Siempre hace buen tiempo

All posts by Lamet Moreno Pedro Miguel

Los solitarios del verano

Las vacaciones son un cuchillo de doble filo. Por un lado traen un paréntesis, un relax largo tiempo apetecido: la posibilidad de romper con el trabajo, con la tensión de la ciudad y los problemas cotidianos. Por otro, precisamente esa ruptura nos enfrenta con nosotros mismos. El estrés, el ritmo frenético de la vida cotidiana, su ruido, sus incitaciones informativas, publicitarias y consumistas, se han convertido en una poderosa droga que nos tiene atrapados.
Vacaciones significa silencio, puestas de sol en el mar, largos horizontes en el campo o la montaña. O en todo caso una parada en la misma ciudad, donde baja la densidad del tráfico, donde las tiendas se cierran y el tiempo parece transcurrir más lentamente.
Bien es verdad que algunos huyen despavoridos a emborracharse de otro ritmo ensordecedor en los resortes playeros o en los viajes turísticos en los que capturan frenéticamente diapositivas que no calan en el interior.
Pero en toda hipótesis la gente se resiente de mayor soledad cuando llegan estas fechas. Un amigo me dice que literalmente ”odia” las vacaciones, porque se descabala más. No es extraño. Las vacaciones son como un catalizador, un tubo de ensayo en el que se aprecian más los contrastes y se aprende que uno es algo más que lo que hace, uno es lo que es.
Un día me encontré en una lejana a playa a un hombre llorando. Se hospedaba en un lujoso hotel, tenía dinero, simpatía y ligaba con facilidad. Pero en aquel momento, sentado en una roca frente al mar, se preguntaba qué había hecho con su vida: No tenía a nadie. Se había separado de su mujer y nunca podía ver a sus hijos. “Ahora sé que he vivido con una careta, vestido de un personaje que no soy yo. Ahora sé que estoy desnudo frente al mar”, decía.
Las vacaciones son un tiempo estupendo para escuchar el silencio. El silencio es como un estilete que hace un agujero en nuestra superficialidad. Por eso, la gente huye del silencio y de la contemplación de la verdad, la mirada original a la naturaleza. Es un tiempo privilegiado para separar las telarañas que hemos acumulado durante el año. Al hacerlo, podemos toparnos de pronto con la soledad. Pero la soledad no es tal. Hay una secreta compañía en el universo que te dice “eres amor”, aunque no la veas. Entonces, si perseveras en ese silencio, puedes volver a empuñar las riendas de tu vida y volver a casa tonificado disfrutando de una alegría que no está fuera, sino dentro de nosotros. Incluso aunque no hayas salido de cas. Porque nada importa el qué, sino el cómo; porque nada importa dónde nos vayamos de vacaciones. Lo que importa es quién se va de vacaciones.
El problema es que nuestra sociedad se ha inventado la manera perfecta de impedir, con su atronadora nube de ruidos que nos acompañan a todas partes, que gocemos del silencio, en una palabra, que disfrutemos de vacaciones.

Lo que importa es quién se va de vacaciones.
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Atrapa el instante

Solo la fotografía es capaz de atrapar un instante. En la vida la sucesión de momentos es imparable, como la vida de la flor, como el fluir del agua. Todos los miedos proceden de la mente que se proyecta al futuro y se niega a vivir en el ahora. ¿Llegaré a fin de mes? ¿Estaré incubando una enfermedad? ¿Se cerrará la empresa? ¿Me abandonará la persona amada? ¿Qué será de mis hijos? Si la mente se centra en la inquietud del futuro o la culpa del pasado, no hay paz e incluso el mucho pensar tan negativamente puede cristalizar lo temido. Sólo el ahora del instante salva del miedo. 
Cuando algo te coge mucho –un trabajo minucioso, una actividad creativa, un hecho apasionante, hasta una película– estamos a salvo de miedo. ¿Qué prueba eso? Que el miedo no viene de fuera, lo fabrica nuestra mente. ¿Tienen miedo los pájaros? No, sólo instinto de conservación. ‟El miedo es libre», dice el proverbio. Claro, porque depende de mí. Y no se compadece con el presente. Todo se está transformando a mi derredor. El miedo procede de pretender fijarme y parar el tiempo. El día que dices: ‟Yo no soy mi cuerpo, ni mi mente, ni soy una cara, ni una carrera, ni un nombre, y menos una forma de vestir, un coche, un cargo; yo soy simplemente»; ese día empieza a diluirse el miedo. Si vives el ahora, si atrapas el instante descubres una presencia, conectas con la eternidad.

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Amor de ausencia

AMOR DE AUSENCIA

Me anocheces, Señor, cuando te miro
desde el silencio oscuro de la muerte
y en el hondo agujero que es tenerte
como la nada habita en un suspiro

Porque en ese vaciarme que respiro
al olvidarme contigo de mi suerte,
soy un velero que navega inerte
hacia el mar del que vengo y al que aspiro.

No dejes que mi alma se ate al puerto
por miedo de las olas y el futuro
o que ancle mi nave en la querencia

del fugaz mundo que se escapa incierto.
¡Arrástreme tu viento al inseguro
abrazo que me ocultas en la ausencia!

Pedro Miguel Lamet

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Os llamaré amigos

Te llamaré amigo

La amistad tiene la ventaja sobre el amor, aunque este también la englobe, que no nos pone melancólicos. ¡Ay aquel amor que se nos fue! ¡Qué será de fulano o mengana! ¿Por qué se rompió nuestro matrimonio? ¿Qué me ha pasado para que esté solo en la vida, sin perrito que me ladre? Esos amores frustrados, esos reproches en silencio y palabras que piden cuentas a la vida…

No, cuando se habla de amistad se está hablando de gratuidad. Y también de lealtad, de igualdad, de no pedir nada a cambio, de compartir sin pasar recibo ni reprochar porque no me llamas, ni pensar en la herencia o los bienes gananciales. Tan gratis y espléndida es la amistad que, incluso en los grandes amores de pareja, en los mejores matrimonios, lo que queda al final se asemeja más a la amistad que al amor-contrato, el amor-pasión, el amor-arrullo de las diferentes etapas.

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No hay que esperar para resucitar

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Despertar ahora

Entonces brillaron los ojos de Jesús. 
Con una voz firme y clara, la de esos momentos solemnes en que él solía empezar su frase con el «yo soy» -yo soy la luz, el agua viva, el camino, la verdad-, dijo en medio del campo esta frase que jamás olvidaré:
-Yo soy la resurrección y la vida: el que tiene fe en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que está vivo y tiene fe en mí, no morirá nunca. ¿Crees esto?
La voz de Jesús se vertió como un cántaro de agua fresca por los prados, atravesó los sembrados, colmó la mañana de luz, viajó más allá de las montañas. No era la voz de un médico ni un taumaturgo. La vida que el daba y da no es un parche para curar una herida, sino mucho más, llega a anular la muerte del que la recibe, equivale a resurrección, resurrección, devolución de la vida. Ante el fenómeno visible de la muerte natural, la vida ulterior es algo más que resucitar los huesos secos de Ezequiel, es toda una renovación desde el fondo. No se trata de un revivir el último día, una resurrección lejana, sino de la constatación ya mismo un ahora eterno, que podíamos ver con nuestros propios ojos, Jesús mismo.
Nos lo había dicho ya en Jerusalén después de la curación del impedido de Betesda:
«Os aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me envió tiene vida definitiva y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Pues como el Padre posee vida en sí, así hace que el Hijo posea vida en sí; y, puesto que es el Hijo del Hombre, le ha confiado el poder de juzgar. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz» (5, 25 ss). 
No hay que esperar para resucitar.
El paso de la muerte a la vida se produce desde el momento mismo de la escucha. La palabra revive y catapulta desde dentro al hombre.
Entonces Marta le contestó arrebatada: 
-Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo»
Pedro Miguel Lamet
Del libro LAS PALABRAS VIVAS (Ed Paulinas)

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Te vaciaste de todo

TE VACIASTE DE TODO

Te vaciaste de todo, incluso de las horas

en que el Padre te abría, como versos,

los secretos del Mar
por descansar del tiempo.

Desnudez de la noche,
sabor al sin-sentido, al sin-deseo,
abismo de cruzar estando solo
el paso del no ser, sin el aliento
de aquellos que estrecharon con tus manos

sus manos de penumbra en los senderos,

de amistad y comida,
de luna y de desiertos.

Te quedaste en el hombre tan sin aire
que toda nuestra muerte sobre el cuerpo
te desnudaba el alma a trozos, lentamente,

para que hicieras bien la boca a nuestro miedo,

y en el agua nacida en tu sequía
tras tu dolor,
naciéramos al sol del universo.

Pedro Miguel Lamet

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Carta abierta a Bernardino M. Hernando

El periodista Bernardino M. Hernando

El periodista y sacerdote Bernardino M. Hernando falleció el pasado 7 de abril de un derrame cerebral. Como amigo y compañero de fatigas en los tiempos de “Vida Nueva” envío al vuelo de su silencioso paso por este mundo esta carta como homenaje y memoria.

Querido Bernardino:

Típico tuyo. Te has ido de puntillas, sin avisar, sin despedirte, en el anonimato que es lo que realmente te gustaba. Casi nadie se ha enterado de que fuiste uno de los curas periodistas importantes del posconcilio y la transición. Pero tú eras así, tímido, culto, lector empedernido, sonriente, poeta y un poco sarcástico y escéptico,  como mirando el mundo desde un palco y una asumida y radical libertad.

              Eras enormemente cordial y amistoso, pero cuando te acercabas te  retirabas un poco, te metías en la cueva de tus libros que nunca te cabían en casa. Aún recuerdo cómo me llamaste para entrar en la redacción de Vida Nueva, cuando te nombraron director. Con Joaquín Luis Ortega y Antonio Pelayo, a las órdenes de Martín Descalzo realizasteis la conversión de la revista de familiar a especializada., con ayuda de Mary G Santa Eulalia y María Luisa Bouvard. ¡Qué tiempos aquellos en los que escribíamos con la “tartamuda” y Paco IzquierdoJuan Barberán o Juanmi ilustraban y confeccionaban sin las ventajas de la informática noticias que miraban con lupa en Presidencia del Gobierno. A veces nos costaba caro, sobre todo cuando la censura de Fraga mandaba secuestrar la revista por los artículos de Martín Prieto con el seudónimo de Segundo Arteche. La gente leía esa página como una de las escasas ventanas abiertas a la libertad durante el franquismo.

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