Siempre hace buen tiempo

Category Archives: BIOGRAFIAS

El desconocido testamento de Martín Vigil

A raíz de la publicación de mi artículo en elmundo.es sobre la silenciosa y casi desconocida muerte del  otrora exitoso novelista José Luis Martín Vigil, recibo el sobrio y emocionante texto de su testamento que me envía un amigo gallego y debería conocer todo el mundo. En él confiesa abiertamente su fe, su amor a la Compañía de Jesús,  ignora su obra literaria y se despide con una enorme sencillez.

Creo que sus lectores merecen saborear estas sencillas y hondas palabras publicadas en octubre pasado  en el boletín “Bellavista” de los antiguos alumnos de los jesuitas de Vigo,  colegio donde Martín Vigil fue educador y vivió las experiencias que refleja en su  famosa novela “La vida sale al encuentro”.

 

“Bueno, al fin muero cristiano como empecé. Creo en Dios. Amo a Dios. Espero en Dios. No perseveré en la Compañía de Jesús, pero jamás dejé de amarla y estarle agradecido. No conozco el odio, no necesito perdonar a nadie. Pero sí que me perdonen cuanto se sientan acreedores míos con razón, que serán más de los que están en mi memoria. Amé al prójimo. No tanto como a mí mismo, aunque intenté acercarme muchas veces. No haré un discurso sobre mi paso por la vida. Cuanto hay que saber de mí lo sabe Dios. En cuanto a mis restos, sólo deseo la cremación y consiguiente devolución de las cenizas a la tierra, en la forma más simple, sencilla y menos molesta y onerosa. Pasad pues de flores, esquelas, recordatorios y similares. Todo eso es humo: Sólo deseo oraciones. De este mundo sólo me llevo lo que me traje, mi alma. Consignado todo lo cual, agradecido a todos, deseo causar las mínimas molestias. Dios os lo pague”.

Huelga todo comentario, pues este testamento es como el broche de oro que cierra el círculo de su vida y reconcilian y unifican para siempre las figuras del escritor y el hombre.

***  *** ***

Hace un año que falleció el famoso escritor sacerdote José Luis Martín Vigil, sin que nadie se enterara, sin que los periódicos le dedicaran siquiera una necrológica. elmundo.es  me pidió un artículo que apareció ayer y que reproduzco a continuación. Creo que el anterior testamento  explica mucho el silencio que rodeó a su muerte.

LITERATURA | Tras 17 años de silencio

José Luis Martín Vigil, de novelista para adolescentes a ‘cura maldito’

[foto de la noticia]
  • EL MUNDO relata hoy el final del que fuera el escritor más popular de España

Pedro Miguel Lamet | Madrid

Actualizado martes 10/01/2012 07:43 horas

Como tantos otros, no me había enterado de la muerte de José Luis Martín Vigil, aunque sabía que estaba muy enfermo. La última vez que lo vi fue hace muchos años en el plató de un programa masivo de Telemadrid. Iba acompañado de un muchacho y me saludó con afecto: “Nunca olvidaré mis años en la Compañía de Jesús. Su formación es algo que marca. Admiro a San Ignacio”, me confió con una sonrisa. Luego supe que tenía una casa en el barrio Salamanca y me llegaron algunas noticias brumosas relacionadas con la policía y algunos de sus muchachos, aquella obsesión que le había provocado dejar sucesivamente a los jesuitas y después, el sacerdocio.

Creo que sus últimos años, por lo que he podido informarme de amigos comunes fueron amargos. No sólo por el deterioro físico, sino por la soledad y la desembocadura de una vida trágica. Pero José Luis tuvo sus días de gloria. He visto colas de admiradores dando vuelta a las manzana por obtener una firma de sus obras, traducidas a varias lenguas. Sobre todo a raíz de su primera novela, ‘La vida sale al encuentro’, experiencia de sus años como educador en el colegio de Vigo, que se convirtió en un auténtico ‘best seller’, que ha llegado a reeditarse hasta el 2006, en una última versión revisada por el autor mismo.

Los adolescentes del franquismo leíamos otras novelitas aleccionadoras de la colección Eccélicer, como ‘Corazón de Cristal’ del padre Sobrino y otra que quiero recordar que se titulaba ‘El salto del torrente’, donde los protagonistas eran “escolares bien”, muchas veces “príncipes del colegio” que sentían la vocación y lo dejaban todo por grandes ideales. Para aquellos tiempos ‘La vida sale al encuentro’ fue un paso adelante en la literatura juvenil, una cita con una narrativa más moderna y comprometida, que se caracterizaba por el manejo eficaz de las situaciones y los sentimientos. En sus páginas aparecían personajes de carne y hueso, aunque siempre, claro está, con la filtración obvia de una censura ambiental franquista que impedía todo desmelenamiento.

