Hoy descubro esta reseña en vídeo de mi novela histórica «El retrato secreto de Jesús de Nazaret», escrita por Sergio Redondo, comentarista que no tengo el gusto de conocer. Pero, como se trata de un buen resumen de la novela, lo dejo aquí por si a alguno que no la conozca le interesa. Gracias, Sergio. Gracias a todos mis lectores
Amar no tiene nombre

“No es lo mismo”, respondió él.
AMAR NO TIENE NOMBRE Amar es un vacío, un llevar en las manos el temblor de estar solo mirando las estrellas, un saberse una pluma movida por la brisa y olvidarse que el miedo hizo en ti su morada y arrumbar en lo oscuro los planes ya trazados y dejar que tu alma llore a solas lo absurdo que es estar y no estar. Amar es un insólito querer ser lo imposible, derrotar los deseos, recomponer el mundo a trozos de ilusiones, arrimar a las rosas la eternidad rompiente y regar con ausencia la cuna de la noche donde acecha el dolor. Amar no es el anhelo de vivir la primicia de un ser entre los brazos o llevar de la brida el feliz yo caliente, o andar con un espejo de un tú mismo mejor
Ni pensar que ya es tuyo el ser que has aprehendido, ni pregonar al mundo desde un tú apuntalado, ni reírse del salto que el otro no ha querido, ni poner a tus ojos parcelas por el mundo con un cartel: "No entrar". Amar es un perderse en la noche estrellada y saber que hace tiempo has dejado de ser. Es flotar sin un norte por el mar de tu alma y mañana ¡quién sabe! no saber, no saber... Amar es estar solo con todo en compañía y morir de vivirse tan lleno del presente, canción de un gran vacío de lo amado que nace en llamas del recuerdo y el grito de un instante que es, que fue, que apenas vuela en lo casi perfecto en la luz que no ha sido. Amar no tiene nombre, quizás sólo la noche que queda si has querido al borde de la orilla, una huella en la playa que dejaste al pasar y ser mar en la mar. Pedro Miguel Lamet
¡Cómo suena tu nombre!

¡CÓMO SUENA TU NOMBRE! No hay nada que resuene como el nombre de labios del amado, de tal suerte que resucite el alma, te haga fuerte, te toque las entrañas y te asombre, herida de dolor, cuando aquel hombre, jardinero del huerto de la muerte, hizo vibrar el aire frío e inerte y te llamó “María” sin renombre. ¡Oh qué riada de recuerdos vino hasta anegar de sueños el momento y estrechar en sus pies esa presencia que es abrazar lo humano y lo divino! Tu Rabboni desenterró la ausencia y nuestro amor cristalizó en el viento. Pedro Miguel Lamet ¡Feliz Pascua a todos!
Flor de Viernes Santo

FLOR DE VIERNES SANTO De mi fuego a tu fuego hay un paso, que es la noche profunda del que mira por encima del odio y de la ira y se incendia de amor en el fracaso. De mi noche a tu noche hay un ocaso que es derrotar en silencio la mentira y abrazar en tu muerte cuanto aspira a alcanzar en su luz aquel traspaso del miedo que se troca en la alegría. Va mi alma contigo ensangrentada por las calles del mundo tras el llanto de todos cuantos llevan por tu vía aquella cruz tan dura y tan pesada que empezó a florecer en Viernes Santo. Pedro Miguel Lamet
Noche oscura

NOCHE OSCURA ¡Dime qué ausencia es esta del deseo y qué agujero soy cuando te llamo como perro perdido sin su amo o desierto sin agua en que me veo, si Tú no estás y grito que en ti creo, y bien sabes. Señor, cuánto que te amo! ¿Por qué es de noche y no encuentro ni un gramo de aquella luz, ni un silbo, ni un gorjeo? ¿No será que el vacío es la presencia? ¿No será que el silencio es tu palabra y la nada la flor de la llenumbre? Acurruca tu Ser en mi querencia, anúlame este yo y haz que se abra a la noche que colmas con tu lumbre. Pedro Miguel Lamet
La primavera de dentro

Este año de pandemia lo hemos vivido como un duro invierno, una obligada cuaresma mundial. Decía Gustavo Adolfo Bécquer, que “mientras haya en el mundo primavera, habrá poesía”. En lenguaje cristiano diríamos que mientras un hombre sea capaz de superarse a sí mismo brillará en el mundo la Pascua de Jesús. Todo florece a nuestro derredor como un himno a la vida. ¿Por qué nosotros no lo hacemos?
Hay una fuerza en el corazón de las cosas que las anima a seguir adelante: Cortas un árbol y vuelve a renacer, desvías un río y encuentra salida rumbo al mar, se pudre la semilla y da flor y fruto. Solo el hombre es capaz de hundirse en su depresión y acabar por no levantar cabeza. Nuestro “personaje”, el que nos da la tabarra desde la mente, se regodea en las ideas negativas, el sentimiento de culpa, el “estoy acabado”, “no sirvo para nada”, “nadie me quiere”, “voy a la bancarrota”, y si no tiene ningún dato objetivo se lo inventa. Vive de esa contaminación mental y su tristeza hasta intentar destruirse a sí mismo.
Recuerdo uno de los cuentecillos de Tony De Mello, que viene al caso:
Un visitante de un monasterio se sintió especialmente impresionado por lo que él mismo denominó el “resplandor” del Maestro. Un día en que se encontró con un viejo amigo de éste, le preguntó si conocía la explicación de dicho fenómeno.
No dejes, soledad, de acompañarme

Entre los solitarios de hoy día hay dos especies: los que se deterioran por la soledad y los que crecen en la soledad. La diferencia se produce con una sola palabra: “conexión”. Si no hay conexión de amor maduro con los demás (familia, pareja, amigos), es indispensable la conexión interior: el descubrimiento con el centro de las diversas capas de la “cebolla”, lo hondo de nuestra conciencia.
Las diversas formas de meditación han descubierto, que allí en lo profundo siempre estamos bien. Al taladrar hasta el fondo de la conciencia, gracias a la soledad, el silencio, la escucha y la contemplación de la naturaleza, uno puede encontrase con un horizonte sin tiempo, donde la culpa por el pasado y el miedo al futuro se desvanecen, porque conectamos con un “ahora” sin límites, donde todo está bien. Así se han realizado algunos grandes hombres, sean santos, científicos, filósofos, creadores literarios…
Es más, sin un tiempo de soledad, incluso quienes tienen la suerte de mantener buenas relaciones, no pueden lograr ser ellos mismos, pues se convierten en víctima del oleaje exterior y pueden sucumbir en la tormenta de la ansiedad, la angustia o el absurdo. Todo el mundo necesita un tiempo de buena soledad. Pues la verdadera y funesta soledad es “no poder hablar con tu corazón”.
Por ejemplo, un poeta soldado del mil quinientos, Hernando de Acuña, que luchó en la batalla de San Quintín, tiene un soneto a la soledad, del que copio aquí su primera estrofa:
Pues se conforma nuestra compañía, no dejes, soledad, de acompañarme, que al punto que vinieses a faltarme muy mayor soledad padecería
Soy mar, soy armonía

SOY MAR
Soy Mar, en un Cádiz todo horizonte. Dios quebró mi pierna, me dejó con un pie en el mundo, el otro, el enfermo, en el cielo: S.J. Creo en el hombre, que es un modo de creer en Dios y en la poesía, vestíbulo de la mística, del Jesús amigo.
SOY ARMONÍA
Esta foto de la Vía Láctea tomada una noche de verano nos evoca a Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, que unos 400 años ante de Cristo, enseñaba:
Si se os pregunta ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el Universo.
Una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas, consideradas entidades geométricas de una dimensión. Sus vibraciones se fundan en simetrías matemáticas particulares que representan una prolongación de la visión pitagórica del universo y la recuperación, en la más moderna visión del mundo, de la antigua creencia en la Música de las Esferas.
Abísmame en tu Ser
ABÍSMAME EN TU SER Si del silencio hiciera un abismado hueco, y en las tardes sin nadie el diapasón ardiente del aire sobre el aire hasta matarme el ego por ser contigo uno, dormiría tan dormido y despierto, tan nada y todo en uno, como esa nube leve del sol atravesada. Si esta noche me dieras el saber sin concepto, un ser sin etiqueta, un navegar sin barco y una luna sin tiempo, que en las sombras fabrica la amenaza del miedo, quizás descubriría el vaivén de mi cuna y el sabor de tu verso. Si mañana es ahora y ayer ya no amanece y el hoy solo un instante que se me esfuma yerto, abísmame en tu Ser porque así me diluya mientras deambulo absorto por sendas de este espejo, donde barrunto el aire de tu perfume eterno. Pedro Miguel Lamet
Aparece en inglés mi biografía de Pedro Arrupe
Editada por IJS STUDIES de Boston (EE:UU;) acaba de aparece la traducción al inglés de mi biografía «Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del XXI»
Ya se puede comprar en España y la Unión Europea en:
https://gcloyola.com/jesuitas/3846-pedro-arrupe-edicion-en-lengua-inglesa-9781947617087.html
Pedro Arrupe : Witness of the Twentieth Century, Prophet of the Twenty-First
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Product Overview
The renown of few contemporary church figures has grown as much over time as that of the charismatic General of the Jesuits, Pedro Arrupe (1907-1991). Born into a bourgeois family in the industrial city of Bilbao, he studied medicine in Madrid, but after several years of study he left medical school to join the Society of Jesus, where decisive events awaited him. Expelled from Spain during the Republic, Arrupe was a citizen of the world by vocation and formation. During World War II he worked as a missionary in Japan, where he was accused of being a spy and imprisoned. He directly witnessed the explosion of the atomic bomb dropped on Hiroshima, and he used his medical knowledge to attend to the victims.

