural entre el clero secular y los jesuítas. Su poder sobre todo se desarrolló en el ámbito de la educación y la cultura. En mi opinión los jesuítas de aquel tiempo cometieron dos errores: aceptar ser confesores de reyes (el último de ellos, el padre Rávago, así lo reconoce) por el poder que suponía este cargo, y, en segundo lugar, apoyar en sus colégios a los nobles (colegiales), frente a los (manteistas) becarios, que acabaron haciéndose con el poder. Influyó también el éxito en América de las Reducciones, primeras repúblicas autogestionadas, con la leyenda de que los jesuítas preparaban un ejército para invadir Europa, con su rey-jesuita incluído, y el regalismo.

Pregunta– ¿Hasta qué punto la fidelidad de los Jesuitas al papa, un “soberano extranjero”, pesó contra la propia existencia de la orden en una Europa del siglo XVIII caracterizada por monarquías absolutistas?

PML – Influyó mucho en países donde el galicanismo y en general el regalismo imperaba. Por ejemplo la publicación del Exequatur de Carlos III en España impedía que se publicaran documentos del papa que no complacían al rey,

Pregunta– ¿Cómo encarar la postura intransigente de Lorenzo Ricci frente al Vaticano en el período que culminó con la supresión? ¿Cuáles son los cambios que él recusó cuando proclamó la frase: “Sint ut sunt aut non sint”?

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Don Gabino y la Guerra Española

Mataron a sus padres cuando el futuro presidente de la CEE era solo un niño

Don Gabino y la Guerra Civil Española
Don Gabino y la Guerra Civil Española

Don Gabino ha dado un testimonio muy importante de reconciliación y perdón frente a los que vuelven a bordear este precipicio del rencor: «Las trincheras de Dios«

En el camino, la madre de Gabino iba preparando a su marido, que estaba destrozado con el pensamiento de dejar huérfanos a sus hijos. Le decía:“Mira, no vas a querer tú más a tus hijos que Dios»

Unos instantes antes de morir dijo: “Así no vais a ganar la guerra, matando a hombres de bien”.

Al lado había otra fosa con restos de mujeres de izquierdas, a las que había fusilado Líster, por haber tenido un comportamiento desleal a las normas, y sin guardar con ellas ningún procedimiento jurídico

“La Iglesia, lo que más hizo entonces, y que yo recuerdo bien -contra lo que dicen algunos que ¡ya va siendo hora de que la Iglesia pida perdón- era predicar el perdón, que perdonáramos a los que habían asesinado a nuestros padres»

15.06.2022 Pedro Miguel Lamet

Con motivo de la muerte de don Gabino Díaz Merchán conviene recordar la relación que este gran sacerdote y arzobispo tuvo con la Guerra Civil a partir del fusilamiento  de sus padres, cuando   solo era un niño y sus esfuerzos por la reconciliación entre los españoles. Lo sintetizo en mi última novela histórica, «Las trincheras de Dios» (Cap. 21), a través de la protagonista Mila y Asun, una religiosa amiga.

Asentí y decidimos pasear por el patio del colegio, bajo árboles que empezaba a pintar de oro viejo el primer otoño madrileño.

-Imagínate un niño de diez años en Mora, un pueblo de Toledo. Son los primeros días de la guerra civil. Va con su hermana pequeña y con sus padres por la calle. De repente, un grupo de exaltados de izquierdas les pone a los cuatro, en el punto de mira de sus fusiles. Un niño tan pequeño, cara a cara con la muerte. Gabino cuenta que tuvo la sensación de estar a punto de morir. Afortunadamente otra gente se interpuso y no pasó nada. Lo de su padre ocurrió al mes siguiente, en agosto de 1936.

-¿De dónde has sacado esos datos?

-Sostuve hace tiempo, una conversación con él, que me impresionó mucho. Sobre todo, porque don Gabino ha dado un testimonio muy importante de reconciliación y perdón frente a los que vuelven a bordear este precipicio del rencor. El hecho es que fueron a por su padre, Gabino Díaz Toledo, un pequeño empresario que no era un potentado, ni adinerado, ni político. Era sí miembro del Partido Republicano Democrático por afinidad con Hipólito Jiménez, abogado en Madrid y amigo desde la infancia en Mora. “Lo llevamos al Ayuntamiento”, le dijeron. Pero no era cierto, se lo llevaban a la cárcel. Entonces su mujer, la madre de Gabino, entendió lo que le pasaba y le dijo a su marido: “Si mueres, yo quiero morir contigo”. “Señora, usted está loca, nadie piensa hacerle nada a su marido”, le respondieron. Ella regresó triste a casa. Al cabo de una hora volvieron por ella. Parecía que todo estaba resuelto, pero Paz, la esposa, encontró a su marido metido en un coche con otro señor, que iba a sufrir lo mismo. La hicieron subir también al auto. A la media hora paró en la carretera entre Mora y Orgaz, cerca del cementerio de este pueblo.

