Siempre hace buen tiempo

All posts by Lamet Moreno Pedro Miguel

Humanismo contra la guerra

Un plano de «Lejos de los hombres»

Sobrio canto a la libertad y al pacifismo con intimismo europeo y estructura de western. En medio de la nada, una escuela. Este plano, primero y último, definen la película,  imagen desoladora de una bella historia que se desarrolla en una zona desértica del Atlas argelino durante 1954, fecha en que comienza la guerra con Francia por la descolonización de Argel, que duraría ocho años  con toda  suerte de atrocidades. El gran humanista y premio Nobel francés Albert Camus, hijo de argelina y colono galo, refleja este sinsentido en un hermoso relato corto titulado “El huésped”, que adapta libremente el cineasta David Oelhoffen en Lejos de los hombres (2014), su segunda película, realizada siete años después de Reencuentro (2007), con actores de renombre como el versátil e incalificable Viggo Mortensen y Reda Kateb  o Nick Cave.

Oelhoffen estira el cuento de Camus,

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Cómo espera la gaviota

Gaviota (Alvor, Portugal, 2015)

“No es verdad que tú hayas sufrido, / son cuentos tristes que te cuentan. / Tú eres un niño que está triste, / eres un niño que no sueña. / Y la gaviota está esperando / para venir cuando te duermas”. Siempre recuerdo estos versos de José Hierro en su “Canción de cuna para dormir un preso”, cuando descubro junto al mar alguna gaviota. Símbolo de libertad y superación, de volar alto y romper las ataduras que nos encadenan a la tierra, todo los que nos impide liberarnos de nuestros apegos.
Esta gaviota que capturé con mi cámara tiene además una especial sugerencia. Es curioso que siendo un ave que domina el cielo con sus ambiciosos y potentes giros transmita esta quietud profunda cuando reposa, como de sentirse bien en su ser, en armonía con el mar, la costa, el pequeño puerto. Quizá porque no le torturan los pensamientos como a los humanos, porque se acepta plenamente en su “ser gaviota”, porque cumple su papel de pincelada en el cuadro del paisaje, sin otro cometido que dejarse ser, estar en su sitio en el universo.
“No es verdad que te pese el alma. / El alma es aire y humo y seda. / La noche es vasta. Tiene espacios /para volar por donde quieras, / para llegar al alba y ver /las aguas frías que despiertan…/ Duerme, ya tienes en tus manos / el azul de la noche inmensa.”

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La otra revolución

Rompedor, sencillo, cercano, inteligible como siempre, el papa Francisco ha irrumpido en la plaza de la Revolución de la Habana más como  pastor que como mediador político. Pocas veces una misa ha suscitado mayor expectación mediática que la celebrada ayer ante cientos de miles de cubanos, entre los que había por supuesto muchos fieles creyentes, con la fe más o menos dormida por una represión religiosa de décadas, pero también miles de personas que más allá de sus creencias ven en Francisco un símbolo de libertad, diálogo, justicia y reconciliación. Y ante dos mandatarios bien distintos, Raúl Castro, hoy amigo,  y Cristina Fernández, milagrosamente transformada en fan.

Un dato insólito de esta eucaristía es que para recibir la comunión hacía falta llevar una pegatina distintiva en la solapa.

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¿Soy yo real?

Durante los días de vacaciones y sus espacios más frecuentes para la reflexión sobre el pasar y el sentido de la vida hay oportunidades para volver a hacerse las grandes preguntas del ser humano. Entre ellas una muy radical: si verdaderamente somos reales, si tenemos consistencia o, dada la fugacidad de todo, que cambia continuamente, no pasamos de ser un sueño, una imagen, un pálpito distendido en el tiempo. Es lo que me formulo en este soneto, que se lo dedico a Javier Osuna, SJ. un gran compañero colombiano que acaba de fallecer. Fue un hombre bueno, dulce y transparente.

                        ¿S0Y REAL?

¿Soy yo real o un breve y vago sueño

que cruza como un verso mal rimado

esta estrofa de vida  sobre el prado

como el río en busca de su dueño?

¿Soy quizás aquel brote de un empeño

que goza, llora y muere apasionado

rumbo a no sabe cuál  acantilado

como el río se vuelve marismeño?

¿Qué es la vida, Señor? ¿Por qué me has puesto

en este paraíso con espinas,

para andar sin saber por qué camino?

“Eres silencio –respondes-, lo adivinas

si dejas de pensar tan descompuesto

y solo  al contemplar  luces divino”.