Las amargas situaciones por las que discurrió la vida del ex sacerdote, al que acabaron por prohibirle confesar, luego predicar -llenaba la Iglesia de Salamanca- y definitivamente le condujeron a secularizarse, se percibe en su ulterior saga de novelas sociales sobre situaciones conflictivas como ‘Una chabola en Bilbao’ o ‘Los curas comunistas’ que escandalizaban en la España timorata de aquellos años.

En una conversación televisiva con Jesús Torbado afirmó: “Cuando me encasillaron, o me encasillé, en escribir para jóvenes, muchos críticos, sin leerme, piensan que hago un subgénero; eso les ahorra el trabajo de leerme. Yo soy sustancialmente un narrador de historias. Lo que yo quiero llevar a la gente es una historia, el estudio de un problema. El estilo y la técnica que emplee serán para mí, siempre, subsidiarios. Serán aquellos que mejor ayuden al lector a comprender esa historia, a sentir ese problema, a sufrir y a gozar con mis personajes”.

¿Hay algo más digno que ser una narrador de historias, cuando sobre todo estas atrapan eficazmente y nos conducen a bucear en verdades del ser humano? No digo que Martín Vigil sea un escritor genial, para sesudos comentarios de texto en clases de literatura. Pero no es ciertamente inferior a un Luis Coloma o Fernán Caballero y otros escritores aleccionadores del XIX, que sí aparecen en los libros de texto. Sus obras se leyeron en su momento con pasión. ¿No merece su autor al menos el elogio de una gacetilla o una necrológica periodística?

Cura más homosexual era una suma explosiva en aquellos años. ¿Fue pederasta? Lo ignoro. Las últimas veces que lo vi iba con jóvenes bien crecidos. En todo caso, en estos días de salidas del armario, nadie condena a Lord Byron, Lorca, Gide o Proust por su orientación homosexual. Más bien todo lo contrario ¿Por qué se quiere enterrar la memoria de Martín Vigil o alinearlo de forma simplista con la literatura de buenos sentimientos de los años cincuenta? Hay lectores que lloraron con ‘La vida sale al encuentro’ cuando el hermanito pequeño del personaje principal, en una clara relación de homosexualidad reprimida, muere apretando con la mano una medalla de la Virgen mientras el protagonista explicitaba sus deseos de ser sacerdote. Era más revolucionario de lo que parecía.

Cuentan que al final se paseaba por internet y chateaba con los amigos. A uno de ellos le escribió: “Sigo como la víspera. Esto también puede ir para largo. Nadie lo sabe. Yo me preparo para lo que venga. En esto de la muerte, como en todo, Dios es mi padre y tiene mano en el asunto. Marito, un día irás a Dios como verás que intento hacerlo yo y te estaré esperando, si llego al cielo antes que tú”. Descanse el hombre, desde la fe que en el fondo nunca perdió, y viva en sus obras este considerable, eficaz y muy leído novelista.

 


Pedro Miguel Lamet es jesuita y escritor. En 2011 publicó ‘El último jesuita: La dramática persecuión contra la Compañía de Jesús en tiempos de Carlos III’ en La Esfera de los Libros.

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La catedral de un solo hombre

 

Esta es la catedral de un solo hombre. Se encuentra en Mejorada del Campo, a veinte kilómetros de Madrid. Su constructor se llama Justo Gallego, un campesino de ochenta años al que la tuberculosis no le dejó ser monje. En los terrenos que había heredado de su familia decidió, hace cuarenta años, construir el sólo una catedral con materiales reciclados: ladrillos, bidones, tuberías, ruedas de bicicleta. Sin planos, sin permisos de nadie, sólo con el ideal dibujado su cabeza ha construido un eco-templo original y desafiante dedicado a la Virgen y curiosamente en una calle que se llama Antonio Gaudí. En la web oficial de Mejorada no se menciona a don Justo. Sin embargo el tema tiene sitios en Internet en inglés y alemán hasta que un anuncio de Aquarius lo dio a conocer en televisión. Luego se ha vuelto a olvidar. Las autoridades civiles y eclesiásticas no saben qué hacer con la catedral de don Justo. Él dice que es una cuestión de fe y de constancia. Cuando fui a visitarlo me dijo: “No lo entendéis porque perdéis mucho el tiempo en tonterías”. A él la guerra civil no le dejó estudiar. Pero un hombre es del tamaño de su sueño; no de sus estudios, ni de sus papeles o permisos, ni siquiera de que le hagan o no caso los demás, que en Mejorada le llamaban “el loco”. La “locura”, el sueño de Justo es mayor que todo eso, es del tamaño de una catedral.

