A veces no lo comunicamos a los demás, pero siempre persiste en nuestro subconsciente la pregunta de ¿dónde andan los muertos? ¿Cómo es posible que hayan desaparecido tan de repente de nuestro entorno? Pero por otra parte parece que siguen ahí de otra manera, con una sutil presencia. Todo ello me ha inspirado este soneto:
Díptico tras mi ventana
I
Sólo la luna esta tarde
se ha asomado sobre el cerro
y un vientecillo de nácar
lava los árboles viejos.
Todo el pasaje es azul,
desleído en el misterio.
Todas las cosas son cobre
sobre el horizonte lleno.
Las sombras se descoyuntan
como los ritmos de un verso;
y el pueblo, este pueblo añoso,
Si mañana preguntas
SI MAÑANA PREGUNTAS
Se fue haciendo silencio
en la inane presencia de lo inútil.
Se fue haciendo amistad
con el pez que no sabe si es él
o sólo parte
de un mar que canta dentro.
Se fue la vida en vidas
como pidiendo muerte,
y está transido el aire
de un verde luminoso, cristal de la distancia.
Vuelvo al seno de todo,
me inundo de mi mismo
como trozo del Uno que me vuelve
ligero,
gota en gota de agua, grano en grano de arena,
soledad habitada del abismo sin nombre,
donde el sol nos reside
y se hunde en el túnel que hiende lo inefable
vida azul de la célula.
Ya es hora de partir
mas no me voy;
me lleva el Mar a cuestas
y con él el abrazo que nunca me abandona.
Si mañana preguntas por el nombre,
que el viento te replique:
Aquel es, el que ignora si es él.
Estuvo en esta orilla recostado,
paseó por la playa su recuerdo
y abrazó su ser nadie
por ser inmensamente.
Habré entonces pasado.
Al calor de la playa
este mar, de música y de verso,
continuará su charla saltando en la escollera
regalará a la arena su nácar caracola,
hará vivo lo muerto.
Ya me habré diluido
igual que un marinero que fuera a pescar perlas
en una isla azul.
Pero si soltarais amarras
y de pronto remárias
mar adentro
más de aquel malva
y el romper de las olas
donde el horizonte
funde el azul y el azul
encontraréis un rastro,
o quizás una estela
de espuma.,
sólo eso.
Exclamaréis entonces:
He ahí uno que amó.
He ahí uno que ha sido.
Pedro Miguel Lamet
Tríptico de la Pasión
I.
ORACIÓN DE MARÍA MAGDALENA
AL PIE DE LA CRUZ
Se ha hecho de noche aunque es mediodía
en este monte donde te me mueres,
oh Jesús, amor, sueño y vida mía.
Cómo siento tu sed y dueles en mi carne
donde hienden tus clavos su amargura fría
hasta romper mi alma desde tu abandono
tú que solo bondad y luz nos repartías.
¿No te acuerdas, Jesús, el sol que relucía
en aquella mañana que fui sola a buscarte?
El lago estaba azul y el prado se reía
con una primavera repleta de la gente
que buscaba al pastor con alegría.
¡Feliz Navidad!
Con mi soneto navideño de este año, os deseo a todos la misma sorpresa admirada y jubilosa de María en vuestra vida, vuestra familia y amigos. ¡Feliz Navidad!
MARÍA MUESTRA A JESÚS
LA CUEVA DE BELEN
Fue aquí, Jesús: la noche te esperaba
con un aire de paz sobre la era.
Dormía Belén sus miedos cual si fuera
un perro sin su amo, la tierra esclava
que busca libertad y abrir la aldaba
de un tiempo oscuro a una luz entera.
José arregló el lugar de tal manera
que me sentí una reina en su alcazaba.
Cuando él buscaba leña en aquel prado,
un fuego en mis entrañas se salía
y en un instante azul viniste presto:
Llorabas en mis brazos, Niño amado,
mientras el mundo aquí se estremecía
ante un Dios desvalido y manifiesto .