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«Las Trincheras de Dios», nueva novela histórica

Ya en librerías una nueva novela histórica de Pedro Miguel Lamet.

Una mirada alternativa a la Guerra Civil española

SINOPSIS

El sueño de Milagros Aguilar es llegar a conocer toda la verdad sobre la Guerra Civil española. Nacida en una familia sevillana conservadora y marcada por la pérdida de seres queridos asesinados durante la contienda, tras estudiar la carrera de Historia, conoce a Jordi Casanova, socialista catalán, que llegará a convertirse en juez de la Audiencia Nacional.

Su matrimonio, del que nacen dos hijos, sufre una crisis por diferencias ideológicas entre ambos: él, implicado en la Memoria Histórica; ella, en la redacción de una tesis doctoral sobre «El factor religioso en la Guerra Civil». El hilo conductor de su trabajo es la vida de Fernando de Huidobro, un jesuita filósofo, alumno predilecto de Martin Heidegger, que regresa a España para ofrecerse a servir en cualquiera de ambos bandos. Entregado heroicamente a auxiliar a las víctimas, sean rojas o azules, decide, desde su experiencia como capellán de la Legión, denuncia al alto mando por el modo de ejecutar los fusilamientos de jóvenes milicianos, hasta que muere víctima de un obús procedente del fuego amigo.

La novela discurre entre la redacción de la tesis de Mila, que estudia la Guerra Civil junto al influjo de las diversas creencias en ella, y sus conflictos familiares, en una España contemporánea preocupada por la revisión histórica del pasado. Pedro Miguel Lamet, con un estilo que atrapa al lector, nos ofrece una síntesis del sangriento conflicto con aportación de datos, humanidad y el análisis de una nueva perspectiva encarnada por quienes ya entonces lucharon por la paz, la justicia y la reconciliación entre españoles.

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Ignacio y Arrupe: Dos mundos, dos profetas

Extraordinario parecido entre Pedro Arrupe e Ignacio de Loyola

El 20 de mayo se cumplen 500 años de la herida que transformó al gentilhombre Íñigo en el futuro Ignacio de Loyola. De la herida de bomba, que le tronchó la pierna derecha, mientras, de forma quijotesca y contra toda esperanza, defendió la desmochada fortaleza de Pamplona contra los invasores franceses y le llevó al borde la muerte, surgió una luz que dura hasta ahora. En la casa-torre de su villa natal y durante la convalecencia de la carnicería que le practicaron lo cirujanos, aprendió los dos sabores del alma que le llevarían al discernimiento. Vacío y desazón mientras evocaba las hazañas que haría por la “señora de sus pensamientos” y la paz y llenumbre que le alegraba el alma cuando pensaba en seguir a Jesucristo a imitación de la vida de los santos que acababa de leer en los libros que proporcionó su cuñada Magdalena de Araoz.

Tras un largo peregrinaje y las luces que, como “un maestro de escuela” Dios le iba dando en sus viajes a pie por España y Europa, nacería la Compañía de Jesús, desde los moldes de una sociedad a caballo entre el medioevo y el Renacimiento, los libros de caballerías y la primera globalización de los viajes transoceánicos, entre la sociedad feudal y el  nuevo mundo cultural de Cisneros, Erasmo y Maquiavelo. Así supo sintetizar la mística y el sentido práctico, el Principio y Fundamento de sus Ejercicios (“En todo amar y servir”) y la eficacia intelectual de la Ratio Studiorum, la conversión de los Evangelios y el descubrimiento cósmico de la unidad de todo de la Contemplación para Alcanzar Amor.

La Historia de la Compañía es fruto de esa síntesis, con sus logros y sus defectos, pero con un indudable fruto: una legión de santos y una presencia eficaz de la Iglesia en el mundo de la teología, la misión, y la cultura.

