Siempre hace buen tiempo

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Ecos de la presentación de AZUL Y ROJO

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Gallardón reconoce su admiración por el padre Llanos por comprender que el franquismo «no servía para una España justa»

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ha mostrado este martes su «admiración» por la figura de José María Llanos, sacerdote jesuita que militó en el Partido Comunista de España, por comprender que el franquismo «no servía para construir una España justa».

Gallardón ha realizado estas declaraciones durante su intervención en la presentación del libro «Azul y Rojo. José María Llanos», una biografía del controvertido sacerdote firmada por Pedro Miguel Lamet y centrada en el viraje ideológico del padre Llanos, hijo de militar, que tras ser capellán falangista terminó militando en el PCE contribuyendo a la fundación del sindicato Comisiones Obreras.

«Pertenecía a la generación de los hijos de los vencedores de la Guerra Civil, pero comprendió que la victoria era un regalo envenenado, que no le servía para construir la España justa y auténtica por la que él luchó siempre, cuando estuvo en cada bando», ha afirmado el ministro de Justicia.

El padre Llanos nació en 1906 en el burgués barrio de Salamanca de Madrid, en el seno de una familia conservadora, y fue compañero de estudios de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. Exiliado durante la II República por la expulsión de la Compañía de Jesús, conoció en Bélgica el fusilamiento de dos de sus hermanos en el Madrid de la Guerra Civil.

Cuando regresó a España se convirtió en capellán del Frente de Juventudes y llegó a impartir ejercicios espirituales al dictador Francisco Franco. En 1955 se trasladó a vivir al Pozo del Tío Raimundo, en el madrileño barrio de Vallecas, donde se hacinaban miles de personas procedentes de la emigración rural en un «mar de barro» tercermundista y plagado de chabolas.

«Quiso ser uno más entre sus hermanos los pobres», ha recordado Gallardón, desvelando que fue su padre, José María Ruiz-Gallardón, alumno del padre Llanos, quien trasladó al sacerdote por primera vez al Pozo del Tío Raimundo, un lugar de donde el actual ministro conserva anécdotas. «Allí me perdí durante siete horas cuando tenía cinco años una vez que acompañé a mis padres», ha confesado.

«RESONANCIA LEGENDARIA»

Gallardón ha descrito al «cura rojo», fallecido en 1992, como un «soñador, una personalidad singular, irrepetible y absolutamente paradójica» cuyo nombre, en opinión del ministro, «debe tener una resonancia legendaria» porque supone «el recuerdo orgulloso de cómo se construyó de abajo a arriba», junto al movimiento vecinal, «una auténtica sociedad en Madrid».

En la presentación del libro, celebrada en la sede de la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, también ha contado con la participación de Francisca Sauquillo, antigua eurodiputada del PSOE y hermana del abogado Francisco Javier Sauquillo, asesinado en la matanza de Atocha de 1977. «La historia del padre Llanos es la historia española del siglo XX», en palabras de Sauquillo, que ha descrito al sacerdote, con el que trabajó en los último años del franquismo, «como una persona frágil pero valiente, creativo y con carácter de líder».

Esta pionera del movimiento vecinal

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Nuevo libro: AZUL Y ROJO


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Azul y rojo. José María de Llanos

Biografía del jesuita que militó en las dos Españas y optó por el suburbio

 

TEXTO DE CONTRAPORTADA

José María de Llanos, una de las figuras más admiradas y controvertidas del franquismo y la transición española, llegó a convertirse en todo un mito.

 Hijo de militar, nacido en la calle Serrano de Madrid y compañero en la universidad de José Antonio y de Pedro Arrupe, tras ingresar en la Compañía de Jesús, vivió la expulsión de la República y desde el exilio el fusilamiento por los rojos de dos de sus hermanos. De regreso a España se convirtió en «cura del régimen», capellán del Frente de Juventudes y del SEU, creador del SUT e incansable director de ejercicios espirituales, que llegó a impartir incluso al mismísimo general Franco.

A mediana edad despertó a la otra España olvidada y decidió marcharse alPozo del Tío Raimundo, donde plantó su chabola en el suburbio para asumir la causa de los oprimidos hasta su muerte. Con el deseo de ser como ellos, colaboró en la fundación de Comisiones Obreras y defendió a los represaliados hasta el extremo de hacerse del PCE y alzar el puño cuando este fue legalizado.

