ABÍSMAME EN TU SER
Si del silencio hiciera un abismando hueco,
y en las tardes sin nadie el diapasón ardiente
del aire sobre el aire
hasta matarme el ego
por ser contigo
uno,
dormiría
tan dormido y despierto,
tan nada y todo en uno,
como esa nube leve
del sol atravesada.
Si esta noche me dieras
el saber sin concepto,
un ser sin etiqueta,
un navegar sin barco
y una luna sin tiempo,
que en las sombras fabrica
la amenaza del miedo,
quizás descubriría
el vaivén de mi cuna
y el sabor de tu verso.
Si mañana es ahora
y ayer ya no amanece
y es hoy solo un instante
que se esfuma ya yerto,
abísmame en tu Ser
porque así me diluya
mientras deambulo absorto
por sendas de tu espejo.
Pedro Miguel Lamet
¿Soy yo real?

Durante los días de vacaciones y sus espacios más frecuentes para la reflexión sobre el pasar y el sentido de la vida hay oportunidades para volver a hacerse las grandes preguntas del ser humano. Entre ellas una muy radical: si verdaderamente somos reales, si tenemos consistencia o, dada la fugacidad de todo, que cambia continuamente, no pasamos de ser un sueño, una imagen, un pálpito distendido en el tiempo. Es lo que me formulo en este soneto, que se lo dedico a Javier Osuna, SJ. un gran compañero colombiano que acaba de fallecer. Fue un hombre bueno, dulce y transparente.
¿S0Y REAL?
¿Soy yo real o un breve y vago sueño
que cruza como un verso mal rimado
esta estrofa de vida sobre el prado
como el río en busca de su dueño?
¿Soy quizás aquel brote de un empeño
que goza, llora y muere apasionado
rumbo a no sabe cuál acantilado
como el río se vuelve marismeño?
¿Qué es la vida, Señor? ¿Por qué me has puesto
en este paraíso con espinas,
para andar sin saber por qué camino?
“Eres silencio –respondes-, lo adivinas
si dejas de pensar tan descompuesto
y solo al contemplar luces divino”.
Pedro Miguel Lamet
Amar no tiene nombre

AMAR NO TIENE NOMBRE
Amar es un vacío,
un llevar en las manos
el temblor de estar solo
mirando las estrellas,
un saberse una pluma
movida por la brisa
y olvidarse que el miedo
hizo en ti su morada
y arrumbar en lo oscuro
los planes ya trazados
y dejar que tu alma
llore a solas lo absurdo
que es estar y no estar.
Amar es un insólito
querer ser lo imposible,
derrotar los deseos,
recomponer el mundo
a trozos de ilusiones,
arrimar a las rosas
la eternidad rompiente
y regar con ausencia
la cuna de la noche
donde acecha el dolor.
Amar no es el anhelo
de vivir la primicia
de un ser entre los brazos
o llevar de la brida
el feliz yo caliente,
o andar con un espejo
de un tú mismo mejor.
Ni pensar que ya es tuyo
el ser que has aprehendido,
ni pregonar al mundo
desde un tú apuntalado,
ni reírse del salto
que el otro no ha querido,
ni poner a tus ojos
parcelas por el mundo
con un cartel: «No entrar».
Amar es un perderse
en la noche estrellada
y saber que hace tiempo
has dejado de ser.
Es flotar sin un norte
por el mar de tu alma
y mañana ¡quién sabe!
no saber, no saber…
Amar es estar solo
con todo en compañía
y morir de vivirse
tan lleno del presente,
canción de un gran vacío
de lo amado que nace
en llamas del recuerdo
y el grito de un instante
que es, que fue, que apenas
vuela en lo casi perfecto
en la luz que no ha sido.
Amar no tiene nombre,
quizás sólo la noche
que queda si has querido
al borde de la orilla,
una huella en la playa
que dejaste al pasar
y ser mar en la mar.
Pedro Miguel Lamet
Pedro y la barca

Hoy. día de su fiesta, dedico este soneto a mi santo patrón, el apóstol Pedro, un hombre débil, que dudó, tuvo miedo, llegó a negar a Jesús, pero que al fin su fe fue más fuerte y se lanzó a caminar sobre el mar. Una buena parábola la de su barca para la Iglesia de hoy. –
DE TU BARCA BAJO LA LUNA
(Al apóstol Pedro)
De tu barca bajo la luna huía
la brega de una noche temerosa
sobre un mar encrespado, y la penosa
vaciedad de ese vivir sin alegría.
En tus redes sin pesca amanecía
la ausencia del sentido y la azarosa
pregunta de por qué nació la rosa
y hacia dónde remamos cada día,
cuando adviertes de pronto sorprendido
avanzar sobre el mar como una vela
o un faro que te llama y te ilumina,
y sientes dentro el corazón herido
con una voz que entre la bruma vuela:
¡Lánzate, Pedro, y sobre el mar camina!
Pedro Miguel Lamet
¿Qué queda de ti y de mí?

