Siempre hace buen tiempo

All posts by Lamet Moreno Pedro Miguel

Gigantes

Don Quijote los miraba amenazantes, lanza en ristre y con los ojos desorbitados, mientras el realista Sancho pretendía en vano disuadirle: «Que no son gigantes, mi señor, sino molinos». Probablemente fueron estos pacíficos y soleados molinos de Consuegra o similares los que inspiraron a Cervantes a mostrar en este episodio de su genial novela cómo nuestra obsesionada mente puede llegar a ver lo que quiere ver y no lo que en realidad hay delante de nuestros ojos. ¡Cuántos miedos, angustias y otros virus mentales dependen de una óptica apasionada y errónea! ¿Qué grandes o pequeñas locuras nos impiden ser en realidad felices? Aunque a fin de cuentas ni Sancho ni don Quijote tienen toda la razón. Porque son molinos, si, pero molinos cuyas aspas, gracias al ensueño, pueden convertirnos en gigantes.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

La mala educación

Una denuncia frustrada

Las altas cotas de calidad y clasicismo alcanzadas por Pedro Almodóvar en Hable con ella, que consiguió un merecido Oscar de Hollywood, hacían pensar que el realizador manchego se lo ponía muy difícil a sí mismo al abordar un tema tan delicado como las consecuencias de la mala educación o el mundo sutil de la preadolescencia contemplada desde la edad adulta.

Almodóvar ya sentó un precedente de esta película en La ley del deseo (1986), cuando el personaje del transexual que encarnaba Carmen Maura entra en la iglesia del colegio donde estudió de niño. Encuentra a un cura tocando el órgano, en el coro. El cura le pregunta quién es; Carmen le confiesa que fue alumno del colegio y que él (el sacerdote) estuvo enamorado de él. Aunque el propio autor del film reconoce que tenía la idea desde entonces, se puede decir que en este vidrioso tema de la pedofilia ha llovido mucho, sobre todo después de los escándalos del clero católico en Estados Unidos, lo que ha supuesto en cierta medida que se levante “la veda” del sacerdote, considerado hasta hace relativamente poco como un personaje tabú.

No obstante se ve, por la evolución que la idea ha tenido en la cabeza de Almodóvar, que el guión de La mala educación ha sufrido fuertes vicisitudes que lo han hecho evolucionar, como reconoce el propio Pedro:»Antes era un relato de revancha, pero ahora ya no hay ese tono y uso a los curas, para hablar del amor, la pasión, las obsesiones sexuales y los distintos errores que uno adopta en la pasión, porque los personajes son en un momento víctimas y en otro verdugos», explicó Almodóvar, quien sí ha conservado el relato original de un cuento que escribió hace treinta años.

Y con un cuento titulado “La visita” que lleva un primerizo actor a un joven director arranca el film. Tres son las visitas (del rencor) que se superponen y componen la trama, siempre en forma de triángulo. La primera es una visita al pasado (dos niños conocen la amistad, el cine y el miedo en un colegio religioso a principio de los años 60. El cura que les da clase de literatura es testigo y parte de estos descubrimientos). Los tres personajes vuelven a encontrarse dos veces más, a final de los años 70 y en el 80.

La estructura fílmica no es original. Se limita al doble juego de la película que se rueda dentro de la película. Esta nos permite ver cómo el protagonista, Enrique, el realizador del film, recuerda sus años de colegio, idealizados por el paso del tiempo y sus relaciones con su compañero Ignacio y el padre Manolo. El primero su “primer amor” homosexual; el segundo el educador sacerdote y religioso pedófilo. Si Ignacio es el típico alumno guapo, solitario y sensible, el padre Manolo representa un reprimido clérigo, profesor de literatura, también sensible con ciertas connotaciones místicas, que mezcla la estética religiosa con sus desviadas tendencias sexuales.

