Siempre hace buen tiempo

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Homenaje a San Juan de la Cruz

Cartel del centenario

En 2026 se cumplen dos aniversarios de gran importancia en torno a san Juan de la Cruz: el tercer centenario de su canonización y el primer centenario de su proclamación como doctor de la Iglesia.

Ofrezco este año mi homenaje al gran místico de Hontiveros y mayor poeta de la lengua castellana —al que dediqué también la novela histórica LA NOCHE ENAMORADA— este soneto:

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OTRA MIRADA SOBRE MI «SICÓMORO»

Queridos lectores y amigos:

Os ofrezco la reseña de mi último libro, El Sicómoro, que Mª Dolores de Miguel Poyard ha publicado en la revista Sal Terrae, Agradezco esta nueva y sensible mirada sobre mi obra.

PEDRO MIGUEL LAMET, El sicómoro. La buena noticia según Zaqueo, Mensajero, Bilbao, 2026, 238 pp.

En esta novela bíblica se recrea el encuentro de Jesús con Zaqueo, narrado en Lucas 19,1-10. Considerado un Evangelio en pequeño, contiene en síntesis la buena noticia del Reino: ««e venido a salvar lo que estaba perdido (Lc 19,10).

Esta obra se presenta a modo de autobiografía novelada, narrada en primera persona por Zaqueo, el protagonista. Consciente de su debilidad y guiado por el Espíritu, inicia un largo proceso de conversión: «Un persistente sentimiento de culpabilidad me iba royendo el alma y turbando más mis ya desveladas noches (…) El oficio de archipublicano se iba haciendo cada día más repugnante. (…) En mí se daba la gran paradoja de tenerlo todo y no tener nada» (pp. 50, 53 y 99). El sicómoro, que da título al libro, se convertirá «en el árbol sagrado de la Buena Nueva, el árbol de la vida» (pág. 176), sacramento de ese encuentro de Zaqueo con el Señor.

A lo largo de los capítulos y en sucesión cronológicamente lineal, se desarrolla este itinerario fascinante y liberador. Y como telón de fondo, el contraste entre la mirada del mundo y la de Dios: ««ara él lo débil es fuerte; lo pobre, rico; lo pequeño, grande. A los que se tenían por justos y despreciaban a los demás quiso darles una lección con la parábola de un publicano (pág, 109).

Cuando Zaqueo era considerado un ser despreciable, el Señor se fija en él y, sorprendentemente, lo elige para hospedarse en su en su casa; todo un acontecimiento absolutamente inenarrable: ««na alegría limpia y completa bañaba mis adentros; no me importaba el pasado ni el futuro, sino aquel «ahora» lleno de belleza, que sentía como un agujero abierto a la eternidad. ¿Qué había visto en mí? Me sentía feliz y a la vez anonadado. (…) Con qué orgullo siento aún el timbre de su voz acariciando mis oídos: «También él es hijo de Abrahán. (…) En su mirada atisbé la eternidad, y en la voz vibrante de Jesús recobré mi verdadera esencia, mi niño interior. La mirada de Jesús lo hizo todo en mí (pp. 171-172 y 220).

Obra de madurez, el autor, jesuita y escritor, suma a la belleza literaria y al interés de la trama la profundidad espiritual, con reflexiones cargadas de sabiduría: ««olo cuando aprecias la profundidad del vacío, el agujero del vivir, puedes gozar de la plenitud a la que, sin saberlo, perteneces desde siempre (pág 221). Toda una descripción del recorrido interior en medio del desierto: ««quella inabarcable soledad escarbaba en mi interior un de recóndito lugar dentro de mí, hasta encontrarme poco a poco en un vacío que a la vez parecía estar extrañamente lleno. Como si la nada me hablara en el centro del miedo. Como si me encontrara en el más vasto y emocionante tabernáculo del universo. (…) Por primera vez sentí el revés de todo, la voz de la nada, un oculto regazo donde acurrucarme. Comprendí que el silencio es el matraz donde se cuece el yo verdadero (pp. 158-159).

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Contemplación

CONTEMPLACIÓN

Para salir de la visión que ofrece
la mirada sin luz y el pensamiento
has de cerrar los ojos al aliento
de cuanto nace, muere o se estremece.

En medio del silencio vive y crece
la nada, el no saber sin sentimiento,
igual que a la hojarasca barre el viento
y deja libre a lo que no perece.

Entonces el vacío te abre el alma
y sin conceptos brota en ti la fuente
de esa ascua de amor que eres por dentro;

mueres al yo, el cavilar se calma,
el infinito temblor se hace presente
y la inefable luz viene a tu encuentro.

Pedro Miguel Lamet


Imagen: El vacío del alma/Melancolía’ del artista plástico y escultor rumano Albert Gyorgy, creada en 2012.

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¡Bendita herida!

          ¡BENDITA HERIDA!

A Ignacio de Loyola

Ignacio: caballero de apariencia,
orgullo de tu espada y armadura,
en busca de una gloria tan segura
como de la pulcritud de tu presencia,

¿quién te detuvo en esa tu tendencia
de ganar gloria y la dama pura
de tus sueños, si nada nos perdura
y solo permanece la conciencia?

¡Bendita herida que tronchó tu hazaña
y lúcido el dolor que abrió tu historia
a despertar en ti el discernimiento;

a ensanchar tu vida que ahora entraña
amar y servir en el descubrimiento
de entregar al Señor la mayor gloria.


Pedro Miguel Lamet
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Mi ¡Yo soy!

MI “YO SOY”

Sobre mis hombros llevo cada día
el peso de las risas y las penas,
las horas que corrieron por mis venas,
en un talego de tiempo, que querría

arrojar en el mar de mi bahía
para hundir en tu amor viejas arenas,
que son pasado, pensamiento apenas,
la huella que, sin Ti, no siento mía.

Pues no soy yo ese caudal que creo
constituye mi ser en lo profundo,
ni tampoco mi obra o el latido

de cuanto hice o en mi historia veo,
sino ese rescoldo tan querido
donde en silencio incendias este mundo.

Pedro Miguel Lamet
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El espacio interior, una mística en calderilla

Un hecho incontestable hoy en día, en muchas personas, sean creyentes o no, es la sensación de angustia difusa, debida al ruido ambiental, al bombardeo de la información negativa, al ritmo de la vida actual y a la carencia de sentido. La causa más frecuente de ello suele venir de los pensamientos negativos que nosotros mismos nos infringimos al darle vueltas a ideas que nos torturan y que suelen venirnos, sobre todo en medio de la noche o al momento de levantarnos en la mañana.

Recuerdo un recurso para despertar por dentro, que leí en un libro de autoayuda: vístete, lávate los dientes en cámara lenta, como si fuera lo más importante de tu vida, o lava los platos como quien lava los platos. Es una práctica de concentración para evitar la «tabarra de la mente», centrarte en el presente y no estar dándole vueltas al pasado, al futuro o estar pensando en lo que vas a hacer después. Al estar pendiente de cada movimiento, como si la pasta de dientes fuera de oro puro, la mente no encuentra espacio para torturarte.

Todas las técnicas no sirven de nada si conviertes la técnica en un fin en sí mismo. Como la respiración, el mantra repetido, la jaculatoria, la relajación… Lo importante es conectarte a otra dimensión.

El verdadero objetivo es sentir el espacio interior.

¿Qué es el espacio interior?

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Firma en la Feria del Libro de Madrid

Queridos amigos: Estáis invitados a la próxima Feria del Libro de Madrid, donde estaré firmando mi última novela: «El Sicomoro: La Buena Noticia según Zaqueo» y el resto de mi obra.

Lo haré los sábados 30 de mayo, el 6 y el 13 de junio, de 11 a 14 horas. Aunque no adquiráis ejemplares, será una excelente ocasión para conocernos y compartir impresiones.

CASETA 54. LIBRERÍAS PAULINAS

Gracias por todo y un abrazo.

«Más libros, más libres»  Enrique Tierno Galván,

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«El Sicómoro», nueva novela de Pedro Miguel Lamet

“El hombre que lo compró todo hasta que descubrió lo que no tenía precio”, es el eslogan que acompaña al lanzamiento de El Sicómoro, la nueva novela bíblica de Pedro Miguel Lamet (Mensajero, Bilbao, 2026). El prolífico autor jesuita nos sitúa esta vez en el siglo I para centrarse en un personaje evangélico, Zaqueo, el archipublicano de Jericó que mereció la mirada y predilección de Jesús tras subirse a un sicómoro en medio de la muchedumbre.

Bajo de estatura, jefe de los recaudadores de impuestos, odiado por el pueblo, corrupto y adinerado, Zaqueo, se encarama a un sicómoro. Jesús se detuvo, alzó la mirada y quiso ese día hospedarse en su casa. Es el clímax de toda su peripecia, que recrea esta novela.

En su ancianidad, se dirige diariamente a aquel árbol en compañía de su hija Sara, a quien confiesa toda su verdad: Cómo, ya acomplejado desde niño, se hace amigo de Anub, compañero discapacitado, y se enamora de Inga, una joven nórdica inalcanzable por su altiva belleza. Para conquistarla, decide convertirse en archipublicano al servicio del invasor imperial, explotando sin escrúpulos a los contribuyentes pobres de Israel. Gracias a sus riquezas logra seducir a la mujer de sus sueños, de cuyo matrimonio nacen dos hijas: Esther y Sara, vivos retratos de su esposa y él mismo respectivamente.

Al fracaso de su relación matrimonial y las tensiones de su oficio, se unen un fuerte sentimiento de culpa y una necesidad de liberación. Por medio de Rebeca, esposa de su amigo Anub, recibe ecos de un tal Jesús, al que empieza a investigar. Su mayor inquietud es saber qué piensa el Maestro de los ricos, los pobres, los pequeños, los enfermos y la función del dinero. De esta manera Pedro Miguel Lamet, con su habitual eficacia narrativa, nos sumerge en el entorno del siglo I; traza un retrato que atrapa al lector de uno de los más sugestivos personajes del Evangelio, y nos ofrece claves bíblicas para reflexionar sobre uno de los temas que han cobrado urgente actualidad: la devastadora obsesión por el poder y el dinero.

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Resucitar es saberme vivo

Llega la Pascua y con ella una cierta locura. Los discípulos se hacen un lío. María de Magdala, la enamorada, no reconoce a Jesús a primera vista. Los de Emaús huyen atrapados por la murria. Tomás quiere meter su mano en la llaga del costado. Y en el centro, la polémica de la tumba vacía, que tanto preocupará a los teólogos.

 No hay una prueba física, científica y racional de la resurrección. La gran experiencia definitiva de que Cristo ha resucitado es la transformación de aquel grupo de pescadores ignorantes y atemorizados, cuyo líder ha sido ejecutado a las puertas de Jerusalén, la confluencia de sus testimonios. Jesús ahora atraviesa paredes, está y no está, despierta la duda o inflama el corazón.

La experiencia del resucitado, aunque se apoya en hechos históricos, requiere la fe, o en cierto modo, la mística. En mi opinión, los apóstoles despertaron por dentro, descubrieron que la muerte no existe, que desde siempre eran seres sin tiempo en el tiempo, pertenecían a la explosión de luz que une lo creado con lo increado, manifestación de lo inmanifestado, y eso les cargó de comprensión y fuerza.

Hoy abundan la noche, el miedo, las puertas trancadas, los corazones solitarios, las tesis e ideas que dividen, el enfrentamiento agresivo de creyentes e increyentes e incluso de fieles entre sí, como siempre hubo, hasta ocasionar incluso guerras de religión. La resurrección ocurre en lo íntimo de cada conciencia y fuera de ella. De poco vale que se demuestre la autenticidad de la Sábana Santa o que se encuentre un papiro más antiguo para convencer de su verdad. Es una verdad a la vez histórica y metahistórica. Porque la mejor historia es la escrita con las vivencias de los hombres. Resucitar es ver más, romper nuestros códigos, tocar la alegría del Ser. “El que cree en mi tiene vida permanente”. (Jn 5.25)

Ocurrió en la historia. Pero cualquier ser humano despierto pudo resucitar y podrá resucitar siempre, si entra por la contemplación iluminada en el no tiempo. Y sin embargo, no es un hecho solo espiritual, sino también material, en cuanto cualquier resucitado es capaz de transformar la materia, las injusticias, la dinámica del odio y el dolor, e incluso nuestra falsa sensación de morir. Desde esta perspectiva, es un acontecimiento cósmico que disuelve todos nuestros miedos y angustias y que puede experimentar cualquier hombre que se abra a lo profundo del hombre.  

Resucitar es descubrir que puedo volar, saberme vivo para siempre, en este momento aquí y ahora, sin depender de las arrugas, el paso del tiempo, el dolor y hasta la misma muerte.

 RESURRECCIÓN CÓSMICA

Cuando pisabas, Jesús, la tierra mía
y andabas con sudor por este mundo,
cuando el llanto te hería en lo profundo,
cuando añorabas vida y alegría,

¿no te turbaba la melancolía
de ser solo un hombre en un segundo
para no ser infértil e infecundo
entre gente tan torpe, lerda y fría?

Miré una flor violeta en el camino,
un niño destrozado por la guerra
y el beso de la lluvia sobre el prado

y comprendí de pronto que es divino
todo lo humano de esta frágil tierra
ya que contigo ha resucitado.

Pedro Miguel Lamet




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