Voy de camino, pero no estoy solo. Te siento en lejanía y, paso a paso, cuando me entran ganas de llorar, pronuncio tu nombre, música en mis entrañas.
Voy en busca del niño que llevo dentro.
Hay noche en mi derredor, un mundo cruel de guerra, odio. Pero detrás, lejos o en lo hondo, más allá del abismo, al fondo del bosque, intuyo tu cabaña de luz.
A mi lado, los pobres, los pequeños y olvidados. Son los especialistas de la esperanza, porque tienen más hambre de Ti y van más ligeros de equipaje.
Con Isaías barrunto al «Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de paz». Cuando pronuncio tus apellidos, un sonajero tintinea en mis entrañas.
Debajo de mis pies hay un camino allanado por Juan Bautista: Baja mis montes, prepara mis senderos, aligera mis pies. Por eso, a pesar de todo, no tengo miedo. Esperar es confiar.
Me llena el alma la “llena de Gracia”. Como a ella, Dios calienta mi seno. Santa María de la Esperanza, ilumina mi andadura de insignificante con tu Magníficat eterno.
Francisco papa evocaba a Charles Péguy: «La pequeña esperanza avanza entre las dos hermanas mayores y nadie la mira. En el camino de la salvación, en el camino carnal, en el camino desigual de la salvación, en el camino interminable, en el camino entre sus dos hermanas la pequeña esperanza avanza». La esperanza avanza entre las dos hermanas mayores, la Fe y el Amor, bien cogidas de la mano, pero en realidad es ella quien las dirige.
Para ir más ligero, voy soltando trastos: ese mirarme el ombligo, darle vueltas al coco, regodearme en lo negativo, creerme el centro de mi universo, un saco de apegos, mendigar cariño, afincarme en mis éxitos, temer el futuro, creerme solo, buscarme en los demás, acumular, mirarme al espejo. Entonces. Si suelto, no camino, vuelo.
Tu rocío ya está refrescando mi frente. Tu sonrisa ilumina mi noche. Tu corazón arrebata a mi niño. Tu llanto pacifica mi cruz. Tu fragilidad me da fortaleza. Tu pobreza me hace rico. Cojeo de tantas cosas. ¡Cómo corro!
Embarcación de los jesuitas expulsos por los soldados de Carlos III en uno de los puerteos de España
Con motivo de la reaparición, esta vez bajo el sello de Ediciones Mensajero, de mi novela histórica El último jesuíta, muchos lectores me han preguntado por las auténticas razones de fondo por las cuales la Compañía de Jesús fue expulsada de vários países y luego extinguida en la Iglesia del siglo XVIII. He aqui mi respuesta, en forma de entrevista:
Pregunta– ¿De qué manera la Reforma Protestante impactó en el surgimiento de la Compañía de Jesús? ¿Cuál fue el papel de los Jesuitas en la contrarreforma?
PML – Tres factores claves de la Contrarreforma fueron decisivos: el establecimiento de la Inquisición, la fundación de la Compañía, y el concilio de Trento. Antes de Trento nació la Compañía de Jesús (1540), fundada por Ignacio de Loyola (1491-1556). Inicialmente pensada para la actuación misionera en tierra de paganos, y luego dedicada a la acción en Europa partiendo del mundo cultural y político, además de las misiones. A los votos habituales (obediencia, castidad, pobreza) añadieron un cuarto, obediencia al Papa, que se encontró con otro soporte para su autoridad. Creció prodigiosamente con su “predicación en avanzadilla”, siendo pioneros de inculturación en el Lejano Oriente y luego en las Indias. Pero su dependencia directa del Papa los convertiría en peligro para los absolutismos de la Ilustración, que explica implícitamente el motivo principal de la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús en el S. XVIII.
San Ignacio de Loyola
Pregunta– ¿Cuál fue el contexto social y político de Europa en el siglo XVIII que llevó a la supresión de la Compañía de Jesús?
PML – El caldo de cultivo fue la Ilustración, que predicaba la razón y el progreso como únicas fuentes de felicidad. Un movimiento cultural que se presenta en contra del fanatismo religioso y la ignorancia, con figuras señeras como Voltaire y Descartes, o el “hombre bueno” en su estado natural de Rousseau. Todo ello se sintetizaba en los saberes recogidos en La Enciclopedia. Políticamente Europa estaba dominada por monarquías absolutistas, principalmente borbónicas. En ellas la ideología dominante era el regalismo favorable a la supremacía del Rey sobre la del Papa.
EL JANSENISMO Y LOS ERRORES DE LOS JESUITAS
Pregunta– ¿De qué manera el Jansenismo, propuesto por Cornelius Jansen, contraponía la perspectiva teológica de los jesuitas?
Jansenio
PML – Cornelius Jansen, obispo de Ypres (1585-1638), vivió las discusiones teológicas de agustinos y jesuitas que tenían como origen el tema de la gracia; de la predestinación (agustinos, dominicos), y la libertad. El foco difusor fue la antigua abadía cisterciense de Port-Royal, protegida por una familia nobiliaria e influyente, los Arnauld. Mientras los jansenistas defendían el rigorismo, los jesuitas eran partidarios del probabilismo que en resumen es una doctrina de teología y filosofía moral cristiana, basada en la idea de que es justificado realizar una acción, aún en contra de la opinión general o el consenso social, si es que hay una posibilidad, aunque sea pequeña, de que sus resultados posteriores sean buenos, optando así por la libertad. Aquí interviene el principio de conciencia personal: si una opinión es probable, está permitido seguirla, incluso aunque la opinión opuesta sea más probable.
Pregunta– ¿Los críticos a la Compañía de Jesús, en la época de la supresión, afirmaban que la orden se había vuelto más política que religiosa? ¿Por qué había esa percepción? ¿Esto fue lo que llevó a la supresión?
PML – En mi novela El último jesuíta uno de los personajes afirma: “La Compañía de Jesús há muerto de éxito”. Había um abismo cultural entre el clero secular y los jesuítas. Su poder sobre todo se desarrolló en el ámbito de la educación y la cultura. En mi opinión los jesuítas de aquel tiempo cometieron dos errores: aceptar ser confesores de reyes (el último de ellos, el padre Rávago, así lo reconoce) por el poder que suponía este cargo, y, en segundo lugar, apoyar en sus colégios a los nobles (colegiales), frente a los (manteistas) becarios, que acabaron haciéndose con el poder. Influyó también el éxito en América de las Reducciones, primeras repúblicas autogestionadas, con la leyenda de que los jesuítas preparaban un ejército para invadir Europa, con su rey-jesuita incluído, y el regalismo.
Pregunta– ¿Hasta qué punto la fidelidad de los Jesuitas al papa, un “soberano extranjero”, pesó contra la propia existencia de la orden en una Europa del siglo XVIII caracterizada por monarquías absolutistas?
PML – Influyó mucho en países donde el galicanismo y en general el regalismo imperaba. Por ejemplo la publicación del Exequatur de Carlos III en España impedía que se publicaran documentos del papa que no complacían al rey,
UN ATROPELLO A LA CULTURA Y LOS DERECHOS HUMANOS
Pregunta– ¿Cómo encarar la postura intransigente de Lorenzo Ricci frente al Vaticano en el período que culminó con la supresión? ¿Cuáles son los cambios que él recusó cuando proclamó la frase: “Sint ut sunt aut non sint”?
Pintar los muertos, rodearlos de música, flores y hasta champagne es una pasada a la que habitualmente están acostumbrados los estadounidenses. El numerito que en este sentido presencié hace muchos años en la Wallace Funeral Home, una funeraria de un popular barrio neoyorquino, me quitó las ganas de rezar. Había maquillado al cadáver como una actriz de Hollywood y aquello se parecía más a un festejo de graduación que a un obituario. Un recuerdo que me viene a la memoria en este día de difuntos.
