Siempre hace buen tiempo

Daily Archives: 1 mayo, 2011

El aventurero de Dios

Texto de Contraportada

Un judío converso que huye de la Inquisición se encuentra en Lisboa con un intrépido joven llamado Francisco de Javier. Gracias a este personaje conoceremos los viajes y travesías casi sobrehumanas del santo que será llamado «el gigante de la historia de las misiones».
El protagonista de esta narración nació en 15o6 en el castillo de Javier, en Navarra, entonces independiente de Castilla. Sus hermanos lucharon en la toma de Pamplona, defendida por Ignacio de Loyola, quien más tarde convencerá a Francisco para que se sume a la naciente Compañía de Jesús.
Ese encuentro transforma su vida. Se embarca en una de las naos que entonces hacían la Ruta de las Especias y emprende su gran sueño: propagar la fe cristiana por las ignotas tierras de la India, Indonesia y Japón. Se transforma así en un verdadero aventurero de Dios que termina muriendo en soledad a las puertas de China, con cuarenta y seis años de edad.
Los viajes y hazañas de Francisco de Javier parecen inconcebibles hoy: uno de cada tres días de su vida lo pasó navegando. Solía decir: «Si no encuentro una barca, iré nadando». En medio de tempestades, piratas, capitanes corruptos, climas infectos y otras mil dificultades y privaciones, se mantuvo firme en su ideal. Sus cartas se convirtieron en crónicas de primera mano que se leían con avidez por toda Europa.
Esta novela recoge, quinientos años después de su nacimiento, la aventura espiritual y humana de un hombre extraordinario. Un relato en el que no faltan valientes pescadores de perlas del sur de la India, eruditos monjes zen del misterioso Japón, las miserias y ambiciones de comerciantes, soldados y gobernadores… Sus páginas recrean el complejo mundo del siglo XVI: la vida cotidiana, la política, el comercio, la navegación y el encuentro intercultural y religioso de Europa con aquellas tierras desconocidas.

Contenido

 

I.            La hoguera de Lisboa
II.           La corte de «El Rey Piadoso»
III.          El muelle de las lágrimas
IV.          Alta mar
V. El cementerio de los portugueses
VI.          El castillo de Javier
VII.         En guerra con Castilla
VIII.        De Socotora y París
IX.          Lisboa de Ultramar
X.           La más dura pasta
XI.          El hombre de la campanilla
XII.         Por tierras de Lutero
XIII.        Los pescadores de perlas
XIV.        Compañeros de Jesús
XV.         El tesoro de la pagoda
XVI.        Poderes de este mundo
XVII.       La matanza de Manár
XVIII.      Tumba de Santo Tomás
XIX.        La puerta de las especias
XX.         El cangrejo y la cruz
XXI.        Islas de esperar en Dios
XX1I.      Nuevos horizontes
XXIII.      Dos virreyes
XXIV.      El país de Anjiró
XXV.       El «rey» del Japón
XXVI.      Entre Deus y Dainicbi
XXVII.     El gran sueño de China
XXVIII.    La peste de Malaca
XXIX.      Ocaso en Sancián
XXX.       El cielo de Lisboa
Apéndice.
Fuentes e historicidad de este libro

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Presentado «El aventurero de Dios»
Comentarios y recensiones
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Carta a una mujer desconocida

El amor es silencio

Una fina joya oriental, nueva versión de la novela de Stefan Zwig, llevada al cine por la actriz, realizadora y guionista,  Xu Jinglei, que demuestra una fina sensibilidad para reivindicar la fuerza del amor contemplativo y sin contrapartida, desde la soledad y el silencio.

«Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora.»

Así comienza la novela del austriaco Stefan Zweig, que Max Opphüls llevó al cine en 1948 en Carta de una desconocida, un clásico del que hay que olvidarse antes de ir a ver esta nueva versión realizada desde la sensibilidad y la óptica oriental. Ahora estamos en Pekín y en 1948 tras la contienda. Un escritor chino se dirige a su casa, donde le espera la correspondencia.  Entre sus cartas encuentra una de una mujer que revela su gran amor vivido en secreto nacido en silencio en su adolescencia y vivido con un hijo de ambos de forma intermitente sin que él, sumido en su egoísmo, la volviera recordar.

Se trata de una historia de amor en la distancia y el silencio.  Su artífice es la  joven y bella cineasta Xu Jinglei, directora, protagonista y guionista del film, convertida hoy en su país un auténtico fenómeno  multimedia: ha triunfado como cantante pop, actriz televisiva y realizadora cinematográfica. Para filmar su segundo largometraje -tras realizar Wo he ba ba (My father an I)-, Jinglei ha optado por un modo contemplativo de mirar, por un cine hacia dentro desde una estética altamente refinada.