Sin embargo esta parte de evocación del colegio religioso, que da título al film, no es la más importante. Se conoce que Almodóvar, tan pendiente siempre del marketing de sus películas, le ha tenido miedo a entrar a fondo en situaciones tan resbaladizas. La historia del colegio (que aparece sólo en la película dentro de la película, no en la vida real) es un puñado de escenas, donde los mayores logros se dan en la visualización estética: el niño cantando de monaguillo, las escenas de gimnasia, los homenajes al cine del pueblo y un film de Sarita Montiel, el juego de las miradas, la liturgia. Almodóvar no se libra aquí del tópico fácil y simplificador: enseñanza castrante y represiva de la libertad, sintetizada en la frase del niño Enrique sobre la libertad: “Yo no creo en Dios. Soy hedonista. Lo he leído en el diccionario: son lo que se lo pasan bien porque no creen en el infierno”. No hay un solo cura simpático ni una idea liberadora en dicha enseñanza religiosa.

Por tanto el film deviene desde el principio hasta el final en un nuevo análisis de las relaciones homosexuales, que lo convierten en un trhiller y tragedia a través de una frustrada transexualidad y un deterioro por la drogadicción. La reaparición posterior de los personajes, ya sin ninguna idealización fílmica, resulta patética. Especialmente el sacerdote secularizado y casado. De esa quema sólo se salva, como siempre, la figura de la madre, enferma y sufridora en el pueblo, que reproduce otra de las idealizaciones almodovarianas.

En una palabra, Pedro Almodóvar, ha perdido la gran ocasión de realizar su gran film sobre la adolescencia, su Au revoir les enfants, por ejemplo, para reincidir en otra inmersión en el mundo cerrado de las homosexualidad, esta vez sin apenas “chicas Almodóvar”, con menos dosis de humor y con unos diálogos que, sobre todo en la segunda parte de la película, tan reiterativos la ralentizan y le sustraen riqueza icónica. La razón de fondo es el desenfoque del guión y la pluralidad de objetivos del film.

He leído no sé donde que si esta película no llevara la firma de Almodóvar, la hubieran tachado de simplemente mala. En parte dicha crítica lleva razón. Lo que le presta cierta calidad es precisamente el buen pulso del realizador manchego que se aprecia en el juego, más o menos aceptable, de un guión con sus sorpresas a modo de cajas chinas y, sobre todo, en una traducción en imágenes que alcanza logros estetéticos como los planos de la clase de gimnasia o la secuencia en que el niño Ignacio canta para la comunidad de religiosos en el refectorio.

Es una pena, porque en Hable con ella, Pedro Almodóvar demostró que puede ir más allá del puro histrionismo impactante, el humor chusco y el simbolismo celtibérico, para tratar temas de hondo alcance ético y trascendente. Quizás la proximidad de los propios demonios –él ha reconocido que el film refleja su vida, aunque no sea literalmente auotobiográfico- le hayan impedido ver el bosque. Porque ni siquiera la denuncia de esa “mala educación” tiene claro objetivo, como no lo tiene una hipotética defensa del amor que no pasa de soledad epidérmica.

Producción: España, 2004.-Guión y Dirección: Pedro Almodóvar .-Productores Ejecutivos : Agustin Almodóvar,Esther Garcia.-Intérpretes: Gael Garcia Bernal (Zahara/Ángel/Juan), Fele Martínez (Enrique), Javier Camara (Paca/ Paquito), Lluis Homar S. (Berenguer), Daniel Giménez Cacho (Padre Manolo). Fotografía : Jose Luis Alcaine.-Montaje: Jose Salcedo.-Música: Alberto Iglesias.-Directora de Producción : Esther García.-Director Artístico: Antxon Gómez.-Sonido: Miguel Rejas.-Vestuario: Paco Delgado.-Maquillaje: Ana Lozano.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del XXI

CONTENIDO

INTRODUCCION

1. EL DÍA SIN HORA

2. LAS AVENTURAS DE PERU Por fin un niño! El primer adiós. Universitario en Madrid. El primer contacto con la injusticia. Matrícula en medicina.

