Os ofrezco un reportaje completo en vídeo del acto de presentación del libro «La luz recién nacida», realizado por Miguel Ángel Lamet, mi hermano, con el que os felicito la Navidad. Que el Niño de la luz, la paz y la justicia os nazca a todos.
Lo que salva es el amor
A continuación se reproduce íntegramente el texto pronunciado por María José Arana, rscj durante la presentación de la novela “No sé cómo amarte” de Pedro Miguel Lamet, que tuvo lugar en la sala de conferencias de ICADE, Universidad Comillas ( Madrid) el pasado 23 de mayo 2016.
Buenas tardes a todos y todas. Agradezco de todo corazón la oportunidad, y el honor, de participar en este acto que se presenta tan completo y estupendo. Muchísimas gracias.
Lo primero quiero dar mi más cálida enhorabuena a Pedro Miguel por la obra que tanto he apreciado: sencillamente, ¡preciosa!
Si, es preciosa en fondo y forma. Como se indica en la misma portada, es una novela, a base de 23 cartas, pero que pretende ir más allá de la novela y de la narración epistolar, y, lo logra.
En realidad, y como ya lo sabéis, es una recreación novelada de la vida de la inagotable figura de María Magdalena, en la que el autor ha sabido “entrar” y desde la que nos descubre un inmenso bagaje cultural, literario, espiritual, bíblico,… Es una recreación novelada, y así ha de ser, porque como asegura Lamet en el apéndice, ni pretende, ni es posible recuperar su historia como tal.
Nuevo libro: «No sé cómo amarte»
Ya en las librerías mi nueva novela ,
NO SÉ CÓMO AMARTE, Cartas de María Magdalena a Jesús de Nazaret.
Después de la crucifixión y muerte de Jesús, María de Magdala envía a María de Nazaret, su madre, unos papiros que dirigió al Maestro y nunca se atrevió a entregarle. En estas cartas manuscritas relata, con lenguaje íntimo y apasionado, confidencias de su azarosa vida antes de conocerle y su radical transformación tras el encuentro de ambos en Galilea.
Nacida en Magdala e hija de un rico comerciante en salazón de pescado, que maltrataba a su madre, todavía adolescente se ve obligada a huir y atravesar duras y arriesgadas situaciones: desde un lupanar en Cesarea Marítima a ser vendida como esclava, favorita del rey de los Nabateos y famosa bailarina en Tiberíades, pasando por el amor de un centurión romano, la explotación de una banda de beduinos en el desierto y la amistad de un sabio griego y un médico judío. Fascinada por Jesús, que la cura de sus dolencias, se convierte en su más fiel seguidora hasta su muerte y resurrección.
Estas cartas pretenden retratar la psicología de una mujer buscadora, libre y compleja, ante la trágica experiencia de un amor tan espiritualmente grande como humanamente imposible, que la supera y la sublima. Con esta nueva novela, Pedro Miguel Lamet se sirve del intimista género epistolar para relatar en primera persona una singular visión del evangelio desde la óptica de una mujer maltratada y enamorada. Al mismo tiempo pretende, con sus hallazgos y respuestas, ofrecer una liberadora vía de ayuda, consuelo y crecimiento interior a cuantos, desde la soledad, el dolor y la marginación, se enfrentan hoy con los envites de un mundo cruel e injusto. Un relato entre la aventura humana y la espiritualidad bíblica.
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A continuación reproducimos el pliego que el semanario VIDA NUEVA dedica al libro con adelanto de un par de capítulos:
[gview file=»https://www.pedrolamet.com/wp-content/uploads/2016/04/María-Magdalena.pdf»]Cuándo tiene sentido la cruz
En plena Semana Santa me vuelvo a preguntar qué sentido tiene la cruz en nuestra vida.
CUÁNDO NO TIENE SENTIDO LA CRUZ
• No le veo sentido a la cruz por la cruz. Hay personas que han sacralizado el sufrimiento en sí mismo, como si pasarlo mal fuera per se algo positivo. Eso no es una virtud, es una enfermedad.
• No tiene sentido la cruz como autoflagelación mental. Es decir, dejar a la mente que te pase películas negativas. Es otro morbo perjudicial en que se recrea mi peor yo, mi personaje más falso. A ese no hay que hacerle ni caso.
• Carece de sentido autoculparse para sufrir más. Procede de no perdonarse a uno mismo por lo que hice en el pasado. Dios te ha perdonado y tú no te perdonas. Se trata de un penitencia buscada para hacerme daño, que lejos de liberarme, me hunde más.
• Es una cruz falsa la que me impongo porque otro está sufriendo. Por ejemplo, mi madre, mi amigo, un ser querido está sufriendo y yo me siento culpable si no lo paso igual de mal que él. No caigo en la cuenta de que es al revés: tengo que estar bien para poder ayudarle; tengo que salir del pozo para poder sacarle.
CUÁNDO TIENE SENTIDO LA CRUZ
• La cruz tiene sentido cuando es una consecuencia de opción auténtica de vida o de una verdad asumida. Por ejemplo, si sufro por llevar adelante una causa justa, por defender a seres humanos, por evitar un mal o denunciar una injusticia. Jesús no muere en la cruz para buscar el sufrimiento, sino por ser consecuente hasta el final con su mensaje: el amor incondicional de Dios.
• La cruz salva cuando es cruz por los demás. Si me sacrifico por estar al lado del que sufre, por sacarle de su sufrimiento, aunque sea solo por consolarle y acompañarle. Pero nunca es sufrimiento buscado, sino un dolor o privación que brota del amor.
• La cruz se ilumina cuando requiere el abrazo de una situación inevitable. Si la enfermedad no tiene cura, si la muerte del ser querido me lo arrebata, si una catástrofe natural o una guerra imparable nos zahiere, crezco cuando abrazo esa cruz y la supero espiritualmente.
• La cruz libera cuando no acaba en cruz, sino en resurrección. Mientras la llevamos es liviana, si cuenta con un horizonte de esperanza. “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”(Mt 11, 28-30).
• La cruz glorifica cuando no me empeño en llevarla a solas, sino cuando camino por la vía de la amargura al lado de Jesús. Porque el yugo solo puede soportarse entre dos. Porque con Jesús la muerte es Vida y el caminar por la fugacidad del tiempo un encuentro con una luz que tiene vocación de eternidad.
La luz es posible
A todos los lectores y amigos, un abrazo grande en la luz de Jesús recién nacido en nuestras entrañas, y en nuestro cariacontecido mundo. ¡Su lumbre, su paz y su justicia son posibles! ¡Feliz Navidad
LUMBRE DE DIOS
“El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz;
a los que habitaban en tierra de sombra de muerte,
la luz resplandeció sobre ellos”. (Is. 9,2)
Desde la sombra de la noche aquella
que también es la noche tuya y mía,
cuando esta tierra abandonada y fría
perdió sin ti la risa de tu huella,
y buscaba temblando la centella
de un sueño, una palabra, una alegría
para aliviar ese horror en que sufría
el ser sin ser, la vida sin estrella,
de pronto te asomaste a la ventana
y preguntaste al Padre de esta guisa:
-¿Qué te parece proclamar cariño
y que el hombre se sienta en la mañana
tu júbilo, tu lumbre, tu sonrisa?
-¡Bájate, Hijo, y llora como un niño!
Pedro Miguel Lamet
La hora de Arrupe: Entrevista en Valladolid
Con motivo de la reaparición de mi biografía del padre Arrupe, la web de la archidiócesis de Valladolid me hizo hace unos días la siguiente entrevista:
Comentario a «Las palabras vivas»
Pedro Miguel Lamet: Las palabras vivas. Por Julia Merodio
¡Feliz Navidad!
Con mi soneto navideño de este año, os deseo a todos la misma sorpresa admirada y jubilosa de María en vuestra vida, vuestra familia y amigos. ¡Feliz Navidad!
MARÍA MUESTRA A JESÚS
LA CUEVA DE BELEN
Fue aquí, Jesús: la noche te esperaba
con un aire de paz sobre la era.
Dormía Belén sus miedos cual si fuera
un perro sin su amo, la tierra esclava
que busca libertad y abrir la aldaba
de un tiempo oscuro a una luz entera.
José arregló el lugar de tal manera
que me sentí una reina en su alcazaba.
Cuando él buscaba leña en aquel prado,
un fuego en mis entrañas se salía
y en un instante azul viniste presto:
Llorabas en mis brazos, Niño amado,
mientras el mundo aquí se estremecía
ante un Dios desvalido y manifiesto .
Pedro Miguel Lamet
Mirada de Navidad

Navidad es nacer de nuevo y, asomados a la escalera de la vida, levantar los ojos sorprendidos para recuperar la capacidad de sorpresa. Es retornar al niño dormido detrás de nuestro ego pertrechado de toda clase de ropajes mentales, palabras retóricas, objetos y propiedades. Navidad es entrar en un reino donde los sueños cobran vida y la esperanza amanece cada día en forma de estrella, señalando un camino más allá del camino, que no tiene nombre, ni navegador gps, ni ruta programada, pues carece de hospedaje cierto y hasta de destino conocido. Navidad es conectar con ese otro yo más yo que mi mismo del que andan más cerca los pequeños porque aún no se han creado su propio personaje, creen en lo imposible y navegan ya sin darse cuenta en la luz de Dios. Navidad es ver y sentirse arropado en medio de la aterida soledad de la noche.
La pesca milagrosa

-Con esos precios, Pepe, ya no hay quien compre pescado.
-¿Qué quiere, señora? Estos son de verdad, no de piscifactoría.
-¿Le pongo salmonetes? Mire, están vivos.
-Lo del euro, Pepe, es una ruina… Antes con quinientas pesetas una tenía para todo.
La señora sacó sus monedas y se llevó el brillante don de la mar. ¿Qué pagó? ¿La dura noche de brega de los pescadores? ¿Los gastos del armador? ¿El porcentaje de los intermediarios y transportistas? ¿La pequeña diferencia que le queda al pescadero? Todo eso pagó, pero nunca el regalo libre de la plata escurridiza que nada en las aguas profundas, el misterioso y plurimórfico secreto de vida que oculta el mar. Y es que, sin darnos cuenta, nos hemos habituado al milagro mejor, el de cada día.




