Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Sociedad

Los solitarios del verano

Las vacaciones son un cuchillo de doble filo. Por un lado traen un paréntesis, un relax largo tiempo apetecido: la posibilidad de romper con el trabajo, con la tensión de la ciudad y los problemas cotidianos. Por otro, precisamente esa ruptura nos enfrenta con nosotros mismos. El estrés, el ritmo frenético de la vida cotidiana, su ruido, sus incitaciones informativas, publicitarias y consumistas, se han convertido en una poderosa droga que nos tiene atrapados.
Vacaciones significa silencio, puestas de sol en el mar, largos horizontes en el campo o la montaña. O en todo caso una parada en la misma ciudad, donde baja la densidad del tráfico, donde las tiendas se cierran y el tiempo parece transcurrir más lentamente.
Bien es verdad que algunos huyen despavoridos a emborracharse de otro ritmo ensordecedor en los resortes playeros o en los viajes turísticos en los que capturan frenéticamente diapositivas que no calan en el interior.
Pero en toda hipótesis la gente se resiente de mayor soledad cuando llegan estas fechas. Un amigo me dice que literalmente ”odia” las vacaciones, porque se descabala más. No es extraño. Las vacaciones son como un catalizador, un tubo de ensayo en el que se aprecian más los contrastes y se aprende que uno es algo más que lo que hace, uno es lo que es.
Un día me encontré en una lejana a playa a un hombre llorando. Se hospedaba en un lujoso hotel, tenía dinero, simpatía y ligaba con facilidad. Pero en aquel momento, sentado en una roca frente al mar, se preguntaba qué había hecho con su vida: No tenía a nadie. Se había separado de su mujer y nunca podía ver a sus hijos. “Ahora sé que he vivido con una careta, vestido de un personaje que no soy yo. Ahora sé que estoy desnudo frente al mar”, decía.
Las vacaciones son un tiempo estupendo para escuchar el silencio. El silencio es como un estilete que hace un agujero en nuestra superficialidad. Por eso, la gente huye del silencio y de la contemplación de la verdad, la mirada original a la naturaleza. Es un tiempo privilegiado para separar las telarañas que hemos acumulado durante el año. Al hacerlo, podemos toparnos de pronto con la soledad. Pero la soledad no es tal. Hay una secreta compañía en el universo que te dice “eres amor”, aunque no la veas. Entonces, si perseveras en ese silencio, puedes volver a empuñar las riendas de tu vida y volver a casa tonificado disfrutando de una alegría que no está fuera, sino dentro de nosotros. Incluso aunque no hayas salido de cas. Porque nada importa el qué, sino el cómo; porque nada importa dónde nos vayamos de vacaciones. Lo que importa es quién se va de vacaciones.
El problema es que nuestra sociedad se ha inventado la manera perfecta de impedir, con su atronadora nube de ruidos que nos acompañan a todas partes, que gocemos del silencio, en una palabra, que disfrutemos de vacaciones.

Lo que importa es quién se va de vacaciones.
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Carta abierta a Bernardino M. Hernando

El periodista Bernardino M. Hernando

El periodista y sacerdote Bernardino M. Hernando falleció el pasado 7 de abril de un derrame cerebral. Como amigo y compañero de fatigas en los tiempos de “Vida Nueva” envío al vuelo de su silencioso paso por este mundo esta carta como homenaje y memoria.

Querido Bernardino:

Típico tuyo. Te has ido de puntillas, sin avisar, sin despedirte, en el anonimato que es lo que realmente te gustaba. Casi nadie se ha enterado de que fuiste uno de los curas periodistas importantes del posconcilio y la transición. Pero tú eras así, tímido, culto, lector empedernido, sonriente, poeta y un poco sarcástico y escéptico,  como mirando el mundo desde un palco y una asumida y radical libertad.