Sin embargo, la tecnificada sociedad made in USA es la que ha inventado la muerte anónima. Pocos días antes, durante mi trabajo en una parroquia de Manhattan, había asistido a una anciana que se moría sola en el piso veinticuatro de un modernísimo hospital. Sus queridos parientes la habían despostado allí como un mueble; los médicos le ensartaron en la muñeca una pulserita con un número de identificación, y la pobre mujer había pasado de especialista en especialista como un cojinete en una cadena de montaje.
Soy tu ola en el silencio de tu mar y la palabra que dijiste sin decir con la brisa de tu viento, un borbotón de tu fuente y un beso de tu misterio.
Soy la nada de tu todo y un poco de tierra tuya, no el propietario del tiempo, calor y frío en la noche, fuego y agua en el desierto; chispa que brilla en la sombra, algo tuyo sin saberlo.
Arrojado fui a esta vida desde una nube viajera, cuando decidiste hacerlo, a un mundo en contradicción entre amor, guerras y lunas, alegrías, rosas y miedo, un río que me arrastraba por los enigmas de un sueño.
Se han esfumado las horas, al igual que van marchando los seres que me quisieron, las caricias de mis padres y el derramarse los versos. Yo ya no quiero explicarme ni razonar mis deseos.
Viajo a solas sin un mapa en la noche del sentido que barrunta el sentimiento desde esa música oculta que en el corazón me arde sin pensar, cuando presiento
que soy Tú y tu eres yo; cuando me olvido de mí, y sin más todo lo suelto para perderme en tu abrazo, sin vela, timón ni remo.
Creí poseer un nombre, una identidad y un cuerpo. Pensé que yo era en mi nave, el patrón de mi velero, pero soy solo una ola que despierta, si descubro todo el mar que llevo dentro.
Poesía es esa voz que permanece, cuando todo se queda sin voz, el aleteo que ocultan los nombres conocidos cuando dejan de serlo, y el brumoso sentir de lo indecible que se hunde en el hueco más hondo de las cosas. Poesía es no saber, adormecerse en el vaso secreto, todo luz, que se esconde detrás de cada sombra y estar solo mirando por si acaso su rostro amaneciera.
Poesía es no tener, quedarse solo, propietario del sueño que se esfuma a golpe de fulgores y andar incierto con la mano abierta, por si el agua del cielo rezumara más allá la imagen conocida.
Poesía es el temblor de ser la cuenca de un río sin destino, la cera donde arde la esperanza, el cáliz de otra sangre y el viento que transporta los olores que nunca serán tuyos porque lo traen de lejos las montañas...
* * *
Por eso, nadie escribe. El poema está escrito. Y, cuando nace al par de las palabras, ay, ya ha marchitado de nuevo en la torpeza de volver a nacer. Si te ocultas, quizás venga a cumplir su misión de este andar suelto cuando nadie lo busque. Por eso bucearé por los vocablos en el desván con polvo
y escanciaré los sorbos de rocío y oficiaré en las rocas de la playa el pobre, el ignorado, el total sacramento.
¿Permitiréis que busque entre las piedras un rayo del crepúsculo y que revuelva en el arcón sin orden detrás de aquel perfume, un visillo, un juguete vivencia que vive por ser vida? Arrodillado tengo ya el poema. Pétalo a pétalo arruga con arruga, desgranaré sus lágrimas. ¿Me dejaréis que roce lo infinito con palabras pequeñas?
Ofrezco unos propósitos de verano, que me hago a mí mismo y que se pueden llevar a cabo en cualquier lugar del mundo, con dinero y sin dinero, solos o acompañados, tristes o alegres, con ganas y sin ganas. Solo hace falta una condición previa: estar atento y mirarme un poco desde fuera para verme como realmente soy.
1. No le daré vueltas al coco. La mente, el “yo” que runrunea dentro de mí, no es mi verdadero yo. Es un escarabajo pelotero que se refocila en la negatividad. Pero tampoco conviene luchar con él, porque es peor. Hay que tratarle como a un niño al que se le da la papilla: “Mira, un avión”. Respiraciones, mantras, concentrarse en otra cosa, como un trabajo manual, lectura, peli o paseo, ayudan.
