Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Autoliberación

Disfrutar del no-tiempo

Leo esta interesante cita de Salvador Pániker:
“Yo detesto el tiempo. La mayoría de la gente rememora el pasado y hace planes para el futuro. Yo me pregunto: ¿pero cuándo vive esta gente?
La mística en mi acepción, no tiene nada que ver con ninguna cuestión religiosa, ni estética, ni nada de esto, sino con esta capacidad de vivir el presente, de exorcizar el tiempo.
Vivir el presente está relacionado también con la capacidad de encontrar algo que a uno le importa más que uno mismo.”
Una postura ante la vida que comparto enteramente. Salvo en su colorario: que tal actitud no tenga nada que ver con la mística.
Cuando uno se centra en el presente, se desvincula de la culpa del pasado y de la angustia de lo que me va a suceder en el futuro, entre otras realidades la llamada muerte, el ahora taladra todo y abre al infinito, y en esa fusión el yo desaparece.
Estamos con todo, estamos con Dios, o como queramos llamarlo. Y es cuando se consigue callar a la ruidosa mente, aparece el silencio y en el silencio emerge su rostro sin rostro.

«El ego es un invento reciente de la evolución, y un día u otro desaparecerá».
Salvador Paníker

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¡PIérdete!

Al leer el periódico estos días se abre ante mis ojos un mundo de turbación. Y he abierto un libro querido, «El jardín amurallado de la verdad» del poeta persa del siglo XII Hakim Sanai de Ghazna, un místico sufí despierto que tiene mucho que enseñarnos, sobre todo a cerca de la pérdida del ego para encontrar nuestra verdadera naturaleza. Nos enredamos con las palabras y nuestras miopías. Es bueno de vez en cuando cerrar los ojos y perderse.

Os ofrezco algunos fragmentos:


«Cualquier cosa que te suceda, infortunio o fortuna,
es una bendición sin mezcla,
el mal que la acompaña, una sombra pasajera.
¿Cómo podría el autor de «Sea y fue»
traer jamás el mal a su propia creación?
«Bien» y «mal» no tienen significado en el mundo del Verbo;
son solo nombres, acuñados en el mundo de «yo» y «tú»,
en la creación de Dios no existe el mal absoluto.
Tu vida es solo un bocadito en su boca,
su fiesta es tanto una boda como
un velatorio.
¿Por qué la oscuridad debe apenar
el corazón
,
estando la noche preñada de nuevo día?
Dices que has desenrollado la alfombra del tiempo
y pasado más allá del cuatro, más allá del nueve;
pasa, entonces, más allá de la vida misma y la razón,
hasta que llegues al mandato de Dios.
¡Nada puedes ver, estás ciego por la noche,
y de día tuerto con tu necia sabiduría!
La humildad te conviene, la violencia no;
un hombre frenético y desnudo está fuera
de lugar en una colmena.
Amigo mío, todo lo que existe existe por Él,
tu propia existencia es un mero pretexto.
¡Basta de tonterías! Piérdete
y el infierno de tu corazón se tornará un cielo.
Piérdete y cualquier cosa puede ser lograda.
Tu egoísmo es un potrillo sin amaestrar.

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Mirar es renacer

Vivimos atrapados en un mundo de lógica. ‟¡Lógicamente!‶, dice mucho la gente de hoy. Pero la lógica no funciona cuando se muere un ser querido, o cuando te enamoras, o cuando te extasías ante el paisaje o ante el arte evocador de un cuadro espléndido. ¿Qué pasa entonces? Que comprendes el universo de una manera directa y distinta, aunque no puedas formulártelo.
La intuición no anula lo racional. Pero lo mejor de la vida me viene por la intuición, esa capacidad perceptiva que está por encima de nuestra mente, no por debajo. Lejos de ser sentimentalismo o un fiarse de emociones, como cree la gente, es una manera superior de conocimiento. La intuición une, la lógica separa. Por eso la auténtica intuición nos devuelve el ser que somos.
Y es que mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol. Mi lucidez está conectada a una luz superior y total. Cuando no me limito a mi mismo por mis propias ‟chorradas‶, despierto.
El silencio me hace crecer en todas direcciones, me expande, me libera. Yo hago silencio cuando me suelto a mí mismo, y suelto ideas, esquemas, formulaciones. Perderse es encontrarse. (Algo así decía Jesús de Nazaret. Lo que pasa es que lo han estropeado canonizando el sufrimiento. Él se refería al ego, al personaje ese en el que hemos centrado todo y no vale un pimiento).
De esta forma asisto desde lo que aparece a lo que no aparece, de lo visible a lo invisible, de lo particular a lo universal, de lo terrenal a lo cósmico. Uno con el mar. Uno con el fuego. Uno con el aire. Uno con la tierra. Cuando más allá esté, más aquí me descubriré.
Después abrí los ojos. Mirar es renacer.