Primera biografía crítica del jesuita, fruto de una exhaustiva investigación, este libro aporta numerosos documentos inéditos, diarios, poemas y cartas personales a destacadas figuras del siglo xx, que van de Fraga a la Pasionaria, Gallardón, Javier Solana, Álvarez del Manzano, Santiago Carrillo y Marcelino Camacho, junto con otros testimonios de intelectuales, políticos y periodistas.

Pedro Miguel Lamet consigue al mismo tiempo deshacer tópicos y desvelar la auténtica vida íntima y profundamente espiritual del padre Llanos a través de un relato ameno que coincide con una época apasionante de la historia de España.

ÍNDICE                                                                                                            

Preámbulo. El color del fuego y la sangre

  1. Rojo y azul
  2. Un niño de la calle de Serrano
  3. «¡Quiero irme contigo!»
  4. Exilio con «dolor de estrellas»
  5. Retaguardia de sangre
  6. Primavera nacionalcatólica
  7. Por el Imperio hacia Dios
  8. Forjador de juventudes
  9. La aventura del Pozo
  10. Redimir a un barrio
  11. Ciudadano del mundo
  12. Charlie y el Vaticano II
  13. El sindicato clandestino
  14. El volcán de los setenta
  15. Franco y Díez-Alegría, hijos de la Iglesia
  16. El escándalo del «cura rojo»
  17. Amigos «de novela»
  18. Calles de Lele y Padre Llanos
  19. Centinela, ¿qué hay de la noche?
  20. La palabra se hizo carne

Apéndices.

Antología de textos

I. Credo

II. Prosa

III. Plegarias

IV. Poesía

Bibliografía

Índice onomástico

lLANOS PEQUE

Editorial: La Esfera de los Libros

Fecha de publicación: 16/04/2013

Páginas: 734

ISBN: 978849970800316×24 Cartoné 

Colección: Biografías y Memorias

 

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Como ebook:  En AMAZON – En la FNAC

CRÍTICAS Y COMENTARIOS

Entrevista en Religión Digital

Videoentrevista

Comentario: El P.Llanos y las dos españas

Recensión del historiador Manuel Revuelta en «Actualidad bibliográfica»

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El Testamento del cardenal Martini

“Sono Martini rosso, non Martini bianco“, dijo, haciendo un chiste con el color de la bebida y de las sotanas de cardenal y de papa, cuando entró en el Cónclave. Teníaaspecto  y porte de príncipe italiano del Piamonte, pero un corazón sapiencial de sacerdote, que amaba igualmente a Dios y a sus creaturas y que se adelantó a su tiempo en sus intuiciones eclesiales.

Podría haber llegado a ser un gran papa. Pero diversas circunstancias se lo impedían. Primero, sin duda el hecho de ser jesuita, una orden que marca mucho en la Iglesia. Pero sobre todo porque los tiempos, después de Juan Pablo II, y el electorado cardenalicio que había dejado nunca se lo hubieran permitido.

Es curioso que ya entró en el Cónclave, con un bastón, que normalmente no usaba,para indicar que estaba enfermo. Antes de ser elegido Pedro Arrupe general de los jesuitas se comentaba en Roma que el papa lo hizo arzobispo de Milán para que no ocupara ese cargo.

Se va dejando una estela de prestigio, finura, categoría moral y profunda espiritualidad. Lo admiraban sus alumnos del Bíblico, del que fue rector, lo admiraban los miembros de la Compañía. Lo admiraban los sacerdotes de Milán, que disfrutaron de su valioso ministerio y sus innumerables charlas de formación y ejercicios que han ocupado centenares de libros traducidos en todo el mundo.

Se puede asegurar que también lo han respetado sus opositores, comenzando por el propio Ratzinger, ya que sus ideas sobre el sacerdocio femenino, el celibato, los estudios bíblicos y la postura de la Iglesia frente a la ciencia y el progreso no eran compartidos en la misma medida por ambos. Pero nadie podía poner en tela de juicio su categoría moral y teológica.

Uno de los hechos más significativos en este sentido fue el diálogo entablado con Umberto Eco y otros intelectuales italianos.

Lo mejor de Martini sin duda era su autenticidad, que acaban de alabar con motivo de su muerte, algunas personalidades italianas. “Hablaba con el corazón”, “decía sin doblez lo que pensaba”, “su autoridad procedía de su autenticidad”.

Pero además siempre fue un buen religioso y sacerdote enamorado de Jesucristo. En uno de sus libros que acaba de publicar en España Sal Terrae, ” La transformación de Cristo y del cristiano a la luz del Tabor“,  cuenta que “cuando era un muchacho , me preguntaba: “¿cómo se ama  la Iglesia?” La pregunta tenía razón de ser porque yo  conocía a la Iglesia como puede conocerla un niño bautizado y que había hecho la Primer Comunión. Pero he amado a la Iglresia en la medida en que he invertido mis energías, tratando de servirla y apostando mi vida por ella. He ido familiarizándome con ella y la reconozco como madre que me ha engendrado, alimentado y sostenido”.

Reconoce que es “una casa en la que puede haber envidias y calumnias“. Pero “sin embargo la Iglesia es más grande que los hombres, porque es la esposa de Cristoy con los ojos de la fe la vemos como un reino de Dios que viene”. Según Martini, puede haber miedo y temores, pero a la postre, si se persevera, se “capta toda su verdad y maternidad”. Reside en lo que Pablo llama “un misterio de piedad”.

Cuando los periodistas con motivo de sus bodas de oro sacerdotales  siendo arzobispo de Miláne le preguntaron en 2002 cuál era el recuerdo más hermoso de su ministerio, respondió: “El haber celebrado la misa todos los días, porque la es la Iglesia vivida, la eucaristía es justamente el ‘misterio de la piedad’”.

Decía Ignacio de Loyola que “como en la vida toda, así también en la muerte” hemos de dar testimonio de nuestra fe. Martini quería terminar sus días en Jerusalén. Allí se fue, pero el Parkinson, que le aquejaba desde hace 16 años,  no se lo permitió. Tuvo que regresar a Italia y morir como un sencillo jesuita en el filosofado de Gallarate. Su último rasgo es no haber admitido el escarnecimiento terapúetico, sin alargar su vida artificialmente.

Ahora Carlo María Martini, es definitivamente un “Martini bianco” 

Su última entrevista es de alguna manera un testamento valiente y lleno de luz:

En italiano

Resumen español

 

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El desconocido testamento de Martín Vigil

A raíz de la publicación de mi artículo en elmundo.es sobre la silenciosa y casi desconocida muerte del  otrora exitoso novelista José Luis Martín Vigil, recibo el sobrio y emocionante texto de su testamento que me envía un amigo gallego y debería conocer todo el mundo. En él confiesa abiertamente su fe, su amor a la Compañía de Jesús,  ignora su obra literaria y se despide con una enorme sencillez.

Creo que sus lectores merecen saborear estas sencillas y hondas palabras publicadas en octubre pasado  en el boletín “Bellavista” de los antiguos alumnos de los jesuitas de Vigo,  colegio donde Martín Vigil fue educador y vivió las experiencias que refleja en su  famosa novela “La vida sale al encuentro”.

 

“Bueno, al fin muero cristiano como empecé. Creo en Dios. Amo a Dios. Espero en Dios. No perseveré en la Compañía de Jesús, pero jamás dejé de amarla y estarle agradecido. No conozco el odio, no necesito perdonar a nadie. Pero sí que me perdonen cuanto se sientan acreedores míos con razón, que serán más de los que están en mi memoria. Amé al prójimo. No tanto como a mí mismo, aunque intenté acercarme muchas veces. No haré un discurso sobre mi paso por la vida. Cuanto hay que saber de mí lo sabe Dios. En cuanto a mis restos, sólo deseo la cremación y consiguiente devolución de las cenizas a la tierra, en la forma más simple, sencilla y menos molesta y onerosa. Pasad pues de flores, esquelas, recordatorios y similares. Todo eso es humo: Sólo deseo oraciones. De este mundo sólo me llevo lo que me traje, mi alma. Consignado todo lo cual, agradecido a todos, deseo causar las mínimas molestias. Dios os lo pague”.

Huelga todo comentario, pues este testamento es como el broche de oro que cierra el círculo de su vida y reconcilian y unifican para siempre las figuras del escritor y el hombre.

