Siempre hace buen tiempo

All posts by Lamet Moreno Pedro Miguel

Morirse a gusto

Pintar los muertos, rodearlos de música, flores y hasta champagne es una pasada a la que habitualmente están acostumbrados los estadounidenses. El numerito que en este sentido presencié hace muchos años en la Wallace Funeral Home, una funeraria de un popular barrio neoyorquino, me quitó las ganas de rezar. Había maquillado al cadáver como una actriz de Hollywood y aquello se parecía más a un festejo de graduación que a un obituario. Un recuerdo que me viene a la memoria en este día de difuntos.

Sin embargo, la tecnificada sociedad made in USA es la que ha inventado la muerte anónima. Pocos días antes, durante mi trabajo en una parroquia de Manhattan, había asistido a una anciana que se moría sola en el piso veinticuatro de un modernísimo hospital. Sus queridos parientes la habían despostado allí como un mueble; los médicos le ensartaron en la muñeca una pulserita con un número de identificación, y la pobre mujer había pasado de especialista en especialista como un cojinete en una cadena de montaje.

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Ola de tu mar

OLA DE TU MAR

Soy tu ola en el silencio
de tu mar y la palabra
que dijiste sin decir
con la brisa de tu viento,
un borbotón de tu fuente
y un beso de tu misterio.

Soy la nada de tu todo
y un poco de tierra tuya,
no el propietario del tiempo,
calor y frío en la noche,
fuego y agua en el desierto;
chispa que brilla en la sombra,
algo tuyo sin saberlo.

Arrojado fui a esta vida
desde una nube viajera,
cuando decidiste hacerlo,
a un mundo en contradicción
entre amor, guerras y lunas,
alegrías, rosas y miedo,
un río que me arrastraba
por los enigmas de un sueño.

Se han esfumado las horas,
al igual que van marchando
los seres que me quisieron,
las caricias de mis padres
y el derramarse los versos.
Yo ya no quiero explicarme
ni razonar mis deseos.

Viajo a solas sin un mapa
en la noche del sentido
que barrunta el sentimiento
desde esa música oculta
que en el corazón me arde
sin pensar, cuando presiento

que soy Tú y tu eres yo;
cuando me olvido de mí,
y sin más todo lo suelto
para perderme en tu abrazo,
sin vela, timón ni remo.

Creí poseer un nombre,
una identidad y un cuerpo.
Pensé que yo era en mi nave,
el patrón de mi velero,
pero soy solo una ola
que despierta, si descubro
todo el mar que llevo dentro.

Pedro Miguel Lamet

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Las palabras pequeñas

LAS PALABRAS PEQUEÑAS 

Poesía es esa voz que permanece, cuando todo
se queda sin voz,
el aleteo que ocultan los nombres conocidos
cuando dejan de serlo,
y el brumoso sentir de lo indecible
que se hunde en el hueco más hondo de las cosas.
Poesía es no saber, adormecerse
en el vaso secreto, todo luz,
que se esconde detrás de cada sombra
y estar solo mirando por si acaso
su rostro amaneciera.

Poesía es no tener, quedarse solo,
propietario del sueño que se esfuma
a golpe de fulgores
y andar incierto con la mano abierta,
por si el agua del cielo rezumara
más allá la imagen conocida.

Poesía es el temblor de ser la cuenca
de un río sin destino,
la cera donde arde la esperanza,
el cáliz de otra sangre
y el viento que transporta los olores
que nunca serán tuyos porque lo traen
de lejos las montañas...

* * *

Por eso, nadie escribe. El poema está escrito.
Y, cuando nace al par de las palabras,
ay, ya ha marchitado de nuevo en la torpeza
de volver a nacer.
Si te ocultas, quizás venga
a cumplir su misión de este andar suelto
cuando nadie lo busque.
Por eso bucearé por los vocablos
en el desván con polvo

y escanciaré los sorbos de rocío
y oficiaré en las rocas de la playa
el pobre, el ignorado,
el total sacramento.

