Siempre hace buen tiempo

Category Archives: POEMAS

En la entraña de un mundo que no entiendo

Anochecer en Alvor (Portugal) PML
 AMANECER
 
 
Con el frescor primero, como un canto,
nacían los colores  a la vida
desde el sol desleído en rosa pálido;
y agorera la noche despedía
aquella sombra que dejó tu llanto,
 
aquella sombra que muere cada noche,
cuando se duerme el cuerpo,
y el alma sin quebranto
vaga sola buscando entre las nubes
el cobijo que le de un abrazo
 
por ensayar cada día este estar muerto
que es vivir sin vivir el desencanto;
y para luego despertar contigo
y mirar desde el alba el rostro amado
 
en que nací a luz, por siempre amanecido
,
oh Dios que habitas de amor acurrucado
en la entraña de un mundo que no entiendo
y en el secreto temblor de mi regazo.
 
Pedro Miguel Lamet
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Amor de ausencia

AMOR DE AUSENCIA

Me anocheces, Señor, cuando te miro
desde el silencio oscuro de la muerte
y en el hondo agujero que es tenerte
como la nada habita en un suspiro

Porque en ese vaciarme que respiro
al olvidarme contigo de mi suerte,
soy un velero que navega inerte
hacia el mar del que vengo y al que aspiro.

No dejes que mi alma se ate al puerto
por miedo de las olas y el futuro
o que ancle mi nave en la querencia

del fugaz mundo que se escapa incierto.
¡Arrástreme tu viento al inseguro
abrazo que me ocultas en la ausencia!

Pedro Miguel Lamet

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Te vaciaste de todo

TE VACIASTE DE TODO

Te vaciaste de todo, incluso de las horas

en que el Padre te abría, como versos,

los secretos del Mar
por descansar del tiempo.

Desnudez de la noche,
sabor al sin-sentido, al sin-deseo,
abismo de cruzar estando solo
el paso del no ser, sin el aliento
de aquellos que estrecharon con tus manos

sus manos de penumbra en los senderos,

de amistad y comida,
de luna y de desiertos.

Te quedaste en el hombre tan sin aire
que toda nuestra muerte sobre el cuerpo
te desnudaba el alma a trozos, lentamente,

para que hicieras bien la boca a nuestro miedo,

y en el agua nacida en tu sequía
tras tu dolor,
naciéramos al sol del universo.

Pedro Miguel Lamet

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Eres tú la familia

Eres Tú la familia que me habita
en la casa escondida de tu bosque.
Está el horno encendido,
es mi techo de tiempo tu gran mano
y la ventana el aire de tu voz
con que en las noches
siento el vivir de lejos ya vecino.
 
Eres Tú la palabra que no entiendo
y presiento con luz ensoñecida,
que desdobla mi ser,
que aguza y rompe
los secretos queridos de la vida.
 
Eres Tú desde dentro el yo alcanzado,
el siempre más, mi línea de horizonte,
eres agua en la sed que sacia y quema,
eres tienda en el valle, pan del hombre.
 
Si el miedo de vivir corre en las venas
y hasta Ti se entrecruzan los temores,
hazme dormir la paz gozosamente,
agua, familia, pan, palabra y horizonte.

Pedro Miguel Lamet
 

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A PEDRO ARRUPE (28 años después)

HOY, 5 DE FEBRERO, ES UN GRAN DÍA
Hace 28 años, el 5 de febrero de 1991, después de nueve de calvario. noche oscura, martirio incruento y una vida santa entregadas a Jesucristo, la Iglesia y la Compañía, fallecía Pedro Arrupe.
Y hoy casi tres décadas después se abre su proceso de canonización en a basílica de Letrán de Roma.
Dando gracias a Dios por su amistad y sobre todo por su vida y ejemplo, le dedico este soneto:

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Desde el cráter de una flor

Hay un koan japonés (frase enigmática que se repite en la meditación para alcanzar la luz interior) que dice: “Cuando nace una flor, es primavera en la universo”. Y es que basta con sumergirse en una parte, un detalle, una brizna del cosmos o una margarita, como la de la foto, para penetrar en el Todo. El Universo entero está conectado al Uno o es su reflejo.

A veces usamos las margaritas para adivinar algo: “Me quiere, no me quiere, me quiere…” Pero no podemos apresar su belleza. Decía Tagore: “Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor”. Porque la belleza es el fulgor con que brilla la verdad secreta de este mundo, el arte una manera de desvelarla, y la iluminación el modo de llegar a comprenderla.

Para despertar debemos aprender a “mirar el mirar”. Basta una pequeña ventana, el cráter de una flor, la lágrima de un niño, el salto de un gorrión, la llama de una vela, la mirada de amor, la arruga de un anciano, la gota de rocío, o el silencio de dentro después de haber mirado y cerrar los ojos.

Valga como síntesis este soneto:

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A una rosa

Mi rosa, ©PMLamet

Florece el  mundo con la primavera. Pero ¿cuánto dura su belleza? He aquí una pequeña meditación en forma de soneto  sobre la fugacidad y a la vez la presencia eterna en el misterio de una rosa. 

 

     A UNA ROSA

Tan perfecta y fugaz y tan liviana,

como un soplo me hiere tu hermosura

al pasar brevemente esa figura

que a este mundo seduce y engalana.

 

¿De qué presumes celosa y tan ufana

en mi jardín, si pasas con presura

como una nota en una partitura,

como cruza una nube en mi ventana?

 

Dime, oh rosa, ¿qué quieres enseñarme?

¿qué secreto me guarda tu perfume

para morirse al par que me enamora?

 

¿No será que no puedes abrazarme

si no renuncio a lo que se consume

y  amo la eternidad desde tu ahora?

 

Pedro Miguel Lamet

 

 

 

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Déjame que recline la cabeza

Para nuestro mundo agobiado y para tanto corazón entristecido, siempre he encontrado mucho consuelo  en la imagen de Juan, el discípulo predilecto, con su cabeza reclinada sobre el pecho de Jesús. De hecho este es el bajo relieve que, en version ingenua y sencilla, tengo sobre mi cama.

Hoy en plena Semana Santa le dedico este soneto:

DÉJAME QUE RECLINE LA CABEZA

 

Para seguir la huella de mi suerte

y descubrir el gozo de la vida,

penetrar necesito por tu herida

hasta el misterio oculto de la muerte;

 

para buscar la clave de esta fuerte

tensión entre el amor y la partida

de todo cuanto huye y cuanto anida

en un mundo vivo y a la vez inerte,

 

déjame que recline la cabeza,

cansada de pensar en esta noche,

sobre tu pecho lleno de dulzura

 

y, como a Juan, alumbra la certeza

de una luz que brilla a medianoche

porque solo la enciende tu ternura.

 

Pedro Miguel Lamet

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