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Marketing espiritual


Hoy está de moda la tesis de que hay que frecuentar los pensamientos positivos, las afirmaciones que nos reafirman, las frases alegres que calen nuestro subconsciente contrarrestando las horas de negatividad.
Pero yo me pregunto: ‟¿Se alcanza la felicidad con un eslogan? ¿Puede el hombre tocar el cielo a base de marketing?


Siempre existió la jaculatoria, el koan y el mantra. Pueden ayudar. Pero para cambiar hay que desearlo. No a fuerza de puños, ni de repeticiones, sino de apertura a la verdad, como la tierra a la lluvia. Deja de pensar, quédate en silencio, respira hondo. El Ser dentro de tu ser hablará.


De nada sirven las técnicas si uno no está enamorado.
Y si uno lo está , todas son buenas y todas sobran.


RENUNCIAR A ‟SER BUENO»


Cuando cometo un error y me siento culpable, es el personaje, el «yo pequeño» el que se siente así. Cuando vivo colgado del pasado, angustiado por aquello que no hice o nostálgico por la felicidad que no volverá, lo vivo desde el personaje, desde un montón de ideas que almaceno en el baúl como ropa vieja y apolillada. Tú no eres eso.


Cuando soy ‟bueno» para que tú me quieras -mamá, papá, superior, novia, esposo, jefe- lo hago desde una careta que no es mi verdadero yo.

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Cómo nacer de nuevo

Supone cambiar la forma de mirar

Una encuesta callejera sobre lo opinión que tiene la gente acerca de su vida nos daría un resultado mayoritariamente negativo. Casi nadie está contento con su suerte. O el trabajo no les satisface, su vida afectiva es una fuente de problemas o la economía, la salud física o mental no anda muy bien. Pese a los grandes logros de la era tecnológica y el desarrollo de los países del mundo occidental en el que nos encontramos, algo falla para que la media de nuestros habitantes arroje un índice tan elevado de infelicidad. Porque dependemos de los acontecimientos exteriores, no de nuestro auténtico yo.

Se puede decir que todos morimos y nacemos un poco cada día. Abandonamos algunas cosas y comenzamos otras nuevas. Vamos, casi sin darnos cuenta, cambiando de rostro, de experiencias, de objetos, de ropa, de amigos. Cuando muere una persona conocida, cuando nuestra ocupación evoluciona o visitamos un nuevo lugar, algo cambia en nosotros. Sin embargo es el cambio interior el más importante y del que dependen todos.

A ese nacimiento me refiero, al que condiciona a todos los demás. Porque «no es fuera, sino dentro donde hace mal o buen tiempo». Si echamos una ojeada atrás percibimos que, aunque un substrato de nuestra personalidad siempre está ahí, ¿en qué nos reconocemos ahora de cuando teníamos ocho, quince, veinte o treinta años? Nuestras células cambiaron al ritmo de nuestras experiencias y etapas.

Pero no se trata de evolucionar sólo a golpe de desengaños, sino de ser autores de nuestra vida. Los maestros espirituales siempre enseñaron la necesidad de nacer de nuevo, cambiar por dentro, alcanzar la luz, lo que redunda inmediatamente en el mundo de fuera.

Cada día puede ser de este modo un descubrimiento y un paso más hacia la felicidad. La condición es saber morir cada noche y nacer al amanecer del día siguiente y tener capacidad de despertar con aires de estreno. Ello supone cambiar nuestra forma de mirar, tirar las viejas gafas llenas del polvo de los años y con ellas los esquemas heredados, los criterios preestablecidos, las normas aprendidas de memoria para redescubrir la vida, las personas, los paisajes y colores.

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Respirar la paz

(Foto: Barcas flotando. ©PMLamet)

Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.


Esta estrofa de Antonio Colinas en “Letanías del ciego que ve” sintoniza bien con la imagen de barcas flotando quietas a la débil luz del crepúsculo. Frente al torbellino de un mundo atolondrado que se mueve al vértigo de noticias, el watsapp, y el consumo frenético parece imposible respirar esa música no oída que se esconde detrás del silencio, corazón de todo.
En primer lugar porque no somos conscientes de nuestra respiración, que es la frontera de contacto con la vida. Y después porque no vivimos, nos viven desde fuera.
Como las barcas de la foto para respirar y vivir hay que flotar. Que los éxitos y los fracasos, las penas y las alegrías crucen por arriba como galernas que pasan. En el fondo del mar y de nuestra conciencia todo sigue en paz, todo roza la eternidad en la que somos.


Que si insiste la muerte,
que si avanza la edad, y todo y todos
a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa,
me venza el mundo al fin en esa luz
que restalla.
Y su fuego me vaya deshaciendo como llama
de vela: con dulzura, despacio, muy despacio,
como giran arriba extasiados los planetas.

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La esposa prestada

Si cierro los ojos, salto al vacío que hay detrás, descubro que soy sin límites

Cuando me despierto de un profundo sueño es como si naciera de nuevo. Arranco a la vida en la mañana y eso a veces me genera pesadumbres. Se agolpan las preocupaciones, responsabilidades, miedos sobre el futuro.
Y sobre todo la gran pregunta: ¿Quién soy yo?

Leo en un libro de Sri Nisargadatta Maharaj, uno de los sabios orientales más profundos, el siguiente diálogo:
MAESTRO: ¿Qué conocimiento quiere usted?
DISCÍPULO: Mi verdadero Sí mismo.
M: Mientras piense que el cuerpo es usted, usted no obtendrá el verdadero conocimiento. En marathi hay una frase, “la esposa prestada”, la que tiene que ser devuelta. De modo semejante este cuerpo es una cosa prestada; usted tiene que devolverlo. Esta identidad con el cuerpo tiene que partir.
D: ¿Cómo va uno a lograr deshacerse de esta identificación?
M: Pruebe a investigar los estados de sueño profundo y de vigilia. Éstos están sujetos al tiempo. Sin la experiencia de los estados de vigilia y de sueño, pruebe a explicar lo que usted es.
D: Entonces yo soy sin palabras.
M: ¿Está usted seguro? Los Vedas también dijeron “Esto no es, eso no es”, y finalmente guardaron silencio, pues ello es más allá de las palabras.

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Soy amor sin saberlo

Cuando hablamos de amor solemos referirnos a la consecuencia, a la concreción del amor. Casi nadie se da cuenta de que el amor estaba ya dentro de mi como una antorcha secreta en el fondo de la cueva antes de que nadie, ni siquiera yo mismo supiera verlo.

Sólo cuando un día se abre paso al exterior, porque algo o alguien lo llama, sale de la cueva.
Entonces solemos llamar amor a la manifestación del amor.

Es decir, caemos en la cuenta de que el amor existe en mi cuando lo movilizamos, cuando la antorcha se abre paso en medio de la oscuridad.

No sabíamos que el amor es la conciencia de unidad que está siempre en el fondo sin saberlo.
Saber que soy uno con el universo es amor.
Lo que llamamos amor es esa tendencia de la parte a juntarse con el todo; la necesidad de la antorcha de salir de la cueva para recuperar su identidad en la hoguera total.

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Afinar el violín

Armonía con el universo


La tarea de una vida es como la de un gran músico con su violín. Tiene que afinarlo para que alcance la gran armonía con toda la orquesta. Cuando suena así, a su tiempo, sin desafinar, contribuye al milagro artístico de la sinfonía.


Afinar el ego no es hacer mortificaciones, ni negarse a la vida, ni renunciar a nada. Es ser capaz de ir más allá de él mismo y observarlo. Cuando se armoniza con la sinfonía, él sólo se afina, ocupa su puesto con el acorde justo.
Lejos de lo que mucha gente cree, esto no es un acto de voluntarismo.


Es dejarse ser, no poner trabas, perderse en el maravilloso poema sinfónico de la vida. Como un pétalo, un árbol, un valle, un ave, un insecto, un río o una montaña, el ego tiene también su papel en el poema del universo.
El concierto se estropea cuando un instrumento se empeña en destacar en todo momento o cuando suena cuando no le corresponde entrar en la partitura. No hay como mirar a los ‟famosos», determinados políticos, modelos, periodistas, escritores y estrellas de cine que no paran de figurar. Es el ego ridículo que dice ‟aquí estoy».


Afinar el ego es hacerlo tan sutil que no estorbe con sus condicionamientos, que no son más que creaciones de su mente, y resituarlo para que deje ver.. y escuchar la armonía del resto del universo.

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La primavera de dentro

“Cráter de amapola”. ©PMLamet.

            Este año de pandemia lo hemos vivido como un duro invierno, una obligada cuaresma mundial. Decía Gustavo Adolfo Bécquer, que “mientras haya en el mundo primavera, habrá poesía”. En lenguaje cristiano diríamos que mientras un hombre sea capaz de superarse a sí mismo brillará en el mundo la Pascua de Jesús. Todo florece a nuestro derredor como un himno a la vida. ¿Por qué nosotros no lo hacemos?

            Hay una fuerza en el corazón de las cosas que las anima a seguir adelante: Cortas un árbol y vuelve a renacer, desvías un río y encuentra salida rumbo al mar, se pudre la semilla y da flor y fruto. Solo el hombre es capaz de hundirse en su depresión y acabar por no levantar cabeza. Nuestro “personaje”, el que nos da la tabarra desde la mente, se regodea en las ideas negativas, el sentimiento de culpa, el “estoy acabado”, “no sirvo para nada”, “nadie me quiere”, “voy a la bancarrota”, y si no tiene ningún dato objetivo se lo inventa. Vive de esa contaminación mental y su tristeza hasta intentar destruirse a sí mismo.

            Recuerdo uno de los cuentecillos de Tony De Mello, que viene al caso:

 Un visitante de un  monasterio se sintió especialmente impresionado por lo que él mismo denominó el “resplandor” del Maestro. Un día en que se encontró con un viejo amigo de éste, le preguntó si conocía la explicación de dicho fenómeno.

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