Con motivo de la reaparición de mi biografía del padre Arrupe, la web de la archidiócesis de Valladolid me hizo hace unos días la siguiente entrevista:
Con motivo de la reaparición de mi biografía del padre Arrupe, la web de la archidiócesis de Valladolid me hizo hace unos días la siguiente entrevista:

Ignacio de Loyola tuvo lo que él llama una “ilustración” en el río Cardoner de Manresa por la que llegó a “ver claro”, incluso “si la Biblia desapareciera”. Los orientales llaman a esta experiencia ”iluminación” y se ha considerado durante mucho tiempo un patrimonio casi exclusivo de los místicos.
Pero yo creo que comienza una época que esta clarividencia está alcanzando a la gente de la calle, que descubre que en el interior de este mundo hay algo con sabor eterno que no se lleva los cambios del tiempo e incluso la muerte. Como si desde ahora supiéramos distinguir entre la apariencia, que pasa, de la luz a la que pertenecemos. Diríamos que es una mística en “calderilla”.
En el siguiente soneto pido a Dios este despertar interior.
DESPIÉRTAME
Para nacer de nuevo en la mirada
y destapar el alma de la vida
que se oculta debajo de esa herida
del dolor, el absurdo y hasta la nada;
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¿Se ha enamorado usted alguna vez?” le pregunta un periodista al Papa en la última entrevista. Y Francisco responde que a los diecisiete años tuvo una “novieta”, y que al principio de su seminario otra chica le obnubiló durante una semana. Entonces el colega quiere saber más. “Pregúntele a mi confesor”, se zafa hábilmente el Papa con una sonrisa.
Pedro Arrupe, el que fuera superior general de los jesuitas y por tanto también del provincial Bergolgio, solía decir que “aquello de lo que te enamoras te cambia la vida”. A un año de pontificado cabe preguntarse cuales son los amores del papa Francisco, los que han marcado su primer año de pontificado.
El primero y más determinante es su amor al Jesús del Evangelio,
El eminente historiador Manuel Revuelta ha publicado en la revista ACTUALIDAD BIBLIOGRÁFICA (N. 100, julio-noviembre, Barcelona, 2013, pp.185-188) la siguiente recensión:
Pedro Miguel Lamet, Azul y rojo. José María de Llanos. Biografía del jesuita que militó en las dos Españas y eligió el suburbio. Madrid, La Esfera de los libros, 2013, 730 p.
Pedro Miguel Lamet ha escrito novelas históricas, en las que la vida de los personajes se refuerza con la magia de la fantasía. Pero también ha escrito biografías bien documentadas que han alcanzado gran éxito editorial. Baste recordar las que ha dedicado a San José María Rubio, al Padre Arrupe, al «jesuita sin papeles» Diaz-Alegría o a los confesores de reyes. Esta vida del P. Llanos no es una novela histórica; es una biografía que produce la fascinación de una novela. Se puede decir que aquí la realidad supera la ficción. La vida de Llanos tiene los ingredientes de una buena novela de aventuras. Unas aventuras tan ciertas que, como decía un paisano vasco, «no es historia, es sucedido». La buena pluma de Lamet ha trazado un relato vibrante, que empuja el interés del lector desde el principio al fin.

LA BRUMA ES AZULADA
La bruma es azulada, del color de diciembre,
como andar por la vida
donde los hombres tienen apariencia de sombras
sin saber dónde van entre los árboles.
Quizás también un punto a veces encendido,
como un fuego lejano casi siempre apagado.
En la bruma los besos sabor tienen a brea
a helada soledad
y también las palabras que dicen su querencia

ORACIÓN DE UN PASTOR
DEL SIGLO XXI
Ahora que tengo el corazón herido
y velo mi rebaño en la llanura
de este mundo de horrores y basura,
como si de él, de pronto, fueras ido;
ahora que estoy tan persuadido
de que el dinero ocupa la andadura
de aquellos que han perdido la cordura
en busca de un tesoro corrompido,
rompe las vallas que levanta el frío,
arropa con tu llanto el pensamiento,
llena la noche con tu algarabía,
une a los pueblos, salva el desvarío
de este desamor que corta el viento,
y regresa, Jesús, al seno de María.
Pedro Miguel Lamet
Feliz Navidad y año 2014

“Te quisiera abrazar”, dijo aquel árbol,
mirándome a los ojos.
“Soy tu estar cuando huyes
tu penumbra de amor, cuando al pasar,
te quedas.
He aprendido del viento
a luchar por mi esencia
y a afincar mis raíces
más allá de lo oculto
en la entraña escondida
de la palabra Tierra.
Cuando duermes, vigilo.
Cuando despierto miras la esbeltez
de mis ramas,
tu alma me dibuja a versos lo infinito.
Sombra soy, si tu quieres, o sol,
si lo deseas,