Espejo

¿Quién es ese que me mira desde el espejo y que cambia cada día como una crisálida?¿Se parece al niño que se contemplaba en otro espejo de la infancia, pegado quizás al rostro de mamá? ¿Se parece al adolescente que se peinó calibrando los matices de su rostro por primera vez? Podría ser una máscara de quita y pon, como las que los griegos usaban para el teatro y llamaban ‟persona».
Este ego que soy, el que nació en tal sitio, estudió en tal otro y hoy tiene esta profesión, aquella novia, amigo, casa o esposa/o, ese pequeño o gran nombre se desvanece como un plano cinematográfico en la pantalla, para dar paso a otro y otro y otro…en el cambio que implacablemente marca el reloj.
Humor es amor

Enrique Jardiel Poncela cuenta, como supremo ejemplo del sentido humor, el caso de aquel gitano al que le llevaban a ahorcar el lunes, y por el camino iba diciendo: “¡Bien empieza la semana!”. Hace falta tener mucha moral y un profundo relativismo para encontrar ese lado grotesco, divertido, caricaturesco de la vida, que nos permite tomar distancia y mirar las cosas, incluso los acontecimientos más trágicos, de otra manera. Ya que, como decía Mark Twain, “el humorismo es el aspecto jovial de la verdad”.
Todo el mundo sabe que la verdad de don Quijote y Sancho es una tragedia. Es la historia de un loco y un palurdo. Pero, tocados por la barita mágica de Cervantes, se transforman en dos arquetipos de humanidad, sendos monumentos al idealismo y al sentido común. O que Charlot no deja de ser un pobre vagabundo fracasado. Sin embargo, todos llevamos a un hombrecillo con bastón y sombrero hongo, que se pierde solo y triste por el horizonte, debajo de nuestra chaqueta.
No vamos a cometer la presunción de definir el humorismo. El mismo Jardiel Poncela decía que es “como pretender traspasar una mariposa, empleando para ello como aguja un poste telegráfico”.
La risa podría ser la gran terapia después de leer el periódico, al acabar la estresante jornada de trabajo o al enfrentarnos con los problemas económicos, afectivos y familiares. Pero la risa, las más de las veces se ha convertido en esta sociedad histérica en risotada y el humor en astracanada. Falta ese cascabeleo interior, esa sombra de duda que no es desprecio, sino en el fondo cariño y solidaridad humana.
Una vez leído este número en la tranquilidad de las vacaciones quizás podamos decir aquello de Lloyd George: “Para mí, un cambio de disgusto es unas vacaciones” ; o lo que canta aquella copla popular: “Cuando me dieron la nueva / de que tú no me querías, / a la mar no me tiré / porque estaba el agua fría”. O quedarnos con la definición de Gómez de la Serna de los chalecos: “El chaleco es una americana que fue a al guerra”.
En una palabra reír es un forma sabia de vivir, y sonreír es la única manera de sobrevivir. Quizás porque el humor es amor y “gracias al amor se escapa el hombre de la escala zoológica”. El mal humor sin embargo es la tristeza duradera del alma, de la que deberíamos siempre huir. Así que: ¡Feliz amor! ¡Feliz humor!
Mi niño olvidado

Las noticias de niños abandonados sobre todo entre los refugiados e inmigrantes se multiplican ¿Podríamos recuperar en nosotros esa paz y quietud de la infancia? El breve salmo 130 parece revelarnos el secreto:
La primera causa de nuestra turbación y de lo que nos hace infelices procede de nuestros deseos. Si nos sentimos amenazados es porque tememos que nos quiten lo que tenemos o que no podamos alcanzar lo que deseamos. Hoy nos mata la ambición, la mirada altanera de un personaje que nos hemos creado mentalmente para sentirnos superiores y pisar fuerte por la vida. Funcionamos a golpe de impactos televisivos y publicitarios, escalones de consumo, que configuran desde fuera nuestra falsa identidad.
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
p
Pero la clave está en el niño que hay dentro de nosotros. Salimos bien de fábrica. Estábamos conectados con la verdad, como este delicioso bebé. Crecimos y nos fuimos elaborando una serie de capas sobre el núcleo de nuestra verdadera identidad. El niño se quedó progresivamente ahogado por una hojarasca de falsos “yoes” elaborados por la mente.
Jesús toca esa esencia del ser cuando pide que regresemos al niño para entrar en la dimensión nueva de su reinado. Cuando no tengo, tengo; cuando no soy, soy, cuando me pierdo. encuentro. “¿Nacer de nuevo?”, pregunta asombrado Nicodemo. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu espíritu es.”
Cierra los ojos y descansa acunado por unos brazos invisibles. ”Nada te turbe, nada te espante”. Hay algo dentro de ti que espera y está bien. Vuelve al menos un instante a ese niño olvidado que nunca dejaste de ser.
Sueños de verano
Algo cambia dentro de nosotros cuando llega el verano. No solo hacemos las maletas y preparamos con interés unos días de vacaciones. Se diría que un secreto “chip” de nuestra alma cruje en nuestro interior cambiando el ritmo de la vida y hasta nuestra manera de entenderla en este tiempo del año que trae, como decía un viejo escritor de almanaques, “días largos para el amor, y para el sufrimiento noches cortas”.
En las noches de verano los sonidos se amplifican como el canto de los grillos, y desde lejos siempre nos llega alguna música de orquesta o tocadiscos incierto que habla melancólicamente de un tiempo huido o un amor imposible. Como dice Lugones: “El calor, de vibrante, parece sonoro”. Verano sabe a mar o huele a montaña, o permite que escuchemos nuestro propio pulso otra vez, asomados al malecón del puerto o volviendo a pasear aquel paraje del pueblo y de la infancia.
El lector es otro autor