              Eras enormemente cordial y amistoso, pero cuando te acercabas te  retirabas un poco, te metías en la cueva de tus libros que nunca te cabían en casa. Aún recuerdo cómo me llamaste para entrar en la redacción de Vida Nueva, cuando te nombraron director. Con Joaquín Luis Ortega y Antonio Pelayo, a las órdenes de Martín Descalzo realizasteis la conversión de la revista de familiar a especializada., con ayuda de Mary G Santa Eulalia y María Luisa Bouvard. ¡Qué tiempos aquellos en los que escribíamos con la “tartamuda” y Paco IzquierdoJuan Barberán o Juanmi ilustraban y confeccionaban sin las ventajas de la informática noticias que miraban con lupa en Presidencia del Gobierno. A veces nos costaba caro, sobre todo cuando la censura de Fraga mandaba secuestrar la revista por los artículos de Martín Prieto con el seudónimo de Segundo Arteche. La gente leía esa página como una de las escasas ventanas abiertas a la libertad durante el franquismo.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

La herejía del hombre espectáculo

El narciso del siglo XXI

Contra la teoría de que la Tierra era el centro del Universo, Copérnico descubrió que los planetas giran en torno al  sol. Es lo que se ha llamado la “revolución copernicana”. Esta tesis tiene una aplicación a la psicología. En un mundo como el nuestro  donde el hedonismo, el consumo, el imperio de los medios de comunicación y las redes sociales se imponen sobre cualquier otro valor, el ser humano vive centrado de tal manera en su propia imagen que corre el riesgo de malograrse como persona.

Mi casa, mi coche, mi trabajo, mi vestido, hasta el colegio y la carrera de mis hijos se han convertido en adornos de mi propio yo hasta sustituirlo, en verme “guapo/a” ante la sociedad que me rodea. Este narcisismo patológico es fomentado  por la televisión, la publicidad y las redes sociales. No soy lo que soy, sino lo que aparento. El culto al cuerpo, la fotogenia, la selphimanía, la cirugía estética, la proliferación de los realItys, son algunos síntomas de este narcisismo patológico. Cualquier ama de casa convencional –“maruja” para entendernos, y sin ánimo de ofender- está dispuesta a airear sus vergonzosas intimidades con tal de salir en uno de esos programas centrados en morbosos escándalos. ¿Y qué decir de las quinceañeras, para las que el mayor regalo  en Iberoamérica es una  cirugía para aumentarse los pechos en una edad en la que ni siquiera han alcanzado su pleno desarrollo físico?

Recuerdo uno de esos cuentecillos reveladores de Anthony de Mello:

-¿Qué es lo que le gusta a tu no novia de ti? –le pregunta la madre al hijo.—-Piensa que soy guapo, inteligente y simpático y que bailo muy bien. -¿Y que es lo que te gusta a ti de ella? –Que piensa que soy guapo, inteligente y simpático y que bailo muy bien.

Todo un ejemplar del tipo de persona que emerge de nuestra sociedad narcisista. Si Erich Fromm denunciaba el cambio de paradigma del “ser” por el “tener” al que conduce el consumismo, ahora deberíamos poner de manifiesto que el hombre prefiere “aparecer” a “ser” él mismo. Podríamos denominarla la herejía del “hombre espectáculo”. Si el egoísmo y la egolatría son perversos para el desarrollo de la persona. ¿qué decir cuando la desviación no es ya poner mi ego en el centro del Universo, sino aún menos que eso,  la cáscara de mi yo, lo que represento más que lo soy o puedo llegar a  ser?

Se trata  de un nuevo emergente reinado de la superficialidad. No importa  mi esencia real, sino la foto que saco en Facebook o las veces que los internautas visualizan mi yuotube. El colmo de esta manía es morir despeñado por un selphie o en un quirófano durante una liposucción.