Pero el mundo cambió y en el siglo XX surge Pedro Arrupe que, incluso con un parecido físico a Ignacio, lee su espíritu y sus Constituciones para el mundo actual, con su valentía de tender un puente entre Oriente y Occidente, el respeto y valoración de otras culturas mediante su “inculturación” y sobre todo la lucha por la justicia en un mundo desigual y desgarrado por las guerras, el hambre, el terrorismo, la injusticia social, las migraciones y el drama de los refugiados. Así la herida que arrojó luz y redescubrimiento del Dios-amor en el siglo XVI se abrió en el XX con el aliento profético de Pedro Arrupe hasta hoy mismo, con un espíritu que alcanza incluso hoy a la Santa Sede, con el providencial advenimiento del papa Francisco.

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Aparece en inglés mi biografía de Pedro Arrupe

Editada por IJS STUDIES de Boston (EE:UU;) acaba de aparece la traducción al inglés de mi biografía «Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del XXI»

Ya se puede comprar en España y la Unión Europea en:

https://gcloyola.com/jesuitas/3846-pedro-arrupe-edicion-en-lengua-inglesa-9781947617087.html

 Pedro Arrupe : Witness of the Twentieth Century, Prophet of the Twenty-First

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Pedro Arrupe : Witness of the Twentieth Century, Prophet of the Twenty-First

Product Overview

The renown of few contemporary church figures has grown as much over time as that of the charismatic General of the Jesuits, Pedro Arrupe (1907-1991). Born into a bourgeois family in the industrial city of Bilbao, he studied medicine in Madrid, but after several years of study he left medical school to join the Society of Jesus, where decisive events awaited him. Expelled from Spain during the Republic, Arrupe was a citizen of the world by vocation and formation. During World War II he worked as a missionary in Japan, where he was accused of being a spy and imprisoned. He directly witnessed the explosion of the atomic bomb dropped on Hiroshima, and he used his medical knowledge to attend to the victims.

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El último secreto de Pedro Arrupe

«Hay que sufrir y ofrecerlo. Es la vida. Dios está más allá de todo. Mi vida es estar con Dios. Tenemos que ver a Dios en todo»
El último secreto de Pedro Arrupe
Juan Pablo II y Pedro Arrupe
«Lo único que queda siempre y en todo lugar, que me ha de orientar y ayudar siempre, aun en las circunstancias más difíciles y en las incomprensiones más dolorosas, es siempre el amor del único amigo, que es Jesucristo».
La comparación de las teologías de Arrupe y Juan Pablo II arroja luz para comprender la incomunicación de dos hombres de Dios, que conducirá a Pedro a la kénosis, el vaciamiento interior de nueve años de enfermedad, vividos de forma heroica.
Me confesó cuatro iluminaciones místicas en su vida: “Lo vi claro delante de Dios. Los jesuitas teníamos que dar ese paso. Fue algo precioso, bonitísimo” (lo decía con al rostro transportado).
Tenía conocimientos extrasensoriales de las personas. Casi todos los jesuitas se sentían percibidos y comprendidos antes de contarles nada.

Hoy se cumplen treinta años de la muerte de Arrupe. Se fue de este mundo precisamente el 5 de febrero, aniversario de los mártires de Nagasaki. de su querido Japón Cuando le visité en Roma, ya afectado por la trombosis para entrevistarle de cara a la biografía, vivía de la fe en medio de la marginación y desautorización de la Santa Sede.

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"La 'bomba' de la segunda intervención papal a los jesuitas"


«Se trata de solo una hecho en medio de un ambiente vaticano enrarecido contra Arrupe

La "bomba" sobre la segunda intervención papal a los jesuitas
La «bomba» sobre la segunda intervención papal a los jesuitas

La sorprendente noticia de que en tiempos de Benedicto XVI el papa estuvo a punto de intervenir por segunda vez a la Compañía de Jesús, como había hecho Juan Pablo II en el generalato de Arrupe, era conocida por un grupo de jesuitas españoles.

Con motivo de un simposio que se iba a celebrar en Deusto el Vaticano respondió:»No parece conveniente organizar tal homenaje a un hombre que tanto daño a hecho a la Iglesia”.

Hoy la SJ se parece más a “los amigos en el Señor” y la “mínima Compañía” que fundó San Ignacio

Me dijo el P. Nicolás: “No parece conveniente hablar del proceso hasta que se serenen las aguas. Hay muchos monseñores en el Vaticano que siguen sin poderlo ver”.

Bertone se atreve a pretender intervenir de nuevo en la autonomía canónica de una orden exenta

El entonces cardenal Bergoglio se muestra decididamente contrario a la idea de una intervención papal.