2. Mirar es mirar. No viajar por la vida como turista apresurado tirando fotos a golpe de cicerone. Ser contemplativo es dejarse atrapar por el detalle. Un árbol no es verde, sino muchas tonalidades de verde. Una casa derruida no es solo escombros, sugiere historias. Un paisaje, una flor, ocultan vibraciones infinitas. Mirar no es ver, es dejarse mirar por el misterio de lo que ves.
3. La soledad no es una tragedia, sino una oportunidad. No te compadezcas, respira, no estás en realidad solo. Cierra los ojos. Desde dentro puedes armonizarte con el Todo desde el silencio. No dejes que el yo arruine la presencia que habitas en el ahora.
El poeta Juan Bautista Bertrán, SJ, escribía “Cuando atardece, quédate conmigo / le tengo miedo a mi soledad sola, no contigo”. En el crepúsculo, cuando cesan los ruidos y el mundo se sumerge en la oscuridad de la noche, es frecuente que tomemos conciencia del misterio de nuestro ser: hemos sido arrojados a la vida sin saber por qué; somos frágiles, limitados e ignorantes del futuro; es más, con una certeza de que vamos a envejecer e incluso abandonar esta vida. Hay además algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior.
Quizás estos sean algunos motivos de la soledad radical de todo ser humano a la que tenemos miedo, como dice el poeta. La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo”. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada.
Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida, momentos de silencio en que conecta con un rescoldo interior que le calienta y acompaña, una sensación de que somos chispa de un gran fuego u ola de un infinito mar. Como canta el mismo poeta: “A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia”. Mi parte resuena con el Todo, mi pequeña arpa vibra con la sinfonía del Ser, y siento, aunque sea por un instante, que Dios no solo me acompaña y me habita, sino que, como dice Pablo, “en él vivo, me muevo y existo”.
Mi madre, María”, nuevo retrato ilustrado de la Virgen
Lamet lanza su primer libro infantil, una vida de María: “Frente a tanta estampa cursi, quiero acercar su fe y entrega como mujer y madre a los niños de hoy
Lamet, con su última obra
«Este libro infantil no puede sustituir a mi obra anterior sobre la Virgen, Las palabras calladas. Todo está aquí necesariamente simplificado. Pero la fusión de palabra e imagen creo que transmiten el encanto y ternura de la verdadera devoción a la madre de Jesús como primer paso en su vida, como ayuda a padres y educadores, y para sentirla también madre nuestra en un momento de difícil transmisión de la fe»
Con el título Mi madre, María, el escritor jesuita Pedro Miguel Lamet acaba de publicar su primer libro para niños, un álbum de 55 páginas profusamente ilustrado sobre la vida de María de Nazaret, que ha visto la luz en ediciones Paulinas. Gema García Ingelmo es la autora de los dibujos, que, al tratarse de un libro infantil, cobran gran importancia en la publicación
17.06.2025 | RD
Con el título Mi madre, María, el escritor jesuita Pedro Miguel Lamet acaba de publicar su primer libro para niños, un álbum de 55 páginas profusamente ilustrado sobre la vida de María de Nazaret, que ha visto la luz en ediciones Paulinas. Gema García Ingelmo es la autora de los dibujos, que, al tratarse de un libro infantil, cobran gran importancia en la publicación.
Usted ha tocado en sus más de cincuenta libros casi todos los géneros literarios: poesía, ensayo, periodismo, historia, biografía, novela, sobre todo, novela histórica. ¿Por qué ahora un libro para niños?
Dicen que cuando uno va cumpliendo años se siente cada día más cerca de los niños. Sé que escribir para ellos requiere un lenguaje peculiar. Pero he intentado aniñar mi pluma en lo posible para contarles en forma de cuento una historia que amo especialmente.