CONSOLACIÓN
Detrás de mí, como una caracola
que me sonara a mar y a un sentimiento
de algo lejano traído por el viento,
una nube de ti vino en la sola
soledad, con que al despedirse inmola
la sangre de la tarde su momento
y se duerme de pronto el descontento
como la brisa acuna a la amapola.
Era un beso de fuego, una mirada,
la caricia sutil de una presencia,
una fuga del yo que se enamora,
un hueco de la luz desde la ausencia
que al sentirse vacía es liberada
si sabe que es el Todo sin ser Nada.
Pedro Miguel Lamet
SABIDURÍA DE VIERNES SANTO
Enséñame a morirme cada día
porque sigo enganchado a la creatura
y tengo miedo a esa noche tan oscura
en que deje este mundo y tierra mía.
Tengo miedo al desagarro y a la fría
soledad de quien triste se apresura
a romper con el tiempo que no dura
y a ignorar si le espera la alegría.
Desde tu cruz, enséñame el camino
para vivir muriendo a la apariencia
y amar lo que respira entre las cosas
que así hallaré por ti un sabor divino
y la luz que trasciende toda ciencia
en el secreto oculto de las rosas.
Pedro Miguel Lamet
A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Para seguir tus pasos de aventura
y desterrar del mundo la tristeza,
quiero heredar un gramo de tu fuerza,
hermano en el ensueño y la locura.
Quiero embriagarme de tu desventura,
contigo cabalgar y con llaneza
desfacer el entuerto y la flaqueza
que empañan de injusticia la hermosura.
Quiero contigo alzarme a lo imposible,
volverme niño, salvar a Dulcineas,
matar molinos, conquistar aldeas
y cuanto pide al alma la esperanza;
sin que de tanto atarme a lo visible
me vuelva cuerdo como Sancho Panza.
Pedro Miguel Lamet
Queridos amigos y seguidores: Cuando brillan tantas luces de fulgor comercial y el olvido de la Navidad auténtica en nuestra sociedad de consumo, os envío un abrazo desde la fragilidad de Belén y os felicito a todos de corazón con este soneto:
DEVUÉLVEME A MI NIÑO
Con el paso que pesa de la vida
me he ido haciendo un adulto irreparable,
silenciando en mi ser que algo me hable
de esa palabra secreta más querida,
esa tu voz que sin saberlo anida
en lo hondo de mí, tan insondable,
que entre tanta hojarasca desechable
he dejado en la sombra preterida.
Para nacer contigo y tu mirada
devuélveme a ese Niño que se ha ido,
acércame a Belén y su alegría
y hazme sitio en tu cueva, despojada
de vanidad y orgullo endurecido,
para escuchar la nana de María.
Pedro Miguel Lamet, SJ
Porque he nacido y aún estoy presente
en este mundo de sombras y misterio,
como un soplo de nube y de penumbra,
tiemblo por ser y solo me pregunto
a dónde voy y por qué no entiendo
a qué vine a vivir tan de repente.
Respiro. No hay otra respuesta.
Soy aliento de algo que respira
dentro y fuera de mí; parte soy
de ese gran poema que sueña en cada cosa,
de una ausencia mayor que me sostiene,
de un gran vacío que se antoja lleno,
de un amor que me busca y se me escapa.
No me puedo abarcar, mas soy tan solo polvo.
Soy el ahora de un ayer fugaz,
y siempre me estoy yendo.
Soy el viaje que no tiene retorno
y chispa de una luz que no se mueve.
No me entiendo, ni nadie me lo explica.
Nada soy, más de algo ando muy cierto:
que alguien me habita y nunca estuve solo.
Pedro Miguel Lamet
NOCHE INFINITA DE VERANO
Ahora que tibiamente en mi ventana
regresa con la noche del verano
el canto de los grillos y el temprano
susurro de una fuente tan cercana,
escucho desde el mar aquella nana
que acunaba mi sueño tan humano
de navegar contigo y de tu mano
al infinito sol de la mañana.