 

 

 

 

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José María de Llanos, SJ

 

TRIBUNA: ANIVERSARIO
PEDRO MIGUEL LAMET

El alma secreta del padre Llanos Añadir a Mi carpeta

Cuando se cumplen 50 años de la llegada del ‘cura rojo’ a El Pozo del Tío Raimundo, el autor recuerda a este emblemático jesuita, su amigo y compañero

PEDRO MIGUEL LAMET
EL PAÍS  –  Madrid – 26-09-2005
Era un hombre frágil, pero con intuiciones y carácter de líder valiente y creativo

 

Cuando se cumplen 50 años de la llegada del ‘cura rojo’ a El Pozo del Tío
Raimundo, el autor recuerda a este emblemático jesuita, su amigo y compañero.

Hundidos los zapatos en el barro, dejábamos el tren en Entrevías y nos adentrábamos en un mundo aparte, llamado Pozo del Tío Raimundo. Eran los conflictivos sesenta. El que suscribe estudiaba entonces filosofía en Alcalá de Henares e iba semanalmente a ayudar al padre Llanos en la catequesis de niños ojerosos, hijos y nietos de los obreros inmigrantes que, procedentes de Jaén, Extremadura y de pueblos de Toledo, habían levantado sin permiso aquel submundo aparte del arrabal. Y algo insólito en aquellos años del franquismo: antes de dar las clases izábamos la bandera de la ONU, y cada día, la de un país, incluido la URSS, ante el señor Horacio, «el único alcalde democrático del franquismo».

De aquellos años llevo clavada en la memoria la figura de un José María Llanos canoso, enroscado en su manta y aporreando una vieja Underwood en su gélido cuchitril, y luego, en el Común de Trabajadores, dormitorio corrido que apestaba a pies y colillas. Aquel hombre me desconcertó desde el primer momento. ¿Era el mito vivo, el jesuita que hace ahora 50 años dejó el centro de Madrid y su pasado de Cruzada para vivir con los más pobres? ¿Qué le hacía tan hosco y sensible al mismo tiempo? ¿Cómo había pasado de capellán de la Falange a «cura rojo»? y ¿de poeta exquisito a revulsivo del mundo obrero?

Recuerdo que un día, cuando llegué en plenas navidades y pregunté por él, me dijeron: «¡Uff, Llanos no sale de su cuarto hace tres días!». ¿Por qué?, inquirí. «Es que le han robado el Niño Jesús de la capilla». Aquella anécdota de «santo cabreo» me dio una clave para entender su alma paradójica, esa mezcla explosiva de delicadeza interior y malas pulgas, de niño y loco, de soñador y depresivo de la que hacía gala. Llanos no era el típico misionero atleta que se adentra en la selva, ni el robusto cura obrero que acaba por encallecer el alma para hacerse sindicalista. Era un poeta, un intelectual, y en el fondo, un hombre frágil, pero con intuiciones y carácter de líder valiente y creativo. El teólogo José María Díez Alegría, con el que he charlado largas horas para escribir su biografía, me corroboraba esta acepción de Llanos como poeta, y añadía que -artista como Picasso- su gran amigo y alter ego pasó de una «época azul» a otra «rosa». Respecto a su carácter, añadía que, «como en la Iglesia tiene que haber de todo, él le decía: Llanos, tú eres la vesícula biliar del Cuerpo Místico».

Precisamente con Díez-Alegría, y durante el destierro en Bélgica, donde ambos hicieron sus estudios de filosofía, arranca el impulso creativo de este jesuita singular. Allí fundó un grupo de compañeros que, con el nombre de Nosotros, se dedicaba a lo que Llanos llamaba «vivir abismos», es decir, formularse las grandes preguntas del hombre. Leían a Marechal, Heidegger, Le Roy, Karl Adam, Zubiri y los poetas de la Generación del 27 con el fin, como él decía, de «coger las grandes cabezas para despejar la mía». Así se adelantó con tiempo al Concilio; tanto, que los superiores se asustaron y disolvieron el grupo.

Sus recuerdos inéditos que repartió entre «cien amigos» y que acaban de aparecer con el título Confidencias y confesiones, revelan a un soñador despierto, que entre depre y depre, había vivido a flor de piel la guerra: momentos como cuando recibía en Portugal la noticia de su hermano asesinado o decía su primera misa en Granada, en pleno fervor posbélico, ayudado por su padre, vestido de uniforme de general. Siempre le acompañó lo que Alegría llama ese «dolor de estrellas», que creo esencial para entenderle cabalmente.