Con un argumento esencialista, pocos actores y en realidad una historia muy simple, logra introducirnos en el mundo interior de una mujer enamorada, que en una palabra vive sola su gran amor. La tímida adolescente que se queda prendada del escritor y su atmósfera –los libros de su biblioteca, su vieja máquina de escribir, los objetos y olores de su casa—no fuerza nada, deja que los acontecimientos les unan fugazmente y acepta no sin dolor la distancia de aquel hombre al que adora en secreto,

La eficacia del film está en los pequeños detalles: una rosa, un beso fugaz, un reencuentro casual. Y, sobre todo en la presencia, cargada de contemplativo silencio, de la propia Jinglei que borda llenando la pantalla su fascinante personaje. Hay momentos de gran carga emotiva soterrada, como el que el anciano criado, a diferencia del amo, la recuerda o cuando el escritor la rescata de pronto del tumulto de una manifestación estudiantil.

Se trata de un film sin pretensiones que se convierte, gracias a la delicadeza y el cuidado de las atmósferas, en una joya oriental, no exenta del comercialidad para Occidente, que sin duda procede del origen novelístico del film. Una vez más se demuestre en el cine como en todo arte, que lo importante no es tanto el “qué” como el “como”.

Para un mundo de posesión y dominio como el que vivimos esta historia contracorriente no deja de ser un homenaje a la mujer. Primero, en cuanto denuncia de su historia de objeto, más acusada aún en el mundo oriental. Segundo, como canto a esa capacidad de sentir y vivir lo sentido desde dentro, incluso en soledad. El amor grande y único tiene algo de fe en la propia vivencia, por encima incluso de su realización real, tiene algo de autónomo y autosuficiente. El amor no depende de que haya contrapartida. Por eso el encuentro con el criado en el patio del amado, después de una de esas citas fugaces que también olvidará, es la clave para entender el film. A ambos une la fidelidad silenciosa a través de los años. Y al final queda una sola razón de ser de tanto amor: el sueño adolescente, que llena de alma y  poesía la vivencia interior. Se diría que el amor se resuelve en “mirar”.



T.O.: Yi ge mo sheng nu ren de lai xin, China Asian Union  Film & Media, 2004. P Xu Jinglei, Dong Ping..:G: Xu Jinglei; basado en la novela  de Stefan Zweig. D: Xu Jinglei F: Zhang Yifan M: Zhang Yifan, Osamu, Lin Hai. Mon: Zhang Yifan. I: Xu Jinglei, Jiang Wen, Lin Yuan, Sun Feihu, Su Xiaoming Dis: Baronfilms. Estreno:. Madrid 11-02-2005. 90 min.   Concha de de San Sebastián 2004 a su directora, la china Xu Jinglei.

 

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La aurora

Detrás del gran gigante dormido de la gran ciudad está amaneciendo. En sus casas, pisos y rascacielos la vida está a punto de arrancar. Pronto las calles estarán llenas de inquietos ciudadanos camino del trabajo y las fábricas, oficinas, tiendas y supermercandos bullirán con el ir y venir de las gentes. Pero ¿ habrán despertado realmente con el amanecer? ¿O seguirán dormidos como autómatas atornillando tuercas, realizando las tareas domésticas, dirigiendo empresas, comprando y vendiendo, llorando y riendo? Porque despertar es más que levantarse de la cama y quitarse las legañas. Despertar es percibir ese incendio de amor que es la vida, tomar conciencia de que somos notas de la gran sinfonía, pinceladas del inmenso cuadro de Dios. Despertar es encontrar el sentido de cada pequeña cosa y amanecer por dentro

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A una vieja foto de anticuario

 

Pálido espectro de un pasado ajeno
muerto al amor, pisando lo infinito,
que desanda quién sabe qué andadura,
ese tiempo sutil que el tiempo desvanece.
Tu mundo no es aquel, que dulce llora
secretos rosas de paz en la mejilla.
Ni se sabe qué sueño duerme ese escondite
en el temblor azul de ese minuto.
Se ha quedado tu foto descolgada
del ritmo irrefrenable de la vida,
posada con desdén y polvo antiguo
en caoba sin luz, sombra de sombra.
¿Quién te amó? ¿Quién fue espiando
el trajín cotidiano de tu cuerpo
y apuró con tus labios los sabores
de aquella muerte entonces no anunciada?
¿En qué limpios espejos te miraste
como al pasar, creyendo que aferrabas
el fulgor de satén de esa belleza?
¿Sólo el encaje níveo del escote
cristalizó en tu hombro levemente
al tacto imponderable de su hechizo?
¿O es que vivir es solo aquel posarse
apresado en el sepia fotográfico?
Mujer de aquel ayer en este ahora,
sin nombre ya, ni amigo, ni futuro,
pretexto sólo de un marco victoriano,
¿quién llevará tu rostro a su morada
sin ver ni adivinarte ese secreto
que sigues ocultando cuando miras?
Sólo el pobre poeta en su destiempo
de loco amor por nubes y por rosas
se llevará tu inútil azogue misterioso
y guardará el embrujo que vibra todavía
en el viejo papel que aprisionó tu calma,
viva sin tiempo, como una flor perenne.

(De Las palabras pequeñas,1992)

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