Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Autoliberación

Reflejos

Las aguas tranquilas de los ríos y los lagos copian los paisajes de valles, montañas y ciudades. El reflejo suele ser un trasunto modificado de la realidad, donde rielan los colores de los árboles y las fachadas, como si fueran abocetados cuadros impresionistas. Entonces uno se pregunta: ¿Qué es más real, el reflejo o la realidad? ¿Existe una visión objetiva de las cosas, o cada uno interpreta a su modo cuanto vemos? La visión además no es la misma en el siguiente instante, pues todo cambia continuamente de color, matiz, iluminación, o con el deterioro de las fachadas, las nuevas construcciones, el paso del tiempo.

              Quizás este mundo no sea del todo real, sino el reflejo de otro. Le damos consistencia creyendo que nuestras casas, nuestros trabajos, nuestra ciudad seguirán siempre ahí. Pero son realidades cinceladas por el paso de los días y los años, que se llevan el río de la vida. Si somos conscientes de que solo son reflejos, superaremos los apegos, la tragedia de ir perdiendo esto y aquello. Si somos  capaces de cerrar los ojos y mirar más profundo al origen de esos reflejos, nos toparemos con la Luz Total y ahí sí podremos descansar,  anclar definitivamente nuestro corazón.

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Espejo

Foto: Paraná. Frontera entre Argentina y Paraguay (©PMLamet)

¿Quién es ese que me mira desde el espejo y que cambia cada día como una crisálida?¿Se parece al niño que se contemplaba en otro espejo de la infancia, pegado quizás al rostro de mamá? ¿Se parece al adolescente que se peinó calibrando los matices de su rostro  por  primera vez? Podría ser una máscara de quita y pon, como las que los griegos usaban para el teatro y llamaban ‟persona».         

   Este ego que soy, el que nació en tal sitio, estudió en tal otro y hoy tiene esta profesión, aquella novia, amigo, casa o esposa/o, ese pequeño o gran nombre se desvanece como un plano cinematográfico en la pantalla, para dar paso a otro y otro y otro…en el cambio  que implacablemente marca el reloj.           

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Humor es amor

Cabezudo de Alcalá de Henares (©PMLamet)


Enrique Jardiel Poncela cuenta, como supremo ejemplo del sentido humor, el caso de aquel gitano al que le llevaban a ahorcar el lunes, y por el camino iba diciendo: “¡Bien empieza la semana!”. Hace falta tener mucha moral y un profundo relativismo para encontrar ese lado grotesco, divertido, caricaturesco de la vida, que nos permite tomar distancia y mirar las cosas, incluso los acontecimientos más trágicos, de otra manera. Ya que, como decía Mark Twain, “el humorismo es el aspecto jovial de la verdad”.
Todo el mundo sabe que la verdad de don Quijote y Sancho es una tragedia. Es la historia de un loco y un palurdo. Pero, tocados por la barita mágica de Cervantes, se transforman en dos arquetipos de humanidad, sendos monumentos al idealismo y al sentido común. O que Charlot no deja de ser un pobre vagabundo fracasado. Sin embargo, todos llevamos a un hombrecillo con bastón y sombrero hongo, que se pierde solo y triste por el horizonte, debajo de nuestra chaqueta.
No vamos a cometer la presunción de definir el humorismo. El mismo Jardiel Poncela decía que es “como pretender traspasar una mariposa, empleando para ello como aguja un poste telegráfico”.