¿Que cómo se compagina eso con un liderazgo revolucionario y levantar el puño con Carrillo en el primer mitin pecero de la democracia? Del mismo modo que sus meriendas con la Pasionaria mientras entonaban juntos Cantemos al amor de los amores; o su deseo de que en la lápida de su tumba le pusieran su número de carné de Comisiones Obreras y, al aproximarse su hora, respondiera al jesuita encargado de las necrológicas: «Hermano, basta que me ponga el SJ (Societatis Iesu)».

En el fondo, ese dolor de estrellas era el secreto de la osadía de Llanos. Un ensueño que no le impidió cristalizar realidades. Como cuando se fue a manifestar ante el Ministerio de la Vivienda contra la proyectada M-40, que se iba a cargar a El Pozo, y el trazado acabó rodeándolo. O cuando el autobús que unía el barrio con Atocha tenía la mitad de ventanas rotas, y él, ante el asombro del cobrador, no pagaba la peseta del billete, sino sólo cincuenta céntimos, «medio autobús», lo que imitaron todos los que iban detrás hasta que el Ayuntamiento renovó los vehículos. El Pozo entero de hoy es en cierto modo esa utopía hecha realidad.

Pasaron los años y mi amistad con Llanos se consolidó, sobre todo en los tiempos en que yo dirigía el semanario católico Vida Nueva. Llanos era un obrero de la pluma y se ganaba la vida escribiendo artículos. Defendía, siguiendo nada menos que a Pío XII, la necesidad de la existencia de una opinión pública dentro de la Iglesia, y la ejercitaba sin cesar, a veces levantando tormentas. Pero a la postre nadie osaba callarle, porque nadie pisaba el barro como él, o decía misa en invierno enfundado en abrigo y bufanda y junto a una estufa de camping-gas.

Conservo cartas preciosas que acompañaban sus colaboraciones, que él llamaba «desahogos» desde su «rincón» y desde un «evangelio, cada vez más sorprendente para este viejo». «Lamet querido», confesaba, «no temas publicarlos, que el cura rojo tiene tan mala fama que todo lo suyo cabe en el cesto». Y añadía: «De veras, no creo tener mala milk; sólo es cuestión de años y chochez».

Ya seriamente enfermo, me escribía en 1986: «Mi cansancio es feroz, pero creo también que en la otoñada crece mi fe en Jesús, y en mi memoria, mi afecto hacia ti. Me quiero ir definitivamente, pero también estaré allí contigo». Ése era Llanos, el amigo de todos, en quien, por encima de sus ideas, cabían desde Marcelino Camacho a Calvo Sotelo; de Solana a Martín Artajo; de Tierno a Álvarez del Manzano, pasando por Menéndez Pidal, Umbral, Fraga, Tamames, Arrupe, Ruiz Giménez, la Pasionaria y un largo etcétera.

Entre papeles viejos he encontrado un artículo inédito del padre Llanos, que, tras ser cesado director de la revista, no pude publicar. Este párrafo le retrata: «Perdonadme, pero resulta hasta grotesco salirnos con que Jesús en su mensaje vino a defender los derechos humanos. La misma paz citada y proclamada por él no se identifica del todo con lo que hoy pretenden los pacifistas, les supera. Y lo mismo se diría de la justicia -Jesús vino a salvar, después dijeron que salvar era justificar-, la cual, como la liberación, es algo tan profundamente humano que no cuadra sino con el mensaje evangelizador. ¿Por qué este afán eclesial de entrometerse en todo tarde e inoportunamente?».

Aquella libertad profética no podía proceder sólo de su dolor de estrellas, sino de una profunda y meditada fe: «Mi tema, aflorado y hasta desafiante, siempre fue Jesús», me confesaba al final. Era el Llanos que igual leía salmos o recitaba a Alberti y Neruda en sus interminables eucaristías como montaba guardia en la Dirección General de Seguridad para sacar de allí a un amigo. «Se parecía el autorretrato de Rembrandt del museo de Amsterdam», dice Alegría. A mí no dejaba de evocarme una extraña mezcla de San Manuel Bueno y Mártir de Unamuno, Nazarín de Galdós y el frágil cura de aldea de Bernanos, eso sí, con ciertas pinceladas del Ché Guevara. Tan inclasificable como para que ante su tumba se abrazaran al unísono el piadoso rezo del rosario y el canto de la Internacional.

 

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La caboverdiana

 

Por fin se le ha hecho caso en Madrid a Cesaria Evora, la cantante caboverdiana que parece arrullar al mundo con sus melodías entre africanas y portuguesas, a medio camino entre Edit Piaff y Amalia Rodrigues. Surgida de la pobreza de un país pequeño sin agua, al principio sólo se la oía en los cafetines de Mindelo. Hoy esta negra de sesenta años es como una abuela universal que canta su nana a una sociedad trepidante.

