Siempre hace buen tiempo

Category Archives: POEMAS

¡Feliz Navidad del desconcierto!

Cuando miro, ¿qué miro? ¿La realidad de las cosas o una imagen incierta, que procesa mi cerebro a partir de los datos que capta mi retina? ¿Es mi mundo verdadero o una ilusión, un sueño, solo maya como dirían algunos orientales? El apóstol Pablo opina que pasa la efigie de este mundo y que vemos “como en un espejo”, de los de su época, claro, en los que apenas se veía con definición, sin muchos “megapíxeles” diríamos ahora.
Sea como fuere, dicho espejo está muy requetebién, y me confieso enamorado de la apariencia de nuestro mundo, trasunto, reflejo, chispa de la luz total. Como caminar a través de la lluvia, caminito de misa bajo el paraguas, con frío afuera y calor por dentro.
Ese fuego de hogar que da la fe, esa manera de mirar distinta del que se sabe de paso, pero encantado de la vida que Dios mismo eligió para su Hijo en la primera Navidad, cuando descubrimos hasta qué punto lo pequeño es grande y cómo el cuerpo, la tierra, y hasta el frío de la lluvia se convierten desde esa noche en signo de esperanza, sacramento.
Es lo que os deseo en esta nochebuena, en la que con rebrotes de pandemia, problemas económicos, amenazas de guerra, tragedias migratorias, como nunca sentimos que en nuestra fragilidad reside nuestra fuerza y en la incertidumbre la esperanza que brota de la fe. Feliz Navidad, queridos amigos y lectores, con este soneto:

NAVIDAD DEL DESCONCIERTO

En esta Navidad del desconcierto
cuando busca el migrante su destino
y el pobre, el refugiado, un camino
por este mundo triste, solo y yerto;

cuando el poder, el oro y su desierto
enajenan al hombre peregrino
que se aparta del calor divino
cerrando un corazón que estaba abierto,

muéstranos que el vacío de la cueva
y el arropo interior de tu cariño,
en la noche que brilla de alegría,

encarnan esa luz de Buena Nueva
por el cálido amor de un frágil Niño
que llora hoy en brazos de María.

Pedro Miguel Lamet



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Sobre todo somos Adviento


Tiene el Adviento un sabor a ir de camino, a viaje, a imaginar la llegada, como traqueteo del tren cuando vuelves a casa, o la ilusión de hacer la maleta para unas deseadas vacaciones.
Trae el Adviento el anhelo de las flores por el rocío, el entusiasmo del escalador por alcanzar la cima, el presentir el mar después de un recodo de la carretera, el ansia por descubrir la casita encendida después de mucho caminar por el bosque.


Me acerca el Adviento al sábado que sueña ser domingo, a las ganas de acabar el colegio, al abrazo soñado de la persona querida y a la sensación día a día de terminar un libro.
Pero sobre todo me acerca a la vida, mucho más que la Cuaresma o la Pascua, porque la vida es caminar y para caminar hace falta un sueño, una ciudad prometida, una ilusión, un puerto hacia donde hinchar nuestras velas de esperanza.
Y, ¿cómo no? El Adviento me transporta a María, la aldeana de Nazaret, esperando siempre: a Dios en la oración, a José que vuelva del trabajo, a terminar las tareas de la casa, y sobre todo al Niño que viene en la noche de nuestra cueva para hacerse también caminante como nosotros, que no somos otra cosa que Adviento.


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Sabatina

SABATINA

Era aún el chaval adolescente
que en las tardes lucía la alegría
de sentir en mi pecho, madre mía,
la cinta azul de tu medalla ardiente.

Y en los sábados, pálido e inocente,
postrado ante tus pies te repetía:
“Ayúdame a soñar desde esta fría
soledad de poeta evanescente”.

Y tú, joven ideal de lo imposible,
me inundabas del mar de tu mirada
más allá de las nubes y del viento

con solo esa sonrisa inaprensible
de la Madre que exclama emocionada:
“Ve tras mi Hijo y no pienses en nada”


Pedro Miguel Lamet
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¿Dónde andan los muertos?

¿DÓNDE ANDAN LOS MUERTOS?

El que no vive existe diluido
en los valles que ando y en la rosa
que llena de perfume cada cosa,
pues casi del todo aún no se ha ido.

Decidme, muertos, ¿qué dulce latido
es el que siento en la piel porosa
y qué noche me invita misteriosa
a vivir en presente lo perdido?

¿Dónde andáis o por dónde me parece
que ando yo este sueño de quimera
que es sentiros sin veros ni palparos?

¿No será que un ahora me amanece
en el que sin el tiempo venga a amaros
para ser Uno en una primavera?

Pedro Miguel Lamet
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El hueco del silencio

Sobre el cristal va rezumando el frío
EL HUECO DEL SILENCIO


A veces cuando dentro llora el alma
en las tardes de lluvia del estío
sobre el cristal va rezumando el frío
que acaba con la luz y el aire en calma.

Se desploma la noche que me empalma
con lo oscuro del ser; se para el río,
regresa el miedo y vuelve el desafío
que es perderme sin ti lo que me ensalma.

