Cuando hablamos de amor solemos referirnos a la consecuencia, a la concreción del amor. Casi nadie se da cuenta de que el amor estaba ya dentro de mi como una antorcha secreta en el fondo de la cueva antes de que nadie, ni siquiera yo mismo supiera verlo.
Sólo cuando un día se abre paso al exterior, porque algo o alguien lo llama, sale de la cueva. Entonces solemos llamar amor a la manifestación del amor.
Es decir, caemos en la cuenta de que el amor existe en mi cuando lo movilizamos, cuando la antorcha se abre paso en medio de la oscuridad.
No sabíamos que el amor es la conciencia de unidad que está siempre en el fondo sin saberlo. Saber que soy uno con el universo es amor. Lo que llamamos amor es esa tendencia de la parte a juntarse con el todo; la necesidad de la antorcha de salir de la cueva para recuperar su identidad en la hoguera total.
En la gran ciudad, rodeados de cientos de miles de personas andamos muy solos, como sonámbulos, como sombras. Hiperconectados con internet, móviles, nuevos medios de comunicación, sentimos la gélida tristeza de no tener a nadie que nos quiera. Parece como si no hubiera nadie detrás del hilo o las ondas electromagnéticas. Pues bien, eso es mentira..
Repito: ¡No es cierto! No estoy solo. Alguien me escucha, me coge de la mano, me acompaña.
Lo he visto en el amanecer y en el fondo de la transparencia perfecta de un vaso de agua. Me falta mirar con atención.Si me fijo, ese «algo» está detrás del accidente del amigo y del abandono del esposo. Hasta en la muerte del hijo y el frío que me saluda la mejilla cada mañana. En los imperceptibles latidos del campo y cuando hueles una manzana y sorbes con los labios la espuma de la cerveza… ¿No lo notas?
Cuando esa energía cálida se te haga presente, la percibirás en el fluir de tus venas y en los viejos recuerdos del trastero; en el beso del ser amado y el seno oscuro de la noche. También, cuando estás sin nadie. ¿No lo oyes? Si dices, ‟¡qué vida esta!», es que no has mirado bien.
Si estás atento a tu corazón, escucharas una secreta fuente, ‟aunque es de noche».
Extraordinario parecido entre Pedro Arrupe e Ignacio de Loyola
El 20 de mayo se cumplen 500 años de la herida que transformó al gentilhombre Íñigo en el futuro Ignacio de Loyola. De la herida de bomba, que le tronchó la pierna derecha, mientras, de forma quijotesca y contra toda esperanza, defendió la desmochada fortaleza de Pamplona contra los invasores franceses y le llevó al borde la muerte, surgió una luz que dura hasta ahora. En la casa-torre de su villa natal y durante la convalecencia de la carnicería que le practicaron lo cirujanos, aprendió los dos sabores del alma que le llevarían al discernimiento. Vacío y desazón mientras evocaba las hazañas que haría por la “señora de sus pensamientos” y la paz y llenumbre que le alegraba el alma cuando pensaba en seguir a Jesucristo a imitación de la vida de los santos que acababa de leer en los libros que proporcionó su cuñada Magdalena de Araoz.
Tras un largo peregrinaje y las luces que, como “un maestro de escuela” Dios le iba dando en sus viajes a pie por España y Europa, nacería la Compañía de Jesús, desde los moldes de una sociedad a caballo entre el medioevo y el Renacimiento, los libros de caballerías y la primera globalización de los viajes transoceánicos, entre la sociedad feudal y el nuevo mundo cultural de Cisneros, Erasmo y Maquiavelo. Así supo sintetizar la mística y el sentido práctico, el Principio y Fundamento de sus Ejercicios (“En todo amar y servir”) y la eficacia intelectual de la Ratio Studiorum, la conversión de los Evangelios y el descubrimiento cósmico de la unidad de todo de la Contemplación para Alcanzar Amor.
La Historia de la Compañía es fruto de esa síntesis, con sus logros y sus defectos, pero con un indudable fruto: una legión de santos y una presencia eficaz de la Iglesia en el mundo de la teología, la misión, y la cultura.
Pero el mundo cambió y en el siglo XX surge Pedro Arrupe que, incluso con un parecido físico a Ignacio, lee su espíritu y sus Constituciones para el mundo actual, con su valentía de tender un puente entre Oriente y Occidente, el respeto y valoración de otras culturas mediante su “inculturación” y sobre todo la lucha por la justicia en un mundo desigual y desgarrado por las guerras, el hambre, el terrorismo, la injusticia social, las migraciones y el drama de los refugiados. Así la herida que arrojó luz y redescubrimiento del Dios-amor en el siglo XVI se abrió en el XX con el aliento profético de Pedro Arrupe hasta hoy mismo, con un espíritu que alcanza incluso hoy a la Santa Sede, con el providencial advenimiento del papa Francisco.
Por iniciativa de Rosario Tavares, portuguesa residente en Alemania, aparece este nuevo vídeo sobre Pedro Arrupe y su mensaje para dar sentido a la vida. De camino a su canonización, agradezco cualquier iniciativa para su conocimiento y difusión. Arrupe es una de las personas que más admiro y que mayor optimismo y esperanza contagian. Gracias.
La tarea de una vida es como la de un gran músico con su violín. Tiene que afinarlo para que alcance la gran armonía con toda la orquesta. Cuando suena así, a su tiempo, sin desafinar, contribuye al milagro artístico de la sinfonía.
