Siempre hace buen tiempo

All posts by Lamet Moreno Pedro Miguel

Los diez mandamientos del 11-S

  1. No creerás en el dios todopoderoso del mercado salvaje y del consumo sin entrañas.
  2. No creerás en el dios de la destrucción y la muerte que guía todo ciego fanatismo.
  3. No te sentirás seguro nunca más por construir torres financieras y soberbios imperios económicos.
  4. No te sentirás predestinado a nada volando a sangre y fuego, que quien a hierro mata a hierro morirá.
  5. Descubrirás que el agujero del vacío y hasta el hueco de los escombros está mucho más lleno que la arquitectura del poder sin entrañas.
  6. Descubrirás que el odio terrorista está cavando más y más la inmensa fosa que hunde y divide a los aterrorizados hombres de este siglo.
  7. Despertarás al calor de los otros, gracias al dolor que te ha hecho más humano, en medio del frío desolador de rascacielos como témpanos.
  8. Despertarás de la mentira de un falso paraíso con que envían a la muerte a sus mártires todos los locos fundamentalistas de este mundo.
  9. Creerás de una vez que en la fragilidad está la auténtica fuerza y que sólo de los pobres es el reino de los cielos.
  10. Esperarás únicamente en el Dios del amor y de sus predilectos, las víctimas y los pequeños de este mundo, que no saben de dinero, ni razas, ni religiones.
  11. Estos diez mandamientos se encierran en dos: Cualquier atentado o guerra se vuelve contra el hombre, único Dios visible;y jamás habrá paz duradera en este mundo sin el cultivo de la justicia.

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La caboverdiana

 

Por fin se le ha hecho caso en Madrid a Cesaria Evora, la cantante caboverdiana que parece arrullar al mundo con sus melodías entre africanas y portuguesas, a medio camino entre Edit Piaff y Amalia Rodrigues. Surgida de la pobreza de un país pequeño sin agua, al principio sólo se la oía en los cafetines de Mindelo. Hoy esta negra de sesenta años es como una abuela universal que canta su nana a una sociedad trepidante.

Su vida parece arrancada de una novela de aventuras. De la miseria a locales repletos de marineros, donde cantó una noche para un portugués que la dejó preñada y al que nunca volvería a ver. Que no tiene miedo a la muerte porque dice que «es lo más verdadero que sucede en la vida»; que cree en Dios aunque no lo ve, pero lo siente; y que cuando le achacan que no ha tenido suerte con los hombres, responde que es al revés, son ellos los que no la han tenido porque «se han quedo sin Cesaria Évora».

Cuando sube a un escenario, canta como si estuviera en el cuarto de estar, cosiendo o planchando para una gran familia. Sus canciones se dirían escritas para gentes con otra dimensión del tiempo, que no saben odiar, y jóvenes que aman la vida. Por eso, como una madre, les aconseja con una sonrisa: «No bebed alcohol, no drogaros, amad de corazón y estudiad para ser grandes personas».

Esta negra descalza ha visto muchos barcos partir, ha sufrido la escasez y la soledad, y no por ello perdió nunca humor y cariño. Asegura que canta para los que están solos, sin amor, y lo hace a la medida de todas las nostalgias. Algunos lloran al oírla. A mi me trae paz y el murmullo del mar lejano.

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A una letra

Cuando escribes, tu letra se parece a tu calma
al colgar la ternura de la mórbida erre
y al achicar los nombres hasta el mismo tamaño
de la voz de retoño con que pides, preguntas.
Es tu letra un riachuelo, peregrino de mares,
un manantial que brota sin pedirte permiso
de un oculto venero con verdades antiguas.
Son amigas del orden tus graves consonantes
y la vocal te nace con olor a violeta.
Se desparrama un mundo en tus eses finales
y todo se hace limpio cuando escribes un punto.
Déjame que acurruque mi dolor en tu letra
y que subido al cuenco de la uve graciosa
escudriñe el misterio de esas olas marinas
con que las emes caen rendidas en la arena.
¡Qué mimado misterio ocultan tus palabras,
esas flores azules de tu tinta secreta!

(De Las palabras pequeñas, 1992)

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Se morirán las tardes

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Se morirán las tardes

detrás una de otra
y caerá sobre el mar
la violeta quietud
que troncha
las palabras,
Pasará aquel anciano
reclinado en su asno
sobre el trote de un tiempo
con arrugas de huida.
Volverá la penumbra
a acostarse en el valle,
y vendrán de la playa
los ecos de lo antiguo.
Y andándote el camino
del amor sin pisadas,
tu nostalgia se irá
añorando en las olas
aquel mirar silencios…
Se morirán las tardes
detrás una de otra.

(De Del mar y el peregrino,1972)

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Hoy el Po copia reflejos

Hoy el Po copia reflejos
de una tarde italiana
que gris y rosa se va
con el pálido claror
de una mejilla de niña
que se descubre muchacha.
Los árboles se adivinan
ya negros sobre un paisaje
de tibios verdes y ocres.
Vienen detrás las montañas.
La luz se va con el río,
y me sueño allí uno más:
uno sin tierra y sin casa,
que ha descubierto en la tarde
los secretos de su alma.
La piel trémola del aire
también se lleva los versos
y unas lluvia evanescente
borra el Po de mi ventana.

(De Los cuadernos del nómada,1976)

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De la boca asombrosa de la nada

DE la boca asombrosa de la nada,
que era el eco de un Alguien
en busca de su espejo
había estallado el mundo
como un cuadro. Ni pincel ni color.
Algodones de nubes poblaron el azul
y un perfil encrestado de montañas
se alzaba sin un nombre, una voz, un destino,
la entrañable mirada que los llegara a ser
definitivamente.
Las frutas aliviaban el verde de los árboles
rezumándose inútiles
en espera de labios,
y el mar, desde las rocas
a nadie había amado aún.
Dios silbaba en las ramas de los chopos
arias de solitario
y reía, escurriendo silencios,
en el nadar incierto de los peces.
0 era un trino de
pájaros no oídos
o sorpresa ausentada de la nieve,
o brisa juguetona por los pétalos
que nunca nadie olió como a perfume.
Todo el mundo era un huérfano
carente de palabra.
Huían los caminos sin sentirse caminos.
Soñaba la madera con
transformarse en silla, en porche,
en la mesa redonda con un jarro de flores
que mira a la ventana,
o en el arca con sombra
por cobijar al lino,
que aún pendía,
añorando el calor de una piel,
del frágil ser del tallo.
Era el mundo un edén
sin el temblor de un dueño,
un bosque sin pisadas,
el hueco de un vacío sin tan siquiera el verbo
soledad,
brillante alumbramiento
para nadie.
El Creador se asomaba
acodado en el marco
y, después de un suspiro, se decía:
«Es hermoso el retrato, mas le falta
el brillo de los ojos».
Caía todo el ser en búsqueda del tiempo.
Moría en sí el espacio
perdido en el deseo de alcanzar
su conciencia. « ¡Qué sola -dijo Dios
es la pura belleza! »
«Vengamos de algún modo
a gozar de la sombra de los robles
en las tardes de sol
y a dejar, con el paso, una forma de huella
en la arena mojada de las playas;
a engendrar con las piedras los hogares
y a poblar a la noche
de canciones.
Que el jilguero se adorne con la risa
y el haya se haga cuna
y la rosa, recuerdo de la ausencia.
Inclinose el Creador,
miró su Ser
copiándose en la paz de las aguas.
Cogió en su mano tierra
y sopló hacia aquel mundo
sus sueños infinitos.
Cuando Adán despertó,
un azul transparente vibró en la savia oculta
de las cosas.
Ascendió a la montaña,
se deslizó en la ola
y en el nervio secreto de los árboles.
Un pedazo de El se paseaba nombrando al universo.
Había amanecido.
«Ya tenemos espejo»,
exclamó el Hacedor
sentado en su tertulia trinitaria.
«Que sepa el hombre ahora
del gozo de mirarse
prolongado.»
Y tomando su forma, dejó surgir
lo otro a la medida misma
de su sueño. «Serás como la loma
redondamente tibia
o la orilla de mar y el pecho reluciente
de paloma. Serás ella,
para que Adán se abra al abismo del tú,
su mitad mejorada
y sepa al contemplar sus ausencias.»
Eva abrió las pestañas
igual que la obertura de una gran sinfonía.
Y Adán supo que el mar, la lluvia entre la hierba y el rugido
del viento, tendrían para siempre
un deje de infinito.
Besó una mano a Eva
rompiendo con su beso el límite sabido
de las cosas.
«Ya sé, Señor, que soy.»
En el umbral ardiente de su abrazo
sembraba ya su herencia,
el mundo iluminado.
Una sombra le urgía:
«Ve a poseerlo.»
Y otra íntima voz:
«Sé solo, sé, y contémplalo.»