Han pasado los años y los días,
me he arrimado a este mundo pasajero
de ruido, poder y desconcierto,
y al besarme la noche del estío
descubro que no voy a ningún puerto
pues soy tu mar, tu sol y tu velero.Pedro Miguel Lamet
Le buscaba la voz como una antorcha
en la garganta oscura de la estancia,
con el sabor a tiemblo que amanece
allá en el blanco amor de adolescencia.
Y mis pies conservaban aún
todo el aroma sutil
de aquella seda:
cabellos de mujer, misterio de la noche
derramada.
Amar a veces es decir me dueles.
Te espían mis sentidos por el hueco
pasillo del recuerdo,
la cueva de lo ignoto que desande
preguntas aún suspensas de la infancia.Eran sus manos las alas de un deseo
que había llegado a ser desvencijado amor
sin nombre, mil veces derramado
en un sabor a esquina, a asco, a beso
por denario.
Eran la bruma azul
con que el sueño dibuja los adioses
y Dios se hace tejido y primavera.
¡Y cómo eran de puras las palabras
que lloraban sus ojos en mí recién nacidos
como coplas, quejidos de lo eterno!
Escuchar era el agua de un arroyo
que nacía de dentro buscando el manantial.
¡Oh pámpanos antiguos, que vuelven
a la vida!
Me gustaba aquel nombre con son de bajamar
y el timbre de sus labios quebrándose en la tarde
al pronunciar "Rabboni",
mientras el Padre andaba
asomado a los lagos perfectos de sus ojos.
Me gustaba mirararla, caminar en la noche
con su paso de niña que no pesa,
blanca huida de risas que se esfuman
desde el quicio vibrante de un tiemblo de palmera.
¡Qué frágil la blancura del aire de su manto!
Era el amor así espejo de mi Espejo
y yo tan solo el Hombre.
¿No es hermoso ser hombre solamente?
La voz puso el amor al borde del abismo
y el sueño estaba en hora con mi asombro.
Pero no pude ser solo un israelita
enamorado
y amar con ese amor de solo un hombre...
Había que andar de nuevo aquel camino
y cubrirlo de sangre.
¿Se escurrirá el perfume entre mis dedos
para ser todo el Hombre con mi hombre?
Aun con la muerte cerca su voz me golpearía
en los oídos, oliendo a Jericó sobre los pies llagados:
¡Rabboni! ¡Maestro mío!
Y en cada golpe clavándose aquel verso:
"Amar a veces es decir me dueles".
Pedro Miguel Lamet
¿Cómo rimar un sueño en un instante
y componer el verso de una vida,
si el poeta respira por la herida
de poner a su verbo por delante,
y buscar la palabra que le cante
con la secreta voz desconocida?
¿Cómo encontrar la luz al ser debida
que desentrañe el alma del amante?
Solo el vacío de la noche oscura
en soledad y ausencia de ruido
puede engendrar la luz de la hermosura
y hacer que, como flor, ella se abra
sin más ropaje que un leve latido
al milagro sin par de la Palabra.
Pedro Miguel Lamet
AL ÁRBOL DE LA CRUZ
De tu dolor, del tiempo amanecido,
de una palabra ardiente que encendía;
de las entrañas puras de María
y del amor hasta la esencia herido;
desde tu cuerpo tres veces caído
y la noche oscura de la sangre mía,
devuelves con tu cruz a la armonía
este mundo que nace en tu alarido;
este mundo que abarcas con tu abrazo
y limpias con tu muerte de tristeza,
este miedo a vivir esta pobreza
que florece en tu árbol cual si fuera
hontanar para siempre en tu regazo
al colgar de tu cruz mi primavera.
Pedro Miguel Lamet
MI ÚLTIMA CENA
En esta noche tibia, quieta y llena
de un temblor de palabra y despedida,
de soledad y amor, el alma herida,
celebras tú, Jesús, la última cena.
Compartes con el pan esa honda pena
del sin sentido, la angustiosa vida
que es fracaso, dolor, obra incumplida,
y el vino de tu sangre nazarena.
En esta hora de la confidencia,
cuando Judas se hunde en su amargura
y Pedro negará con su despecho
cuanto aprendió a tu lado de dulzura,
déjame que ahonde en la experiencia
de apoyar, como Juan, mi alma en tu pecho.
Pedro Miguel Lamet