La risa podría ser la gran terapia después de leer el periódico, al acabar la estresante jornada de trabajo o al enfrentarnos con los problemas económicos, afectivos y familiares. Pero la risa, las más de las veces se ha convertido en esta sociedad histérica en risotada y el humor en astracanada. Falta ese cascabeleo interior, esa sombra de duda que no es desprecio, sino en el fondo cariño y solidaridad humana.
Una vez leído este número en la tranquilidad de las vacaciones quizás podamos decir aquello de Lloyd George: “Para mí, un cambio de disgusto es unas vacaciones” ; o lo que canta aquella copla popular: “Cuando me dieron la nueva / de que tú no me querías, / a la mar no me tiré / porque estaba el agua fría”. O quedarnos con la definición de Gómez de la Serna de los chalecos: “El chaleco es una americana que fue a al guerra”.
En una palabra reír es un forma sabia de vivir, y sonreír es la única manera de sobrevivir. Quizás porque el humor es amor y “gracias al amor se escapa el hombre de la escala zoológica”. El mal humor sin embargo es la tristeza duradera del alma, de la que deberíamos siempre huir. Así que: ¡Feliz amor! ¡Feliz humor!

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La casa que no muere

A veces las fachadas de las casas son libros abiertos de meditación. Como esta, deteriorada por el tiempo. Uno se la imagina recién pintada, cuando quizás una pareja de enamorados la habitó por primera vez, con todas sus ilusiones intactas, con su sala de estar, sus visillos, su cocina, su dormitorio aún por estrenar. Luego vinieron los niños: “¡Ponte la bufanda, hijo, que hace mucho frío!”. Y la muerte de los abuelos, y el despido del trabajo y la lucha por seguir adelante, y la graduación de los hijos, sus éxitos, sus problemas, sus esfuerzos, sus fracasos…

Hoy la casa, desvencijada, parece muerta. Pero no es verdad. En ella habitan los “te quiero”, los “que descanses” y “vuelve pronto”, los “perdóname”, las risas, los temores, las sorpresas y las lágrimas. Tiene un alma de vibraciones la casa, porque nada se pierde, todo se transforma. Se nos va, si, el tiempo transcurrido en ella, dejando su rastro, su pérdida en las cosas que usamos y en nuestro propio cuerpo. Pero nunca se nos va  la vida, ni la juventud, ni el ensueño, porque ellos van construyendo un hogar sin paredes donde, aunque no nos demos cuenta, ya habitamos con Dios, o mejor, en Dios.Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Contra el tsunami de negatividad

Trump, Putin, Maduro, Siria, terrorismo yihadista, refugiados, migraciones, hambre, corrupción, secuestros, pedofilia, secesionismos, guerras, falta de horizonte de soluciones políticas, depresiones, suicidios y un largo etcétera de noticias negativas nos ponen el corazón en un puño. Se diría que en las últimas décadas vivimos dentro de una nube negra de negatividad de la que es muy difícil sustraerse. A los informativos se ha unido la intoxicación de las redes sociales que, por si fuera poco, se inventan noticias falsas o las retroalimentan con oleadas de odio, insultos, agresividad. La consecuencia psíquica en nuestros ánimos podría ser fatal si no luchamos contra el poso destructivo que puede acumularse en nuestro subconsciente.

¿Cómo reaccionar? ¿Cómo salir de esa nube? ¿Cómo sobrevivir en medio de este tsunami que parece arrastrarnos?

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El lector es otro autor

El lector de la calle San Justo (Foto PML)

Este joven lector situado frente a una biblioteca de la calle San Justo de Madrid, debido al escultor Félix Hernando, no está leyendo. Eso sí, acaba de leer, y se halla en ese momento sublime de deglutir la lectura. Con la mirada perdida, sin mirar hacia un sitio concreto, elabora su propio pensamiento, sentimiento o vivencia que le han evocado las palabras que ha saboreado.

Mucha gente mitifica al autor como el único creador de libros, artículos, poemas, novelas. Pero no es así. El lector también es cocreador. Las escenas, personajes, pensamientos que plasma el escritor no son exactamente los mismos que imagina y vive el que lee. Por eso todos tenemos algo de poeta, ensayista o narrador. Saber escribir es el arte de alcanzar lo universal del corazón humano. Saber leer, la capacidad de sintonizarlo desde la propia subjetividad.

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Lucidez cósmica

El yo bien conectado no depende de que las cosas estén a su servicio, de que se convierta en el centro del universo, de que lo jaleen. El yo sano es contemplativo. Todo grita y se armoniza desde el fondo de su corazón.