Pedro Miguel Lamet

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Amar no tiene nombre

Alvor (Portugal) 2013

AMAR NO TIENE NOMBRE

 

Amar es un vacío,

un llevar en las manos

el temblor de estar solo

mirando las estrellas,

un saberse una pluma

movida por la brisa

y olvidarse que el miedo

hizo en ti su morada

y arrumbar en lo oscuro

los planes ya trazados

y dejar que tu alma

llore a solas lo absurdo

que es estar y no estar.

 

Amar es un insólito

querer ser lo imposible,

derrotar los deseos,

recomponer el mundo

a trozos de ilusiones,

arrimar a las rosas

la eternidad rompiente

y regar con ausencia

la cuna de la noche

donde acecha el dolor.

 

Amar no es el anhelo

de vivir la primicia

de un ser entre los brazos

o llevar de la brida

el feliz yo caliente,

o andar con un espejo

de un tú mismo mejor.

 

Ni pensar que ya es tuyo

el ser que has aprehendido,

ni pregonar al mundo

desde un tú apuntalado,

ni reírse del salto

que el otro no ha querido,

ni poner a tus ojos

parcelas por el mundo

con un cartel: «No entrar».

Amar es un perderse

en la noche estrellada

y saber que hace tiempo

has dejado de ser.

Es flotar sin un norte

por el mar de tu alma

y mañana ¡quién sabe!

no saber, no saber…

 

Amar es estar solo

con todo en compañía

y morir de vivirse

tan lleno del presente,

canción de un gran vacío

de lo amado que nace

en llamas del recuerdo

y el grito de un instante

que es, que fue, que apenas

vuela en lo casi perfecto

en la luz que no ha sido.

 

Amar no tiene nombre,

quizás sólo la noche

que queda si has querido

al borde de la orilla,

una huella en la playa

que dejaste al pasar

y ser mar en la mar.

Pedro Miguel Lamet

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Me apellido Uno

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El joven anciano (Oropesa del Mar, 2014)

Cuando estoy solo es cuando estoy más acompañado.

En el barullo de la vida cotidiana es fácil narcotizarnos. Rodeados de gente nos dormimos y drogamos nuestra auténtica naturaleza, obsesionados con el papel que representamos en la vida, la careta del hombre o la mujer que creemos ser. Sólo puedes volver con la gente cuando descubres quién eres realmente.

Pues no somos el centro, ni tan importantes como creemos desde el yo. Nuestra vida es un parpadeo del Universo. Un parpadeo único, irrepetible y cósmico en miles de años y espacios, pero un solo parpadeo.

Cuando desaparece ese personaje, ese ego mental que creo ser, despierto.

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Pedro y la barca

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Hoy. día de su fiesta, dedico este soneto a mi santo patrón, el apóstol Pedro, un hombre débil, que dudó, tuvo miedo, llegó a negar a Jesús, pero que al fin su fe fue más fuerte y se lanzó a caminar sobre el mar. Una buena parábola la de su barca para la Iglesia de hoy. – 

DE TU BARCA BAJO LA LUNA

(Al apóstol Pedro)

 

De tu barca bajo la luna huía

la brega de una noche temerosa

sobre un mar encrespado, y la penosa

vaciedad de ese vivir sin alegría.

 

En tus redes sin pesca amanecía

la ausencia del sentido y la azarosa

pregunta de por qué nació la rosa

y hacia dónde remamos cada día,

 

cuando  adviertes de pronto sorprendido

avanzar sobre el mar como una vela

o un faro que te llama y te ilumina,

 

y sientes dentro el corazón herido

con una voz que entre la bruma vuela:

¡Lánzate, Pedro,  y sobre el mar camina!

 

Pedro Miguel Lamet

 

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¿Qué queda de ti y de mí?

Estos días de primavera, al pasear entre tanta belleza me siento  aún más fugaz  que en los días de otoño o invierno. Pues también cuando todo florece se mueren los amigos y ¡dejan tan poca huella! Vuela el tiempo. ¿Qué queda de mi, de nosotros después de tanto empeño por dejar huella? Busco la respuesta en este soneto:

           

          FUGACIDAD

Todo queda colgado en un instante

al besarme en la frente esa sonrisa

con que al pasar me rozas con tu brisa

y me dejas prendido y vacilante,

 

como una flor sin agua o un amante

que corre, huye,  se esfuma tan deprisa

cual la estela suave e imprecisa

que un perfume te deja suplicante.

 

¿Quién soy yo? ¿Cuánto duro, qué presumo

al llorar, escribir y diluirme

en este andarme a solas por el prado?

 

¿Acabo de llegar o estoy por irme?

¿Seré como Quevedo  solo humo?

“Polvo serán, más polvo enamorado”.

 

 Pedro Miguel Lamet

 

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