***  *** ***

Hace un año que falleció el famoso escritor sacerdote José Luis Martín Vigil, sin que nadie se enterara, sin que los periódicos le dedicaran siquiera una necrológica. elmundo.es  me pidió un artículo que apareció ayer y que reproduzco a continuación. Creo que el anterior testamento  explica mucho el silencio que rodeó a su muerte.

LITERATURA | Tras 17 años de silencio

José Luis Martín Vigil, de novelista para adolescentes a ‘cura maldito’

[foto de la noticia]
  • EL MUNDO relata hoy el final del que fuera el escritor más popular de España

Pedro Miguel Lamet | Madrid

Actualizado martes 10/01/2012 07:43 horas

Como tantos otros, no me había enterado de la muerte de José Luis Martín Vigil, aunque sabía que estaba muy enfermo. La última vez que lo vi fue hace muchos años en el plató de un programa masivo de Telemadrid. Iba acompañado de un muchacho y me saludó con afecto: “Nunca olvidaré mis años en la Compañía de Jesús. Su formación es algo que marca. Admiro a San Ignacio”, me confió con una sonrisa. Luego supe que tenía una casa en el barrio Salamanca y me llegaron algunas noticias brumosas relacionadas con la policía y algunos de sus muchachos, aquella obsesión que le había provocado dejar sucesivamente a los jesuitas y después, el sacerdocio.

Creo que sus últimos años, por lo que he podido informarme de amigos comunes fueron amargos. No sólo por el deterioro físico, sino por la soledad y la desembocadura de una vida trágica. Pero José Luis tuvo sus días de gloria. He visto colas de admiradores dando vuelta a las manzana por obtener una firma de sus obras, traducidas a varias lenguas. Sobre todo a raíz de su primera novela, ‘La vida sale al encuentro’, experiencia de sus años como educador en el colegio de Vigo, que se convirtió en un auténtico ‘best seller’, que ha llegado a reeditarse hasta el 2006, en una última versión revisada por el autor mismo.

Los adolescentes del franquismo leíamos otras novelitas aleccionadoras de la colección Eccélicer, como ‘Corazón de Cristal’ del padre Sobrino y otra que quiero recordar que se titulaba ‘El salto del torrente’, donde los protagonistas eran “escolares bien”, muchas veces “príncipes del colegio” que sentían la vocación y lo dejaban todo por grandes ideales. Para aquellos tiempos ‘La vida sale al encuentro’ fue un paso adelante en la literatura juvenil, una cita con una narrativa más moderna y comprometida, que se caracterizaba por el manejo eficaz de las situaciones y los sentimientos. En sus páginas aparecían personajes de carne y hueso, aunque siempre, claro está, con la filtración obvia de una censura ambiental franquista que impedía todo desmelenamiento.

Las amargas situaciones por las que discurrió la vida del ex sacerdote, al que acabaron por prohibirle confesar, luego predicar -llenaba la Iglesia de Salamanca- y definitivamente le condujeron a secularizarse, se percibe en su ulterior saga de novelas sociales sobre situaciones conflictivas como ‘Una chabola en Bilbao’ o ‘Los curas comunistas’ que escandalizaban en la España timorata de aquellos años.

En una conversación televisiva con Jesús Torbado afirmó: “Cuando me encasillaron, o me encasillé, en escribir para jóvenes, muchos críticos, sin leerme, piensan que hago un subgénero; eso les ahorra el trabajo de leerme. Yo soy sustancialmente un narrador de historias. Lo que yo quiero llevar a la gente es una historia, el estudio de un problema. El estilo y la técnica que emplee serán para mí, siempre, subsidiarios. Serán aquellos que mejor ayuden al lector a comprender esa historia, a sentir ese problema, a sufrir y a gozar con mis personajes”.

¿Hay algo más digno que ser una narrador de historias, cuando sobre todo estas atrapan eficazmente y nos conducen a bucear en verdades del ser humano? No digo que Martín Vigil sea un escritor genial, para sesudos comentarios de texto en clases de literatura. Pero no es ciertamente inferior a un Luis Coloma o Fernán Caballero y otros escritores aleccionadores del XIX, que sí aparecen en los libros de texto. Sus obras se leyeron en su momento con pasión. ¿No merece su autor al menos el elogio de una gacetilla o una necrológica periodística?