Pero hoy solo sabemos ver y escuchar por las pantallas y los auriculares de la compra y venta, del éxito, de la belleza convencional que dictan los grandes de la moda y la cultura; de los grandes oligopolios y multinacionales de la comunicación; de lo que es in y super o hiper o ‟fenomenal», de lo que renta.

Casi nadie mira a la violeta escondida detrás de la roca.

Sin embargo mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol.

Solo alcanzo lucidez si estoy conectado a esa luz superior y total.

Cuando no me limito a mi mismo por mis propias ‟chorradas», despierto.

El silencio me hace crecer en todas direcciones, me expande, me libera.

Yo hago silencio cuando me suelto a mi mismo, y suelto ideas, esquemas, formulaciones. Perderse es encontrarse. (Lo decía Jesús de Nazaret. Lo que pasa es que lo han estropeado con ascética, cilicios y mortificaciones. Él se refería al ego, al personaje ese en el que hemos centrado todo).

De esta forma asisto desde lo que aparece a lo que no aparece, de lo visible a lo invisible, de lo particular a lo universal, de lo terrenal a lo cósmico.

Uno con el mar. Uno con el fuego. Uno con el aire. Uno con la tierra.

Cuando más allá esté, más aquí me descubriré. Mirar es renacer. Te abrirás a lo cósmico en cada brizna de la realidad.

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La edad del corazón

Un anciano entre don Quijote y Sancho, estatuas en Alcalá de Henares

Hoy se ha puesto de moda usar la palabra “viejo” como un insulto, y pensar que ser joven es un mérito, una cualidad. Como si el ser joven o viejo fuera evitable por la persona. En la antigüedad los viejos gobernaban la cosa pública. De ahí viene la palabra Senado, constituido por el consejo de viejos, que tenían la suficiente madurez y sabiduría para tomar las grandes decisiones de un país. La experiencia y el conocimiento adquiridos hacían de los viejos las personas más respetadas del lugar.

Hoy nadie quiere ser viejo. Es más hay algunos que rechazan la palabra “abuelo” o “abuela” aunque tengan nietos. La razón de esta actitud está a la vista. Vivimos una sociedad donde lo que se cotiza por encima de todo es la juventud, la forma física, la estética del cuerpo, el goce por encima de todo. No hay más que ver la tele, la publicidad, la escala de valores de la gente.

A los viejos se les arrincona,

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El footing del alma

La contaminación es noticia. En las grandes ciudades se hace la vida irrespirable: Pekín, Londres, París, Madrid. Entre nosotros ya se ha comenzado también a regular el tráfico para luchar contra ella a través de impedir la salida de automóviles con determinados números de matrícula. Es, junto con el cambio climático y la ecología una de las preocupaciones dominantes de los hombres del mundo desarrollado.

Pero junto a la contaminación ambiental, que también afecta, de rebote, a los pueblos en desarrollo, convertidos a veces en basureros de los países ricos o víctimas hambrientas de su abundancia, hay otra contaminación más profunda que tenemos olvidada.

Igual que se está prohibiendo cada vez más la circulación de vehículos contaminantes, ¿no se debería impedir la salida a la calle de mentes contaminantes?

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De colores

Dicen algunos que la primavera es cursi. Dicen que la primavera es fugaz, como sus amores, y como los alegres años de la juventud. O que últimamente es poco más que un invento de los grandes almacenes para adelantar la venta de la última moda, porque en la ciudad apenas vemos el florecer del campo.
Pero hay gente que todo el año tiene cara de primavera; o de otoño, o de invierno, o de ardiente verano. Porque la verdadera primavera es un florecer de dentro a fuera. “De colores”, era el famoso eslogan y la copla de los cursillistas de cristiandad. Y Gustavo Adolfo Bécquer exclamaba enardecido: “Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!” También podría escribirse al revés: Mientras haya en el mundo poesía, habrá primavera.

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