TENGO UN VELERO “El reino de los cielos dentro de vosotros está” (Lucas 17, 20-25) Tengo un bonito velero embarrancado en la arena olvidada de aquel tiempo, en que de niño zarpaba cada tarde desde la triste playa de mis sueños a navegar a solas sin más norte que el ansia de abrazarte en cualquier puerto.
Han pasados los años, las borrascas del dolor, la angustia y hasta el miedo; y tú, Señor, sin más me has enseñado que ningún horizonte estaba lejos, ni bogar a otro mundo me hace falta cuando toda la Mar la llevo dentro.
Los niños son pedazos de Dios y no lo saben, van saltando en la lluvia y no se mojan; el aire besan sin ser sus propietarios; dan regalos sin precio, a solas juegan y van acompañados de todo el universo.
Los niños aún no saben qué papel les darán en la comedia; y cuando miran, te ven directamente, sin careta, te ven como tú eres, sin sopesar qué vales o qué cobras; si eres peón, ministro o propietario, joven o viejo, o el puesto que te han dado quienes reparten roles de apariencia.
Juegan los niños con tu niño oculto y solo si lo abrazas te vives como eres.
Hoy se cumplen once años del pontificado del papa Francisco. En su honor y en agradecimiento a haber acercado un poco más la Iglesia al Evangelio de Jesús, le dedico este soneto:
AL PAPA FRANCISCO
Como una estrella de una luz lejana que ilumina el desierto, de repente viniste a Roma sencillo y sorprendente a abrirnos de par en par una ventana;
rompiste el protocolo y la mundana vanidad de una Iglesia indiferente para sentarte sin más entre la gente como un pastor que ríe en la mañana.
Amigo de los pobres y pequeños, voz de los sin voz, alzas tu cayado contra un mundo de odio e injusticia;
como Jesús, no temas a los dueños del mundo del poder y la malicia, pues en tu cruz ya has resucitado.
Que Jesús nazca de nuevo en lo profundo de vuestros corazones, gracias al silencio, esa cuna secreta sin palabras que hace aparecer la Palabra en nuestro interior como un saboreo de la eternidad sin tiempo e ilumine con la Luz sobre toda luz también en vuestro entorno.
¡Con cariño, feliz Navidad!
Y mi obsequio de cada año: este soneto-villancico con los mejores deseos para ti y todos los tuyos:
VILLANCICO DEL ÁNGEL CURIOSO
Quisiera ser ese ángel curiosón que, escapando del gran coro celestial, se introdujera esta noche en el portal a divisar lo que ocurre en un rincón.
Quisiera ser solo uno del montón: entre los pastores el pobre zagal, que, sin el permiso de su mayoral, fuera a cantarte su mejor canción.
Quisiera por fin ser nadie ni nada para verte nacer, Niño, en la hora en que el mundo brilló, dejar la prisa
y acurrucar mi ser en tu mirada junto a esta tierra que padece y llora en busca del calor de tu sonrisa.
NO ME SIRVEN LOS NOMBRES
No me sirven los nombres
ni los conceptos que encierran las palabras,
ni el pensamiento elaborado
que encarcela la vida en etiquetas.
He borrado al filósofo raquítico
que nada explica sino la ausencia
de sentido.
He colgado el álbum persistente
de las fotos con culpa
y el ego enamorado
de mi yo en el espejo temblando de existir.
Solo busco encontrarte en ese agujero de la nada
para hundirme en la esencia del “no sé”.
Sé que no sé, y eso me llena,
alimenta un rescoldo de presencia,
una luz tan pequeña en que reposo,
que calienta en lo íntimo
lo inefable, lo inmenso, lo remoto
el ahora, el ayer, lo imprevisible,
una chispa del fuego que seré
y ya me habita si no pienso.
Desde que estoy ausente de mí
me colma el Universo.
Pedro Miguel Lamet
LA LLAMADA DEL MAR
Cuando te miro sin pensar en nada,
mar de mi costa ribereña,
me siento el niño que perdido sueña
con navegar a la tierra deseada,
y el adolescente que en su mirada
quiere besar la plenitud sureña
del lejano horizonte que se empeña
en huir, gaviota en escapada.
Han pasado los años con presura:
el dolor, la alegría y la tristeza
como el velero ansía el infinito,
y tú, Señor, de nuevo con viveza
me gritas: ¡Ven, navega en mí, Pedrito,
por este Mar de amor y de locura!
Pedro Miguel Lamet
EL GORRIÓN
Tan pequeño, tan frágil y señero,
aquel gorrión se posó en mi mesa
tras una miga, y comió su presa
como si poseyera el mundo entero,
sin sentirse de nadie prisionero
en su vuelo gritaba una promesa
que me decía: “Abraza la sorpresa
de vivir con todo y a la vez ligero”.
Ay, gorrión, descúbreme el camino
que dibujan tus alas en el cielo
de cumplir con el fondo de mi esencia,
que se traduce en el papel divino
de pasar sin pesar con un anhelo:
¡Ser latido del Todo en la Presencia!Pedro Miguel Lamet
EL AHORA INFINITO
Cuando yo entre mis manos te sostengo
cada mañana al abrirse el día
y pronuncio esa palabra que no es mía
para hacerte venir, no te retengo,
ni siento mi poder, pues no intervengo
en ese prodigio del pan, tu eucaristía.
Es como si desapareciera en la sinfonía
de un canto universal del que provengo,
y, perdido mi yo, me disolviera
en el fuego inicial de esa mirada
con que el mundo exterior se hizo visible,
y tal tromba de luz me convirtiera,
abrazado al vacío de mi nada,
en un “ahora” infinito e inasible.
Pedro Miguel Lamet