Siempre hace buen tiempo

Tag Archives: Poemas

Te vaciaste de todo

TE VACIASTE DE TODO

Te vaciaste de todo, incluso de las horas

en que el Padre te abría, como versos,

los secretos del Mar
por descansar del tiempo.

Desnudez de la noche,
sabor al sin-sentido, al sin-deseo,
abismo de cruzar estando solo
el paso del no ser, sin el aliento
de aquellos que estrecharon con tus manos

sus manos de penumbra en los senderos,

de amistad y comida,
de luna y de desiertos.

Te quedaste en el hombre tan sin aire
que toda nuestra muerte sobre el cuerpo
te desnudaba el alma a trozos, lentamente,

para que hicieras bien la boca a nuestro miedo,

y en el agua nacida en tu sequía
tras tu dolor,
naciéramos al sol del universo.

Pedro Miguel Lamet

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Eres tú la familia

Eres Tú la familia que me habita
en la casa escondida de tu bosque.
Está el horno encendido,
es mi techo de tiempo tu gran mano
y la ventana el aire de tu voz
con que en las noches
siento el vivir de lejos ya vecino.
 
Eres Tú la palabra que no entiendo
y presiento con luz ensoñecida,
que desdobla mi ser,
que aguza y rompe
los secretos queridos de la vida.
 
Eres Tú desde dentro el yo alcanzado,
el siempre más, mi línea de horizonte,
eres agua en la sed que sacia y quema,
eres tienda en el valle, pan del hombre.
 
Si el miedo de vivir corre en las venas
y hasta Ti se entrecruzan los temores,
hazme dormir la paz gozosamente,
agua, familia, pan, palabra y horizonte.

Pedro Miguel Lamet
 

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Devuélvme mi estrella

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Reyes gigantes. Alcalá de Henares (© PMLamet)

DEVUÉLVEME MI ESTRELLA

Por entonces sucedió que unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén. (Mt 2, 1) se presentaron en Jerusalén. (Mt 2, 1)

Ahora que el niño se acurruca en este
gastado cuerpo
y que el mundo va camino de no saber caminos,
devuélveme la estrella
en su esplendor de estaño,
que anoche he vuelto a escribir cartas a la vida
y no responde nadie.

Ve al buzón de allí cerca
a recoger la mía, la que hace tantos años
deposité a los Magos
pidiéndoles una bicicleta azul
para dar libertad
a mi cojera,
pues quisiera escuchar aún sus pasos
desde la almohada, el oído semidespierto
a un lejano rumor de dromedarios
camino de mi casa
y de mi ensueño.

Voy ahora a despertar a mis padres,
a levantarlos de la tumba
para ir en pijama hacia el cuarto de estar
y brincar con ellos de alegría,
pues aún conservo intacta la sorpresa
que ellos supieron sembrar
tragándose las lágrimas.

Desde entonces tomé el oficio
más bello de la tierra:
restaurador de sueños o , si queréis,
perseguidor
y lustrador de estrellas.

Pedro Miguel Lamet

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Soñar contigo

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         SOÑAR CONTIGO

Tuve que soñar contigo a solas

y buscarte en el mar de adolescente

para encontrar esa paz evanescente

que ocultaba tu brisa entre las olas.

Te aguardé por la noche entre farolas

como un novio que espera entre la gente,

y te escribí mis versos impaciente

para encontrar el sueño que acrisolas.

Me he hecho niño, Señor, aquí sentado

frente aquel mar que a veces ya no encuentro.

Aunque tras muchos años he aprendido

que ese sol que me nace o que se ha ido

tras la rosa, el dolor, la luna, el prado

eras tú que soñabas desde dentro.

Pedro Miguel Lamet

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Desde el cráter de una flor

Hay un koan japonés (frase enigmática que se repite en la meditación para alcanzar la luz interior) que dice: “Cuando nace una flor, es primavera en la universo”. Y es que basta con sumergirse en una parte, un detalle, una brizna del cosmos o una margarita, como la de la foto, para penetrar en el Todo. El Universo entero está conectado al Uno o es su reflejo.

A veces usamos las margaritas para adivinar algo: “Me quiere, no me quiere, me quiere…” Pero no podemos apresar su belleza. Decía Tagore: “Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor”. Porque la belleza es el fulgor con que brilla la verdad secreta de este mundo, el arte una manera de desvelarla, y la iluminación el modo de llegar a comprenderla.

Para despertar debemos aprender a “mirar el mirar”. Basta una pequeña ventana, el cráter de una flor, la lágrima de un niño, el salto de un gorrión, la llama de una vela, la mirada de amor, la arruga de un anciano, la gota de rocío, o el silencio de dentro después de haber mirado y cerrar los ojos.

Valga como síntesis este soneto:

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Déjame que recline la cabeza

Para nuestro mundo agobiado y para tanto corazón entristecido, siempre he encontrado mucho consuelo  en la imagen de Juan, el discípulo predilecto, con su cabeza reclinada sobre el pecho de Jesús. De hecho este es el bajo relieve que, en version ingenua y sencilla, tengo sobre mi cama.

Hoy en plena Semana Santa le dedico este soneto:

DÉJAME QUE RECLINE LA CABEZA

 

Para seguir la huella de mi suerte

y descubrir el gozo de la vida,

penetrar necesito por tu herida

hasta el misterio oculto de la muerte;

 

para buscar la clave de esta fuerte

tensión entre el amor y la partida

de todo cuanto huye y cuanto anida

en un mundo vivo y a la vez inerte,

 

déjame que recline la cabeza,

cansada de pensar en esta noche,

sobre tu pecho lleno de dulzura

 

y, como a Juan, alumbra la certeza

de una luz que brilla a medianoche

porque solo la enciende tu ternura.

 

Pedro Miguel Lamet

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Las palabras pequeñas

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LAS PALABRAS PEQUEÑAS

Poesía es esa voz que permanece,  cuando todo

se queda sin voz,

el aleteo que ocultan los nombres conocidos

cuando dejan de serlo,

y el brumoso sentir de lo indecible

que se hunde en el hueco más hondo de las cosas.

Poesía es no saber, adormecerse

en el vaso secreto, todo luz,

que se esconde detrás de cada sombra

y estar solo mirando por si acaso

su rostro amaneciera.

Poesía es no tener, quedarse solo,

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