Su vida parece arrancada de una novela de aventuras. De la miseria a locales repletos de marineros, donde cantó una noche para un portugués que la dejó preñada y al que nunca volvería a ver. Que no tiene miedo a la muerte porque dice que «es lo más verdadero que sucede en la vida»; que cree en Dios aunque no lo ve, pero lo siente; y que cuando le achacan que no ha tenido suerte con los hombres, responde que es al revés, son ellos los que no la han tenido porque «se han quedo sin Cesaria Évora».

Cuando sube a un escenario, canta como si estuviera en el cuarto de estar, cosiendo o planchando para una gran familia. Sus canciones se dirían escritas para gentes con otra dimensión del tiempo, que no saben odiar, y jóvenes que aman la vida. Por eso, como una madre, les aconseja con una sonrisa: «No bebed alcohol, no drogaros, amad de corazón y estudiad para ser grandes personas».

Esta negra descalza ha visto muchos barcos partir, ha sufrido la escasez y la soledad, y no por ello perdió nunca humor y cariño. Asegura que canta para los que están solos, sin amor, y lo hace a la medida de todas las nostalgias. Algunos lloran al oírla. A mi me trae paz y el murmullo del mar lejano.

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Francisco de Borja: Los enigmas del Duque

Texto de Contraportada

No pudo soportar ver a la hermosa emperatriz Isabel muerta. Fracnisco de Borja y Aragón, uno de los personajes más influyentes y misteriosos de su tiempo, ante el cadáver de la mujer de la que estaba platónicamente enamorado, da un giro radical a su vida. Biznieto ilegítimo de un papa -el intrigante Alejandro VI (Rodrigo Borgia)-, y de un rey mujeriego -el astuto Fernando el Católico., íntimo de Carlos V y marqués de Llombay, rompe con el mundo y se hace jesuita. Pero no cesarán los enigmas y problemas dell ex duque de Gandía y ex virrey de Cataluña. Acusado por la Inquisición y bajo sospecha de Felipe II, que lo cree amancebado con su hermana la princesa Juana, única mujer jersuita de la historia, huirá a Portugal, y en Roma será elegido segundo sucesor de Ignacio de Loyola. Pero nunca dejará de ser para todos «el duque», el hombre de confianza de reyes, príncipes, papas, validos, soldados y santos.

Esta novela, basada en la  más reciente investigación histórica, retrata la poliédrica y apasionante personalidad de este enigmático personaje, desde la óptica de Juan de Borja, su hijo preferido, embajador en Portugal, que es requerido por la Santa Sede para elaborar un informe objetivo sobre su padre. ¿Quién era realmente el hombre qal que Carlos V llamaba «querido primo»?En este vivo relato encontrará el lector una sorprendente respuesta, cuando se cumplen los 500 años de su nacimiento.

 

Escuchar entrevista sobre el libro, emitida por Radio ECCA de Canarias

Contenido

1. El encargo.
2.La sangre.
3.El primogénito.
4.Isabel y Leonor.
5.El íntimo del César.
6.La hoguera.
7.Bandidos.
8.El lugarteniente.
9.Ilustre primo.
10.El estampido.
11.Pájaro solitario.
12.La despedida.
13.Tierras de Ignacio.
14.La princesa.
15.Egipto.
16.Desde Yuste.
17.La Inquisición.
18.Nada te turbe.
19.El general.
20.La embajada.
21.El último viaje.
22.Leño y hoguera.
Nota del autor: Historicidad y fuentes

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El esclavo blanco

1.- Texto de Contraportada

Cartagena de Indias, principios del siglo XVII.

Trata de negros, piratería, brujería, procesos inquisitoriales, jesuitas… Con estos elementos, y a modo de amplias y expresivas pinceladas, Pedro Miguel Lamet compone con maestría un gran fresco de la España colonial. Al hilo de las aventuras de un marinero gaditano, El esclavo blanco narra la abnegada vida de Pedro Claver, un hombre sencillo pero extraordinario que luchó por la dignidad y la vida de los millones de esclavos africanos que fueron vendidos en América. Enfrentado a los poderosos y amonestado por sus superiores, este jesuita irrepetible se consideraba a sí mismo un «esclavo de los esclavos», y a ellos dedicó su vida en cuerpo y alma.

Perfecta combinación de rigor histórico y prosa evocadora, esta novela nos adentra en la historia de un singular personaje, modelo para todas las personas comprometidas con la defensa de los derechos humanos, que sufren y luchan junto a los parias de nuestro tiempo.

