El teólogo jesuita y escritor Pedro Miguel Lamet acaba de publicar El resplandor de Damasco. Pablo de Tarso, el apóstol de las naciones
Amar no tiene nombre

AMAR NO TIENE NOMBRE
Amar es un vacío,
un llevar en las manos
el temblor de estar solo
mirando las estrellas,
un saberse una pluma
movida por la brisa
y olvidarse que el miedo
hizo en ti su morada
y arrumbar en lo oscuro
los planes ya trazados
y dejar que tu alma
llore a solas lo absurdo
que es estar y no estar.
Amar es un insólito
querer ser lo imposible,
derrotar los deseos,
recomponer el mundo
a trozos de ilusiones,
arrimar a las rosas
la eternidad rompiente
y regar con ausencia
la cuna de la noche
donde acecha el dolor.
Amar no es el anhelo
de vivir la primicia
de un ser entre los brazos
o llevar de la brida
el feliz yo caliente,
o andar con un espejo
de un tú mismo mejor.
Ni pensar que ya es tuyo
el ser que has aprehendido,
ni pregonar al mundo
desde un tú apuntalado,
ni reírse del salto
que el otro no ha querido,
ni poner a tus ojos
parcelas por el mundo
con un cartel: «No entrar».
Amar es un perderse
en la noche estrellada
y saber que hace tiempo
has dejado de ser.
Es flotar sin un norte
por el mar de tu alma
y mañana ¡quién sabe!
no saber, no saber…
Amar es estar solo
con todo en compañía
y morir de vivirse
tan lleno del presente,
canción de un gran vacío
de lo amado que nace
en llamas del recuerdo
y el grito de un instante
que es, que fue, que apenas
vuela en lo casi perfecto
en la luz que no ha sido.
Amar no tiene nombre,
quizás sólo la noche
que queda si has querido
al borde de la orilla,
una huella en la playa
que dejaste al pasar
y ser mar en la mar.
Pedro Miguel Lamet
Entrevistas en la mochila: Pedro Miguel Lamet
Enlace con la entrevista realizada por Gloria Díez con motivo de la publicación de la novela
EL RESPLANDOR DE DAMASCO.
Origen: Entrevistas en la mochila: Pedro Miguel Lamet | Narrativa Breve. Por Gloria Dí
ez.
Me apellido Uno

Cuando estoy solo es cuando estoy más acompañado.
En el barullo de la vida cotidiana es fácil narcotizarnos. Rodeados de gente nos dormimos y drogamos nuestra auténtica naturaleza, obsesionados con el papel que representamos en la vida, la careta del hombre o la mujer que creemos ser. Sólo puedes volver con la gente cuando descubres quién eres realmente.
Pues no somos el centro, ni tan importantes como creemos desde el yo. Nuestra vida es un parpadeo del Universo. Un parpadeo único, irrepetible y cósmico en miles de años y espacios, pero un solo parpadeo.
Cuando desaparece ese personaje, ese ego mental que creo ser, despierto.
Pedro y la barca

Hoy. día de su fiesta, dedico este soneto a mi santo patrón, el apóstol Pedro, un hombre débil, que dudó, tuvo miedo, llegó a negar a Jesús, pero que al fin su fe fue más fuerte y se lanzó a caminar sobre el mar. Una buena parábola la de su barca para la Iglesia de hoy. –
DE TU BARCA BAJO LA LUNA
(Al apóstol Pedro)
De tu barca bajo la luna huía
la brega de una noche temerosa
sobre un mar encrespado, y la penosa
vaciedad de ese vivir sin alegría.
En tus redes sin pesca amanecía
la ausencia del sentido y la azarosa
pregunta de por qué nació la rosa
y hacia dónde remamos cada día,
cuando adviertes de pronto sorprendido
avanzar sobre el mar como una vela
o un faro que te llama y te ilumina,
y sientes dentro el corazón herido
con una voz que entre la bruma vuela:
¡Lánzate, Pedro, y sobre el mar camina!
Pedro Miguel Lamet
¿Qué queda de ti y de mí?

Estos días de primavera, al pasear entre tanta belleza me siento aún más fugaz que en los días de otoño o invierno. Pues también cuando todo florece se mueren los amigos y ¡dejan tan poca huella! Vuela el tiempo. ¿Qué queda de mi, de nosotros después de tanto empeño por dejar huella? Busco la respuesta en este soneto:
FUGACIDAD
Todo queda colgado en un instante
al besarme en la frente esa sonrisa
con que al pasar me rozas con tu brisa
y me dejas prendido y vacilante,
como una flor sin agua o un amante
que corre, huye, se esfuma tan deprisa
cual la estela suave e imprecisa
que un perfume te deja suplicante.
¿Quién soy yo? ¿Cuánto duro, qué presumo
al llorar, escribir y diluirme
en este andarme a solas por el prado?
¿Acabo de llegar o estoy por irme?
¿Seré como Quevedo solo humo?
“Polvo serán, más polvo enamorado”.
Pedro Miguel Lamet
Llegó la hora de Romero

La beatificación y proclamación como «mártir» del arzobispo salvadoreño monseñor Óscar A. Romero (1917-1980) refrenda el reconocimiento y la devoción que desde hace décadas le han profesado tanto su pueblo como prestigiosas instituciones de todo el mundo. De origen humilde y formado en la más estricta ortodoxia, a partir del contacto con las injusticias y matanzas infringidas en El Salvador despertó a la conciencia de los pobres y oprimidos para convertirse en «voz de los sin voz» y dar la vida por su pueblo, acribillado junto al altar mientras celebraba la eucaristía el 24 de marzo de 1980.
En este libro tres autores jesuitas estudian su vida, su conversión y su pensamiento:




