Siempre hace buen tiempo

Category Archives: POEMAS

La voz del verano

Como voces secretas de una vida,
del verano aquel vuelve el sonido
con sordina de grillos, sin ruido,
y música de lejos ya perdida.

La noche quieta y la palabra huida
se han quedo en el aire y el olvido
añorando aquel joven perseguido
por la luna de ensueños pretendida.

Pero el ardor que anhela tu mirada
que desde el mar buscaba mi sonrisa,
sigue, Jesús, clamando con ternura

con la misma palabra enamorada:
“Sígueme, amigo, óyeme en la brisa,
y húndete ahora en toda la hermosura”.

Pedro Miguel Lamet

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Antídoto contra el miedo

Jesús tiende la mano y quita todos los miedos

Ver hoy día un telediario es casi como tragarse una película de terror y últimamente de ciencia-ficción. Con la diferencia, eso sí, de que no se trata de ficción cinematográfica sino de hechos reales. Recuerdo que, cuando yo estudiaba periodismo, los crímenes pasionales, las historias truculentas y sanguinarias, las puñaladas traperas y las relaciones inconfesables no merecían sino un “suelto”, una pequeña gacetilla en los rincones de los periódicos. Si se quería profundizar en tan morbosas historias, había que comprarse semanarios especializados como El Caso, auténtico pozo de negro de aquellas noticias.

Lo curioso es que tales informaciones, que, por su carácter de no ejemplaridad no ocupaban mucho espacio en los periódicos, están ahora en primera plana. Se aduce que son “violencia de género”, o que son “noticia” como el caso de la desaparición y/o asesinato de niños, o que “venden”. Encima algunas televisiones se regodean después en unos ululantes debates revolviendo más y más dicha porquería. No digamos nada con el monotema de la pandemia. Conozco a muchos que apagan los telediarios porque su psique no aguanta más.

Si pasamos a la información política, económica e internacional observamos que hay como un deleite en transmitir la negatividad que vive nuestro mundo. Es cierto que hay crisis económica, que siempre hay guerras y desigualdades, que el planeta se deteriora, que crecen los nacionalismos, que la sociedad del bienestar está seriamente amenazada. etc. Pero parece que nuestra gente está siendo minada en su subconsciente con cargas de profundidad negativas.

Quizás los hechos de que salga el sol todos los días y que el tendero de la esquina nos cuente un chiste no sean noticia, de acuerdo. Pero sí lo son los miles de jóvenes que trabajan en ONG’s, que los médicos y enfermera se han dejado la piel, que ahora como nunca la gente dona órganos o que un buen sector de la sociedad está indignado con la corrupción política y quiere cambiar nuestro mundo. Sólo por citar algunos ejemplos de esa otra cara alegre del planeta que parece no interesar al hambre de truculencia que nos domina.

El resultado de todo eso es lo que hemos venido en llamar “Miedo ambiente”. Es peor ese “miedo” difuso que se cuela por las rendijas de los medios de comunicación al propio deterioro del medio ambiente, porque, si éste último afecta a la vida del cuerpo, el primero socava la vida del alma, nuestra psicología, que es la ha de ser capaz de afrontar el presente.

Jesús quita todos nuestros miedos
Jesús quita todos nuestros miedos Pedro Miguel Lamet

La liturgia de hoy domingo es un antídoto contra el miedo. Primero Jeremías, que al ver que sus enemigos le acechan para que dé un traspiés, siente una gran seguridad interior, porque “el Señor está conmigo. Pablo pone el acento en el peor miedo de todos, el que nos acompaña porque hemos nacido, el de la muerte junto al miedo a la ley (no hacer mal porque está mandado, por miedo al castigo).  Lo que tenemos de Adán lo hemos superado gracias a Jesucristo.

Pero sobre todo el evangelio es un canto a la debilidad aparente. Todo depende de nuestro enfoque. Vivimos en el miedo a lo que puede pasar al cuerpo, especialmente a causa de la negatividad de nuestra mente que nos runrunea no solo el miedo al coronavirus, sino al futuro económico, a que no nos quieran, que nos dejen solos, etc. Si das un salto a lo único que es permanente desde este “ahora”, surge la confianza, el saber que ya somos vida eterna. Eso significa que nuestros cabellos están contados, que Dios cuida de los gorriones, una de las aves más frágiles de nuestro planeta. “No tengáis miedo”, repite Jesús. El gran antídoto contra el miedo es la confianza que nos aporta la fe.

Hacemos pues una llamada pues al optimismo. Lanzamos una campaña contra todos los miedos, que por principio son irracionales. Convocamos a nuestros lectores a renunciar a todo sentimiento de culpa por el pasado que ya pasó, inquietud por el futuro que sólo Dios sabe cómo será, y proclamamos la dicha de disfrutar de este instante, este ahora pleno, dejando aparcado, sin hacerle el menor caso al loro de la mente, que siempre está dando la tabarra. Descubriremos  así que hay dentro de nosotros un hontanar de alegría, que nada tiene que ver con esta película  de miedo que pasa, y tras la que, si sabemos ver, sólo hay un happy end o mejor un feliz ahora que nos dice que aunque sea por una sonrisa, un soplo de brisa, una vaso de agua y una mano tendida la vida merece la pena vivirla

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El minuto perdido

Tuve tiempo de estar contigo a solas,
de andar la luz, hundirme en la espesura;
tuve tiempo de desvelar la hondura
que es andar como tú sobre las olas

y atrapar del silencio cabriolas.
Pude besar en esta noche pura
la lumbre que me quema y que perdura
y hallarte vivo entre las cacerolas.