(De Génesis de la ternura,1986)

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Paseo

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HAY una luz en el claustro. Es un
aliento del sol en las rendijas del
ánimo.
La sombra se alarga hundida en
los arcos ojivales, dejando el
alma colgante
de la tarde lacerada, roja y malva
en los cristales. Vago con Dios a
mi espalda.

(De El alegre cansancio, 1960)

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15 diás contigo

Neorrrealismo andaluz

Pequeña película grande  centrada en la otra cara de la sociedad del bienestar y que refleja casi sin concesiones y con  proximidad  la marginación de los sin techo desde la inmersión intimista  en  una realidad de  contrastes.

Quizás con el tiempo se pueda llegar a decir que ha surgido una especie de neorrealismo andaluz, un cine del pueblo y a ras de calle que toma el pulso al submundo de la ciudad del bienestar y lo hace en un tiempo en que el espectador medio prefiere mirar a otro lado, el que le muestra el cine de evasión, sea  a través de la superproducción espectacular o el cine de impacto morboso.

Jesús Ponce, nacido en el corto y la televisión y en la escuela de Zambrano –trabajó con él en “Solas”- se ha tirado con la cámara a la calle en busca del mundo marginal de los gorrillas aparcacoches, los yonquis, los drogatas, expresidiarios y sin techo. Pero lo ha hecho desde dentro, sumergiéndose en la vida íntima de dos de estos protagonistas de la marginación.

Isabel, recién salida de la cárcel, quiere rehacer su vida. Es una mujer de corazón limpio y llena de dignidad, que, víctima de una infancia desgraciada, se ha visto abocada a robar en supermercados y pretende trabajar. Su pequeña odisea, desde conseguir un cubo para limpiar como “autónoma” escaparates de tiendas, se cruza con la de un viejo amigo, Rufo, en fase muy avanzada de la drogadicción. Entre ellos se establece una relación afectiva de mutuo apoyo y limitada compañía en la intemperie más literal: no solo carecen de techo y viven en la escasez, sino que incluso de relación sexual, dada la situación física de Rufo. Aunque  pronto se masca la tragedia del deteriorado drogata, se establece entre ellos una complicidad y un amor gratuito que se desliza en los pequeños detalles de cada día, atravesados por la urgencia de conseguir algunos euros, él para pincharse y ella para comer o pagarse una habitación y dormir y ducharse una noche a la semana.

Ponce consigue en su opera prima un cine de proximidad, que va creciendo desde una imagen distanciada, que al principio retrae al espectador, como siempre repugna la miseria, y acaba envolviendo en la intimidad de seres que vemos todos los días y no conocemos. Esta inmersión es el principal mérito del film.