Este joven lector situado frente a una biblioteca de la calle San Justo de Madrid, debido al escultor Félix Hernando, no está leyendo. Eso sí, acaba de leer, y se halla en ese momento sublime de deglutir la lectura. Con la mirada perdida, sin mirar hacia un sitio concreto, elabora su propio pensamiento, sentimiento o vivencia que le han evocado las palabras que ha saboreado.
Mucha gente mitifica al autor como el único creador de libros, artículos, poemas, novelas. Pero no es así. El lector también es cocreador. Las escenas, personajes, pensamientos que plasma el escritor no son exactamente los mismos que imagina y vive el que lee. Por eso todos tenemos algo de poeta, ensayista o narrador. Saber escribir es el arte de alcanzar lo universal del corazón humano. Saber leer, la capacidad de sintonizarlo desde la propia subjetividad.
La libertad empieza dentro

Muchas veces me pregunto: ¿Qué es libertad? ¿Poder elegir lo que quiero? ¿Poder expresarme, reunirme, votar, realizarme sin restricciones?
No voy a entrar en disquisiciones filosóficas sobre el término. Me interesa la vida.
Por ejemplo, el escalón básico para ser libre es tener acceso a la alimentación, la habitación, la salud, la cultura, la relación humana. En este sentido hay un tercio de la humanidad que no disfruta de las condiciones esenciales de la libertad.
Pero, cuando tienes un plato para comer, un lecho para descansar y un libro para leer, ¿eres libre?
Cuando el adolescente pide libertad, generalmente habla de poder “hacer lo que le de la gana”. Este tipo de libertad, si se ejerce, suele acabar con el deterioro de la persona.
Personalmente tuve experiencias muy duras respecto a la libertad de expresión que me fue coartada en varias ocasiones de mi vida.
A una rosa
Florece el mundo con la primavera. Pero ¿cuánto dura su belleza? He aquí una pequeña meditación en forma de soneto sobre la fugacidad y a la vez la presencia eterna en el misterio de una rosa.
A UNA ROSA
Tan perfecta y fugaz y tan liviana,
como un soplo me hiere tu hermosura
al pasar brevemente esa figura
que a este mundo seduce y engalana.
¿De qué presumes celosa y tan ufana
en mi jardín, si pasas con presura
como una nota en una partitura,
como cruza una nube en mi ventana?
Dime, oh rosa, ¿qué quieres enseñarme?
¿qué secreto me guarda tu perfume
para morirse al par que me enamora?
¿No será que no puedes abrazarme
si no renuncio a lo que se consume
y amo la eternidad desde tu ahora?
Pedro Miguel Lamet
Un beso fugaz de Dios

¡Qué milagro cotidiano! De pronto en una calle cualquiera alguien cierra los ojos y se pierde, se sumerge, se sale del tiempo gracias a la música. Y el viandante atareado se detiene y por un instante olvida sus preocupaciones y asciende con él a la nube del artista por la escalera del pentagrama a un lugar extático, a un mar de notas que le embriagan.
Porque, como canta fray Luis en su Oda a Francisco Salinas, “el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada”. Desde el embrujo de la música el que la escucha se hace tan niño que reconoce su origen: “A cuyo son divino / el alma, que en olvido está sumida, / torna a cobrar el tino / y memoria perdida / de su origen primero esclarecida”.
Pierde por un instante el interés por lo material: “Y como se conoce, / en suerte y pensamientos se mejora; / el oro desconoce, / que el vulgo vil adora, / la belleza caduca, engañadora”.
Y da así el gran salto a lo trascendente: “Traspasa el aire todo / hasta llegar a la más alta esfera, / y oye allí otro modo / de no perecedera / música, que es la fuente y la primera”.
De esta manera en cualquier calle y en cualquier momento, gracias a la música, si cierras los ojos, puedes llegar a sentir el beso fugaz de Dios.![]()
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Meditación del Doncel

¡Qué dulce dejadez, qué tranquila armonía, qué manera relajada de ir pasando la eternidad! El Doncel de Sigüenza parece imperturbable con su libro entre las manos desde el siglo XV, cuando apenas acababa de inventarse la imprenta. Se diría que hace un instante se ha bajado del caballo en la Acequia Gorda de la Vega de Granada, donde ha estado batallando, para descansar para siemprecon su verdadera afición: leer, una forma de volar y alimentar el espíritu.
Su padre, secretario de los Duques del Infantado, que junto a su madre, descansa también en la misma capilla, mandó construir esta estatua yacente en alabastro que rompe con todos los tópicos de la rigidez de la muerte. Martín Vázquez de Arce cierra los ojos, pues ya ve desde el ahora definitivo y esboza una fina sonrisa de paz, enfundado aún en sus ropas de batalla y caballero de Santiago. Es la meditación de “nuestra vida son los ríos que van a dar a la mar” de Jorge Manrique, pero con un matiz gozoso sobre la muerte: tras ella hay paz, belleza, juventud, alegría, vida.![]()
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