Para saber más sobre Pedro Claver pincha aquí:

 

2.- Contenido

1. Zarpar en primavera.
2. Caminos en el mar.
3. Del Nuevo Mundo.
4. Esclavo y libre.
5. La sed de la noche.
6. Auto de fe.
7. Aquelarre en Tolú.
8. Aquellos cántaros negros.
9. Filibusteros en Bocagrande.
10. ¡Milagro!
11. Fuegos de fiesta.
12. El amigo portero.
13. Tiene que llover.
14. Parecía libre.
15. Mar adentro.
Nota Histórica.
Fuentes bibliográficas.

 

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El caballero de las dos banderas

 

 


Ya está en las librerías la 3ª edición

1.- Ignacio de Loyola

Una mujer enamorada, Catalina de Austria, hija de Juana la Loca y hermana de Carlos V, que más tarde será reina de Portugal, narra, desde su forzado encierro del castillo de Tordesillas, las azarosas aventuras del gentilhombre Íñigo de Loyola, que con los años se convertirá en el fundador de la Compañía de Jesús y figura clave de la Contrarreforma con el nombre de san Ignacio de Loyola. Soldado desgarrado y vano, fácil en sacar su espada para batirse por hermosas mujeres, perseguido por maridos celosos y caballero armado al servicio del duque de Nájera, va en busca, como otro Amadís, del amor y la gloria. En esta agitada vida deja una hija natural, María de Loyola, hasta ahora silenciada por las biografías oficiales.

Esta novela recrea con rigor histórico y estilo vivo no sólo la peripecia de su vida, su herida en la defensa de Pamplona, su transformación interior, su peregrinar solo y a pie por toda Europa, sus estudios universitarios y sus enfrentamientos a la Inquisición; sino que nos acerca además la apasionante época del Siglo de Oro y el perfil psicológico de sus contemporáneos como Fernando el Católico, el emperador Carlos V, doña Juana la Loca, Germana de Foix, Martín Lutero, Juan III de Portugal, y otros muchos personajes históricos. Todo ello permite al lector comprender la juventud turbulenta, el proceso interior, el entorno cultural y la espiritualidad del joven Loyola que dejará su marcada impronta en la orden más influyente y polémica de la historia de la Iglesia.

 

2.- Contenido

1. La princesa cautiva
2. El doncel de Arévalo
3. Un tibio olor a castañas
4. De Flandes a Castilla
5. Justas en Valladolid
6. Con las Huestes Reales
7. Defenderla o morir
8. Los dos sabores del alma
9. Vela de armas
10. Un río de luz
11. Sin blanca ni bizcocho
12. Como si presente me hallase
13. Amo, amas, amaré
14. Alumbrados y erasmistas
15. Virtud con letras
16. Seductor de estudiantes
17. Amigos en el Señor
18. Debajo de su bandera
Nota histórica

 

3.- Comentarios de Quintín Aldea


Un retrato diferente

De El caballero de las dos banderas afirma Quintín Aldea, de la Academia de la Historia:

«El argumento se desarrolla con dramatismo, con pasión y con estilo literario de limpia y natural belleza. Es curioso cómo ha sabido el autor integrar en la amena narración tantos hechos históricos de la vida de Ignacio, de Catalina y de su hermano Carlos, el gran emperador de Occidente.

La coherencia del carácter de los personajes, la sencillez de la trama, la importancia histórica de los acontecimientos y el interés creciente de la narración cautivan al lector desde el primer momento

La articulación de los fundamentos históricos con que se teje toda la trama es de un gran acierto y llama la atención en un autor que no es profesional de la Historia.

Se trata pues además un magnífico panorama de la época de Carlos V, cuyo centenario celebramos, descrito con prosa emotiva, natural y muchas veces poética.»

 

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Hombre y Papa

La muerte de Juan Pablo II, uno de los pontífices más influyentes de la historia, conmovió al mundo. Desde la tarde en que, recién elegido, se asomó al balcón de San Pedro para saludar a la multitud y, a diferencia de sus predecesores, apoyó sus manos firmemente sobre el balcón de la logia, el mundo supo que era un líder consciente de su poder e influjo en las masas.

Su trayectoria respondió enseguida a este gesto. Habló con una voz y un tono «de hombre», rompió el proto­colo, contestó a pie de micrófono, explotó sus dotes de actor, elec­trizó a las masas, intervino políticamente en la democratización de su país y en los acontecimientos del Este, se convirtió en superestrella, dio varias veces la vuelta al globo, realizó más canonizaciones que nadie, escribió más encíclicas que ningún papa anterior y se convirtió con sus libros, sus discos y su catecismo en un auténtico papa ­best‑seller, al mismo tiempo que en la mayor instancia ética de carác­ter mundial de su época.

