Con el frescor primero, como un canto, nacían los colores a la vida desde el sol desleído en rosa pálido; y agorera la noche despedía aquella sombra que dejó tu llanto,
aquella sombra que muere cada noche, cuando se duerme el cuerpo, y el alma sin quebranto vaga sola buscando entre las nubes el cobijo que le de un abrazo
por ensayar cada día este estar muerto que es vivir sin vivir el desencanto; y para luego despertar contigo y mirar desde el alba el rostro amado
en que nací a luz, por siempre amanecido , oh Dios que habitas de amor acurrucado en la entraña de un mundo que no entiendo y en el secreto temblor de mi regazo. Pedro Miguel Lamet
Desnudez de la noche, sabor al sin-sentido, al sin-deseo, abismo de cruzar estando solo el paso del no ser, sin el aliento de aquellos que estrecharon con tus manos
sus manos de penumbra en los senderos,
de amistad y comida, de luna y de desiertos.
Te quedaste en el hombre tan sin aire que toda nuestra muerte sobre el cuerpo te desnudaba el alma a trozos, lentamente,
para que hicieras bien la boca a nuestro miedo,
y en el agua nacida en tu sequía tras tu dolor, naciéramos al sol del universo.
Eres Tú la familia que me habita en la casa escondida de tu bosque. Está el horno encendido, es mi techo de tiempo tu gran mano y la ventana el aire de tu voz con que en las noches siento el vivir de lejos ya vecino.
Eres Tú la palabra que no entiendo y presiento con luz ensoñecida, que desdobla mi ser, que aguza y rompe los secretos queridos de la vida.
Eres Tú desde dentro el yo alcanzado, el siempre más, mi línea de horizonte, eres agua en la sed que sacia y quema, eres tienda en el valle, pan del hombre.
Si el miedo de vivir corre en las venas y hasta Ti se entrecruzan los temores, hazme dormir la paz gozosamente, agua, familia, pan, palabra y horizonte.
HOY, 5 DE FEBRERO, ES UN GRAN DÍA Hace 28 años, el 5 de febrero de 1991, después de nueve de calvario. noche oscura, martirio incruento y una vida santa entregadas a Jesucristo, la Iglesia y la Compañía, fallecía Pedro Arrupe. Y hoy casi tres décadas después se abre su proceso de canonización en a basílica de Letrán de Roma. Dando gracias a Dios por su amistad y sobre todo por su vida y ejemplo, le dedico este soneto:
Cuando no estoy, estás tú
y cuando estás, amanece
ése yo sin figura,
que, dormido, más que nombre
y deseo o poder o residencia
es río, manantial, ola y abrazo
de este pasar en busca de su Ser
que es tu presencia.
Hay un koan japonés (frase enigmática que se repite en la meditación para alcanzar la luz interior) que dice: “Cuando nace una flor, es primavera en la universo”. Y es que basta con sumergirse en una parte, un detalle, una brizna del cosmos o una margarita, como la de la foto, para penetrar en el Todo. El Universo entero está conectado al Uno o es su reflejo.
A veces usamos las margaritas para adivinar algo: “Me quiere, no me quiere, me quiere…” Pero no podemos apresar su belleza. Decía Tagore: “Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor”. Porque la belleza es el fulgor con que brilla la verdad secreta de este mundo, el arte una manera de desvelarla, y la iluminación el modo de llegar a comprenderla.
Para despertar debemos aprender a “mirar el mirar”. Basta una pequeña ventana, el cráter de una flor, la lágrima de un niño, el salto de un gorrión, la llama de una vela, la mirada de amor, la arruga de un anciano, la gota de rocío, o el silencio de dentro después de haber mirado y cerrar los ojos.
Florece el mundo con la primavera. Pero ¿cuánto dura su belleza? He aquí una pequeña meditación en forma de soneto sobre la fugacidad y a la vez la presencia eterna en el misterio de una rosa.
Para nuestro mundo agobiado y para tanto corazón entristecido, siempre he encontrado mucho consuelo en la imagen de Juan, el discípulo predilecto, con su cabeza reclinada sobre el pecho de Jesús. De hecho este es el bajo relieve que, en version ingenua y sencilla, tengo sobre mi cama.