Urge hacer en este campo una revolución copernicana. Los clásicos de la espiritualidad lo llamaban “morir al propio yo”. Pero no hace falta ni siquiera una ascesis o afiliarse a  creencias religiosas para alcanzar ese despertar que nos resitúe en la vida y en relación con nuestros semejantes. Es un proceso de obvio sentido común. Consiste simplemente en abandonar la estupidez de creerme el ombligo del mundo –algo que desde luego no soy-, y recuperar mi verdadero sitio en él. Se trata de una  saludable cura de objetividad. No estoy solo, vivo entre cientos de miles, millones de personas, y en interdependencia con ellas, tanto en dimensiones geográficas, y ecológicas, como económicas, políticas y sociales.

Solo cuando salgo de mi empiezo a ser yo, y con ello mucho más feliz, ya que si el demasiado desear nos hace infelices por la frustración que conlleva, qué decir cuando el deseo se centra de forma preponderante en la imagen de mí. Sobre todo si el yo aparencial que me venden me destruye, porque es una gran mentira sobre mí mismo.  Como decía nuestro inmortal Séneca: “Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti”.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

La Iglesia, en tiempos de desolación

No recuerdo en toda mi vida, que ya es larga, pasar por un periodo de desolación en la Iglesia  tan fuerte como el que estamos viviendo. Sentí la vocación en una época nacionalcatólica donde la Iglesia era intocable. Es más, estaba bien visto ser sacerdote y religioso y la sociedad protegía  con exceso desde la oficialidad a todo lo que significaba Iglesia. Tuvo que venir la revolución renovadora del Vaticano II y la crisis posterior, donde la “guardería de adultos” estalló y se estrenó la libertad y la vuelta a la autenticidad del Evangelio. Pero aún en esa época de dispersión y defecciones el interés por lo religioso llegó a ser espectacular. Recuerdo cuando los periódicos dedicaban páginas  enteras a aquel florecimiento de la teología, las editoriales polemizaban para publicar libros sobre esta temática y los nuevos líderes de fe ocupaban portadas y programas de televisión.

Después vino una época anodina,  cuando con el advenimiento de la democracia la secularización iba arrinconando y purificando la fe, sobre todo en España, donde la Iglesia perdía a grandes zancadas protagonismo. La noticia religiosa pasaba a las segundas y terceras páginas y los obispos se convertían en un Guadiana informativo a ritmo de los casos más escandalosos o de los conflictos Iglesia-Estado. En mi opinión este no fue un tiempo negativo, si se tiene en cuenta que en nuestro país el protagonismo de la Iglesia había sido excesivo y era necesario resituarla en la pastoral de las parroquias y la evangelización. Como toda hibernación ayudó a otro tipo de florecimiento hacia el interior.

Ahora nos encontramos en una tercera y trágica etapa  que podríamos llamar de desolación y desprestigio. Nunca en los tiempos modernos había pasado la Iglesia por un purgatorio como el presente en el que la noticia escandalosa predomina de forma omnipresente en los medios y se ha abierto la caza  del cura y el religioso  sobre todo por los abusos sobre todo de pederastia. Como una bomba escondida que las fuerzas ocultas de la Iglesia se habían esforzado en evitar que explotara, esa carga a estallado de pronto de forma espectacular. Con ella se levanta una ola de imagen funesta, desde luego, pero también se oscurece lo que de bien, servicio, entrega desinteresada y amor auténtico se sigue desarrollando en la Iglesia.

Afortunadamente Dios no deja nunca de ocuparse de su rebaño y al mismo tiempo ha suscitado en la Iglesia una figura señera, por su sencillez, credibilidad y fuerza que es el papa Francisco, cuyo sexto año de pontificado acabamos de celebrar. No solo está luchando, a veces contra fuerzas contrarias, por purificar la Iglesia, sino que él mismo es un icono mediático que ofrece esperanza incluso a aquellos que carecen de fe.