Cura más homosexual era una suma explosiva en aquellos años. ¿Fue pederasta? Lo ignoro. Las últimas veces que lo vi iba con jóvenes bien crecidos. En todo caso, en estos días de salidas del armario, nadie condena a Lord Byron, Lorca, Gide o Proust por su orientación homosexual. Más bien todo lo contrario ¿Por qué se quiere enterrar la memoria de Martín Vigil o alinearlo de forma simplista con la literatura de buenos sentimientos de los años cincuenta? Hay lectores que lloraron con ‘La vida sale al encuentro’ cuando el hermanito pequeño del personaje principal, en una clara relación de homosexualidad reprimida, muere apretando con la mano una medalla de la Virgen mientras el protagonista explicitaba sus deseos de ser sacerdote. Era más revolucionario de lo que parecía.

Cuentan que al final se paseaba por internet y chateaba con los amigos. A uno de ellos le escribió: “Sigo como la víspera. Esto también puede ir para largo. Nadie lo sabe. Yo me preparo para lo que venga. En esto de la muerte, como en todo, Dios es mi padre y tiene mano en el asunto. Marito, un día irás a Dios como verás que intento hacerlo yo y te estaré esperando, si llego al cielo antes que tú”. Descanse el hombre, desde la fe que en el fondo nunca perdió, y viva en sus obras este considerable, eficaz y muy leído novelista.

 


Pedro Miguel Lamet es jesuita y escritor. En 2011 publicó ‘El último jesuita: La dramática persecuión contra la Compañía de Jesús en tiempos de Carlos III’ en La Esfera de los Libros.

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A Juan XXIII

 

Con tono llano y faz de campesino,
como un abuelo que parte su ternura
en la mesa camilla y se apresura
a devolver humano todo lo divino,

 

y cual pastor sentado en el camino,
que observa desde lejos la premura
de un pueblo que desea esa hermosura
que es escanciar un vaso de buen vino,

 

te sentaste en la plaza con la gente
y sin más ceremonia, como hermano,
abriste las ventanas de la mente,

 

devolviste a los pobres la alegría,
a este mundo la fe del buen cristiano
y a tu Iglesia un sabor a profecía.

Pedro Miguel Lamet.

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Hombre y Papa

La muerte de Juan Pablo II, uno de los pontífices más influyentes de la historia, conmovió al mundo. Desde la tarde en que, recién elegido, se asomó al balcón de San Pedro para saludar a la multitud y, a diferencia de sus predecesores, apoyó sus manos firmemente sobre el balcón de la logia, el mundo supo que era un líder consciente de su poder e influjo en las masas.

Su trayectoria respondió enseguida a este gesto. Habló con una voz y un tono «de hombre», rompió el proto­colo, contestó a pie de micrófono, explotó sus dotes de actor, elec­trizó a las masas, intervino políticamente en la democratización de su país y en los acontecimientos del Este, se convirtió en superestrella, dio varias veces la vuelta al globo, realizó más canonizaciones que nadie, escribió más encíclicas que ningún papa anterior y se convirtió con sus libros, sus discos y su catecismo en un auténtico papa ­best‑seller, al mismo tiempo que en la mayor instancia ética de carác­ter mundial de su época.

Pero a la vez no ocultó un estilo exigente en defensa de la ortodo­xia de la doctrina, y fue acusado por un sector de la Iglesia de «restauracionista» por sus firmes posturas en moral sexual, sus polémicas decisiones frente a la investigación teológica, la Teología de la Liberación y otras corrientes progresistas dentro de la Iglesia. Un estilo que hizo compatible con la puesta al día de la doctrina social católica, en la que condenó igualmente el comunismo y el  capitalismo salvaje, el aborto y la guerra de Irak.  Como todo líder fuerte, ha pro­vocado reacciones contradictorias: desde el entusiasmo casi papolátrico al rechazo visceral.

Pedro Miguel Lamet, que le siguió de cerca desde el comienzo de su pontificado, lejos de escribir una “hagiografía más”, analiza en este libro al hombre y al papa: las raíces históricas, culturales y psicológicas que influyeron en su pontificado y traza una valoración sociopolítica y eclesial de su prolífico quehacer,  luces y sombras. Conocer su trágica, novelesca e intensa vida nos sumergirá no solo en la apasionante historia reciente de la Iglesia, sino en las vicisitudes de toda una época y un mundo en rápida transformación.

 

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El pontífice más querido de la historia

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«El último jesuita», ya en las librerías

Texto de Contraportada

En pleno siglo xviii, el joven Mateo Fonseca, secretario personal del conde de Floridablanca, es enviado por el rey Carlos III a Roma para acabar definitivamente con la Compañía de Jesús. Allí vive en primera persona las intrigas del cónclave vaticano para provocar la elección de un papa que se comprometa a abolir a los jesuitas, las presiones de Floridablanca sobre Clemente XIV, su angustiada muerte con acusaciones de envenenamiento y la conspiración borbónica sobre el sucesor de éste.

Sus experiencias comienzan en España donde , como espía del Gobierno y comisario real,  será testigo del Motín de Esquilache,  la expulsión de la Orden de todos los territorios de la corona, y  la penosa navegación de los deportados a Córcega y los Estados Pontificios, que es sufrida en propia carne por su hermano.

De nuevo Pedro Miguel Lamet nos ofrece una novela que, con amenidad y rigor histórico, recoge por primera vez de forma exhaustiva y documentada uno de los episodios más dramáticos y menos conocidos de nuestra historia.


Contenido

1.            Consummatus est.

2.            Sobresaltos de un colegial.

3.            Primer amor, primer dolor.

4.            Alevín de noble.

5.            ¡Ay Carmela!

6.            Quinta columna del papa.

7.            Adiós a todo.

8.            Tierra de Campos.

9.            El «frailecito» del padre Isla.

10.          Espía de Campomanes.

11.          Una capa y un sombrero.

12.          Aranjuez, amor y miedo.

13.          La pesquisa secreta.

14.          Un peligro para el Estado.

15.          Baile de máscaras.

16.          La Operación Cesárea.

17.          Con la bayoneta calada.

18.          El calvario de Javier.

19.          Diario de a bordo.

20.          En una isla de nadie.

21.          Escasez y guerra.

22.          Dos nobles aragoneses.

23.          Boda sin Compañía.

24.          Rehenes en El Puerto.

25.          La excomunión del sobrino.

26.          El déspota don Sebastião.

27.          Las claves del Cónclave.

28.          Desterrados en Bolonia.

29.          Fray Lorenzo se escaquea.

30.          Secretario del exterminador.

31.          Miel en la boca, hiel en el corazón.

32.          Acoso y derribo.

33.          Muerte en Venecia.

34.          Envenenamiento mental.

35.          Cada semana un papa.

36.          In manus tuas.

Nota del autor: Historicidad y fuentes.

COMENTARIOS, RESEÑAS Y CRÍTICAS:

 Sal Terrae: Comentario del historiador Manuel Revuelta

. Comentario suite101

· Religión Digital.com: Lamet: «Los obispos españoles no han acabado de creerse y aceptar la aconfesionalidad»

· Vida Nueva: Pedro Miguel Lamet: “El trabajo en la frontera es arriesgado, pero necesario”
· Ecclesia Digital: “El último jesuita” está editado por La Esfera de los Libros
· Religión Digital: Pedro Miguel Lamet presenta su novela histórica «El último jesuita»
· diariodecadiz.es: «Cádiz jugó un papel estratégico en la dramática expulsión de los jesuitas»
· El Mundo: Pedro Miguel Lamet novela la persecución de los jesuitas
· 21rs.es: “El último jesuita”, nueva novela histórica de Pedro Miguel Lamet
· adn.es: P.Miguel Lamet novela la supresión de la Compañía de Jesús en el siglo XVIII
· ideal.es: P.Miguel Lamet novela la supresión de la Compañía de Jesús en el siglo XVIII
· Artes Hoy: Pedro Miguel Lamet: El último jesuita
· Cope.es: El último jesuita Min 33.40
· elnortedecastilla.es: Lamet novela la expulsión de la Compañía de Jesús.

Entrevista Radio ECCA

. Entrevista en portugués de la Revista del Instituo Humanitas Unisonos de Brsail

.  Radio Nacional de España: «Puntos de vista»

. Reseña Pastoral SJ

. AICA on line

. Blog Nazaria

. SJPUCELA. Crónica presentación de Valladolid

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El último Jesuita, de Pedro Miguel Lamet

Escrita por Gonzalo Sanchez del Pozo el 30 de Julio de 2011

 

 

Con “El último Jesuita” la prosa de Pedro Miguel Lamet llega a cotas magistrales. Este autor gaditano lleva escritos 27 libros, tanto en prosa como en verso, y en cada una de sus incursiones literarias ha gozado de una muy buena acogida de crítica como de público. Con este libro continúa la serie de libros que centrados en la religión ha producido su pluma. Entre ellos también cabe destacar, como novela histórica de muy alta calidad, “El místico: Juan de la Cruz”, “El aventurero de Dios” o la biografía del jesuita Díez Alegría.

Como ya hemos reseñado la calidad de este autor, tanto en novela histórica como en otros palos de la literatura, no deja de aumentar como el buen vino dejado envejecer en barrica. El autor domina a la perfección todos los resortes que se le pueden pedir a una novela de estas características: una buena documentación, una trama densa, un desarrollo lineal de la historia y una trama que no por ser histórica tiene que tener un desenlace convencional.

En “El último jesuita” nos encontramos en pleno siglo XVIII donde el protagonista de la historia, Mateo Fonseca, que ejerce como secretario del Conde de Floridablanca resulta enviado por el monarca Carlos III de España para liquidar a la Compañía de Jesús. En una buen parte de la trama veremos las intrigas tendentes a lograr elegir un nuevo papa que no sea reacio a la disolución de los jesuitas.

Pero esta novela histórica es mucho más, ya que a lo largo de sus algo más de 600 páginas nos encontramos con la narración de la vida de Mateo Fonseca que tiene la misma cronología que la desaparición de la orden religiosa. A lo largo de sus páginas seremos testigos de la vida juvenil de Fonseca en un centro de novicios de los jesuitas, su salida precipitada antes de prometer los votos debido a un amor juvenil.

También veremos cómo Fonseca se convierte en un coadjutor – entender no en el sentido religioso – en la desaparición de la orden, siendo primero un informador de las oscuras fuerzas contra la orden de los jesuitas y posteriormente el ejecutor de la misa por razón de su puesto como secretario personal del Conde de Floridablanca. Nos encontramos ante una sólida novela histórica profusamente y bien documentada en la que Lamet consigue algo vital en este tipo de novelas: que la densidad de los datos aportados no merme la frescura y la vitalidad de una narración que pueda, como lo hace, enganchar a los lectores de la primera a la última página.

Nos encontramos ante una novela donde los hechos se ponen al servicio de la narración, y no como desgraciadamente sucede muchas veces, al revés. Por otro lado Lamet consigue introducir los suficientes elementos de misterio y pistas sobre la evolución de la trama que hacen recordar, en la mejor de las acepciones, el estilo folletinesco. Un estilo literario que página a página tenía que lograr que el lector se enganchase a la trama. Lamet lo consigue.

Hay que recordar que los folletines tuvieron su punto álgido durante los siglos XVIII y XIX y que se caracterizaban por la entrega en fascículos de una determinada trama. Todos los fascículos tenían que tener los suficientes argumentos interesantes como para que los lectores comprasen el siguiente número. Esto implicaba emoción a raudales las más de las veces.

Una prolija documentación ha hecho que le armazón sobre el que se desarrolla el argumento sea sólido logrando que ya desde las primeras páginas el lector se sienta atraído sobre la forma en la cual evolucionará el argumento. Un libro que no pasa inadvertido a los lectores ávidos de novela histórica y que hará a buen seguro que nazcan nuevas aficiones a la misma. La trama mantiene el interés del lector en todo momento gracias, además de un lenguaje y una expresión muy cuidadas sin caer en la pedantería, a un ejercicio exhaustivo de reconstrucción histórica.

Con “El último jesuita” nos encontramos ante lo que a buen seguro será un nuevo éxito de Pedro Miguel Lamet y que quizás sorprenda al autor con algún nuevo premio de la crítica después de haber recibido ya ocho a lo largo de su trayectoria como escritor y poeta.

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