3. DE MEDICO A JESUITA Todo oscuro. Milagro por dentro. La decisión. Camino de Loyola.

4. RENACER EN LOYOLA El maestro: un vasco enjuto. El disco de Arrupe. El oficio de ángel. Del chiste a la mística. Amigos en el Señor. Una corazonada.

5. TODO ES HORIZONTE El voto a una potencia extranjera. Un desterrado feliz. Misas de más de dos horas. Hacia el otro lado del charco. América en vivo.

6. DE CLEVELAND A YOKOHAMA En cárceles de máxima seguridad. Llorando frente a Yokohama.

7. AQUEL JAPÓN INCREÍBLE Así no es Japón. Hana ga takai desu ne: Menuda narizota! Brazos en alto sobre el Fuji-san.

8. UN PÁRROCO SINGULAR En la parroquia de Javier. El hombre orquesta. La sutil alma japonesa. El yo profundo del zen.

9. LUZ EN LA CÁRCEL «Espía internacional». Una celda desnuda. Un preso que cautiva. Esta noche es Nochebuena. La vuelta al hogar.

10. EL MAESTRO El infinito en una taza de té. Noviciado en tiempos de guerra. Perfil de un maestro. Transmitir una vivencia.

11. LA BOMBA Operación «Mahttan». El «Pika-don». Hospital improvisado. Un desierto de cenizas. Misa sobre Hiroshima. Un saco de ácido bórico. «usted dé duro». Patología radiactiva. Sombras de Hiroshima. Estallido de una nueva era.

12. CONDENADOS A VIVIR Hirohito deja de ser Dios. Quemando cadáveres. Como si todo el tiempo fuera para mí. Libros en japonés. Donde nunca estás tú. Mira a la persona, y luego predícale.

13. LIDER DE UN PEQUERO MUNDO Aprendan el reglamento del béisbol .Tiene la eternidad para descansar. Conferencias de un amigo. En el lugar del otro. La colina de los mártires. Acusado en Roma.

14. GENERAL PARA UN CONCILIO Papa de transición. Brindis profético. En primera página. En defensa de Teilhard. Cara a cara con el Papa. Fe para el año 2000. Con el fundador del Opus Dei. Noviciado de General

15. LOS CONFLICTIVOS SESENTA La era de la contestación’. Alumbrar el aggiornamento. La carta sobre América Latina. Viaje a la India. Contra el racismo en Estados Unidos. En el Brasil de Dom Helder Vientos nuevos en Medellín. Tensiones en el Vaticano.

16. EN EL CRÁTER DE UN VOLCÁN Reacción conservadora. La conquista de España. La explosión creadora. Condecorado de limpiabotas. El Sínodo sobre la justicia. Dios es legre. Fuego a discreción.

17. LA GRAN OPCIÓN Agenda de un General. Rumores de dimisión y otras campanas.El Papa puntualiza. El stop de la Santa Sede. La opción por la justicia.

18. PERFIL DE UN ÁGUILA Ante las cámaras de la RAI. Jesucristo es todo. Poseído de una misión. Detalles con alma. Como uno más. El último, que apague la luz. Bodas de oro.

19. LA RENUNCIA El discurso póstumo de Juan Pablo I. Tema de pre-conclave. La sorpresa del nuevo Papa. Buena noticia en Pueblo. Gritan los refugiados. La renuncia. Premonición de la prueba.

20. HABLA EL SILENCIO Las últimas cartas. El canto del cisne. La gran prueba. Confidencias de un enfermo. Despedida de un General Una luz en el vacío. EPILOGO

Adquirir el libro en AGAPEA

COMPRAR EL LIBRO ELECTRÓNICO (EBOOK):

67512_9788484606628.jpg
Testigo del siglo XX, profeta del XXI
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Como lámpara encendida: José María Rubio (1864-1929)

En el Madrid convulso de cambio de siglo, azotado por la crisis económica, la ineficaz alternancia política y  lacerantes desigualdades, surge un hombre de apariencia sencilla que reparte luz y esperanza. Se llama José María Rubio.  Nacido en el pequeño pueblo almeriense de Dalías, llegó a la capital como seminarista  el mismo año en que un cura descerebrado asesinaba en la catedral al primer obispo de Madrid. Tímido y callado, y a pesar de sus limitadas cualidades, se convertirá en un punto de referencia en la sociedad de su tiempo gracias a una increíble fuerza interior. Primero como sacerdote diocesano y luego como jesuita  se hará famoso por sus milagros – videncia, bilocación, profecía, curaciones—y sobre todo por su  total entrega a las clases marginadas y  gran don de consejo. Su mensaje para la felicidad  es bien sencillo: “Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”. Y su secreto, convertirse  en un canal vacío por el que pasaba una energía liberadora, hasta vivir “como lámpara encendida”. Considerado como “el apóstol de Madrid” y continuamente visitado en su tumba por el pueblo, fue canonizado por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003. Esta biografía recoge con el interés de una novela la aventura de su vida en el marco del agitado Madrid de finales del XIX y principios del XX.

Para saber más de José María Rubio, SJ, cliquee aquí

Contenido

PRESENTACION
1. Amanecer andaluz
2. Primeras armas
3. Escalar en la Iglesia.
4. Calle del Sacramento.
5. ¡Mueran los Jesuitas!
6. Encuentro en alta mar.
7. Partir es vivir un poco.
8. Su  Compañía
9. Como un imán.
10. Aunque es de noche.
11. Con los pobres de la tierra.
12. “Más bien poca cosa”.
13. Difícil camino sencillo.
14. Crepúsculo en Aranjuez.
15. De Madrid al Cielo.
CUADRO CRONOLÓGICO

ADQUIRIR EN AMANZON

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

La consulta

El viejo despacho de la consulta del doctor, reproducido en un museo de Olivenza (Badajoz), no sólo tiene sabor a rancio. Habla por sí solo de una época donde el tiempo gozaba de otra dimensión. Es cierto que el instrumental médico era pobre y que la medicina ha progresado mucho tecnológica y preventivamente desde entonces. Pero me imagino en ese marco a don Pablo, el amable médico de cabecera de toda la vida, diagnosticando a sus pacientes a golpe de fonendo y grandes dosis de intuición; con aquel Rayos X de artesanía, su báscula elemental y la decrépita Underwood para escribir informes a dos dedos. Y se me antoja que todo era más personal, más humano, menos estándar y menos frío en orden a curar el alma. “¿Qué tal su esposo? ¿Y los niños?” “¡Ay, doctor, qué tranquila me ha dejado! No deje de venir a comer a casa cualquier día…”

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Mystic river

El drama de tres niños grandes

Nadie hubiera podido imaginar, cuando le veíamos de duro protagonista de los westerns espaguetis rodados en Almería por Sergio Leone, que Clint Estwood iba a alcanzar las altas cotas que ha logrado como realizador cinematográfico. Éste film, que hace el número 24 como director, le coloca sin duda entre los más grandes cineurgos americanos del momento.
Con esquema de trhiller, Mystic river supera con creces la historia de un crimen para introducirnos en la tragedia, dándolo a ésta toda la extensión griega del término. Basándose en la novela de Dennis Lehane, escrita para el cine por Brian Helgeland, relata la encrucijada vital de tres amigos de infancia: Jimmy (Sean Penn), un ex convicto que lleva la tienda de la esquina; Dave (Tim Robbins), el manitas del barrio, y Sean (Kevin Bacon), detective de homicidios. El film arranca veinticinco o treinta años atrás cuando estos tres amigos jugaban al jockey en una calle del barrio irlandés de Bostón, cercano al río Mystic. Perdida la pelota por una alcantarilla, los tres chavales deciden escribir sus nombres en el cemento fresco de la acera, cuando bajan de un coche dos hombres. Uno de ellos se identifica como policía y se llevan a Dave, cuyo rostro, asomado a la ventana de atrás del coche se convertirá en catalizador del drama de la película. A los cuatro días este muchacho logra escapar de los pedófilos que es lo que eran en realidad los falsos policías.
Tras este prólogo el film transcurre en el tiempo real de los tres amigos adultos. Dave tiene un hijo con Celeste (Marcia Gay Harden), pero vive como ausente, pues no ha logrado liberarse de aquel trauma de la infancia; Sean, el policía, ha sido abandonado por su mujer, embarazada, que no se atreve a pronunciar palabra cuando le telefonea; y Jim se ha casado en segundas nupcias con Annabeth (Laura Linney), que le ayuda en la educación de Katie (Emmy Rossum), de diecinueve años, hija del primer matrimonio, y de dos pequeñas habidas con ella.
La joven y fresca Katie, que tiene relaciones en secreto con un muchacho del barrio, es además la niña de los ojos de Jim, a quien ayuda en el trabajo de la tienda. Pero una noche, justo la víspera de la primera comunión de una de sus otras hijas, Katie desaparece y aparece brutalmente asesinada en el vecino parque. Su padre jura que matará al asesino de su hija, mientras su amigo Sean es precisamente encargado de solucionar el caso.
Esta trama policial da pie a Clint Estwood para profundizar en las relaciones de sus personajes y excelentes intérpretes, personalmente elegidos por el director, que dan la talla en lo que realmente llega a ser el film: un drama psicológico y un alegato social de amplio espectro.
Hay quienes opinan que Penn es uno de los mejores actores americanos del momento. Esta película lo confirma con creces. El carácter violento y apasionado del personaje contrasta con la ternura hacia su hija. Tim Robbins, mejor director que actor, borda el papel de ese niño que no ha llegado a crecer ni superar los traumas sexuales de infancia y que le convierten en principal sospechoso de la película. Y todos los demás están a la altura de estos en la variedad de registros y el juego de rostros y expresiones, que es el mejor bagaje de Mystic river. Las esposas, a su vez, componen el contrapunto de esta serie de personajes frustrados: la apuntaladora esposa del ex convicto, una especie de Lady Machbeth del barrio; la débil y desmoronada mujer de Dave, y la misteriosa y ausente, trasunto de la soledad del policía. Uno se pregunta si las tres mujeres no son en parte responsables del drama.
En realidad poco importará saber quién es el asesino, sabiamente oculto en un excelente guión, pues el mejor suspense es interno. De alguna manera sugiere este análisis la realización de Estwood, cuando abunda en primeros planos introspectivos, al estilo de los que nos sorprendió en Los puentes de Madinson, y los picados desde el helicóptero que parecen sugerir el estudio de la colmena humana y triste que los enmarca. La cotidianidad del barrio, de las relaciones entre las mujeres, de las charlas en el porche y la escalera, se cruza con escenas de enorme intensidad dramática, como la primera comunión, la irrupción del enloquecido padre en la escena del crimen, la terrible soledad de Dave cuando pasea con su hijo…
Todo converge en aquel día de la infancia y aquel abuso del que en realidad son víctimas los tres amigos. Toda una meditación sobre la violencia, la marginación, la soledad y la desesperación creada por el american way of life. Pocas veces el cine americano ha mirado con tanta intensidad hacia la conciencia de su país, a la tragedia de sus niños-grandes, encerrados en una estructura que proclama libertad y produce tan tristes frutos. En este sentido la metáfora de los vampiros no es ajena a dicho drama de explotación y violencia en los inocentes.
Es una pena que tan excelente film sea emborronado al final con una coda que prolonga inútil y falsamente el desenlace. Es cierto que toda tragedia ha de tener una kazarsis, pero aquí la purificación es tan gratuita como desconectada con el resto del film, un postizo que quita eficacia y fuerza a una obra rigurosa y sin concesiones. Porque además no añade nada. Desde el ajuste de cuentas la película decae, se hace premiosa e incomprensible durante el desfile del final. Hay quien ha dicho que es uno de esos fragmentos que uno espera ver en las escenas desechadas de la edición del film en DVD.
No obstante Mystic river, aparte de seguirse con atención e interés, gracias también a su trama policíaca, es uno de esos dramas que no se olvidan cuando uno sale del cine. Sus tres protagonistas son seres de carne y hueso, que nos golpean la conciencia y nos hacen pensar. Todo ello envuelto en la melancolía y la sugerencia con que Clint Estwood ha sabido impregnar sus films de madurez. Como aquellos nombres, que se han quedado para siempre dibujados sobre el cemento de la acera en obras. El último, el de Dave, quedó sin terminar de escribir, como el de tantos seres humanos que nunca llegarán a ser ellos mismo, atrapados por una sociedad absurda y decadente.

Producción: EE.UU., 2003 .-Director: Clint Eastwood.-Guión: Brian Helgeland, based on the novel by Dennis Lehane.-Productores: Clint Eastwood, Judie Hoyt, Robert Lorenz.-Intérpretes: Sean Penn (Jimmy), Tim Robbins (Dave), Kevin Bacon (Sean), Marcia Gay Harden (Celeste), Sarah Silverman (Patty), Laura Linney (Annabeth), Emmy Rossum (Katie).-Fotografía: Tom Stern.-Música: Lennie Niehaus.-Distribución: Warner Brothers

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Sede vacante

Hay momentos mágicos que hablan por si solos. Como aquella tarde luminosa que, paseando, descubrí aquella terraza vacía besada por el sol y abierta al mar con su única butaca de mimbre estratégicamente orientada hacia el horizonte. No había nadie, pero aleteaba una presencia. ¿Quién se sentaba allí a contemplar la caída de la tarde? ¿Una anciana con su labor de croché? ¿Un lector empedernido amigo de la soledad? ¿O algún joven triste y enamorado añorando lo imposible? Yo no conocía a nadie en aquella casa ni podía entrar ni sentarme en aquel sito vacío. Pero por un instante supe que era todos los hombres que necesitan mirar más allá y esperar contemplativamente que desde el infinito asome blanca la vela lejana de una respuesta.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Carmen