Afinar el ego no es hacer mortificaciones, ni negarse a la vida, ni renunciar a nada. Es ser capaz de ir más allá de él mismo y observarlo. Cuando se armoniza con la sinfonía, él sólo se afina, ocupa su puesto con el acorde justo. Lejos de lo que mucha gente cree, esto no es un acto de voluntarismo.
Es dejarse ser, no poner trabas, perderse en el maravilloso poema sinfónico de la vida. Como un pétalo, un árbol, un valle, un ave, un insecto, un río o una montaña, el ego tiene también su papel en el poema del universo. El concierto se estropea cuando un instrumento se empeña en destacar en todo momento o cuando suena cuando no le corresponde entrar en la partitura. No hay como mirar a los ‟famosos», determinados políticos, modelos, periodistas, escritores y estrellas de cine que no paran de figurar. Es el ego ridículo que dice ‟aquí estoy».
Afinar el ego es hacerlo tan sutil que no estorbe con sus condicionamientos, que no son más que creaciones de su mente, y resituarlo para que deje ver.. y escuchar la armonía del resto del universo.
Hoy, fiesta de José María Rubio, SJ es un buen día para conocer su «secreto»
Se diría que con el padre Rubio Dios quiso romper su propia baraja, pues como él mismo decía, el Señor “es muy amigo de que no se pongan tasa a sus obras”. Muchos se preguntarán: ¿El padre Rubio no es de otra época? ¿De qué puede servirme la experiencia del nuevo santo José María Rubio para mi propia vida? La respuesta es esta: seguir su camino sencillo hacia la felicidad. He aquí en seis pasos en qué consiste su manera de vivir el cristianismo.
Hacer lo que Dios quiere. ¿Y qué quiere Dios de mi? Dios te lo ha dicho y te lo dice a través de su hijo Jesús. Lee la palabra de Dios y sentirás dentro de ti cuál es esa voluntad de Dios sobre tu vida en concreto. Rubio pensaba que cada cristiano tiene su propio camino que hay que respetar.
. Querer lo que Dios hace. Dios transmite también su voluntad a través de los acontecimientos. Algunos pueden cambiarse, otros no. En todos ellos Dios me habla. No puedes cambiar la muerte de un ser querido o una catóstrofe, algunas enfermedades, etc. Entonces “quiere lo que Dios hace” y permanece en paz. “No busco más que cumplir la voluntad de Dios”, repetía José María.
Contempla a Jesús; vaciaras tu corazón y te llenarás de Dios. Él obrará en ti maravillas. Era el gran secreto del padre Rubio, vaciarse de sí mismo hasta el punto de que la fuerza de Dios pasara por él. Y eso él lo hacía “contemplando la humanidad de Jesús”, focalizada sobre todo en su Corazón, “camino, verdad y vida”.
No nos equivoquemos. Un día puedes tener un resplandor de luz. Relativizas el trajín de cada día y te dices, ‟la vida es otra cosa». Pero desengañémonos, mientras vivimos, no podemos prescindir del personaje que estamos representando en el Gran Teatro del Mundo. Y a veces llegamos a creer que somos realmente ese personaje, el ego pequeño: el futbolista, el ingeniero, el funcionario, la seductora, el poeta o el albañil.
No hay teatro sin personajes. Tenemos que interpretar algún papel para vivir, si no, estaríamos muertos. Cualquier día te das cuenta y dices: ‟¡Caramba si era sólo un papel!» Eso ocurre, cuando te apercibes de que llevas una máscara, un disfraz. Y cuando te has fundido con algo que trasciende lo anecdótico, un fuego impersonal que quema el ego, descubres lo que realmente era: un pensamiento, un sueño, un parpadeo en la pantalla de cine.
SOÑÉ CON SER TU MARINEROSoñé de niño ser tu marinero
y cruzar por los mares de la vida
sin más norte que esa tu luz que anida
en el sol que acaricia a mi velero.
Quise alcanzar la gloria prisionero
de mi poder, mi fuerza y mi partida,
sin comprender que estaba ya perdida
por llevar el timón tan altanero.
Ahora en el atardecer descubro
que nunca mi bogar fue de mi mano,
que no alcancé más puerto que la brisa
en la frente, y ese horizonte hermano
hacia un mar que me lleva y que columbro
para anegarme entero en tu sonrisa.Pedro Miguel Lamet
El niño duerme, el mar está bravío. Las olas braman, la madre vela sus sueños. Así mi vida. El mundo que nos rodea se encrespa con noticias inquietantes: pandemia, guerra, hambre, paro, crisis de valores, inestabilidad mundial, amenazas económicas, miedo al futuro. Pero Dios padre y madre vela mi sueño.
“Como un niño en los brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí!” (Salmo 131) Y Él me canta:
NANA DE LA ETERNIDAD
Duerme mi niño, que la vida es buena,
tu cuna es una barca que yo te mezo
y el viento de este mundo sólo es el beso
que posa en tus mejillas toda la Tierra.
No llores ni te inquietes, solo contempla
todo ese mar profundo que llevas dentro.
Pedacito de mí, tu alma anda llena
del amor infinito de los pequeños,
pues quise andar sobre él en la galerna
y dormir en la popa con el mal tiempo.
Ni el dolor ni la muerte te darán pena
Descansa en mi del todo, siéntete eterno.
A la nana nanita, nanita ea.
Que mi niño se duerme bendito sea.
Pedro Miguel Lamet
Hoy descubro esta reseña en vídeo de mi novela histórica «El retrato secreto de Jesús de Nazaret», escrita por Sergio Redondo, comentarista que no tengo el gusto de conocer. Pero, como se trata de un buen resumen de la novela, lo dejo aquí por si a alguno que no la conozca le interesa. Gracias, Sergio. Gracias a todos mis lectores