¿Permitiréis que busque entre las piedras
un rayo del crepúsculo
y que revuelva en el arcón sin orden
detrás de aquel perfume, un visillo, un juguete
vivencia que vive por ser vida?
Arrodillado tengo ya el poema.
Pétalo a pétalo
arruga con arruga, desgranaré sus lágrimas.
¿Me dejaréis que roce lo infinito
con palabras pequeñas?

Pedro Miguel Lamet
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Propósitos para despertar al “mejor yo”

1. No le daré vueltas al coco. La mente, el “yo” que runrunea dentro de mí, no es mi verdadero yo. Es un escarabajo pelotero que se refocila en la negatividad. Pero tampoco conviene luchar con él, porque es peor. Hay que tratarle como a un niño al que se le da la papilla: “Mira, un avión”. Respiraciones, mantras, concentrarse en otra cosa, como un trabajo manual, lectura, peli o paseo, ayudan.

2. Mirar es mirar. No viajar por la vida como turista apresurado tirando fotos a golpe de cicerone. Ser contemplativo es dejarse atrapar por el detalle. Un árbol no es verde, sino muchas tonalidades de verde. Una casa derruida no es solo escombros, sugiere historias. Un paisaje, una flor, ocultan vibraciones infinitas. Mirar no es ver, es dejarse mirar por el misterio de lo que ves.

3. La soledad no es una tragedia, sino una oportunidad. No te compadezcas, respira, no estás en realidad solo. Cierra los ojos. Desde dentro puedes armonizarte con el Todo desde el silencio. No dejes que el yo arruine la presencia que habitas en el ahora.

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Soledad contigo

Mi parte resuena con el Todo

El poeta Juan Bautista Bertrán, SJ, escribía “Cuando atardece, quédate conmigo / le tengo miedo a mi soledad sola, no contigo”. En el crepúsculo, cuando cesan los ruidos y el mundo se sumerge en la oscuridad de la noche, es frecuente que tomemos conciencia del misterio de nuestro ser: hemos sido arrojados a la vida sin saber por qué; somos frágiles, limitados e ignorantes del futuro; es más, con una certeza de que vamos a envejecer e incluso abandonar esta vida. Hay además algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior.

Quizás estos sean algunos motivos de la soledad radical de todo ser humano a la que tenemos miedo, como dice el poeta. La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo”. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada.

Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida, momentos de silencio en que conecta con un rescoldo interior que le calienta y acompaña, una sensación de que somos chispa de un gran fuego u ola de un infinito mar. Como canta el mismo poeta: “A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia”. Mi parte resuena con el Todo, mi pequeña arpa vibra con la sinfonía del Ser, y siento, aunque sea por un instante, que Dios no solo me acompaña y me habita, sino que, como dice Pablo, “en él vivo, me muevo y existo”.

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Nuevo libro para niños

Mi madre, María”, nuevo retrato ilustrado de la Virgen

Lamet lanza su primer libro infantil, una vida de María: “Frente a tanta estampa cursi, quiero acercar su fe y entrega como mujer y madre a los niños de hoy

Lamet, con su última obra
Lamet, con su última obra

«Este libro infantil no puede sustituir a mi obra anterior sobre la Virgen, Las palabras calladas. Todo está aquí necesariamente simplificado. Pero la fusión de palabra e imagen creo que transmiten el encanto y ternura de la verdadera devoción a la madre de Jesús como primer paso en su vida, como ayuda a padres y educadores, y para sentirla también madre nuestra en un momento de difícil transmisión de la fe»

Con el título Mi madre, María, el escritor jesuita Pedro Miguel Lamet acaba de publicar su primer libro para niños, un álbum de 55 páginas profusamente ilustrado sobre la vida de María de Nazaret, que ha visto la luz en ediciones Paulinas. Gema García Ingelmo es la autora de los dibujos, que, al tratarse de un libro infantil, cobran gran importancia en la publicación

17.06.2025 | RD

Con el título Mi madre, María, el escritor jesuita Pedro Miguel Lamet acaba de publicar su primer libro para niños, un álbum de 55 páginas profusamente ilustrado sobre la vida de María de Nazaret, que ha visto la luz en ediciones Paulinas. Gema García Ingelmo es la autora de los dibujos, que, al tratarse de un libro infantil, cobran gran importancia en la publicación.