Pero a la vez no ocultó un estilo exigente en defensa de la ortodo­xia de la doctrina, y fue acusado por un sector de la Iglesia de «restauracionista» por sus firmes posturas en moral sexual, sus polémicas decisiones frente a la investigación teológica, la Teología de la Liberación y otras corrientes progresistas dentro de la Iglesia. Un estilo que hizo compatible con la puesta al día de la doctrina social católica, en la que condenó igualmente el comunismo y el  capitalismo salvaje, el aborto y la guerra de Irak.  Como todo líder fuerte, ha pro­vocado reacciones contradictorias: desde el entusiasmo casi papolátrico al rechazo visceral.

Pedro Miguel Lamet, que le siguió de cerca desde el comienzo de su pontificado, lejos de escribir una “hagiografía más”, analiza en este libro al hombre y al papa: las raíces históricas, culturales y psicológicas que influyeron en su pontificado y traza una valoración sociopolítica y eclesial de su prolífico quehacer,  luces y sombras. Conocer su trágica, novelesca e intensa vida nos sumergirá no solo en la apasionante historia reciente de la Iglesia, sino en las vicisitudes de toda una época y un mundo en rápida transformación.

 

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El pontífice más querido de la historia

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La santa de Galdós

Un personaje histórico de «Fortunata y Jacinta»

1.- Ernestina Manuel de Villena.

Ernestina Manuel de Villena (1830-1886). Un personaje histórico de Fortunata y Jacinta, ed. Trotta, Madrid, 2000.

Ficción y la realidad vienen a darse la mano en la expresión novelística, y de forma muy peculiar en la obra de Benito Pérez Galdós. Tal es el caso de Guillermina Pacheco en Fortunata y Jacinta: «Lo verdaderamente auténtico y real (de la citada novela) –escribe el novelista canario– es la figura de la santa Guillermina Pacheco. Tan solo me he tomado la licencia de cambiar el nombre. (…) Esta gloriosa personalidad merece a todas luces la canonización». Que un escritor con la acendrada fama de anticlerical de Galdós dedique un artículo a pedir que se eleve a los altares a una contemporánea suya, que al mismo tiempo se convierte en un personaje clave de su novela cumbre, no deja de ser al menos un hecho curioso.

ç Pero hasta ahora cierta oscuridad se había cernido sobre Ernestina Manuel de Villena (1830-1886), distinguida dama e hija de diplomático, nacida en Lucca (Italia) y madrileña de adopción, que se entregó en cuerpo y alma al depauperado Madrid del siglo XIX y que sobrenada entre las dos aguas de la historia y la novela. La investigación galdosiana se ha preguntado reiteradas veces quién era en realidad doña Ernestina, qué valor histórico tiene el retrato que traza de ella Galdós y si no se ríe el autor una vez más de un personaje religioso cuyo sobrino en la novela la llama la rata eclesiástica o la considera otro representante de la, en opinión del escritor, irrealizable utopía cristiana.

Este libro responde en primer lugar a esa pregunta sobre el papel de Ernestina en la obra literaria de Galdós. Y, segundo, ofrece la primera biografía completa de un personaje histórico del siglo XIX, que no solo ilumina sobre el polémico tema de la religiosidad del novelista, sino que constituye en sí mismo un precedente de un voluntariado cristiano solidario que ahora crece espectacularmente en el horizonte del siglo XXI.

Pedro Miguel Lamet articula el libro en tres círculos. En su primera parte analiza al escritor, como principal testigo de la vida de Ernestina y la famosa polémica sobre su religiosidad y anticlericalismo. El personaje de ficción, Guillemina Pacheco, ocupa la segunda parte de su obra, dentro del análisis de Fortunata y Jacinta. La tercera traza la biografía del personaje histórico, apoyada en numerosos documentos inéditos; y finalmente, sus conclusiones comparan la ficción y la vida, donde Guillermina/Ernestina, que aparece como un curioso personaje-puente, además de arrojar nueva luz sobre la novela cumbre del autor canario y la dialéctica pueblo/burguesía del relato, contribuye a la comprensión de la auténtica naturaleza de su cosmovisión cristiana.

Además, la peripecia humana de Ernestina Manuel de Villena vale por sí misma, más allá de toda imbricación en la crítica galdosiana, puesto que su trayectoria revela asombrosos precedentes de un voluntariado laico, comprometido y por libre, cuando la mujer no contaba aún en la sociedad más que como madre, esposa, religiosa, criada u objeto de placer, y apenas bullían en la sombra los primeros brotes socialistas y revolucionarios en nuestro país.