Detrás, por sugerencias mínimas –anuncios, objetos en los escaparates, los dueños de las tiendas cuyos cristales limpia Isabel y los propietarios de los  coches que aparca Rufo- se adivina el otro mundo, el de la sociedad del bienestar, el de los viajes, las cremas de belleza, la chulería sin entrañas del “señorito”. También la frialdad y la violencia soterrada de la ciudad establecida. Pero sin maniqueísmos, pues no faltan personajes puente entre ambos mundos, como la dueña del “todo a cien” y el chico del bar.

Y todo desde un cine encarnado. Se desarrolla en Sevilla como podría desarrollarse en cualquier parte. Pero esta opción es importante porque hace aterrizar,  se nota en el habla andaluza  y hasta en la manera de ser de los personajes secundarios. Isabel Ampudia tuvo que pasarse varias semanas aprendiendo el acento en la calle para alcanzar una soberbia interpretación de un típico  “ángel desde el cieno”, que recuerda a personajes de Fellini, Rossellini o Marco Ferrari. Sebastián Haro, secundario de “Mar adentro”, presta dignidad al personaje del pobre diablo charlatán, desvalido y solitario con gracia, credibilidad y soltura.

Pequeña película grande pues, centrada básicamente en dos personajes que reflejan casi sin concesiones la apremiante realidad. Y digo casi, porque el film paga un tributo a la conciencia un tanto atormentada del espectador –que encuentra también respiro en rasgos de humor muy  andaluces a lo largo del metraje- con un final feliz y un pic-nic  o  leve escapada al buen vivir para liberar a los personajes antes del desenlace. Pero hay que reconocer que aun  esto  no está del todo injustificado, si se tiene en cuenta que el lado angélico de Isabel está pidiendo en el guión todo el tiempo y a voces alguna redención.

Hoy se habla poco de cine social y menos de realismo  cotidiano. Las grandes denuncias son efectistas o grandilocuentes, como el cine antibélico de Spilberg o algunos aguafuertes a lo Ken Loach. Este film nos devuelve al cine de lo diminuto y trivial, a una mirada que parecía perdida con “Ladrón de bicicletas” o “Los cuatrocientos golpes” y si se quiere en el primer Berlanga al menos en el planteamiento y la intención, ya que ha cambiado mucho el lenguaje y la expresión, claramente influenciada en Ponce por su experiencia televisiva. Un rasgo muy peculiar es la mirada de cintura para abajo del mundo, como estos personajes no alcanzaran a poder ver más.

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P: Bailando en la Luna, Baliet Zinea, y Jaleo Films, España 2005. D. y G.: Jesús Ponce. P.E. : Fernando de Garcillán, Álvaro Alonso y Juanjo Landa. I.: Isabel Ampudia (Isabel), Sebastián Haro (Rufo), Mercedes Hoyos (Manuela), José María Peña (Camarero), Pepa Díaz Meco (Monja), Manolo Solo (Indigente), Joan Dalmau (Recepcionista hostal), Manolo Caro (Carrión). M.: Víctor Reyes. F.: Daniel Sosa. M.: Fernando Franco. V.: Concha Rodríguez y Sole Molina. D.:Solida Estreno en España: 22 Abril 2005.

 

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La dama de honor

Suspense psicológico

De nuevo Chabrol nos sumerge en el thriller de lo cotidiano y de la pequeña burguesía establecida, que se ve de pronto revuelta e interpelada por el crimen. Esta vez también por la fuerza alienante de la  sensualidad. Entre el drama psicológico y la ironía cínica descubrimos seres apasionantes y misteriosos, escondidos detrás de la vulgaridad de una boda provinciana.

Chabrol es una leyenda, uno de esos nombres que con Rohmer, Godard, Truffaut crearon aquella manera de ver cercana y rompedora que fue la Nouvelle Vague. Con más de cincuenta películas y setenta y cinco años este maestro permanece incombustible y joven, realizando films a la vez asequibles y desentrañadotes, siempre entre el thriller y el drama psicológico,  entre la crítica social y la ironía demoledora.