Entonces me acurruco como un niño
en el hueco que surge de la nada
cual si fuera la cuna del silencio

y de pronto descubro la ensenada
que eres Tú sin estar y te presencio
en un vacío lleno de cariño.

Pedro Miguel Lamet
 
 
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Abísmame en tu ser

ABÍSMAME EN TU SER

Si del silencio hiciera
un abismando hueco,
y en las tardes sin nadie
 el diapasón ardiente
del aire sobre el aire
hasta matarme el ego
por ser contigo
Uno,
dormiría
tan  dormido y despierto,
tan nada y todo en uno,
como esa nube leve
del sol atravesada.

Si esta noche me dieras
el saber sin concepto,
un ser sin etiqueta,
un navegar sin barco
y una luna sin tiempo
que en las sombras fabrica
la amenaza del miedo,
quizás descubriría
el vaivén de mi cuna
y el sabor de tu verso.

Si mañana es ahora
y ayer ya no amanece
y  es hoy solo un instante 
que se esfuma ya yerto,
abísmame en tu Ser
porque así me diluya
mientras deambulo absorto
por sendas de tu espejo.

Porque ahora  he nacido
y tengo tanta Vida
cual si estuviera muerto.

Pedro Miguel Lamet
⁠

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Lumbre de Dios

Y buscaba temblando la centella…
LUMBRE DE DIOS

“El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; 
a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, 
la luz resplandeció sobre ellos”. (Is. 9,2)

Desde la sombra de la noche aquella
que también es la noche tuya y mía,
cuando esta tierra abandonada y fría
perdió sin ti la risa de tu huella,

y buscaba temblando la centella
de un sueño, una palabra, una alegría
para aliviar ese horror en que sufría
el ser sin ser, la vida sin estrella,

de pronto te asomaste a la ventana
y preguntaste al Padre de esta guisa:
-¿Qué te parece proclamar cariño

y que el hombre se sienta en la mañana
tu júbilo, tu lumbre, tu sonrisa?
-¡Bájate, Hijo, y llora como un niño!

Pedro Miguel Lamet
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Cuando no estoy

… y nada solo en el mar en que nadaba antes del tiempo.
CUANDO NO ESTOY

Cuando no estoy, estás tú
y cuando estás, amanece
ése yo  sin figura,
que, dormido, más que nombre
y deseo o poder o residencia
es río, manantial, ola y abrazo
de este pasar en busca de su Ser
que es tu presencia.

Me miro en ti, cuando camino
sin camino, como un niño
que acaba de nacer y nada solo
en el mar en que  nadaba 
antes del tiempo.

Te vuelvo a ver mirándote en el lago
detrás de la violeta y en el trino
de un jilguero que canta para nadie.

Soy un pedazo de ti en este mundo
y un ciego cegado de dulzura
que despierta si muere cada día.

Soy el fuego de un beso que tú diste
en tránsito a su hoguera, y una gota
de un agua que no cesa de brotar
y solo descansa si se olvida
de sí misma por refrescar la tierra.

Cuando no estoy, estás tú
y al tu venir, 
me llamas “siempre”.


Pedro Miguel Lamet

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Soñé con ser tu marinero

Mar de Alvor, Algarve, Portugal. ©PMLamet
SOÑÉ CON SER TU MARINERO

Soñé de niño ser tu marinero
y cruzar por los mares de la vida
sin más norte que esa tu luz que anida
en el sol que acaricia a mi velero.

Quise alcanzar la gloria prisionero
de mi poder, mi fuerza y mi partida,
sin comprender que estaba ya perdida
por llevar el timón tan altanero.

Ahora en el atardecer descubro
que nunca mi bogar fue de mi mano,
que no alcancé más puerto que la brisa

en la frente, y ese horizonte hermano
hacia un mar que me lleva y que columbro
para anegarme entero en tu sonrisa.

Pedro Miguel Lamet
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Dios me canta una nana

Nana frente al mar. Oporto, 2013

El niño duerme, el mar está bravío. Las olas braman, la madre vela sus sueños.
Así mi vida. El mundo que nos rodea se encrespa con noticias inquietantes: pandemia, guerra, hambre, paro, crisis de valores, inestabilidad mundial, amenazas económicas, miedo al futuro.
Pero Dios padre y madre vela mi sueño.


“Como un niño en los brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí!” (Salmo 131)
Y Él me canta:

NANA DE LA ETERNIDAD

Duerme mi niño, que la vida es buena,
tu cuna es una barca que yo te mezo
y el viento de este mundo sólo es el beso

que posa en tus mejillas toda la Tierra.
No llores ni te inquietes, solo contempla
todo ese mar profundo que llevas dentro.
Pedacito de mí, tu alma anda llena
del amor  infinito de los pequeños, 

pues quise andar sobre él en la galerna
y dormir en la popa con el mal tiempo.
Ni el dolor ni la muerte te darán pena
Descansa en mi del todo, siéntete eterno.

A la nana nanita, nanita ea.
Que mi niño se duerme bendito sea.

Pedro Miguel Lamet
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