Pedro Miguel Lamet
LA MIRADA
LA MIRADA
EL día en que no peses
y parezca
que eres silbo de un aire
o nota de una música indecible
o perfil de algún ángel
o el hijo inesperado del cruce misterioso
de la estrella y el trigo,
no lo dudes:
quizás, aun sin saberlo,
es que una tarde,
cualquier tarde sutil y transparente,
¡prodigio de la luz!,
el orbe se detuvo
y ocurrió lo imposible:
A una rosa
ROSA CORTADA
Viva y muerta a la vez,
en el jarrón repite
la música escondida.
Todo juega en su cráter
a timidez de pétalo,
que oculta sus amores.
Temblorosa en la brisa,
que mueve los visillos,
y quieta como un verso
conservando la gota
del último rocío.
Ya devuelves al mundo
Meditación de una noche verano
Dame, Señor, la luna que he perdido
y el cándido deseo con que mira
este mar que se duerme en tu presencia.
Dame el eco que deja la marea
sobre el manto de oro de la playa
para aquietar mi alma como un niño
que busca caracolas, sin saberse
un padre de familia o un viejo pescador.
Pues soy solo el arpegio de mi verso
cuando esta noche de nuevo se arrodilla
para adorar la luz que esconde cada ser
en el gran beso que funde a las creaturas.
Deja que sienta que todo es sinfonía
y armonice mi calma con tu Calma,
y derrame mi nada en la gran Nada
hasta perder mi nombre repetido
que dormita sin brillo para siempre
en una vieja gaveta de la abuela,
como la foto en sepia de algún muerto.
Será entonces quizás este verano
el que contigo renazca y me reveles
el amor que he sido y sigo siendo.
Pedro Miguel Lamet
Poema al subconsciente
El subconsciente nos juega trastadas, aparece en sueños, escapa a nuestro control. Pocos poetas hablan explícitamente de él, aunque ha brotado siempre en la poesía de todos los tiempos. Le he dedicado el siguiente poema:
LA VOZ DEL SUBCONSCIENTE
Todo el tiempo me nacen de las manos
ríos de voces, rostros inombrados,
versos de antaño que llenan los desvanes
de la conciencia azul, y brotan telarañas
desde un pasado niño, adulto, adolescente:
miedos que nunca sé si sofocaron
las razones sensatas que dicta la experiencia.
De noche surgen cantos de monstruos y sirenas,
vagan imágenes que vuelan sin sentido
o evocan huecos de aquel viejo trastero
donde el orden no existe, o están acumuladas
aquellas impresiones que exceden toda lógica.
Somos barqueros que reman en estanques
donde el sol no amanece. Más allá de la bruma
de un cielo ensombrecido, no somos los patrones
del barco de esta vida, sino grandes preguntas
tendidas a la noche, versos que buscan la pluma del poeta,
niños inquietos carentes de la mano.
Suelta el querer. No ates tu deseo,
deja a la barca que bogue al no sentido;
vierte al amor tu saco de basura,
todo el vestigio que nunca has controlado.
Una luz que no es tuya te limpia del pasado
y una mano invisible arropa lo futuro.
Eres ahora, más allá de consciente,
pues el tiempo, la sombra, el desamor,
la rueda, tus miedos, el temblor y el abismo
se esfuman si te has muerto a la fútil imagen,
y naces al Ser mismo.
Pedro Miguel Lamet
A veces, cuando vuelves
A veces, cuando vuelves,
de nuevo soy aquel
que en bicicleta
renacía del mar
el aire y el silencio,
compañero de amor,
mi Dios de cerca;
y escucho en mí otra vez
el canto agudo
del piñón, lanzando la cadena,
mientras, azul el cielo,
volaban gaviotas.
Me renacen las teclas olvidadas
de un piano de agua
y de requiebros.
Oh voz, palabra familiar,
desde la sangre antigua,