Más de cien jesuitas han dado su vida desde Arrupe en los países del Tercer Mundo por defender a los más pequeños del Pueblo de Dios, entre ellos Rutilio Grande, inspirador de San Romero de América,  que va a ser pronto canonizado.

23.01.2020 Pedro Miguel Lamet

La sorprendente noticia de que en tiempos de Benedicto XVI el papa estuvo a punto de intervenir por segunda vez a la Compañía de Jesús, como había hecho Juan Pablo II en el generalato de Arrupe, era conocida por un grupo de jesuitas españoles. Se la había confiado el padre general Adolfo Nicolás bajo secreto en una de sus visitas a la provincia de Castilla. Pero en realidad no revela sino un ambiente enrarecido en torno a la figura de Pedro Arrupe, que se respiraba en el Vaticano hasta hace muy poco. Ahora sale a relucir a propósito de la presentación en Madrid de la traducción castellana del libro Los jesuitas:Del Vaticano II al papa Francisco de Gianni La Bella (Ed. Mensajero).

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El día que mataron a Ellacuría

El 16 de noviembre de 1989 día que mataron a Ellacuría -este sábado hará 30 años- yo estaba en un restaurante, almorzando con los informadores religiosos de los medios  de Madrid. Presidía el “patriarca” de entonces, Martín Descalzo, que pocos días antes había escrito en ABC un artículo contra Ellacuría. Me llamaron al teléfono del restaurante -entonces no había móvil- para darme la noticia del asesinato de los jesuitas y las cocineras de la UCA. Lo comuniqué a mis colegas y se quedaron de piedra.

Tres días antes había venido a mi casa a verme Ignacio Ellacuría. Manteníamos relaciones estrechas, porque él seguía con interés el semanario “Vida Nueva” de entonces, que a la sazón yo dirigía,  y muchas veces le había llevado en mi coche por las calles de Madrid. En ocasiones para visitar a Carmen Conde, esposa de Zubiri, del que Ignacio era especialista. Meses antes él, Sobrino y Jon Cortina me invitaron a comer para pedirme que escribiera una biografía de Rutilio Grande, otro mártir jesuita salvadoreño, muy amigo de monseñor Romero, que ahora está en avanzado proceso de canonización y que ya cuenta con una bunea biografía. Pero aquel día Ignacio me pidió que montara la Facultad de Comunicación de la UCA. Le dije que estaba muy cogido entonces por el periodismo y los libros y le presenté a Norberto Alcover, que finalamente se encargó de lo de la facultad.

Podéis imaginar cómo me quedé cuando escuché la noticia. Me impresionó el impacto unánime con que respondieron los medios de comunicación españoles e internacionales. Sólo Martín Descalzo no se atrevió a escribir sobre el tema, por haberlo descalificado semanas antes. Que medios laicos como “El País” dieran al caso tanta cobertura probaba que hay causas como la justicia, que en  este caso brotaba de un compromiso cristiano, que son indiscutibles. Era la herencia de una línea marcada por Pedro Arrupe y el  el famoso Decreto IV asumido por la Congregación General de la Compañía. Hoy han muerto más de un centenar de jesuitas en todo el mundo por defender los derechos de los pobres. Pero ni El Salvador ni en la Iglesia se ha hecho justicia. Los culpables siguen libres. El proceso de beatificación y canonización de estos hombres, sacerdotes y relgiosos, que dieron su vida desde la fe por el Cristo de carne y hueso crucificado en El Salvador. (Como lo hizo Romero, felizmente canonizado) está en espera pues la Postulación de la Compañía anda muy ocupada con Rutilio Grande y el padre Arrupe.

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El alma bella de un santo feo