Algunos le han acusando de haberse entregado al vil metal, involucrando a su familia –salen cuatro Chabrol en los títulos de crédito- y quedándose en la mera repetición de una fórmula que funciona: el drama policíaco en el ambiente pequeño burgués. Pero la verdad es que, cuando uno es un maestro, puede hacer lo que le dé la gana. En el arte importa el “cómo” más que el “qué”, y Claude Chabrol domina la realización, la dirección de actores y la magia del cine.

De nuevo nos introducimos en una familia de provincias, esta vez en casa de una mujer separada que vive con sus tres hijos, dos chicas, una a punto de casarse, otra con problemas típicos de la juventud actual y un muchacho, hijo modelo, sencillo y agradable que ha comenzando a trabajar como vendedor inmobiliario. Este, llamado Philippe (Benoît Magimels), es atrapado por la mirada misteriosa y las formas sensuales de la dama de honor de su hermana, durante la celebración de la típica boda de provincias, cargada de tópicos. La enigmática joven, llamada Senta (Laura Smet) tiene un extraño parecido con un busto que la familia tenía en el jardín y que su madre (Aurore Climent) había regalado a su vulgar pretendiente que no acaba de decidirse. La dama de honor, además de una fogosa amante, oculta un extraño pasado y al parecer una doble identidad no integrada.

El film, basado en una eficaz novela de Ruth Rendell, desarrolla la irrupción de lo nuevo en la vida de un “buen muchacho”, que se siente a la vez erotizado, intrigado y sorprendido por una mujer de conciencia insondable y de decisiones imprevisibles.

Chabrol cuenta con maestría y con ese amor a la cotidianeidad que caracteriza al mejor cine francés. ¡Qué bien se abren las puertas y se transitan los pasillos en estos films en los que aparentemente parece no pasar nada!

De nuevo en Chabrol los criminales son gente como tú y como yo, gente que, como ha dicho Chabrol “necesita rebelarse”. El suspense en este lúcido director francés no proviene de no saber quién es el asesino o qué le va a pasar a la víctima, sino del descubrimiento de los personajes, sus historias,  de cómo son en realidad o qué les hace comportarse de esta manera. Y eso que en esta ocasión ha acudido a jóvenes actores, pero ya con un éxito consolidado: Benotit Mimel, que “Los ladrones”, de Téchiném en “La pianista” de Hanek y en “La flor del mal”, del propio Chabrol; y Laura Smet, conocida en Francia por un par de peliculas.

El resultado no es una obra maestra ni un film definitivo, pero sí una obra que, como casi todo lo de Chabrol, te deja satisfecho, con un regusto a cine bien hecho y lleno de preguntas: ¿Qué es antes la acción o el pensamiento, la estatua o la amada? ¿Dónde comienza la culpabilidad y dónde termina la infancia infeliz? ¿Pide el amor la prueba de la muerte? ¿Son locos en realidad los que parecen cuerdos? ¿No es vulgaridad y desidia lo que a veces llamamos bondad y orden preestablecido?

Lo que sobre todo crea este film en el espectador es inquietud. Como las puertas que se abren y cierran rápidamente en la comisaría. O como el sótano donde vive Senta, el mendigo que le repugna y su madrastra y la profesora de tango. La tragedia existe desde el principio, nosotros vamos abriendo las cajas,  y fuera casi no ha pasado nada. Estamos atrapados, parece decirnos Chabrol y cuando surge lo imprevisible en una sociedad de orden, se produce la destrucción. El arte aquí es desentrañar el alma misma de la vulgaridad. Y en ella hay una tremenda ironía: el crimen parece un chiste, una broma en medio de una boda provinciana. ¿O es Chabrol el que se ríe de nosotros?