Pude abrazarte ahora enteramente.
Pero, al verme atrapado por la vida
preferí no remar contracorriente;

no quise despertar del largo sueño,
por no sentir el fuego de mi herida
donde anidas, Amor, y eres mi Dueño.

Pedro Miguel Lamet

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Si estás perdido

Si estás perdido en ese desconcierto

de no saber a dónde va el camino

y esta vida te lleva al desatino

de andar sin rumbo solo en un desierto;

si a veces añoras retornar al huerto

y sentarte a la sombra de aquel  pino

para mirar al sol dormirse en el divino

regazo de la mar igual que un muerto,

cierra los ojos, respira en este instante

lo que detrás de tu ser te configura,

piérdete así del todo en ese encuentro

que habita tras la forma y la figura,

y descansa tu alma como amante

en el beso de amor que eres por dentro.

Pedro Miguel Lamet

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Mamá y el té de la cinco

Ay, madre, eras tanto aquel té de las cinco
con perfume a tortel
o ensaimada caliente,
y al fondo las naves primerizas de marcianos
que derribaba en el éter Diego Valor,
«el piloto del futuro»
o el western radiofónico en el que
“Dos Hombres Buenos” cabalgaban,
aún sin tele,
los horizontes inasibles de las ondas.

Un calor de vuelta de colegio,
a baño tibio
con sensación a sábado aún intacto
o la soñada excursión a aquella sierra
aún lejana de Madrid
con la cesta de mimbre y
tortillas de patatas en la nieve.

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Devuélveme mi estrella

Ahora que el niño se acurruca en este

gastado cuerpo

y que el mundo va camino de no saber  caminos,

devuélveme la estrella

en su esplendor de estaño,

que anoche he vuelto a escribir cartas a la vida

y no responde nadie.

Ve al buzón de allí cerca

a recoger la mía, la que hace sesenta años

deposité a los Magos

pidiéndoles una bicicleta azul

para dar libertad

a mi cojera,

pues quisiera escuchar aún sus pasos

desde la almohada,  el oído semidespierto

a un  lejano rumor de dromedarios

camino de mi casa

y de mi ensueño.

Voy ahora a despertar a mis padres,

a levantarlos de la tumba

para ir en pijama hacia el cuarto de estar

y brincar con ellos de alegría,

pues aún conservo intacta la sorpresa

que ellos supieron sembrar

tragándose las lágrimas.

Desde entonces tomé el oficio

más bello de la tierra:

restaurador de sueños o , si queréis,

perseguidor

y lustrador de estrellas.

Pedro Miguel Lamet
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La nochebuena del alma

Cuando anochece cada noche oscura

y busco entre las sombras un camino

para aliviar la duda, el desatino

que es no encontrar la luz en la locura

 

de un mundo que se ofusca y se tortura

por detener el tiempo en torbellino

mientras lloro su ausencia de destino,

solo tu llanto enciende mi ternura

 

al devolverme el niño que he perdido

y descubrir que dentro de mi alma

hay un pesebre pobre que te espera,

 

un hogar de silencios y de calma

donde Tú estabas sin que yo supiera

que de mi cuna nunca te habías ido.

         Pedro Miguel Lamet, SJ

¡Muy feliz Navidad de todos y venturoso año nuevo!

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Un canto a la vida

      FLOR, AGUA, BRISA

Para la flor el tiempo se escabulle,

fallece su color en un instante

como el regalo gratis y acuciante

que dispensa la vida cuando fluye.





Para el río el agua se diluye

en su pulir la piedra itinerante

y va a morir al mar como un amante

que en su abrazo la anula y la destruye.





Para mi ser la vida es una brisa

que en el nacer me sopla amablemente

me derrumba, me salva, me enloquece

y convertida en viento de repente

me anega en una lágrima, una risa

hasta besar el Mar eternamente.

Pedro Miguel Lamet

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Después del caos

EL TÚ OCULTO EN LA AUSENCIA

La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla.
Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

(Gn 1,2)

Carvoeiro (Portugal)

Era todo un bostezo desahuciado
y el miedo permanente de la ausencia,
el envés asustado de la esencia,
que busca ser y anhela lo creado.

Era el hueco que nunca fuera amado
en la noche sin luna ni presencia,
el vacío del beso y la querencia
de ese abrazo que nunca habíase dado.

Era mi ser perdido en la penumbra,
la tarde sin amor ni despedida,
la mesa sin brasero, la ternura

que pide el yo de pan y risa hambriento.
Era el Tú que se oculta en la espesura
y brotará si nace el sentimiento.

Pedro Miguel Lamet

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