Estos días de primavera, al pasear entre tanta belleza me siento aún más fugaz que en los días de otoño o invierno. Pues también cuando todo florece se mueren los amigos y ¡dejan tan poca huella! Vuela el tiempo. ¿Qué queda de mi, de nosotros después de tanto empeño por dejar huella? Busco la respuesta en este soneto:
FUGACIDAD
Todo queda colgado en un instante
al besarme en la frente esa sonrisa
con que al pasar me rozas con tu brisa
y me dejas prendido y vacilante,
como una flor sin agua o un amante
que corre, huye, se esfuma tan deprisa
cual la estela suave e imprecisa
que un perfume te deja suplicante.
¿Quién soy yo? ¿Cuánto duro, qué presumo
al llorar, escribir y diluirme
en este andarme a solas por el prado?
¿Acabo de llegar o estoy por irme?
¿Seré como Quevedo solo humo?
“Polvo serán, más polvo enamorado”.
Pedro Miguel Lamet
El sabor eterno del tiempo
Tiene algo de nostalgia despedir un año, aunque esto de las fechas sea una convención del calendario. Porque en realidad cada día, cda minuto, cada segundo estamos de despedida de algo: personas, paisajes, casas, vivencias, y en nuestro propio cuerpo vamos coleccionando cambios que atestiguan el paso del tiempo.
¿Por qué somos temporales? ¿No sería mucho mejor ser eternos? En realidad somos temporales y eternos a la vez, si despertamos a nuestra auténtica identidad. Y después de todo, ¿este sentirse temporal no es también fuente de gozo? ¿No hay un sabor a infinito en todo lo finito?
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La mayor explosión de la historia

ENCARNACIÓN
Nace en mí tu palabra, niño mío,
como arrullo de sol en mis regazos,
y se rompe la noche en mil pedazos
al fundirse de amor el viento frío.Brilla en mí tu silencio en el vacío
que colma de calor estos ribazos
y el mundo se deshace en tus abrazos
al saber qué mar buscan nuestros ríos.Ya no existe en la tierra desconsuelo
ni en la vida pavor insuperable
que pueda destruir esta alegríade admirar cómo Dios se hizo palpable
y mi carne es su carne hecha un anhelo
de danzar en tu eterna algarabía.Pedro Miguel Lamet
En busca de tu mar
Nací junto al mar, está unido a mi vocación, a mi tuberculosis ósea infantil, a mi vida, y lo llevo dentro doquiera voy.
EN BUSCA DE TU MAR
Con el adiós de aquella vela mía
que desde el mar jugaba con la espuma
para hundirse después entre la bruma
y colmar de añoranzas mi poesía;
con el rumor del mar en que nacía
a sueños imposibles esta pluma
por escribir el poema que rezuma
la nostalgia de amor en que vivía,
mis dedos te buscaron en la arena
de esas playas besadas por la luna
que seducen atrapan y dan pena,
sin saber que en ti ya todo lo tenía
pues soy barco y ribera, tumba y cuna
marino de tu mar y tu poesía.
Pedro Miguel Lamet
Despiértame

Ignacio de Loyola tuvo lo que él llama una “ilustración” en el río Cardoner de Manresa por la que llegó a “ver claro”, incluso “si la Biblia desapareciera”. Los orientales llaman a esta experiencia ”iluminación” y se ha considerado durante mucho tiempo un patrimonio casi exclusivo de los místicos.
Pero yo creo que comienza una época que esta clarividencia está alcanzando a la gente de la calle, que descubre que en el interior de este mundo hay algo con sabor eterno que no se lleva los cambios del tiempo e incluso la muerte. Como si desde ahora supiéramos distinguir entre la apariencia, que pasa, de la luz a la que pertenecemos. Diríamos que es una mística en “calderilla”.
En el siguiente soneto pido a Dios este despertar interior.
DESPIÉRTAME
Para nacer de nuevo en la mirada
y destapar el alma de la vida
que se oculta debajo de esa herida
La bruma es azulada

LA BRUMA ES AZULADA
La bruma es azulada, del color de diciembre,
como andar por la vida
donde los hombres tienen apariencia de sombras
sin saber dónde van entre los árboles.
Quizás también un punto a veces encendido,
como un fuego lejano casi siempre apagado.
En la bruma los besos sabor tienen a brea
a helada soledad
y también las palabras que dicen su querencia