Manuel García Nieto, SJ

Hay hombres y mujeres cuya santidad viene envuelta en unas cualidades de lujo, tanto físicas como intelectuales o psicológicas. Y otras personas en donde las virtudes quizás brillen más porque las cualidades humanas echan para atrás. Este el caso de Manuel García Nieto, SJ, cuyas virtudes heroicas acaban de ser aprobadas por el papa Francisco en nuevo paso en su camino hacia los altares.
Del padre Nieto cuentan que era tan horrorosamente feo –rostro deforme, andar renqueante, voz ronca- que a la hora de ser candidato para el sacerdocio sus superiores se plantearon si admitirlo o no, pues del Derecho Canónico aconseja que no se ordenen a los muy feos por el rechazo que esto puede suponer en los fieles. Nieto se limitó a presentar a su hermano que era más feo que él y fue admitido.
Pronto se vería la belleza espiritual cautivadora de aquel muchacho débil de salud que había nacido en un pueblecito de Salamanca llamado Macotera el 5 de abril de 1894 y que desde muy niño le gustaba jugar a decir misa. A los catorce años ingresó en el seminario salmantino y trabajó seis años como sacerdote diocesano, los dos primeros con el cargo de coadjutor en Cantalapiedra, y los otros cuatro como teniente cura en la parroquia de Santa María de Sando y su anejo El Valejo. Desde el principio fue un modelo de sacerdote, “tras las huellas del Cura de Ars”, como dice su biógrafo Benigno Hernández. Por ejemplo fomentaba mucho las vocaciones entre los jóvenes de su parroquia.
En 1926 decide hacerse jesuita e ingresa en el noviciado de Carrión de la Condes, para estudiar sucesivamente en Salamanca y Oña (Burgos) donde se dedicó a repasar teología. A partir de ese momento Manuel ocupará el único y gran destino de su vida: director espiritual del seminario de Comillas, tanto con los seminaristas más jóvenes como de los mayores, a los que impartió también clases de Teología Pastoral y Teología Ascética y Mística.
Estaba dirigiendo una tanda de ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes cuando estalló la guerra civil. En comunidad durante el mes de agosto de 1936 fue detenido con sus compañeros y conducido por un piquete milicianos a Santander. Pronto se dedicó a trabajar clandestinamente con seminaristas dispersos,arriesgando su vida, pues en aquel tiempo fueron asesinados 25 de los detenidos en Comillas. Al año siguiente, gracias a un salvoconducto, se refugió en Vizcaya, hasta que ocupada Comillas por las tropas de Franco, vuelve a ejercer su cargo de director espiritual de filósofos y teólogos.
Muy duro consigo mismo, pues dormía poco y comía menos, era sin embargo muy cautivador para los alumnos del seminario, del que en los años cincuenta saldría una buena cosecha de insignes sacerdotes, muchos de ellos obispos. Tenía especial debilidad por atender a los pobres. En los años de escasez de la posguerra su cuarto parecía una tienda de ultramarinos, donde se acumulaban ropas y víveres para los necesitados.
Su fuerza estaba sobre todo en su profunda y continua vida de oración, su amor a la Eucaristía y en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que impartía sobre todo a sacerdotes durante los veranos. “Por nada del mundo cambiaría media hora de Sagrario», decía. “Un acto de amor de Dios vale más que la creación entera”, o “hay que reventarse por Cristo”. Sufrió cuando la Universidad Comillas fue trasladada a Madrid y sus métodos, en la vorágine del posconcilio, fueron cuestionados. A partir de 1968 permaneció en Comillas hasta su muerte el 13 de abril de 1974. Un buen perfil traza de él el arzobispo Gabino Díaz-Merchán: “En su vida la mortificación ocupaba un puesto muy importante, pero no estaba separada del amor. Por eso era al mismo tiempo atrayente. Inculcaba la necesidad de la penitencia, sin embargo en la dirección espiritual era muy indulgente”. Y José María Cirarda: “Siempre admiré en él la austeridad penitencial, y una humanísima comprensión para todos, animada por una caridad exquisita”.
El escritor José Luis Castillo-Puche le dedicó muchas páginas en su novela Sin camino (Buenos Aires 1956) sobre esta última etapa. También aparece en la novela La vida a una carta (Barcelona 1986) Murió en loor de santidad el Viernes Santo de 1974 cuando contaba con 80 años. En principio fue enterrado en Comillas (Cantabria) pero en 1985 fue trasladado a una capilla de la Iglesia Parroquial del Milagro de San José en Salamanca . Su epitafio dice así:

P. Manuel García Nieto, S.J.
Macotera, 5-IV-1894 – Comillas, 13-IV-1974
Vida de continua oración
Penitencia por amor a Cristo
Entrega generosa al pobre
Corazón sacerdotal

Como san José María Rubio, SJ en su humilde apariencia física resplandecía más la acción de Dios. Cuentan que una vez le dijo a un seminarista: «Cuando recuerdes mis defectos, anótalos para que no se te olviden». Ahora se ha dado un paso más para que brille como ejemplo de santidad para toda la Iglesia.

SI QUIERES SABER MÁS: El padre Nieto, una vida para Cristo, Biografía on line, de Benigno Hernández.

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