Siempre hace buen tiempo

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¡Pobre don Quijote!

 

La foto es como un símbolo. La familia, durante su visita a la vieja ciudad de Alcalá de Henares,  cuna de don Miguel de Cervantes Saavedra, hace un alto junto al monumento dedicado a sus inmortales personajes don Quijote y Sancho, situados a pie de calle Mayor, donde parecen departir sentados en un banco, frente a la casa reconstruida del escritor.

Pero, no se sabe por qué, mientras devoran patatas fritas, desde el abuelo al pequeñín la familia parece más interesada en la figura de S

ancho que en la del Caballero de la Triste Figura.

¿No sucederá así también en la España real de estos años que vivimos? Volcados en la economía, la prima de riesgo, la conservación de la “sociedad del bienestar”, los recortes, los movimientos de bolsa y lo que Europa nos manda, no pensamos en otra cosa que en el vil m
etal o cómo salir de esta, caiga quien caiga.
Mientras, hemos aparcado al soñador, al desfacedor de entuertos y  caballero andante que todos llevamos dentro, y hemos borrado de las mente los grandes ideales de vida, las imposibles Dulcineas y la liberación de tanto menesteroso y oprimido.
¡Ay, vuelve pronto, señor don Quijote!
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Un comentario de Julia Merodio

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Pedro Miguel Lamet: Las palabras vivas. Por Julia Merodio

 
 
 
Julia Merodio, gran seguidora apasionada de Jesús, es ante todo una madre convencida de que Dios se hace presente de una manera especial en las relaciones humanas y, en concreto, en la familia. De ahí su dedicación a los cursillos prematrimoniales en la parroquia Santa María de la Esperanza (en donde he tenido el privilegio de conocerla), y a sus múltiples e innumerables charlas, conferencias, retiros, etc. que prodiga a lo largo y ancho de España. Es autora de varios libros, entre los cuales quiero destacar ¿Vives o convives?, una auténtica joya para vivir el encuentro con tu pareja como oportunidad de encuentro con Dios. Desde aquí mi más sincero agradecimiento por su colaboración en este blog. (Nota del administrador.)
 
Desde el primer momento que vi anunciado este libro sabía que lo leería. Las palabras que anteceden al título tiraron de mí para que no demorase el tenerlo en mi poder: “Confidencias de Juan, el discípulo predilecto”. ¿Qué tendría que decirnos?
 
Pedro Miguel Lamet sj, según descubro en su biografía, ha publicado treinta y siete libros, ha sido director del semanario Vida Nueva y columnista en diversos periódicos, emisoras y revistas (Radio Vaticano, Cadena Cope, Radio Nacional, Pueblo, El País, El Globo), especialmente de Diario 16, además de profesor de Estética y Cinematografía en varias universidades, habiendo obtenido ocho premios periodísticos y literarios.
Por apuntar alguna de sus obras reseñaré: El mar de dentro, La seducción de Dios, Arrupe, José Mª Rubio: Como lámpara encendida, Juan Pablo II, hombre y Papa, Diario de María de Nazaret, El aventurero de Dios: Francisco Javier y uno, también muy reciente, sobre la persecución de la Compañía de Jesús en tiempos de Carlos III.
 
Este último libro de Lamet, que ahora presento: Las palabras vivas, es un libro que atrapa rápidamente y, aunque sus textos son más para saborear y leer despacio, es imposible conseguirlo. Según vas leyendo, quieres ir más allá. Seguro que la mayoría de la gente lo leerá enseguida –como hice yo- pero sin dejar de volver a él para desmenuzarlo e interiorizarlo.
Su contenido sitúa a Juan, el discípulo amado, en su senectud, con la experiencia que da la vida ya vivida y lo ubica en la isla de Patmos.
Juan vuelve a pescar. Posiblemente lo necesitase para comer. Su vida había sido la pesca y hacer otras cosas quizá le costase.
Al terminar la faena, como persona entrada en años, se sienta en una roca desde donde, mirando al infinito, deja discurrir por su mente la proyección del pasado.
Como no podía ser de otra manera, recuerda los momentos pasados junto a Jesús, junto a Pedro, junto a sus compañeros de grupo…
Pero llega el momento de volver. La pequeña isla, donde se ha instalado, es como su celda, su templo, su casa desde donde sus ojos cansados leen pergaminos sin cesar.
Mas después de haber meditado todo el día, llega la noche sobre el entorno. También sobre aquel manso y amigo mar de Tiberíades donde, evocado por el bramido del agua, se saborea el silencio de Dios.
Juan ha llegado a casa, ha encendido el fuego, asa pescado y, junto a un vaso de vino, repone las fuerzas perdidas durante el día, para descansar después, sobre el lecho de una piel de camello.
Hay veces que de tanto escribir confunde el día con la noche, silencio en el que escucha su anciano corazón.
– Señor, ¿qué quieres de mí? –se pregunta-. Tu silencio es más espeso que tus palabras. El hombre siempre intenta atrapar el no-tiempo como ráfaga de luz, volviendo enseguida a la noche, la oscuridad y la fe.
Mas ¿cómo es el silencio? ¿A qué compararlo? El silencio es como una copa vacía, como una cueva donde grita la noche, como una barca sin velas, como el hueco abismal donde habla la vida.
– Dios mío, ¿qué quieres de mí?
De pronto un trueno zarandea su cabaña. Empieza a llover. Juan levanta sus enrojecidos ojos y descubre en la lluvia el beso de Dios que se le acerca.
¡Qué lejos y qué cerca estaba todo lo vivido! Fue, precisamente entonces, cuando el silencio habló:
Hola, Joannes. ¿Cómo estás, amigo mío? ¿Qué te entristece? ¿No sabes que siempre estoy a tu lado? ¿No significa tu nombre “el Señor es misericordioso”?
A Juan, el fuego le debió de quemar las entrañas, mientras la luz iluminaba su alma.
Te queda algo por escribir, Juan. 
– Pero Señor, ¡si no he parado de escribir, de contar todo lo que viví contigo!
Sí, pero ahora contarás mi vida de forma distinta. Contarás cuanto te mostré durante tu estancia en Éfeso; contarás todo, desde ese Logos abrasador que conoces. Has trascrito mis revelaciones, tu libro profético. Esos textos que iluminarán a mis hermanos a través de los siglos. Junto a los escritos de Marcos, Lucas y Mateo, abrirán el alma de muchos a mi Reino. Pero ahora Joannes, abrirás tu corazón y contarás mis últimos secretos, el diario de nuestra amistad. 
– Señor, pero si he dicho todo cuanto sé y me has revelado. Si puse sabor y saber a cuanto escribí. Si puse todo mi amor para pasar de la anécdota a la contemplación. Si pasé del hecho al símbolo…
– Nadie sabe como tú qué sabor tienen las palabras: agua, pastor, luz, camino, paloma, palabra, pan, vino…
– Tu evangelio fue escrito desde la luz del Espíritu que nos enviaste. ¿Qué quieres ahora?
– Joannes, ¿te acuerdas de lo que sentiste aquella noche en que apoyaste tu cabeza en mi regazo? ¿Te acuerdas de lo que viste entonces?
– Pero Señor, ¿cómo no lo voy a recordar si lo llevo grabado en el fondo de mi alma?
– Pues bien, amigo mío, escríbelo.
Un trueno rezagado irrumpió en su habitación y Juan despertó. Estaba llorando y una gran paz inundaba su alma.
Jesús, una vez más, había estado con su amigo, el predilecto.
 
El autor firmando su obra
en la Feria del Libro de Madrid.
Y precisamente, eso que Juan –supuestamente- escribió es lo que está plasmado en este apasionante y seductor libro que te atrapa desde el momento en que lees la primera línea.
Un libro basado en los escritos joánicos, a medio camino entre la reconstrucción literaria, el contenido exegético y un pequeño tratado de espiritualidad.
El texto, escrito en primera persona, es un relato ameno y profundo que parte de las palabras más queridas: la barca, la luz, el agua, la vida, la mujer, la madre, el trueno…
Es un libro que puede ayudar mucho a la meditación hasta, quizá, poder exclamar con el discípulo amado: “Puedo oír las palabras de Jesús y contemplar sus gestos… Puedo llegar al corazón de Cristo”.
Espero que, si accedéis al libro, os apasione tanto como a mí.
 
Lamet, Pedro Miguel: Las palabras vivas. Confidencias de Juan, el discípulo predilecto. Paulinas, Madrid, 2011. 200 páginas. Comentario realizado por Julia Merodio.
 
 

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Bel ami, el seductor arribista

Nada menos que trece adaptaciones cinematográficas ha merecido “Bel ami”, una de las  novelas más brillantes de Guy de Maupassant; desde la de Augusto Genina en 1919 a la penúltima de Philippe Triboit, estrenada en 2005, pasando por la más aplaudida de Willi Forst en 1939. Quizás la razón de tantos intentos de llevar al cine esta obra del vitalmente inadaptado, casi loco, Maupassant,  que acabó suicidándose, es que era ya, por su contenido pasional y realista, un gran guion cinematográfico. Además, Maupassant es uno de los escritores más adaptados en la historia del cine. Sus libros han tentado desde Von Stemberg, Renoir, John  Ford y Robert Wise hasta Max Ophuls, Luis Buñuel o Arturo Repstein. Pero no olvidemos que toda buena adaptación no es nunca una mera traslación de un buen texto, sino su recreación libre en imágenes, buscando, más que la literalidad, el espíritu de la obra original.

Vanidoso, ambicioso y absolutamente falto de escrúpulos, Georges Duroy, el protagonista de Bel Ami es el perfecto arribista, dispuesto a todo,

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El Testamento del cardenal Martini

“Sono Martini rosso, non Martini bianco“, dijo, haciendo un chiste con el color de la bebida y de las sotanas de cardenal y de papa, cuando entró en el Cónclave. Teníaaspecto  y porte de príncipe italiano del Piamonte, pero un corazón sapiencial de sacerdote, que amaba igualmente a Dios y a sus creaturas y que se adelantó a su tiempo en sus intuiciones eclesiales.

Podría haber llegado a ser un gran papa. Pero diversas circunstancias se lo impedían. Primero, sin duda el hecho de ser jesuita, una orden que marca mucho en la Iglesia. Pero sobre todo porque los tiempos, después de Juan Pablo II, y el electorado cardenalicio que había dejado nunca se lo hubieran permitido.

Es curioso que ya entró en el Cónclave, con un bastón, que normalmente no usaba,para indicar que estaba enfermo. Antes de ser elegido Pedro Arrupe general de los jesuitas se comentaba en Roma que el papa lo hizo arzobispo de Milán para que no ocupara ese cargo.

Se va dejando una estela de prestigio, finura, categoría moral y profunda espiritualidad. Lo admiraban sus alumnos del Bíblico, del que fue rector, lo admiraban los miembros de la Compañía. Lo admiraban los sacerdotes de Milán, que disfrutaron de su valioso ministerio y sus innumerables charlas de formación y ejercicios que han ocupado centenares de libros traducidos en todo el mundo.

Se puede asegurar que también lo han respetado sus opositores, comenzando por el propio Ratzinger, ya que sus ideas sobre el sacerdocio femenino, el celibato, los estudios bíblicos y la postura de la Iglesia frente a la ciencia y el progreso no eran compartidos en la misma medida por ambos. Pero nadie podía poner en tela de juicio su categoría moral y teológica.

Uno de los hechos más significativos en este sentido fue el diálogo entablado con Umberto Eco y otros intelectuales italianos.

Lo mejor de Martini sin duda era su autenticidad, que acaban de alabar con motivo de su muerte, algunas personalidades italianas. “Hablaba con el corazón”, “decía sin doblez lo que pensaba”, “su autoridad procedía de su autenticidad”.

Pero además siempre fue un buen religioso y sacerdote enamorado de Jesucristo. En uno de sus libros que acaba de publicar en España Sal Terrae, ” La transformación de Cristo y del cristiano a la luz del Tabor“,  cuenta que “cuando era un muchacho , me preguntaba: “¿cómo se ama  la Iglesia?” La pregunta tenía razón de ser porque yo  conocía a la Iglesia como puede conocerla un niño bautizado y que había hecho la Primer Comunión. Pero he amado a la Iglresia en la medida en que he invertido mis energías, tratando de servirla y apostando mi vida por ella. He ido familiarizándome con ella y la reconozco como madre que me ha engendrado, alimentado y sostenido”.

Reconoce que es “una casa en la que puede haber envidias y calumnias“. Pero “sin embargo la Iglesia es más grande que los hombres, porque es la esposa de Cristoy con los ojos de la fe la vemos como un reino de Dios que viene”. Según Martini, puede haber miedo y temores, pero a la postre, si se persevera, se “capta toda su verdad y maternidad”. Reside en lo que Pablo llama “un misterio de piedad”.

Cuando los periodistas con motivo de sus bodas de oro sacerdotales  siendo arzobispo de Miláne le preguntaron en 2002 cuál era el recuerdo más hermoso de su ministerio, respondió: “El haber celebrado la misa todos los días, porque la es la Iglesia vivida, la eucaristía es justamente el ‘misterio de la piedad’”.

Decía Ignacio de Loyola que “como en la vida toda, así también en la muerte” hemos de dar testimonio de nuestra fe. Martini quería terminar sus días en Jerusalén. Allí se fue, pero el Parkinson, que le aquejaba desde hace 16 años,  no se lo permitió. Tuvo que regresar a Italia y morir como un sencillo jesuita en el filosofado de Gallarate. Su último rasgo es no haber admitido el escarnecimiento terapúetico, sin alargar su vida artificialmente.

Ahora Carlo María Martini, es definitivamente un “Martini bianco” 

Su última entrevista es de alguna manera un testamento valiente y lleno de luz:

En italiano

Resumen español

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Meditación de una noche verano

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 Dame, Señor, la luna que he perdido

y el cándido deseo con que mira

este mar que se duerme en tu presencia.

Dame el eco que deja la marea

sobre el manto de oro de la playa

para aquietar mi alma como un niño

que busca caracolas, sin saberse

un padre de familia o un viejo pescador.

Pues soy solo el arpegio de mi verso

cuando esta noche de nuevo se arrodilla

para adorar la luz que esconde cada ser

en el gran beso que funde a las creaturas.

Deja que sienta que todo es sinfonía

y armonice mi calma con  tu Calma,

y derrame mi nada en la gran Nada

hasta  perder mi nombre repetido

que dormita sin brillo para siempre

en una vieja gaveta de la abuela,

como la foto en sepia de algún muerto.

Será entonces quizás este verano

el que contigo renazca y me reveles

el amor que he sido y sigo siendo.

 

Pedro Miguel Lamet

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Poema al subconsciente

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El subconsciente nos juega trastadas, aparece en sueños, escapa a nuestro control. Pocos poetas hablan explícitamente de él, aunque ha brotado siempre en la poesía de todos los tiempos. Le he dedicado el siguiente poema:

 LA VOZ DEL SUBCONSCIENTE

Todo el tiempo me nacen de las manos

ríos de voces, rostros inombrados,

versos de antaño que llenan los desvanes

de la conciencia azul, y brotan telarañas

desde un pasado niño, adulto, adolescente:

miedos que nunca sé si sofocaron

las razones sensatas que dicta la experiencia.

 

De noche surgen cantos de monstruos y sirenas,

vagan imágenes que vuelan sin sentido

o evocan huecos de aquel viejo trastero

donde el orden no existe, o están acumuladas

aquellas impresiones que exceden toda lógica.

 

Somos barqueros que reman en estanques

donde el sol no amanece.  Más allá de la bruma

de un cielo ensombrecido, no somos los patrones

del barco de esta vida, sino grandes preguntas

tendidas a la noche, versos que  buscan la pluma del poeta,

niños inquietos carentes de la mano.

 

Suelta el querer. No ates tu deseo,

deja a la barca que bogue al no sentido;

vierte al amor tu saco de basura,

todo el vestigio que nunca has controlado.

 

Una luz que no  es tuya te limpia del pasado

y una mano invisible arropa lo futuro.

 

Eres  ahora, más allá de consciente,

pues el tiempo, la sombra, el desamor,

la rueda, tus miedos, el temblor y el abismo

se esfuman si te has muerto a la fútil imagen,

 

y naces al Ser mismo.

 

Pedro Miguel Lamet

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Nueva edición de LAS PALABRAS CALLADAS

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Con motivo de la Feria del Libro acaba de aparecer una nueva edición de mi libro LAS PALABRAS CALLADAS, una de las experiencias más entrañables de mi vida. Puedo decir, sin orgullo ni protagonismo, que me sentí conducido mientras escribía y que el espíritu de lo femenino, lo tierno, lo puro, lo generoso guiaba  mi pluma.

Es una reconstrucción literaria de la vida oculta de Jesús desde la óptica y los sentimientos de María, su sencillez y apertura de sus ojos grandes.
Esta nueva edición (después de las de Belacqua y Verticales de Bolsillo) ha sido cuidada con mimo por mis queridas Paulinas, que han editado también el «libro hermano» LAS PALABRAS VIVAS, sobre las vivencias del discípulo Juan cuando se recostó en el costado de Jesús

Más sobre el libro.

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