Usted ha tocado en sus más de cincuenta libros casi todos los géneros literarios: poesía, ensayo, periodismo, historia, biografía, novela, sobre todo, novela histórica. ¿Por qué ahora un libro para niños?

Dicen que cuando uno va cumpliendo años se siente cada día más cerca de los niños. Sé que escribir para ellos requiere un lenguaje peculiar. Pero he intentado aniñar mi pluma en lo posible para contarles en forma de cuento una historia que amo especialmente.

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Pentecostés

PENTECOSTÉS

¿Quién habita en la luz de una mirada
que de pronto te mira sin malicia
y con temblor te arrulla y te acaricia
sin pedir algo a cambio, emocionada?

¿Quién se oculta de noche en la callada
despedida del sol y en la primicia
de un misterio secreto que te auspicia
el soplo que te libra de la nada?

¿Quién alienta en la flor y esa sonrisa
de aquel niño, una música, el poema
donde brota un secreto de alegría?

¡Es el fuego de amor, vive en la brisa
que me aquieta, consuela, alivia y quema,
el Espíritu que inunda el alma mía!

Pedro M
iguel Lamet

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Bienvenidos a la Feria del Libro

Queridos amigos: Una vez más estaré firmando este año en la Feria del Libro de Madrid. Como siempre, tres sábados (31, 7 y 14) por la mañana en la caseta 75 de mis queridas Hermanas Paulinas, que tanto hacen por fomentar la buena lectura.

Y un viernes, el 6 de junio por la tarde, en la caseta 226 del Grupo Loyola. Sois bienvenidos y muchas gracias por leer, aunque no sean mis libros.

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Las dos almas del nuevo papa

Miraba el balcón de la logia con cierto temblor. Los cardenales dentro se estaban enfrentando con el impulso inevitable de llevar a la Iglesia al otro lado del péndulo, dado el rechazo insólito de un grupo de cardenales a un papa; y, por otro lado, el clamor agradecido de un pueblo ante la entrañable autenticidad del papa Francisco. Los más expertos vaticanistas apuntaban al cardenal Pietro Parolín como solución   para armonizar estas dos almas. Pero, aunque amigo y secretario de Estado del Papa, elegirlo era poner a la Iglesia en manos de un curial, de un diplomático. ¿Dónde iba a quedar el soplo gratuito y evangélico de  Francisco?

Pero respiré. Aparecía una figura fisonómicamente a medio camino entre Pío XII y Pablo VI, un papa que vestía con los paramentos tradicionales, de los que se despojó en su primera aparición el papa argentino. En mis elucubraciones sobre quién sería elegido, distinguí muy claramente del contenido y las formas del fallecido papa. La Iglesia no podía renunciar a los avances de este, su sinodalidad, su apertura a la periferia, su Iglesia en salida y predilección por los por pobres, la ecología, la gente del descarte y su descentralización. Pero tenía que afrontar un problema no querido por Bergoglio al confundir la autenticidad del Evangelio con libertad en las formas, sencillez y facundia argentinas.

 Un perfil podría encarnar esa distinción, el de Robert Francis Prevost. Y finalmente apareció ante el estallido de júbilo de la multitud con el nombre de León XIV. ¿Qué había elegido la Iglesia para este tramo caótico del siglo XXI, el de la guerra de Ucrania, el exterminio de Gaza, los aranceles de Trump y la insania de Putin?

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Al papa Francisco

    AL PAPA FRANCISCO

Como una estrella de una luz lejana
que ilumina el desierto, de repente
viniste a Roma sencillo y sorprendente
a abrirnos de par en par una ventana.

Rompiste el protocolo y la mundana
vanidad de una Iglesia indiferente
para sentarte sin más entre la gente
como un pastor que ríe en la mañana.

Amigo de los pobres y pequeños,
voz de los sin voz, alzas tu cayado
contra un mundo de odio e injusticia.

Como Jesús, no temas a los dueños
del mundo del poder y la malicia
pues si te atacan, nos has resucitado.

Pedro Miguel Lamet
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