Fernando Vidal, que coordina un grupo de oración en la parroquia San Ignacio de Loyola en Madrid, ha publicado este folleto, «Orar con Pedro Miguel Lamet«, donde elige algunos textos míos, ilustrados con música y dibujos para la meditación que tuvo lugar el 24 de enero. Fue una increíble experiencia de silencio y contemplación, que nunca olvidaré. He aquí el citado folleto por si os sirve:
Si quieres bajártelo o imprimirlo, pulsa en los iconos de la primera línea.
Si quieres verlo a página completa, pulsa en View Fullscreen, a la izquierda.
«Yahvé es tu guardián, tu sombra; Yahvé está a tu derecha.» (Sal 121, 5)
Al lado, inseparable, al tamaño de mí, hecho a medida e inmenso como el hueco que llevo dentro ardiendo.
Él vive junto a mí. Él es mi sombra.
Aquí, entre estas páginas, rompiendo la penumbra de la tarde, allí, junto al volante, copiloto. Más grande que los montes y menudo, para el bolsillo, oculto en ese afable rumor de pipa y de cerillas.
Él vive junto a mí. Él es mi sombra.
Lo ignoran los viandantes, se oculta tras semáforos, despide olor a Metro y vende «magazines» por las tardes, imposible de ver sentado en un kiosco.
Se duerme en aquel banco, lleva un casco de guardia y una boina. Vocea por las calles sus tiovivos y antorcha, con la muerte, es su despido de lágrima y pañuelo todo madre.
Él vive junto a mí. Él es mi sombra.
Y miro al rascacielos encerrado entre grises paredes de silencio. Levanto la mirada hacia los postes, que marcan la tardanza y el camino, y escucho el traqueteo entre dos soledades del viaje que va dejando el rastro de mi paso.
Soy tu ola en el silencio de tu mar y la palabra que dijiste sin decir con la brisa de tu viento, un borbotón de tu fuente y un beso de tu misterio.
Soy la nada de tu todo y un poco de tierra tuya, no el propietario del tiempo, calor y frío en la noche, fuego y agua en el desierto; chispa que brilla en la sombra, algo tuyo sin saberlo.
Arrojado fui a esta vida desde una nube viajera, cuando decidiste hacerlo, a un mundo en contradicción entre amor, guerras y lunas, alegrías, rosas y miedo, un río que me arrastraba por los enigmas de un sueño.
Se han esfumado las horas, al igual que van marchando los seres que me quisieron, las caricias de mis padres y el derramarse los versos. Yo ya no quiero explicarme ni razonar mis deseos.
Viajo a solas sin un mapa en la noche del sentido que barrunta el sentimiento desde esa música oculta que en el corazón me arde sin pensar, cuando presiento
que soy Tú y tu eres yo; cuando me olvido de mí, y sin más todo lo suelto para perderme en tu abrazo, sin vela, timón ni remo.
Creí poseer un nombre, una identidad y un cuerpo. Pensé que yo era en mi nave, el patrón de mi velero, pero soy solo una ola que despierta, si descubro todo el mar que llevo dentro.
Poesía es esa voz que permanece, cuando todo se queda sin voz, el aleteo que ocultan los nombres conocidos cuando dejan de serlo, y el brumoso sentir de lo indecible que se hunde en el hueco más hondo de las cosas. Poesía es no saber, adormecerse en el vaso secreto, todo luz, que se esconde detrás de cada sombra y estar solo mirando por si acaso su rostro amaneciera.
Poesía es no tener, quedarse solo, propietario del sueño que se esfuma a golpe de fulgores y andar incierto con la mano abierta, por si el agua del cielo rezumara más allá la imagen conocida.
Poesía es el temblor de ser la cuenca de un río sin destino, la cera donde arde la esperanza, el cáliz de otra sangre y el viento que transporta los olores que nunca serán tuyos porque lo traen de lejos las montañas...
* * *
Por eso, nadie escribe. El poema está escrito. Y, cuando nace al par de las palabras, ay, ya ha marchitado de nuevo en la torpeza de volver a nacer. Si te ocultas, quizás venga a cumplir su misión de este andar suelto cuando nadie lo busque. Por eso bucearé por los vocablos en el desván con polvo
y escanciaré los sorbos de rocío y oficiaré en las rocas de la playa el pobre, el ignorado, el total sacramento.
¿Permitiréis que busque entre las piedras un rayo del crepúsculo y que revuelva en el arcón sin orden detrás de aquel perfume, un visillo, un juguete vivencia que vive por ser vida? Arrodillado tengo ya el poema. Pétalo a pétalo arruga con arruga, desgranaré sus lágrimas. ¿Me dejaréis que roce lo infinito con palabras pequeñas?