T.O.: La demoiselle d’honneur, Francia y Alemania, 2004. P.: Antonio Passalia, Patrick Godeau y Alfred Hürmer.G: Pierre Leccia y Claude Chabrol; basado en la novela de Ruth Rendell.D: Claude Chabrlol F:Eduardo Serra.M: Matthieu Chabrol.Mon: Monique fardoulis. I: Benoît Magimel (Philippe), Laura Smet (Senta), Aurore Clément (Christine), Bernard Le Coq (Gérard), Solène Bouton (Sophie), Anna Mihalcea (Patricia), Michel Duchaussoy (Vagabundo), Suzanne Flo(Sra. Crespin), Eric Seigne (Jacky), Pierre-François Dumeniaud (Nadeau). Dis: Nirvana.Estreno:.Francia: 17 Noviembre 2004.Madrid 8 Abril 2005. 1,50 min.

 

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El aventurero de Dios

Texto de Contraportada

Un judío converso que huye de la Inquisición se encuentra en Lisboa con un intrépido joven llamado Francisco de Javier. Gracias a este personaje conoceremos los viajes y travesías casi sobrehumanas del santo que será llamado «el gigante de la historia de las misiones».
El protagonista de esta narración nació en 15o6 en el castillo de Javier, en Navarra, entonces independiente de Castilla. Sus hermanos lucharon en la toma de Pamplona, defendida por Ignacio de Loyola, quien más tarde convencerá a Francisco para que se sume a la naciente Compañía de Jesús.
Ese encuentro transforma su vida. Se embarca en una de las naos que entonces hacían la Ruta de las Especias y emprende su gran sueño: propagar la fe cristiana por las ignotas tierras de la India, Indonesia y Japón. Se transforma así en un verdadero aventurero de Dios que termina muriendo en soledad a las puertas de China, con cuarenta y seis años de edad.
Los viajes y hazañas de Francisco de Javier parecen inconcebibles hoy: uno de cada tres días de su vida lo pasó navegando. Solía decir: «Si no encuentro una barca, iré nadando». En medio de tempestades, piratas, capitanes corruptos, climas infectos y otras mil dificultades y privaciones, se mantuvo firme en su ideal. Sus cartas se convirtieron en crónicas de primera mano que se leían con avidez por toda Europa.
Esta novela recoge, quinientos años después de su nacimiento, la aventura espiritual y humana de un hombre extraordinario. Un relato en el que no faltan valientes pescadores de perlas del sur de la India, eruditos monjes zen del misterioso Japón, las miserias y ambiciones de comerciantes, soldados y gobernadores… Sus páginas recrean el complejo mundo del siglo XVI: la vida cotidiana, la política, el comercio, la navegación y el encuentro intercultural y religioso de Europa con aquellas tierras desconocidas.

Contenido

 

I.            La hoguera de Lisboa
II.           La corte de «El Rey Piadoso»
III.          El muelle de las lágrimas
IV.          Alta mar
V. El cementerio de los portugueses
VI.          El castillo de Javier
VII.         En guerra con Castilla
VIII.        De Socotora y París
IX.          Lisboa de Ultramar
X.           La más dura pasta
XI.          El hombre de la campanilla
XII.         Por tierras de Lutero
XIII.        Los pescadores de perlas
XIV.        Compañeros de Jesús
XV.         El tesoro de la pagoda
XVI.        Poderes de este mundo
XVII.       La matanza de Manár
XVIII.      Tumba de Santo Tomás
XIX.        La puerta de las especias
XX.         El cangrejo y la cruz
XXI.        Islas de esperar en Dios
XX1I.      Nuevos horizontes
XXIII.      Dos virreyes
XXIV.      El país de Anjiró
XXV.       El «rey» del Japón
XXVI.      Entre Deus y Dainicbi
XXVII.     El gran sueño de China
XXVIII.    La peste de Malaca
XXIX.      Ocaso en Sancián
XXX.       El cielo de Lisboa
Apéndice.
Fuentes e historicidad de este libro

Para saber más sobre San Francisco Javier haz un «clic»

Presentado «El aventurero de Dios«
Comentarios y recensiones
Espectáculo en vivo sobre Javier

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