LA MIRADA
EL día en que no peses
y parezca
que eres silbo de un aire
o nota de una música indecible
o perfil de algún ángel
o el hijo inesperado del cruce misterioso
de la estrella y el trigo,
no lo dudes:
quizás, aun sin saberlo,
es que una tarde,
cualquier tarde sutil y transparente,
¡prodigio de la luz!,
el orbe se detuvo
y ocurrió lo imposible:
¡Pobre don Quijote!

La foto es como un símbolo. La familia, durante su visita a la vieja ciudad de Alcalá de Henares, cuna de don Miguel de Cervantes Saavedra, hace un alto junto al monumento dedicado a sus inmortales personajes don Quijote y Sancho, situados a pie de calle Mayor, donde parecen departir sentados en un banco, frente a la casa reconstruida del escritor.
Pero, no se sabe por qué, mientras devoran patatas fritas, desde el abuelo al pequeñín la familia parece más interesada en la figura de S
ancho que en la del Caballero de la Triste Figura.
Mientras, hemos aparcado al soñador, al desfacedor de entuertos y caballero andante que todos llevamos dentro, y hemos borrado de las mente los grandes ideales de vida, las imposibles Dulcineas y la liberación de tanto menesteroso y oprimido.
Un comentario de Julia Merodio
Pedro Miguel Lamet: Las palabras vivas. Por Julia Merodio
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| El autor firmando su obra en la Feria del Libro de Madrid. |
A una rosa
ROSA CORTADA
Viva y muerta a la vez,
en el jarrón repite
la música escondida.
Todo juega en su cráter
a timidez de pétalo,
que oculta sus amores.
Temblorosa en la brisa,
que mueve los visillos,
y quieta como un verso
conservando la gota
del último rocío.
Ya devuelves al mundo
Bel ami, el seductor arribista
Nada menos que trece adaptaciones cinematográficas ha merecido “Bel ami”, una de las novelas más brillantes de Guy de Maupassant; desde la de Augusto Genina en 1919 a la penúltima de Philippe Triboit, estrenada en 2005, pasando por la más aplaudida de Willi Forst en 1939. Quizás la razón de tantos intentos de llevar al cine esta obra del vitalmente inadaptado, casi loco, Maupassant, que acabó suicidándose, es que era ya, por su contenido pasional y realista, un gran guion cinematográfico. Además, Maupassant es uno de los escritores más adaptados en la historia del cine. Sus libros han tentado desde Von Stemberg, Renoir, John Ford y Robert Wise hasta Max Ophuls, Luis Buñuel o Arturo Repstein. Pero no olvidemos que toda buena adaptación no es nunca una mera traslación de un buen texto, sino su recreación libre en imágenes, buscando, más que la literalidad, el espíritu de la obra original.
Vanidoso, ambicioso y absolutamente falto de escrúpulos, Georges Duroy, el protagonista de Bel Ami es el perfecto arribista, dispuesto a todo,
El Testamento del cardenal Martini
“Sono Martini rosso, non Martini bianco“, dijo, haciendo un chiste con el color de la bebida y de las sotanas de cardenal y de papa, cuando entró en el Cónclave. Teníaaspecto y porte de príncipe italiano del Piamonte, pero un corazón sapiencial de sacerdote, que amaba igualmente a Dios y a sus creaturas y que se adelantó a su tiempo en sus intuiciones eclesiales.
Podría haber llegado a ser un gran papa. Pero diversas circunstancias se lo impedían. Primero, sin duda el hecho de ser jesuita, una orden que marca mucho en la Iglesia. Pero sobre todo porque los tiempos, después de Juan Pablo II, y el electorado cardenalicio que había dejado nunca se lo hubieran permitido.
Es curioso que ya entró en el Cónclave, con un bastón, que normalmente no usaba,para indicar que estaba enfermo. Antes de ser elegido Pedro Arrupe general de los jesuitas se comentaba en Roma que el papa lo hizo arzobispo de Milán para que no ocupara ese cargo.
Se va dejando una estela de prestigio, finura, categoría moral y profunda espiritualidad. Lo admiraban sus alumnos del Bíblico, del que fue rector, lo admiraban los miembros de la Compañía. Lo admiraban los sacerdotes de Milán, que disfrutaron de su valioso ministerio y sus innumerables charlas de formación y ejercicios que han ocupado centenares de libros traducidos en todo el mundo.
Se puede asegurar que también lo han respetado sus opositores, comenzando por el propio Ratzinger, ya que sus ideas sobre el sacerdocio femenino, el celibato, los estudios bíblicos y la postura de la Iglesia frente a la ciencia y el progreso no eran compartidos en la misma medida por ambos. Pero nadie podía poner en tela de juicio su categoría moral y teológica.
Uno de los hechos más significativos en este sentido fue el diálogo entablado con Umberto Eco y otros intelectuales italianos.
Lo mejor de Martini sin duda era su autenticidad, que acaban de alabar con motivo de su muerte, algunas personalidades italianas. “Hablaba con el corazón”, “decía sin doblez lo que pensaba”, “su autoridad procedía de su autenticidad”.
Pero además siempre fue un buen religioso y sacerdote enamorado de Jesucristo. En uno de sus libros que acaba de publicar en España Sal Terrae, ” La transformación de Cristo y del cristiano a la luz del Tabor“, cuenta que “cuando era un muchacho , me preguntaba: “¿cómo se ama la Iglesia?” La pregunta tenía razón de ser porque yo conocía a la Iglesia como puede conocerla un niño bautizado y que había hecho la Primer Comunión. Pero he amado a la Iglresia en la medida en que he invertido mis energías, tratando de servirla y apostando mi vida por ella. He ido familiarizándome con ella y la reconozco como madre que me ha engendrado, alimentado y sostenido”.
Reconoce que es “una casa en la que puede haber envidias y calumnias“. Pero “sin embargo la Iglesia es más grande que los hombres, porque es la esposa de Cristoy con los ojos de la fe la vemos como un reino de Dios que viene”. Según Martini, puede haber miedo y temores, pero a la postre, si se persevera, se “capta toda su verdad y maternidad”. Reside en lo que Pablo llama “un misterio de piedad”.
Cuando los periodistas con motivo de sus bodas de oro sacerdotales siendo arzobispo de Miláne le preguntaron en 2002 cuál era el recuerdo más hermoso de su ministerio, respondió: “El haber celebrado la misa todos los días, porque la es la Iglesia vivida, la eucaristía es justamente el ‘misterio de la piedad’”.
Decía Ignacio de Loyola que “como en la vida toda, así también en la muerte” hemos de dar testimonio de nuestra fe. Martini quería terminar sus días en Jerusalén. Allí se fue, pero el Parkinson, que le aquejaba desde hace 16 años, no se lo permitió. Tuvo que regresar a Italia y morir como un sencillo jesuita en el filosofado de Gallarate. Su último rasgo es no haber admitido el escarnecimiento terapúetico, sin alargar su vida artificialmente.
Ahora Carlo María Martini, es definitivamente un “Martini bianco”
Su última entrevista es de alguna manera un testamento valiente y lleno de luz:
Meditación de una noche verano
Dame, Señor, la luna que he perdido
y el cándido deseo con que mira
este mar que se duerme en tu presencia.
Dame el eco que deja la marea
sobre el manto de oro de la playa
para aquietar mi alma como un niño
que busca caracolas, sin saberse
un padre de familia o un viejo pescador.
Pues soy solo el arpegio de mi verso
cuando esta noche de nuevo se arrodilla
para adorar la luz que esconde cada ser
en el gran beso que funde a las creaturas.
Deja que sienta que todo es sinfonía
y armonice mi calma con tu Calma,
y derrame mi nada en la gran Nada
hasta perder mi nombre repetido
que dormita sin brillo para siempre
en una vieja gaveta de la abuela,
como la foto en sepia de algún muerto.
Será entonces quizás este verano
el que contigo renazca y me reveles
el amor que he sido y sigo siendo.
Pedro Miguel Lamet
Poema al subconsciente
El subconsciente nos juega trastadas, aparece en sueños, escapa a nuestro control. Pocos poetas hablan explícitamente de él, aunque ha brotado siempre en la poesía de todos los tiempos. Le he dedicado el siguiente poema:
LA VOZ DEL SUBCONSCIENTE
Todo el tiempo me nacen de las manos
ríos de voces, rostros inombrados,
versos de antaño que llenan los desvanes
de la conciencia azul, y brotan telarañas
desde un pasado niño, adulto, adolescente:
miedos que nunca sé si sofocaron
las razones sensatas que dicta la experiencia.
De noche surgen cantos de monstruos y sirenas,
vagan imágenes que vuelan sin sentido
o evocan huecos de aquel viejo trastero
donde el orden no existe, o están acumuladas
aquellas impresiones que exceden toda lógica.
Somos barqueros que reman en estanques
donde el sol no amanece. Más allá de la bruma
de un cielo ensombrecido, no somos los patrones
del barco de esta vida, sino grandes preguntas
tendidas a la noche, versos que buscan la pluma del poeta,
niños inquietos carentes de la mano.
Suelta el querer. No ates tu deseo,
deja a la barca que bogue al no sentido;
vierte al amor tu saco de basura,
todo el vestigio que nunca has controlado.
Una luz que no es tuya te limpia del pasado
y una mano invisible arropa lo futuro.
Eres ahora, más allá de consciente,
pues el tiempo, la sombra, el desamor,
la rueda, tus miedos, el temblor y el abismo
se esfuman si te has muerto a la fútil imagen,
y naces al Ser mismo.
Pedro Miguel Lamet
Nueva edición de LAS PALABRAS CALLADAS
Con motivo de la Feria del Libro acaba de aparecer una nueva edición de mi libro LAS PALABRAS CALLADAS, una de las experiencias más entrañables de mi vida. Puedo decir, sin orgullo ni protagonismo, que me sentí conducido mientras escribía y que el espíritu de lo femenino, lo tierno, lo puro, lo generoso guiaba mi pluma.
Es una reconstrucción literaria de la vida oculta de Jesús desde la óptica y los sentimientos de María, su sencillez y apertura de sus ojos grandes.
Esta nueva edición (después de las de Belacqua y Verticales de Bolsillo) ha sido cuidada con mimo por mis queridas Paulinas, que han editado también el «libro hermano» LAS PALABRAS VIVAS, sobre las vivencias del discípulo Juan cuando se recostó en el costado de Jesús







