
Ofrezco unos propósitos de verano, que me hago a mí mismo y que se pueden llevar a cabo en cualquier lugar del mundo, con dinero y sin dinero, solos o acompañados, tristes o alegres, con ganas y sin ganas. Solo hace falta una condición previa: estar atento y mirarme un poco desde fuera para verme como realmente soy.
1. No le daré vueltas al coco. La mente, el “yo” que runrunea dentro de mí, no es mi verdadero yo. Es un escarabajo pelotero que se refocila en la negatividad. Pero tampoco conviene luchar con él, porque es peor. Hay que tratarle como a un niño al que se le da la papilla: “Mira, un avión”. Respiraciones, mantras, concentrarse en otra cosa, como un trabajo manual, lectura, peli o paseo, ayudan.
2. Mirar es mirar. No viajar por la vida como turista apresurado tirando fotos a golpe de cicerone. Ser contemplativo es dejarse atrapar por el detalle. Un árbol no es verde, sino muchas tonalidades de verde. Una casa derruida no es solo escombros, sugiere historias. Un paisaje, una flor, ocultan vibraciones infinitas. Mirar no es ver, es dejarse mirar por el misterio de lo que ves.
3. La soledad no es una tragedia, sino una oportunidad. No te compadezcas, respira, no estás en realidad solo. Cierra los ojos. Desde dentro puedes armonizarte con el Todo desde el silencio. No dejes que el yo arruine la presencia que habitas en el ahora.