2.- Contenido

Entre la novela y la historia

I. PARTE: EL ESCRITOR
1. Perfil de un solitario
2. La fe de don Benito.
3. Historia de dos casadas.

II PARTE: EL PERSONAJE
4. Doña Guillermina.
5. La santa y el anticlerical.

III. PARTE: LA BIOGRAFÍA
6. La hija del Diplomático.
7. Despertar a los demás.
8. Los maestros de La Salle
9. Una dama en el Cuarto Estado.
10. «Prima hermana del Nazareno».
11. La gloria de Madrid.

Conclusión:
12. Entre la ficción y la vida.

APÉNDICE:
«Santos modernos», por Benito Pérez Galdós.

BIBLIOGRAFÍA.

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Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del XXI

CONTENIDO

INTRODUCCION

1. EL DÍA SIN HORA

2. LAS AVENTURAS DE PERU Por fin un niño! El primer adiós. Universitario en Madrid. El primer contacto con la injusticia. Matrícula en medicina.

3. DE MEDICO A JESUITA Todo oscuro. Milagro por dentro. La decisión. Camino de Loyola.

4. RENACER EN LOYOLA El maestro: un vasco enjuto. El disco de Arrupe. El oficio de ángel. Del chiste a la mística. Amigos en el Señor. Una corazonada.

5. TODO ES HORIZONTE El voto a una potencia extranjera. Un desterrado feliz. Misas de más de dos horas. Hacia el otro lado del charco. América en vivo.

6. DE CLEVELAND A YOKOHAMA En cárceles de máxima seguridad. Llorando frente a Yokohama.

7. AQUEL JAPÓN INCREÍBLE Así no es Japón. Hana ga takai desu ne: Menuda narizota! Brazos en alto sobre el Fuji-san.

8. UN PÁRROCO SINGULAR En la parroquia de Javier. El hombre orquesta. La sutil alma japonesa. El yo profundo del zen.

9. LUZ EN LA CÁRCEL «Espía internacional». Una celda desnuda. Un preso que cautiva. Esta noche es Nochebuena. La vuelta al hogar.

10. EL MAESTRO El infinito en una taza de té. Noviciado en tiempos de guerra. Perfil de un maestro. Transmitir una vivencia.

11. LA BOMBA Operación «Mahttan». El «Pika-don». Hospital improvisado. Un desierto de cenizas. Misa sobre Hiroshima. Un saco de ácido bórico. «usted dé duro». Patología radiactiva. Sombras de Hiroshima. Estallido de una nueva era.

12. CONDENADOS A VIVIR Hirohito deja de ser Dios. Quemando cadáveres. Como si todo el tiempo fuera para mí. Libros en japonés. Donde nunca estás tú. Mira a la persona, y luego predícale.

13. LIDER DE UN PEQUERO MUNDO Aprendan el reglamento del béisbol .Tiene la eternidad para descansar. Conferencias de un amigo. En el lugar del otro. La colina de los mártires. Acusado en Roma.

14. GENERAL PARA UN CONCILIO Papa de transición. Brindis profético. En primera página. En defensa de Teilhard. Cara a cara con el Papa. Fe para el año 2000. Con el fundador del Opus Dei. Noviciado de General

15. LOS CONFLICTIVOS SESENTA La era de la contestación’. Alumbrar el aggiornamento. La carta sobre América Latina. Viaje a la India. Contra el racismo en Estados Unidos. En el Brasil de Dom Helder Vientos nuevos en Medellín. Tensiones en el Vaticano.

16. EN EL CRÁTER DE UN VOLCÁN Reacción conservadora. La conquista de España. La explosión creadora. Condecorado de limpiabotas. El Sínodo sobre la justicia. Dios es legre. Fuego a discreción.

17. LA GRAN OPCIÓN Agenda de un General. Rumores de dimisión y otras campanas.El Papa puntualiza. El stop de la Santa Sede. La opción por la justicia.

18. PERFIL DE UN ÁGUILA Ante las cámaras de la RAI. Jesucristo es todo. Poseído de una misión. Detalles con alma. Como uno más. El último, que apague la luz. Bodas de oro.

19. LA RENUNCIA El discurso póstumo de Juan Pablo I. Tema de pre-conclave. La sorpresa del nuevo Papa. Buena noticia en Pueblo. Gritan los refugiados. La renuncia. Premonición de la prueba.

20. HABLA EL SILENCIO Las últimas cartas. El canto del cisne. La gran prueba. Confidencias de un enfermo. Despedida de un General Una luz en el vacío. EPILOGO

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Testigo del siglo XX, profeta del XXI
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