Entrevista sobre «Deja que el mar te lleve» en Radio ECA
Te vaciaste de todo

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“Semana Santa de San Clemente” (Cuenca) © PMLamet.
TE VACIASTE DE TODO
Te vaciaste de todo, incluso de las horas
en que el Padre te abría, como versos,
los secretos del Mar
por descansar del tiempo.
Desnudez de la noche,
sabor al sin-sentido, al sin-deseo,
abismo de cruzar estando solo
el paso del no ser, sin el aliento
de aquellos que estrecharon con tus manos
sus manos de penumbra en los senderos,
de amistad y comida,
de luna y de desiertos.
Te quedaste en el hombre tan sin aire
que toda nuestra muerte sobre el cuerpo
te desnudaba el alma a trozos, lentamente,
para que hicieras bien la boca a nuestro miedo,
y en el agua nacida en tu sequía
tras tu dolor,
naciéramos al sol del universo.
Pedro Miguel Lamet
Carta abierta a Bernardino M. Hernando

El periodista y sacerdote Bernardino M. Hernando falleció el pasado 7 de abril de un derrame cerebral. Como amigo y compañero de fatigas en los tiempos de “Vida Nueva” envío al vuelo de su silencioso paso por este mundo esta carta como homenaje y memoria.
Querido Bernardino:
Típico tuyo. Te has ido de puntillas, sin avisar, sin despedirte, en el anonimato que es lo que realmente te gustaba. Casi nadie se ha enterado de que fuiste uno de los curas periodistas importantes del posconcilio y la transición. Pero tú eras así, tímido, culto, lector empedernido, sonriente, poeta y un poco sarcástico y escéptico, como mirando el mundo desde un palco y una asumida y radical libertad.
Eras enormemente cordial y amistoso, pero cuando te acercabas te retirabas un poco, te metías en la cueva de tus libros que nunca te cabían en casa. Aún recuerdo cómo me llamaste para entrar en la redacción de Vida Nueva, cuando te nombraron director. Con Joaquín Luis Ortega y Antonio Pelayo, a las órdenes de Martín Descalzo realizasteis la conversión de la revista de familiar a especializada., con ayuda de Mary G Santa Eulalia y María Luisa Bouvard. ¡Qué tiempos aquellos en los que escribíamos con la “tartamuda” y Paco Izquierdo, Juan Barberán o Juanmi ilustraban y confeccionaban sin las ventajas de la informática noticias que miraban con lupa en Presidencia del Gobierno. A veces nos costaba caro, sobre todo cuando la censura de Fraga mandaba secuestrar la revista por los artículos de Martín Prieto con el seudónimo de Segundo Arteche. La gente leía esa página como una de las escasas ventanas abiertas a la libertad durante el franquismo.
«Deja que el mar te lleve»: nueva novela de Pedro Miguel Lamet

PEDRO MIGUEL LAMET ABORDA LA SUPERACIÓN DEL DOLOR EN SU NUEVA NOVELA “DEJA QUE EL MAR TE LLEVE”
Publicada por ediciones Mensajero, acaba de aparecer a la venta en las librerías, Deja que el mar te lleve, una nueva novela de Pedro Miguel Lamet, en la que el autor profundiza en una historia de superación del dolor humano. En esta ocasión Lamet se aleja del género de la novela histórica, habitual en resto de su obra, para abordar un libro de pura narrativa de ficción. Aunque descarta explícitamente en una nota inicial que se trate de una obra autobiográfica, el relato apunta a vivencias reales, donde aparecen muchas de las inquietudes del hombre de hoy: la soledad, la búsqueda del sentido de la vida, la marginación, los amores frustrados, el dolor físico, la injusticia y la búsqueda interior.
Rodrigo, un veterano periodista, regresa al hogar de su infancia situado junto al mar del sur, donde vivió dos acontecimientos que marcaron su vida: una enfermedad que le inmovilizó, y la pérdida de Silvia, su joven e idealizada hermana, muerta en accidente de tráfico. La vuelta al solitario y viejo chalé le permite recuperar un antiguo cuaderno en el que el adolescente escribía preguntas al mar sobre las grandes cuestiones de la vida humana: su razón de ser, el dolor físico, la injusticia, la soledad, el amor y la muerte.
La herejía del hombre espectáculo

Contra la teoría de que la Tierra era el centro del Universo, Copérnico descubrió que los planetas giran en torno al sol. Es lo que se ha llamado la “revolución copernicana”. Esta tesis tiene una aplicación a la psicología. En un mundo como el nuestro donde el hedonismo, el consumo, el imperio de los medios de comunicación y las redes sociales se imponen sobre cualquier otro valor, el ser humano vive centrado de tal manera en su propia imagen que corre el riesgo de malograrse como persona.
Mi casa, mi coche, mi trabajo, mi vestido, hasta el colegio y la carrera de mis hijos se han convertido en adornos de mi propio yo hasta sustituirlo, en verme “guapo/a” ante la sociedad que me rodea. Este narcisismo patológico es fomentado por la televisión, la publicidad y las redes sociales. No soy lo que soy, sino lo que aparento. El culto al cuerpo, la fotogenia, la selphimanía, la cirugía estética, la proliferación de los realItys, son algunos síntomas de este narcisismo patológico. Cualquier ama de casa convencional –“maruja” para entendernos, y sin ánimo de ofender- está dispuesta a airear sus vergonzosas intimidades con tal de salir en uno de esos programas centrados en morbosos escándalos. ¿Y qué decir de las quinceañeras, para las que el mayor regalo en Iberoamérica es una cirugía para aumentarse los pechos en una edad en la que ni siquiera han alcanzado su pleno desarrollo físico?
Recuerdo uno de esos cuentecillos reveladores de Anthony de Mello:
-¿Qué es lo que le gusta a tu no novia de ti? –le pregunta la madre al hijo.—-Piensa que soy guapo, inteligente y simpático y que bailo muy bien. -¿Y que es lo que te gusta a ti de ella? –Que piensa que soy guapo, inteligente y simpático y que bailo muy bien.
Todo un ejemplar del tipo de persona que emerge de nuestra sociedad narcisista. Si Erich Fromm denunciaba el cambio de paradigma del “ser” por el “tener” al que conduce el consumismo, ahora deberíamos poner de manifiesto que el hombre prefiere “aparecer” a “ser” él mismo. Podríamos denominarla la herejía del “hombre espectáculo”. Si el egoísmo y la egolatría son perversos para el desarrollo de la persona. ¿qué decir cuando la desviación no es ya poner mi ego en el centro del Universo, sino aún menos que eso, la cáscara de mi yo, lo que represento más que lo soy o puedo llegar a ser?
Se trata de un nuevo emergente reinado de la superficialidad. No importa mi esencia real, sino la foto que saco en Facebook o las veces que los internautas visualizan mi yuotube. El colmo de esta manía es morir despeñado por un selphie o en un quirófano durante una liposucción.
Urge hacer en este campo una revolución copernicana. Los clásicos de la espiritualidad lo llamaban “morir al propio yo”. Pero no hace falta ni siquiera una ascesis o afiliarse a creencias religiosas para alcanzar ese despertar que nos resitúe en la vida y en relación con nuestros semejantes. Es un proceso de obvio sentido común. Consiste simplemente en abandonar la estupidez de creerme el ombligo del mundo –algo que desde luego no soy-, y recuperar mi verdadero sitio en él. Se trata de una saludable cura de objetividad. No estoy solo, vivo entre cientos de miles, millones de personas, y en interdependencia con ellas, tanto en dimensiones geográficas, y ecológicas, como económicas, políticas y sociales.
Solo cuando salgo de mi empiezo a ser yo, y con ello mucho más feliz, ya que si el demasiado desear nos hace infelices por la frustración que conlleva, qué decir cuando el deseo se centra de forma preponderante en la imagen de mí. Sobre todo si el yo aparencial que me venden me destruye, porque es una gran mentira sobre mí mismo. Como decía nuestro inmortal Séneca: “Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti”.
La Iglesia, en tiempos de desolación

No recuerdo en toda mi vida, que ya es larga, pasar por un periodo de desolación en la Iglesia tan fuerte como el que estamos viviendo. Sentí la vocación en una época nacionalcatólica donde la Iglesia era intocable. Es más, estaba bien visto ser sacerdote y religioso y la sociedad protegía con exceso desde la oficialidad a todo lo que significaba Iglesia. Tuvo que venir la revolución renovadora del Vaticano II y la crisis posterior, donde la “guardería de adultos” estalló y se estrenó la libertad y la vuelta a la autenticidad del Evangelio. Pero aún en esa época de dispersión y defecciones el interés por lo religioso llegó a ser espectacular. Recuerdo cuando los periódicos dedicaban páginas enteras a aquel florecimiento de la teología, las editoriales polemizaban para publicar libros sobre esta temática y los nuevos líderes de fe ocupaban portadas y programas de televisión.
Después vino una época anodina, cuando con el advenimiento de la democracia la secularización iba arrinconando y purificando la fe, sobre todo en España, donde la Iglesia perdía a grandes zancadas protagonismo. La noticia religiosa pasaba a las segundas y terceras páginas y los obispos se convertían en un Guadiana informativo a ritmo de los casos más escandalosos o de los conflictos Iglesia-Estado. En mi opinión este no fue un tiempo negativo, si se tiene en cuenta que en nuestro país el protagonismo de la Iglesia había sido excesivo y era necesario resituarla en la pastoral de las parroquias y la evangelización. Como toda hibernación ayudó a otro tipo de florecimiento hacia el interior.
Ahora nos encontramos en una tercera y trágica etapa que podríamos llamar de desolación y desprestigio. Nunca en los tiempos modernos había pasado la Iglesia por un purgatorio como el presente en el que la noticia escandalosa predomina de forma omnipresente en los medios y se ha abierto la caza del cura y el religioso sobre todo por los abusos sobre todo de pederastia. Como una bomba escondida que las fuerzas ocultas de la Iglesia se habían esforzado en evitar que explotara, esa carga a estallado de pronto de forma espectacular. Con ella se levanta una ola de imagen funesta, desde luego, pero también se oscurece lo que de bien, servicio, entrega desinteresada y amor auténtico se sigue desarrollando en la Iglesia.
Afortunadamente Dios no deja nunca de ocuparse de su rebaño y al mismo tiempo ha suscitado en la Iglesia una figura señera, por su sencillez, credibilidad y fuerza que es el papa Francisco, cuyo sexto año de pontificado acabamos de celebrar. No solo está luchando, a veces contra fuerzas contrarias, por purificar la Iglesia, sino que él mismo es un icono mediático que ofrece esperanza incluso a aquellos que carecen de fe.
Es claro que el camino de la desolación va a ser largo, porque queda mucho por destapar, limpiar, convertir, resucitar. Pero ya se apuntan algunos frutos: Primero humildad, especialmente para una jerarquía y un clero que se “lo había creído” y abusaba de su poder y falso prestigio. Pero también de confianza. Recuerdo una consoladora frase del padre Pedro Arrupe: “Nunca quizás estuvimos tan cerca de Dios, porque nunca estuvimos tan inseguros”. Una frase que casa muy bien con otra de San Ignacio de Loyola, maestro de discernimiento y que es especialmente válida para los tiempos que corren: “En tiempos de desolación no hacer mudanza”. Nunca olvidemos que el Evangelio nace y crece en lo pequeño, el grano trigo y mostaza y algo prepara Dios para su pueblo.
Eres tú la familia

Eres Tú la familia que me habita
en la casa escondida de tu bosque.
Está el horno encendido,
es mi techo de tiempo tu gran mano
y la ventana el aire de tu voz
con que en las noches
siento el vivir de lejos ya vecino.
Eres Tú la palabra que no entiendo
y presiento con luz ensoñecida,
que desdobla mi ser,
que aguza y rompe
los secretos queridos de la vida.
Eres Tú desde dentro el yo alcanzado,
el siempre más, mi línea de horizonte,
eres agua en la sed que sacia y quema,
eres tienda en el valle, pan del hombre.
Si el miedo de vivir corre en las venas
y hasta Ti se entrecruzan los temores,
hazme dormir la paz gozosamente,
agua, familia, pan, palabra y horizonte.Pedro Miguel Lamet
Vaivenes del yo

VAIVENES DEL YO
Un día te llaman ‟perro judío» y otro te ponen por las nubes. Y allá estás tú, arrastrado por los vaivenes de alabanzas o improperios, un día feliz porque la gente apuntala tu yo, tu esposa te dice lindezas y tu jefe te da un premio a la efectividad profesional; y otro día fatalmente desgraciado porque te han puesto una multa, el colega te ha insultado y te ha salido mal un negocio. ¿Quién eres tú? ¿Has dejado de ser el mismo porque tengas o no tengas abuela que te jalee? El hombre ha de aspirar a esa tranquilidad interior donde todas las alabanzas del mundo no le encumbren ni las culpas le puedan hundir. Esta es la paz que crea la preferencia sobre la adicción, la libertad del no apego o de ‟preferir» en vez de desear.
El alma bella de un santo feo

Hay hombres y mujeres cuya santidad viene envuelta en unas cualidades de lujo, tanto físicas como intelectuales o psicológicas. Y otras personas en donde las virtudes quizás brillen más porque las cualidades humanas echan para atrás. Este el caso de Manuel García Nieto, SJ, cuyas virtudes heroicas acaban de ser aprobadas por el papa Francisco en nuevo paso en su camino hacia los altares.
Del padre Nieto cuentan que era tan horrorosamente feo –rostro deforme, andar renqueante, voz ronca- que a la hora de ser candidato para el sacerdocio sus superiores se plantearon si admitirlo o no, pues del Derecho Canónico aconseja que no se ordenen a los muy feos por el rechazo que esto puede suponer en los fieles. Nieto se limitó a presentar a su hermano que era más feo que él y fue admitido.
Pronto se vería la belleza espiritual cautivadora de aquel muchacho débil de salud que había nacido en un pueblecito de Salamanca llamado Macotera el 5 de abril de 1894 y que desde muy niño le gustaba jugar a decir misa. A los catorce años ingresó en el seminario salmantino y trabajó seis años como sacerdote diocesano, los dos primeros con el cargo de coadjutor en Cantalapiedra, y los otros cuatro como teniente cura en la parroquia de Santa María de Sando y su anejo El Valejo. Desde el principio fue un modelo de sacerdote, “tras las huellas del Cura de Ars”, como dice su biógrafo Benigno Hernández. Por ejemplo fomentaba mucho las vocaciones entre los jóvenes de su parroquia.
En 1926 decide hacerse jesuita e ingresa en el noviciado de Carrión de la Condes, para estudiar sucesivamente en Salamanca y Oña (Burgos) donde se dedicó a repasar teología. A partir de ese momento Manuel ocupará el único y gran destino de su vida: director espiritual del seminario de Comillas, tanto con los seminaristas más jóvenes como de los mayores, a los que impartió también clases de Teología Pastoral y Teología Ascética y Mística.
Estaba dirigiendo una tanda de ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes cuando estalló la guerra civil. En comunidad durante el mes de agosto de 1936 fue detenido con sus compañeros y conducido por un piquete milicianos a Santander. Pronto se dedicó a trabajar clandestinamente con seminaristas dispersos,arriesgando su vida, pues en aquel tiempo fueron asesinados 25 de los detenidos en Comillas. Al año siguiente, gracias a un salvoconducto, se refugió en Vizcaya, hasta que ocupada Comillas por las tropas de Franco, vuelve a ejercer su cargo de director espiritual de filósofos y teólogos.
Muy duro consigo mismo, pues dormía poco y comía menos, era sin embargo muy cautivador para los alumnos del seminario, del que en los años cincuenta saldría una buena cosecha de insignes sacerdotes, muchos de ellos obispos. Tenía especial debilidad por atender a los pobres. En los años de escasez de la posguerra su cuarto parecía una tienda de ultramarinos, donde se acumulaban ropas y víveres para los necesitados.
Su fuerza estaba sobre todo en su profunda y continua vida de oración, su amor a la Eucaristía y en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que impartía sobre todo a sacerdotes durante los veranos. “Por nada del mundo cambiaría media hora de Sagrario», decía. “Un acto de amor de Dios vale más que la creación entera”, o “hay que reventarse por Cristo”. Sufrió cuando la Universidad Comillas fue trasladada a Madrid y sus métodos, en la vorágine del posconcilio, fueron cuestionados. A partir de 1968 permaneció en Comillas hasta su muerte el 13 de abril de 1974. Un buen perfil traza de él el arzobispo Gabino Díaz-Merchán: “En su vida la mortificación ocupaba un puesto muy importante, pero no estaba separada del amor. Por eso era al mismo tiempo atrayente. Inculcaba la necesidad de la penitencia, sin embargo en la dirección espiritual era muy indulgente”. Y José María Cirarda: “Siempre admiré en él la austeridad penitencial, y una humanísima comprensión para todos, animada por una caridad exquisita”.
El escritor José Luis Castillo-Puche le dedicó muchas páginas en su novela Sin camino (Buenos Aires 1956) sobre esta última etapa. También aparece en la novela La vida a una carta (Barcelona 1986) Murió en loor de santidad el Viernes Santo de 1974 cuando contaba con 80 años. En principio fue enterrado en Comillas (Cantabria) pero en 1985 fue trasladado a una capilla de la Iglesia Parroquial del Milagro de San José en Salamanca . Su epitafio dice así:
P. Manuel García Nieto, S.J.
Macotera, 5-IV-1894 – Comillas, 13-IV-1974
Vida de continua oración
Penitencia por amor a Cristo
Entrega generosa al pobre
Corazón sacerdotal
Como san José María Rubio, SJ en su humilde apariencia física resplandecía más la acción de Dios. Cuentan que una vez le dijo a un seminarista: «Cuando recuerdes mis defectos, anótalos para que no se te olviden». Ahora se ha dado un paso más para que brille como ejemplo de santidad para toda la Iglesia.
SI QUIERES SABER MÁS: El padre Nieto, una vida para Cristo, Biografía on line, de Benigno Hernández.
A PEDRO ARRUPE (28 años después)
HOY, 5 DE FEBRERO, ES UN GRAN DÍA
Hace 28 años, el 5 de febrero de 1991, después de nueve de calvario. noche oscura, martirio incruento y una vida santa entregadas a Jesucristo, la Iglesia y la Compañía, fallecía Pedro Arrupe.
Y hoy casi tres décadas después se abre su proceso de canonización en a basílica de Letrán de Roma.
Dando gracias a Dios por su amistad y sobre todo por su vida y ejemplo, le dedico este soneto:
