VAIVENES DEL YO Un día te llaman ‟perro judío» y otro te ponen por las nubes. Y allá estás tú, arrastrado por los vaivenes de alabanzas o improperios, un día feliz porque la gente apuntala tu yo, tu esposa te dice lindezas y tu jefe te da un premio a la efectividad profesional; y otro día fatalmente desgraciado porque te han puesto una multa, el colega te ha insultado y te ha salido mal un negocio. ¿Quién eres tú? ¿Has dejado de ser el mismo porque tengas o no tengas abuela que te jalee? El hombre ha de aspirar a esa tranquilidad interior donde todas las alabanzas del mundo no le encumbren ni las culpas le puedan hundir. Esta es la paz que crea la preferencia sobre la adicción, la libertad del no apego o de ‟preferir» en vez de desear.
Hay hombres y mujeres cuya santidad viene envuelta en unas cualidades de lujo, tanto físicas como intelectuales o psicológicas. Y otras personas en donde las virtudes quizás brillen más porque las cualidades humanas echan para atrás. Este el caso de Manuel García Nieto, SJ, cuyas virtudes heroicas acaban de ser aprobadas por el papa Francisco en nuevo paso en su camino hacia los altares. Del padre Nieto cuentan que era tan horrorosamente feo –rostro deforme, andar renqueante, voz ronca- que a la hora de ser candidato para el sacerdocio sus superiores se plantearon si admitirlo o no, pues del Derecho Canónico aconseja que no se ordenen a los muy feos por el rechazo que esto puede suponer en los fieles. Nieto se limitó a presentar a su hermano que era más feo que él y fue admitido. Pronto se vería la belleza espiritual cautivadora de aquel muchacho débil de salud que había nacido en un pueblecito de Salamanca llamado Macotera el 5 de abril de 1894 y que desde muy niño le gustaba jugar a decir misa. A los catorce años ingresó en el seminario salmantino y trabajó seis años como sacerdote diocesano, los dos primeros con el cargo de coadjutor en Cantalapiedra, y los otros cuatro como teniente cura en la parroquia de Santa María de Sando y su anejo El Valejo. Desde el principio fue un modelo de sacerdote, “tras las huellas del Cura de Ars”, como dice su biógrafo Benigno Hernández. Por ejemplo fomentaba mucho las vocaciones entre los jóvenes de su parroquia. En 1926 decide hacerse jesuita e ingresa en el noviciado de Carrión de la Condes, para estudiar sucesivamente en Salamanca y Oña (Burgos) donde se dedicó a repasar teología. A partir de ese momento Manuel ocupará el único y gran destino de su vida: director espiritual del seminario de Comillas, tanto con los seminaristas más jóvenes como de los mayores, a los que impartió también clases de Teología Pastoral y Teología Ascética y Mística. Estaba dirigiendo una tanda de ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes cuando estalló la guerra civil. En comunidad durante el mes de agosto de 1936 fue detenido con sus compañeros y conducido por un piquete milicianos a Santander. Pronto se dedicó a trabajar clandestinamente con seminaristas dispersos,arriesgando su vida, pues en aquel tiempo fueron asesinados 25 de los detenidos en Comillas. Al año siguiente, gracias a un salvoconducto, se refugió en Vizcaya, hasta que ocupada Comillas por las tropas de Franco, vuelve a ejercer su cargo de director espiritual de filósofos y teólogos. Muy duro consigo mismo, pues dormía poco y comía menos, era sin embargo muy cautivador para los alumnos del seminario, del que en los años cincuenta saldría una buena cosecha de insignes sacerdotes, muchos de ellos obispos. Tenía especial debilidad por atender a los pobres. En los años de escasez de la posguerra su cuarto parecía una tienda de ultramarinos, donde se acumulaban ropas y víveres para los necesitados. Su fuerza estaba sobre todo en su profunda y continua vida de oración, su amor a la Eucaristía y en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que impartía sobre todo a sacerdotes durante los veranos. “Por nada del mundo cambiaría media hora de Sagrario», decía. “Un acto de amor de Dios vale más que la creación entera”, o “hay que reventarse por Cristo”. Sufrió cuando la Universidad Comillas fue trasladada a Madrid y sus métodos, en la vorágine del posconcilio, fueron cuestionados. A partir de 1968 permaneció en Comillas hasta su muerte el 13 de abril de 1974. Un buen perfil traza de él el arzobispo Gabino Díaz-Merchán: “En su vida la mortificación ocupaba un puesto muy importante, pero no estaba separada del amor. Por eso era al mismo tiempo atrayente. Inculcaba la necesidad de la penitencia, sin embargo en la dirección espiritual era muy indulgente”. Y José María Cirarda: “Siempre admiré en él la austeridad penitencial, y una humanísima comprensión para todos, animada por una caridad exquisita”. El escritor José Luis Castillo-Puche le dedicó muchas páginas en su novela Sin camino (Buenos Aires 1956) sobre esta última etapa. También aparece en la novela La vida a una carta (Barcelona 1986) Murió en loor de santidad el Viernes Santo de 1974 cuando contaba con 80 años. En principio fue enterrado en Comillas (Cantabria) pero en 1985 fue trasladado a una capilla de la Iglesia Parroquial del Milagro de San José en Salamanca . Su epitafio dice así:
P. Manuel García Nieto, S.J. Macotera, 5-IV-1894 – Comillas, 13-IV-1974 Vida de continua oración Penitencia por amor a Cristo Entrega generosa al pobre Corazón sacerdotal
Como san José María Rubio, SJ en su humilde apariencia física resplandecía más la acción de Dios. Cuentan que una vez le dijo a un seminarista: «Cuando recuerdes mis defectos, anótalos para que no se te olviden». Ahora se ha dado un paso más para que brille como ejemplo de santidad para toda la Iglesia.
HOY, 5 DE FEBRERO, ES UN GRAN DÍA Hace 28 años, el 5 de febrero de 1991, después de nueve de calvario. noche oscura, martirio incruento y una vida santa entregadas a Jesucristo, la Iglesia y la Compañía, fallecía Pedro Arrupe. Y hoy casi tres décadas después se abre su proceso de canonización en a basílica de Letrán de Roma. Dando gracias a Dios por su amistad y sobre todo por su vida y ejemplo, le dedico este soneto:
Para quienes conocimos y amamos personalmente al padre Arrupe el próximo martes se completa un acto que nos llena de alegría: la apertura del proceso de su beatificación en San Juan de Letrán. Es verdad que para muchos de nosotros Pedro Arrupe era ya un santo sin necesidad de aureola. Pero tiene importancia el posible reconocimiento de la Iglesia, sobre todo cuando no pocos ponían dificultades a este gran hombre que supo mirar lejos y fue un auténtico «testigo del siglo XX y profeta del XXI»
Quien no se encuentre en Roma puede ver el acto en vivo en TelePace-Roma. En Sky, canal 515 – En Roma en el canal digital 73 o 214 en HD.
En VALENCIA (España) se celebra con este motivo una semana en honor de Arrupe. El mièrcoles día 6, a las 19:30 pronunciaré en Centro Arrupe de esta ciudad una conferencia sobre el tema.
Me conmueve estaterracota que adquirí hace tiempo en Asís. El frailecillo que camina sobre un asno va a predicar más que con su palabra con su mansedumbre, que tiene su origen en la profunda paz del alma unida a Dios: “La paz que anunciáis con la boca, tenedla en más alto grado en vuestros corazones. No seáis para nadie motivo de ira ni de escándalo, sino que vuestra mansedumbre impulse a todos hacia la paz, la benignidad y la concordia” (TC 58). Esa quietud interior de Francisco tiene una amplitud sin límites: aceptar el “hoy” tal como se presente, alabando a Dios “por el nublado y el sereno y por todo tiempo” (Cántico de las Criaturas); abrazar las contrariedades, viéndolas en el plan de la divina providencia. Una mansedumbre que se manifestaba también en cortesía: Como hombre de oración pensaba que “la cortesía es una de las propiedades de Dios quien, por cortesía, da su sol y su lluvia a justos e injustos, y es hermana de la caridad” (Florecillas 36).
Mansedumbre y cortesía, ¡raras virtudes en un mundo de vértigo y rastrera educación” ¡Qué intuición la del papa Bergoglio al elegir para sí el nombre de Francisco! “La capacidad de encontrar a las personas –ha dicho-, de encontrar a las culturas con paz; la capacidad de hacer preguntas inteligentes: ¿Por qué? ¿Tú piensas así? ¿Por qué? Esta cultura es así. Escuchar a los otros, y luego hablar. Primero escuchar, luego hablar. Esto es mansedumbre. Tú a mí no me convences, pero igual somos amigos; he escuchado como piensas y tú has escuchado como pienso. Y ¿saben una cosa, una cosa importante? Este diálogo es aquel que hace la paz. No puede haber paz sin diálogo”. Así, a paso de asno, tranquila y cortesmente, con una paz que se desborda en mansedumbre y cortesía se vive el minuto desde el tiempo sin tiempo de Dios.
Nunca hubiera osado esta mujer del pueblo sentarse así, con total indiferencia después de ir a la compra, al lado del empingorotado señor conde. Pero hoy, gracias al arte callejero, puede hacerlo, junto a otros hombres del pueblo, a su mismo nivel. Milagros del bronce y del paso del tiempo, que coloca a todos por igual, sentados juntos en un banco de cualquier calle.
E
Mientras vivimos nos separamos por la clase social, el dinero, las posesiones, la alcurnia, la cultura, el vestido, la apariencia física… Hoy, desde el más allá, el señor conde no puede protestar, ni la buena mujer pedir licencia o rendir pleitesía al aristócrata. Da igual que el municipio le haya erigido una estatua. La historia y una mirada más alta nos coloca a todos en nuestra verdad: seres humanos, hermanos bajo la misma mirada de Dios, que solo se queda con lo que escruta en nuestros corazones.
¿Por qué mientras vivo me creo superior a otros? ¿Por qué me enorgullezco de
mi papel en esta comedia en vez de lo que importa, cómo lo represento en el
gran teatro del mundo?
Probablemente el conde
–barruntamos- es ahora consciente de que, pese a su “sangre azul”, estaba hecho
de la misma pasta que la gente que hoy se sienta a su lado, con la que
seguramente nunca pudo en vida compartir casi nada.
Como decía Calderón, “el Cielo junta desiguales extremos”.
Érase una vez un ángel que siempre estaba aburrido. Hacía poco que había abandonado la tierra por una repentina enfermedad y ni siquiera había caído en la cuenta de que se había convertido en ángel. Echaba de menos la plaza del pueblo donde jugaba al balón con sus amigos y el huerto de la esquina cuya tapia saltaba para robar manzanas; el tirachinas, su colección de cromos de futbolistas, las chuches y el pan con chocolate de la merienda.
Y de pronto se vio rodeado
de seres transparentes, un mar de luz y otros ángeles que tocaban el arpa todo el santo día. Así que fue a San
Pedro y le dijo:
-Pedro: yo aquí me
aburro como una ostra sin jugar a pídola. ¡Es que en el cielo ni siquiera
tenéis playstation!
¿Por qué no me dejas volver a mi pueblo, por lo menos un rato?
Cuando no estoy, estás tú
y cuando estás, amanece
ése yo sin figura,
que, dormido, más que nombre
y deseo o poder o residencia
es río, manantial, ola y abrazo
de este pasar en busca de su Ser
que es tu presencia.
Por entonces sucedió que unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén. (Mt 2, 1) se presentaron en Jerusalén. (Mt 2, 1)
Ahora que el niño se acurruca en este
gastado cuerpo
y que el mundo va camino de no saber caminos,
devuélveme la estrella
en su esplendor de estaño,
que anoche he vuelto a escribir cartas a la vida
y no responde nadie.
Ve al buzón de allí cerca
a recoger la mía, la que hace tantos años
deposité a los Magos
pidiéndoles una bicicleta azul
para dar libertad
a mi cojera,
pues quisiera escuchar aún sus pasos
desde la almohada, el oído semidespierto
a un lejano rumor de dromedarios
camino de mi casa
y de mi ensueño.
Voy ahora a despertar a mis padres,
a levantarlos de la tumba
para ir en pijama hacia el cuarto de estar
y brincar con ellos de alegría,
pues aún conservo intacta la sorpresa
que ellos supieron sembrar
tragándose las lágrimas.
Desde entonces tomé el oficio más bello de la tierra: restaurador de sueños o , si queréis, perseguidor y lustrador de estrellas.