Las raíces de un mito

A medio camino entre el romanticismo y el realismo, Próspero Merimée, fue un funcionario estatal y discreto escritor conocido ante todo, por sus relatos breves, en los que aborda temas como la violencia y la crueldad humanas: La Venus d’Ille (1837), Colomba (1840) y Carmen (1846) –ambientada en una España exótica y romántica–, que se hizo famoso sobre todo al convertirse en ópera gracias a Georges Bizet. De aquí que las numerosas adaptaciones cinematográficas se hayan basado en esta última, más que en el relato original.
Vicente Aranda ha optado por remontarse a los orígenes y llevar a la pantalla la novela de Merimée con intención de recuperar el mito, encuadrarlo históricamente y ofrecernos una explicación fílmica de la mujer fatal que le dio lugar. Por esta razón, tras un prólogo que encuadra los personajes de la cigarrera y el soldado para da fuerza al arranque, el film nos sitúa en la investigación del escritor francés del que sabemos por la historia que su interés por España fue mucho más allá de lo que Carmen trasluce, y su conocimiento de la geografía y el carácter españoles se fraguó a lo largo de siete viajes por España entre 1830 y 1864, de los que dejó una numerosa correspondencia, recogida en el volumen Viajes a España.
Carmen (Paz Vega) es la tópica y típica mujer española de belleza meridional, carácter arrebatado, tan compleja como pasional. El sargento navarro José (Leonardo Sbaraglia), de ideas tradicionales, firmes y católicas se convierte en su víctima que protagoniza acontecimientos extraordinarios, amores turbulentos y crímenes incontrolables. Se diría que el fatalismo, los celos y la sangre van a marcar su vida con la aparición de cada nuevo amante de Carmen. José se convierte en un juguete de las pasiones de esta mujer abocado con ella a la tragedia.
Dice Vicente Aranda que «Carmen necesita un siglo tan revuelto como el XIX para cristalizar. Parece contradictorio que aparezca en España, pero es que, como decía Trotsky, las cuerdas que se tensan siempre se rompen por la parte más delgada. Y no hay a principios de ese siglo un lugar con mayor asfixia de la libertad que ese país llamado España. Hace tan sólo unos pocos años que se han dado vivas a las cadenas. Y eran los oprimidos los que daban ese grito». Se trataría pues de una reacción individual de libertad constatada por uno de esos viajeros extranjeros en busca de los exótico por España, que oyó el relato de Eugenia de Montijo.
Añade Aranda que no ha querido “romper esa suerte de maleficio yendo directamente a la novela de Merimée y buscando en ella no sólo los elementos narrativos susceptibles de un reconocimiento de la imagen, actualizado, impropio de su época, sino también el perfil de la Carmen que nos gusta, que nos inquieta, y sobre la cual nos queda un resto permanente de intriga”.
De modo que lo que Vicente Aranda ha querido contar es una historia de rebeldía. Pero ¿qué vemos realmente en el film? En primer lugar una película de excelente factura, a lo que el director catalán nos tiene de sobra acostumbrados, no sólo por su amplia filmografía: veintidós películas desde Brillante porvenir (1964) y Fata Morgana (1966) a Juana la loca (2001) y Carmen, sino de algo que ha dado prueba en las últimas, que sabe dar credibilidad fílmica a la historia.
Para una película como la que nos ocupa la ambientación de época era esencial. Y es sin duda lo mejor, junto con la puesta en escena, la dirección de actores y la fotografía. Aranda ha conseguido, como lo hizo en Juana la loca con Beatriz Pérez Aranda, sacar de en la apariencia “mosquita muerta” Paz Vega una mujer de arrestos, un volcán andaluz, que aportara el explosivo al uso: jovencita de buen cuerpo y símbolo erótico convertida en hembra aguerrida.
Adquirido el filón, el film no ahorra desnudos provocativos, más eróticos que sexuales, y nos muestra una psicología femenina compleja más en la apariencia que en las motivaciones. En realidad sabemos que Carmen es una “mujer fatal”, a la que las circunstancias de hambre y pobreza han conducido al drama que encarna. Pero, sea por la cuidada estética simbólica del film, o porque no adentra en los sentimientos, Carmen, ni como personaje ni como película nos emociona.
El realizador ha conseguido una superproducción, eso sí, una de las más costosas del cine español, con una excelente recreación de ambientes, paisajes y vestuarios que nunca cantan ni rompen el embrujo. En momentos ha logrado color y encuadres de fuerza pictóricas, como el de la cigarreras del comienzo del film o algunos desnudos en claroscuro a lo Goya o Romero de Torres. Se ha salido con maestría en ocasiones de la propia película, rompiendo los tópicos al uso. Alcanza en otras excelentes rasgos de humor, por ejemplo con la aparición de El Tuerto en la cueva de los bandoleros.
Pero, como suele suceder, pese a existir inspiración formal, sentido de la imagen, excelente interpretación, falla la inspiración, algo innombrable en el alma de la película, lo que solemos llamar poesía. En realidad falla en ocasiones además el guión. Por ejemplo la película decae en las citadas secuencias de bandoleros y resulta ingenua y efectista en su uso de los símbolos religiosos. Bien está que José sea devoto de la Virgen, pero en ocasiones parece más un San Luis Gonzaga que un soldado de su Majestad, dadas sus reiteradas devociones. O que se introduzca la iconografía de Iglesia, estando como estaba en aquella época tan arraigada en la vida de los españoles, pero el desenlace sangriento en el templo y el culto al desnudo de Carmen sobre un altar, parece excesivo, por mucho mito que fuera para José y para Aranda la singular moza. Por no hablar de los momentos en que ambos protagonista hablan en euskera. Ni sabemos dónde lo ha aprendido la popular andaluza ni parece José esté capacitado para ser profesor de Ikastola en plena Sevilla del XIX[1].

Con ello, insisto, no quiero menoscabar los valores de este producto cinematográfico que está por encima de otros films equivalentes; que entretendrá y deleitará, sin dejar de producir buenos frutos de taquilla, entre otras razones por los atractivos de la protagonista, mostrados con tanta finura como abundancia. Pero, al salir nos seguimos preguntando quién es en realidad Carmen, puesto que a José, el macho ibérico entontecido y destruido por una mujer, lo conocemos bien. Quizás por esta razón Vicente Aranda se ha apresurado a hacer declaraciones sociológicas presentándola como víctima, no sea que las embravecidas feministas se le echen encima. Porque Carmen, la de Merimée, la de Bizet y la de Aranda, querámoslo o no, no deja en buen lugar al sexo femenino. Otra cosa es que dé cumplido juego a la exhibición y al drama.

[1] Merimée sí lo explica en su libro, al que en general Aranda es fiel en su versión cinematográfica: “Porque los gitanos, como no son de ningún país y viajan siempre, hablan todas las lenguas; hasta de los moros y los ingleses se dejan entender. Carmen sabía bastante bien el vascuence”. Aunque José aclara que en lo de su origen vasco, como en otras cosas, “Carmen mentía” ( Próspero Merimée, Carmen, pág. 47)

Dirección: Vicente Aranda. Guión: Joaquín Jordá y Vicente Aranda; basado en la novela de Prosper Mérimée. País: España.Año: 2003.Interpretación: Paz Vega (Carmen), Leonardo Sbaraglia (José), Jay Benedict (Prosper), Antonio Dechent (El Tuerto), Joan Crosas (Dancaire), Joe Mackay (Teniente), Josep Linuesa (Lucas), William Armstrong (Fray Carmelo), Julio Vélez (Señorito), Emilio Linder (Aristóteles).Producción: Juan Alexander.Música: José Nieto. Fotografía: Paco Femenía.Montaje: Teresa Font. Dirección artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Yvonne Blake. Estreno en España: 3 Octubre 2003

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Clónicos de Dios

Muchos muchos siglos antes que nadie hablara de clónicos ni tristes criaturas de laboratorio, apenas había amanecido el cosmos y tras el primer surgir de la Tierra separada del mar, una vez que Dios pintara de mil colores ríos, campos, montañas, frutas y pájaros, el creador se contempló a sí mismo y falto de espejo contigente, exclamó: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Y a su imagen, aunque de barro y viento, débil y sublime, capaz de reflejarle u olvidarle lo creó. Desde entonces todos somos mellizos, clónicos de un Dios. Y por eso los niños, cercanos aún a la fuente original de donde brotaron, no han perdido, sobre todo mientras duermen, ese sabor a infinito, esa placidez eterna en la que reposa en su interminable domingo el mismo Dios.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

El fotógrafo

El fotógrafo mira a la vida, y la vida le mira a él. ¿Quién dispara realmente las fotografías? Nosotros las guardamos en álbumes para atrapar la imparable corriente de la vida sobre cartulinas de dos dimensiones o ahora en archivos digitales. “¡Qué joven estaba entonces! ¡Mira en esa a papá cuando conoció a mamá! ¡Quién lo diría!” Pero ¿y las fotos que nadie hace? ¿Se quedan en algún remoto archivo astral donde se van depositando nuestras risas, nuestros amores y nuestras lágrimas? Quizás un dulce ojo que vigila amorosamente cuanto sucede guarda nuestras fotos para comentarlas en la mesa camilla el día feliz del encuentro. Entonces nos veremos como realmente somos. Eso y mucho más pensó el fotógrafo el día en que por azar fotografió su propia imagen en el espejo.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather