«Hay que sufrir y ofrecerlo. Es la vida. Dios está más allá de todo. Mi vida es estar con Dios. Tenemos que ver a Dios en todo»
Juan Pablo II y Pedro Arrupe
«Lo único que queda siempre y en todo lugar, que me ha de orientar y ayudar siempre, aun en las circunstancias más difíciles y en las incomprensiones más dolorosas, es siempre el amor del único amigo, que es Jesucristo».
La comparación de las teologías de Arrupe y Juan Pablo II arroja luz para comprender la incomunicación de dos hombres de Dios, que conducirá a Pedro a la kénosis, el vaciamiento interior de nueve años de enfermedad, vividos de forma heroica.
Me confesó cuatro iluminaciones místicas en su vida: “Lo vi claro delante de Dios. Los jesuitas teníamos que dar ese paso. Fue algo precioso, bonitísimo” (lo decía con al rostro transportado).
Tenía conocimientos extrasensoriales de las personas. Casi todos los jesuitas se sentían percibidos y comprendidos antes de contarles nada.
Hoy se cumplen treinta años de la muerte de Arrupe. Se fue de este mundo precisamente el 5 de febrero, aniversario de los mártires de Nagasaki. de su querido Japón Cuando le visité en Roma, ya afectado por la trombosis para entrevistarle de cara a la biografía, vivía de la fe en medio de la marginación y desautorización de la Santa Sede.
A partir del 27 de enero está en la calle mi nuevo libro Para alcanzar amor: Igancio de Loyola y los primeros jesuitas. Hace veinte años escribí mi primera biografía novelada de San Ignacio de Loyola, El caballero de las dos banderas, pero centrada, como suele suceder, en los años más movidos de la vida del fundador de los jesuitas: sus tiempos de gentilhombre «desgarrado y vano», su conversión, sus años de peregrinaje. Ahora lanzo una novela histórica biográfica integral que engloba también los años más difíciles, los de la fundación de la Compañía de Jesús y su relación con sus compañeros, los primeros jesuitas.
TEXTO DE CONTRAPORTADA
El escritor Pedro de Ribadeneira, reconocido clásico de nuestra literatura, regresa a los ochenta y cuatro años de edad a su natal Toledo, y, a orillas del Tajo, evoca las peripecias de su larga vida: Desde el momento en que partió aún adolescente, como paje del cardenal Farnesio, hacia Roma, donde conocería casualmente a Ignacio de Loyola que, cuando solo contaba catorce años, le admitió en la naciente Compañía de Jesús. Eso le convirtió en su primer biógrafo y uno de los hombres que más trató y mejor conoció al fundador de los jesuitas.
Ahora en su ancianidad rememora la vida del fundador, sus raíces, su época airada de caballero, su conversión, los tiempos de peregrinaje, de estudios, de fundación junto a sus compañeros y los años de oculto gobernante de la orden que ya extendía su influjo por todo el mundo conocido. Se plantea además las dudas y críticas que algunos han vertido sobre su libro, escrito en el marco de los acontecimientos de la España de Felipe II, la reforma y la contrarreforma, y bajo el condicionamiento de los inicios del proceso de canonización del futuro santo.
Pedro Miguel Lamet viene a introducirnos también en los apasionantes hechos que enmarcan el nacimiento de la Compañía de Jesús, dentro del complejo ambiente político y social del Siglo de Oro, con su habitual amenidad y rigor histórico. Contrasta la personalidad de Ribadeneira, escritor sensible y algo quejumbroso, con la de Ignacio, provisto de honda armonía interior, amor apasionado a Jesucristo, e insólita capacidad de sintetizar la mística y el sentido práctico, cualidades que supo imprimir en la orden religiosa más eficaz y polémica de la Historia.
En el V Centenario de la herida y conversión que transformaron
ISBN9788491649748 – Fecha de lanzamiento: 27 de Enero de 2021 – Idiomas: Castellano – Género: Novela histórica – Formato: Tapa blanda – Editorial: LA ESFERA DE LOS LIBROS – Dimensiones: 23.5 x 15.5 – Número de páginas: 520
COMENTARIO
Pedro Miguel Lamet: «Para alcanzar amor»
Por David Cabrera
Lamet, Pedro Miguel: Para alcanzar amor. Ignacio de Loyola y los primeros jesuitas. La Esfera de los Libros, Madrid, 2021. 520 páginas. Comentario realizado por David Cabrera.
Este año 2021 comienza el V centenario de la herida y conversión que transformaron al gentilhombre Íñigo de Loyola. Será en Pamplona donde este hombre vasco, formado en la corte de los Reyes Católicos en la Castilla del siglo XVI, defendiendo la fortaleza recibió un cañonazo que le cambió la vida. Desde ahí, comienza todo un itinerario de conversión. Años después y, al vivir una experiencia profunda espiritual, fundará junto con un grupo de hombres la Compañía de Jesús.
Pedro Miguel Lamet es un reconocido autor de novelas históricas en las que narra la vida de santos. Al contrario de lo que otros hacen, modificar los datos para ensalzar al personaje, Lamet lo que ha hecho es darle voz a los protagonistas de la historia de este santo de Loyola para que podamos conocer con hondura y con realismo lo que es su vida. La voz principal la tendrá Pedro de Ribadeneira, uno de los hombres que más trató y mejor conoció al fundador de los jesuitas y su primer biógrafo. Este joven jesuita que se formó a los pies de Íñigo va relatando los hechos históricos de la vida del santo jesuita. La particularidad de esta obra se refleja en la veracidad de los hechos históricos que facilitan, de alguna manera, introducirse en la lectura más contemplativa para comprender lo que fue la figura de este hombre que fundó la Compañía.
No solo podemos destacar el entramado de relatos históricos de la España del siglo XVI, de los vericuetos de la Corte real y de los personajes que dieron lugar a unos hechos fundantes de la cultura y de religiosidad del momento. Además, el autor va intercalando textos de las cartas y de los escritos de san Ignacio y de los primeros jesuitas para ir conociendo de primera mano lo que supuso la fundación de los jesuitas.
Tiene también la particularidad de que no solo cuenta la vida de san Ignacio de Loyola en su complejidad, sino que relata hechos de los primeros jesuitas y de los primeros años de la Compañía de Jesús. Lo que estos hombres, valientes por Cristo, salieron a los caminos de Europa para transmitir el Evangelio de Cristo y asentar las bases de nuestra fe. Impresiona leer los hechos que se van describiendo en esta novela histórica sobre la andadura de cada uno de los primeros jesuitas, lo que vivieron por fuera tenía que ver con lo que habían vivido por dentro a través de la experiencia de los Ejercicios Espirituales.
Pedro Miguel Lamet describe con maestría la vida de este santo que nos puede ayudar hoy día a reflexionar sobre nuestra propia vida de fe. Aunque es historia y es mucho anterior a nosotros, se va reflejando la interioridad de un hombre que se convirtió para seguir un deseo, vivir la vida como la vida de Jesucristo. No se puede buscar un relato espiritual en este texto, porque no es lo que se pretende. Sino que se relatan hechos de una vida y de una historia que puedan ayudarnos a reflexionar a conocer internamente lo que san Ignacio conoció y vivió
El periodista y escritor presenta en RD su última novela, ‘La noche enamorada de San Juan de la Cruz’, publicada por el sello Mensajero del Grupo de Comunicación Loyola Más información en https://www.religiondigital.org/ y nuestras redes sociales.
En la memoria de muchos de nosotros, la festividad del Cuerpo de Cristo está unida a sensaciones infantiles de un día de sol, colores y olores inolvidables. El desfile de hermosas custodias, como las de Arfe, la ciudad engalanada, las fuerzas vivas de la Iglesia y la sociedad, el olor a flores, incienso y tomillo, los niños vestidos de primera comunión… ¿Qué sentido tenía entonces y tiene ahora esta solemne festividad?
1. Una fiesta separada de la mesa, y una procesión con aspectos sociales
No se comenzó a celebrar hasta 1246 en la ciudad de Lieja, y fue instituida para la Iglesia universal en 1264, frente a las herejías que negaban la presencia de Jesús en la Eucaristía. En realidad, venía a consagrar una nueva práctica, separada de la comida fraterna que, según los evangelios celebraba Jesús con sus apóstoles, particularmente en la cena de despedida de Jueves Santo. A partir del siglo VIII el sacerdote comenzó a “decir” la misa en latín, de espaldas al pueblo y en voz baja. Se centraba en el poder sacerdotal, la capacidad de “convertir” el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, más que en la participación activa de los fieles, como pueblo sacerdotal en la comida que perpetua su presencia.
Procesión del Corpus
Hasta el concilio Vaticano II no se recuperó el sentido originario de la celebración eucarística. Por otra parte, como el Jueves Santo era un día impregnado por el dolor de la cruz, se quiso subrayar el carácter de fiesta y alegría que supone la institución de la Eucaristía. Si a eso se añade, la unión de Iglesia y Estado en países como España, la procesión del Corpus se convirtió en un hecho social y un tanto oficial. Por ejemplo, los soldaditos tenían que madrugar, fueran o no creyentes, para cubrir la carrera de la procesión e hincar rodilla y fusil al paso de Cristo. Era uno de los tres jueves del año “que relucen más que el sol” hasta que el advenimiento de la secularización y la democracia suprimIera la fiesta laboral –a excepción de algunos lugares de tradicional raigambre como Toledo- y hoy en la mayoría de los sitios se celebra en domingo.
2. Una fiesta de común-unión
La liturgia nos propone a nuestra reflexión, un texto del Deuteronomio, considerado como el “testamento de Moisés”. Éste, en uno de sus discursos, hace memoria del pasado, donde Dios regaló al pueblo con alegrías y también sufrimientos que le hicieron madurar en el desierto como prueba para que confiara solo en Yahvé y le recuerda que “no solo de pan vive el hombre, sino de cuanto sale de la boca de Dios”. Hoy, en medio de nuestros desiertos actuales, como el de la desigualdad y la pandemia, frente a los panes del consumismo, el dinero, el sexo, la fama, el poder, que no sacian al hombre, sino que le dan más hambre, celebramos el Pan de Vida, que llena el corazón humano. Un pan que sintetiza tanto la persona de Jesús como el mensaje de su reino.
Tras el paréntesis que supuso su anterior trabajo, Deja que el mar te lleve (Mensajero, 2019), el jesuita Pedro Miguel Lamet regresa al terreno que más ha cultivado a lo largo de su ya dilatada trayectoria, el de la novela histórica. Y lo hace con La noche enamorada (Mensajero), la biografía del personaje más “complejo y misterioso” al que se ha enfrentado como escritor: san Juan de la Cruz.
¿A qué achaca esta personalidad tan insondable?
A sus tremendos contrastes: pobre de origen y millonario de espíritu; pequeño de estatura y el mayor místico de nuestra historia; sensual y asceta riguroso; casi autodidacta y el mejor poe- ta reconocido en lengua castellana; padre de la reforma carmelitana y perseguido por sus her- manos; querido y alabado por santa Teresa y un tanto olvidado por ella al final de su vida; doctor de la Iglesia y censurado; volcán de amor y após- tol de la Nada…
¿En la obra priman sus inquietudes históricas o una afición compartida con el morisco Nayim por la literatura mística?
Rahner dijo que el siglo XX fue el del hombre, y el XXI sería el de Dios. Ha llegado la hora de que la mística llegue en calderilla al pueblo. No me refiero a la New Age, sino a un anhelo muy profundo de alcanzar la Unidad del Todo. Aunque no mayoritariamente, la gente busca ahora la contemplación directa. En la España de los siglos XVI y XVII hubo una importante fusión de culturas, que en la novela están encarnadas por el morisco Nayim y el judío Isaac. Confieso que me acerca más a Dios la vía mística que la teológica.
Poeta, místico, teólogo, reformador… ¿Qué Juan de la Cruz sorprenderá más al lector?
El hombre y su insondable misterio: “Por toda la fermosura / nunca yo me perderé / sino por un no sé qué / que se alcanza por ventura”. Juan de la Cruz ama y canta a la belleza, pero la tras- ciende. El auténtico ecologismo ha de ser integral; no debe quedarse en la creación, sino en el vacío lleno que hay detrás de ella, en ese “no sé qué que queda balbuciendo”.
Estas páginas reivindican la permanente actualidad de sus versos. ¿El exceso de ruido de nuestras sociedades ha hecho que apreciemos hoy más sus silencios?
Nuestro mundo actual tiene muchas concomitancias con el Siglo de Oro, que vivió la primera globalización del imperio y el acercamiento a las Indias por las rutas del oro y las especias. Tiempo de aventureros, quijotes y santos. A todo estallido de poder y ambición sucede un hambre de silencio. La actual pandemia está relativizan- do nuestra sociedad del bienestar. Con el confinamiento, muchos han tenido que vivir unos ejercicios espirituales obligados y, al escuchar el silencio, redescubrir que en lo pequeño e imperceptible se oculta un secreto tesoro, lo mejor de la vida.
Su anterior novela es un relato “sobre la su- peración interior del dolor humano”. Parece una excelente compañía para este tiempo de pandemia…
Es una novela sobre la autoliberación de un periodista, que al regresar al hogar de su infan- cia se enfrenta con sus fantasmas y frustraciones, que vienen a ser los problemas de cualquier hombre de hoy. En el mar y los recuerdos de su hermana muerta recupera la paz. Algo muy de hoy, una búsqueda de Dios sin Dios, a través de perdonar y perdonarse.
¿Está aprovechando el confinamiento para poner en marcha nuevos proyectos?
¡Qué remedio! Aunque al no salir, paradójica- mente, cuesta más concentrarse. Preparo una novela histórica, más completa que mi anterior El caballero de las dos banderas, sobre Ignacio de Loyola. Un retrato no solo del peregrino, sino también del general, con motivo del V Centena- rio de su conversión, que celebraremos el año que viene.
Menudo y bajo de estatura, nadie hubiera podido imaginar que, bajo tan insignificante apariencia, se ocultaba posiblemente el mejor poeta de la historia de nuestra literatura y un ser humano que alcanzó las más altas cotas de unión mística. La figura de Juan de la Cruz fascina e inquieta al mismo tiempo por sus aparentes contradicciones: poesía sensual y sublimidad angélica, santidad y cárcel infligida por sus propios hermanos, asceta sobrio y dueño de una maravillosa libertad interior.
En esta novela histórica el mercader y poeta segoviano Pedro de Valmores, despechado por celos ante el abandono de su amante Ana de Peñalosa, emprende a caballo un viaje iniciático en busca de ese fraile, que considera la causa de todos sus males. En esa búsqueda emerge la compleja España de Felipe II, su política, su Inquisición, los iluminados, el papel del monarca en la reforma, los ataques de los bandoleros, la convivencia cultural con sabios sufíes y judíos, la vida cotidiana, la rivalidad entre carmelitas, y las veleidades de damas de la corte. Pero, sobre todo, la fascinante biografía de San Juan de la Cruz, junto a la andariega Teresa de Jesús, narrada con amenidad y rigor histórico, con un único y omnipresente protagonista: el amor divino y humano.
La influencia de los Jesuitas en la Iglesia Católica y en las sociedades civiles donde han ejercido y ejercen su magisterio, ha sido siempre relevante. Al superior general de la Compañía de Jesús se le ha tildado popularmente de «Papa negro», para significar claramente esa influencia histórica. Con la misma superficialidad, podríamos decir que ahora son jesuitas el «Papa negro» y el «Papa blanco», puesto que el Papa Francisco, procede de la Compañía. Siempre han destacado en los campos de la educación y la cultura, religiosa y laica, hasta tal punto que con la creación de colegios y universidades y su opción por la enseñanza, constituyen un valioso arsenal de «inteligencia», de la Iglesia. Por su irreductible compromiso, fueron expulsados del país, mas tarde rehabilitados y se han batido el cuero en Japón, América del Sur, Centroamérica con mártires incluidos y en cualquier parte del mundo, como fiel infantería eclesial.
Conozco muy de cerca a uno de ellos, el padre Pedro Miguel Lamet. Seguro que más de uno de ustedes lo conocen también, porque han leído alguno de sus 47 libros, tanto de poesía como biografías y novelas, de temática histórica y religiosa o sus columnas de opinión en «El País». Con tres licenciaturas, Filosofía, Teología y Ciencias de la Información y una diplomatura en Cinematografía, en la mochila, fue director de «Vida Nueva», la única revista religiosa que llegó a tener tirada como las grandes, por su interés informativo en un momento de cambio, como fue el Vaticano II. Ha sufrido con las secuelas de una enfermedad infantil que afectó a su movilidad y ha forjado su espíritu en las incomprensiones de algunos hermanos de fe, que no le han perdonado su coherencia vital, en unos tiempos convulsos de cambios interesados de camiseta. Ha tenido buenos escudos para defenderse, Teilhard de Chardin que ilumina su camino, San Juan de la Cruz, poeta del alma, el padre Arrupe, que es su brújula y del que fue biógrafo y su familia que siempre hemos estado a su lado. Nunca ha escondido lo que piensa, en un ejercicio continuo de transparencia vital. El Dios del Amor que predica Pedro con la pluma y la palabra, es lo transcendente en su vida. La luz de Cádiz, azulea en su poesía, siempre brillante, siempre profunda. Lo vi el pasado lunes, hablar durante una hora, frente a un auditorio que no pestañeó. Si en algún momento se sienten doloridos por dentro, lean su último libro, «Deja que el mar te lleve» o entren en su blog.
El próximo lunes día 14 de octubre pronunciaré una conferencia en el Casino Gaditano de la ciudad de Cádiz, a las 20 horas, presentado por el escritor Jesús Maeso de la Torre, con el título «Confesiones de un gaditano, escritor y Jesuita».
Será presentada mi última novela DEJA QUE EL MAR TE LLEVE, ambientada en tierras gaditanas.
Gracias a todos los amigos y paisanos que tenga a bien asistir