Es claro que el camino de la desolación va a ser largo, porque queda mucho por destapar, limpiar, convertir, resucitar. Pero ya se apuntan algunos frutos: Primero humildad, especialmente para una jerarquía y un clero que se “lo había creído” y abusaba de su poder y falso prestigio. Pero también de confianza. Recuerdo una consoladora frase del padre Pedro Arrupe: “Nunca quizás estuvimos tan cerca de Dios, porque nunca estuvimos tan inseguros”. Una frase que casa muy bien con otra de San Ignacio de Loyola, maestro de discernimiento y que es especialmente válida para los tiempos que corren: “En tiempos de desolación no hacer mudanza”. Nunca olvidemos que el Evangelio nace y crece en lo pequeño, el grano trigo y mostaza y algo prepara Dios para su pueblo.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

El cielo junta desiguales


Estatua de Conde, Viana do Castelo. Portugal (©PMLamet)

 Nunca hubiera osado esta mujer del pueblo sentarse así, con total indiferencia  después de ir a la compra, al lado del empingorotado señor conde. Pero hoy, gracias al arte callejero, puede hacerlo, junto a otros hombres del pueblo, a su mismo  nivel. Milagros del bronce y del paso del tiempo, que coloca a todos por igual, sentados juntos en un banco de cualquier  calle.

E

              Mientras vivimos nos separamos por la clase social, el dinero, las posesiones, la alcurnia, la cultura, el vestido, la apariencia física… Hoy, desde el más allá, el señor conde no puede protestar, ni la buena mujer pedir licencia o rendir pleitesía al aristócrata. Da igual que el municipio le haya erigido una estatua. La historia y una mirada más alta nos coloca a todos en nuestra verdad: seres humanos, hermanos bajo la misma mirada de Dios, que solo se queda con lo que escruta en nuestros corazones.

              ¿Por qué  mientras vivo me creo  superior a otros? ¿Por qué me enorgullezco de mi papel en esta comedia en vez de lo que importa, cómo lo represento en el gran teatro del mundo?

              Probablemente el conde –barruntamos- es ahora consciente de que, pese a su “sangre azul”, estaba hecho de la misma pasta que la gente que hoy se sienta a su lado, con la que seguramente nunca pudo en vida compartir casi nada.

              Como decía Calderón, “el Cielo junta desiguales extremos”.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Píldoras milagrosas

Hace unos años un grupo de españoles confesaron haber encontrado el “elixir de la eterna juventud” o algo parecido, que lleva tiempo en las farmacias. Según sus descubridores, científicos del CSIC, este producto representa claramente «un avance mundial» contra el envejecimiento y para la prevención de importantes problemas de salud; pues se ha demostrado que «la ciencia no sólo da años a la vida sino vida a los años».

La pildorita se llama Revidox , tiene un precio, cada una, ligeramente superior al euro, se vende en cajas de treinta, y, como siempre, debe tomarse como complemento de una dieta sana y equilibrada y ¡durante toda la vida! Aparte de prolongar la vida celular y actuar por ello, como elixir contra el envejecimiento, este complemento alimentario no sólo rejuvenecería la piel, sino también actuaría en beneficio del resto de órganos (corazón, pulmones, estómago), reduciendo los problemas cardiovasculares y previniendo del cáncer. O sea, una maravilla.

Continue reading…→
Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

El fútbol, un dios fácil

Pintada de una fachada de Portimao (Portugal) ©PMLamet

Con sus canchas repletas, sus himnos vibrantes, sus seguidores fanatizados y la adoración de sus fieles, el fútbol se ha convertido en una religión indiscutida e indiscutible del siglo XXI. La asistencia a sus ritos supera con mucho la de los que acuden a misas, plegarias y otros oficios religiosos. Sus sacerdotes, los futbolistas, solo son valorados por su habilidad en el juego.

Apenas se cuestiona su moralidad, sus excesos, las desorbitadas cantidades que cobran. Puede más el fanatismo idólatra hacia sus nombres y a los colores que representan. La locura de los hinchas se convierte en una borrachera seudomística a la que se sacrifica casi todo: ahorros, incomodidades de viajes, risas y lágrimas. Y sus pontífices máximos, los dueños de los clubes, manipulan esas multitudes a placer entre cifras astronómicas y la ceguera de sus devotos sin apenas control de nadie.


Hasta qué punto al pisar un terreno de juego un futbolista siente que se relaciona con lo trascendente se aprecia en que cada vez son más los que se santiguan, rezan o levantan sus brazos al cielo para agradecer o atribuir a Dios o a Alá sus goles. ¿Qué desahogo psicológico de tensiones experimenta el aficionado en el cuadrilátero? ¿Qué le libera? Quizás que, sin dogmas, sin racionalidad, sin preceptos, se pinta la cara, se viste de ceremonia y grita, grita para huir por un rato de sus cotidianas frustraciones.
Pero eso tiene un nombre, se llama fanatismo, no religión, y el fanatismo no es compromiso ni liberación, sino huida. Pasatiempo, sí. Y también culto desmedido a un dios fácil.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Sueños de verano

  Algo cambia dentro de nosotros cuando llega el verano. No solo hacemos las maletas y preparamos con interés unos días de vacaciones. Se diría que un secreto “chip” de nuestra alma cruje en nuestro interior cambiando el ritmo de la vida y hasta nuestra manera de entenderla en este tiempo del año que trae, como decía un viejo escritor de almanaques, “días largos para el amor, y para el sufrimiento noches cortas”.

En las noches de verano los sonidos se amplifican como el canto de los grillos, y desde lejos siempre nos llega alguna música de orquesta o tocadiscos incierto que habla melancólicamente de un tiempo huido o un amor imposible. Como dice Lugones: “El calor, de vibrante, parece sonoro”. Verano sabe a mar o huele a montaña, o permite que escuchemos nuestro propio pulso otra vez, asomados al malecón del puerto o  volviendo a pasear aquel paraje del pueblo y de la infancia.

Continue reading…→

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

¡Quítate la careta!

Recuerdo haber leído una frase deI famoso novelista japonés Susako Endo: “Las personas nunca conocen su verdadero aspecto. Todo el mundo cree que esa máscara social falsa y afectada que luce es su auténtico rostro”. Desde niños, de forma inconsciente, cuando vamos alcanzando el uso de razón comienza en nosotros una difusa sensación de miedo a no ser valorados, a no ser queridos. Entonces nos comparamos con aquellos de nuestro entorno que reciben alabanzas, protección y cariño. “Mira tu hermano, qué bien se porta”. “Fíjate en fulanita, qué niña tan mona”. Y nos muestran un arquetipo, una figura ideal que debe ser imitada: el estudiante aplicado, la adolescente ordenada, el hijo obediente que nuestros padres y familiares han proyectado desde su “superego” para nosotros. O bien, para escapar de eso, elegimos personajes rebeldes o alternativos que nos atraen en el cole, el cine, la religión,  la calle como identidad apetecida.

Así arranca en mí la necesidad de ponerme una máscara, adoptar un determinado disfraz. A medida que crecemos el truco se hace habitual y se multiplica. Ya no adopto una sola careta, sino varias, según las circunstancias: una en casa y en familia, otra con los amigos, la tercera en la oficina, que también cambia ante el jefe, los compañeros de trabajo o los clientes. Solo cuando cerramos la puerta de nuestro cuarto emerge algo de lo que somos en verdad, y esa incoherencia nos pone tristes.

Continue reading…→

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Café con churros

 

Mañanita de domingo con olor a nuevo, en la que el pueblo parece estrenar la vida y los colores, como una camisa blanca para los días de fiesta. Hora de júbilo con legañas y sol rezagado en la ventana, donde el trasiego cotidiano se ha detenido de pronto y las calles se han sumido en un gesto de contemplación, cual si todas las cosas, desde el farol de la esquina a los árboles del parque, asistieran a misa. Y luego se fueran todos con los feligreses a comprar churros a donde la Pepa, que disfruta friéndolos y perfumando la plaza de olor a tahona e íntimo cuarto de estar. ¡Toma un cafelito, hija, para morjarlos! Churros inolvidables con café con leche, como los recuerdos de un infinito e infantil domingo.Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather