Nuevo libro: AZUL Y ROJO
Azul y rojo. José María de Llanos
Biografía del jesuita que militó en las dos Españas y optó por el suburbio
TEXTO DE CONTRAPORTADA
José María de Llanos, una de las figuras más admiradas y controvertidas del franquismo y la transición española, llegó a convertirse en todo un mito.
Hijo de militar, nacido en la calle Serrano de Madrid y compañero en la universidad de José Antonio y de Pedro Arrupe, tras ingresar en la Compañía de Jesús, vivió la expulsión de la República y desde el exilio el fusilamiento por los rojos de dos de sus hermanos. De regreso a España se convirtió en «cura del régimen», capellán del Frente de Juventudes y del SEU, creador del SUT e incansable director de ejercicios espirituales, que llegó a impartir incluso al mismísimo general Franco.
A mediana edad despertó a la otra España olvidada y decidió marcharse alPozo del Tío Raimundo, donde plantó su chabola en el suburbio para asumir la causa de los oprimidos hasta su muerte. Con el deseo de ser como ellos, colaboró en la fundación de Comisiones Obreras y defendió a los represaliados hasta el extremo de hacerse del PCE y alzar el puño cuando este fue legalizado.
Primera biografía crítica del jesuita, fruto de una exhaustiva investigación, este libro aporta numerosos documentos inéditos, diarios, poemas y cartas personales a destacadas figuras del siglo xx, que van de Fraga a la Pasionaria, Gallardón, Javier Solana, Álvarez del Manzano, Santiago Carrillo y Marcelino Camacho, junto con otros testimonios de intelectuales, políticos y periodistas.
Pedro Miguel Lamet consigue al mismo tiempo deshacer tópicos y desvelar la auténtica vida íntima y profundamente espiritual del padre Llanos a través de un relato ameno que coincide con una época apasionante de la historia de España.
ÍNDICE
Preámbulo. El color del fuego y la sangre
- Rojo y azul
- Un niño de la calle de Serrano
- «¡Quiero irme contigo!»
- Exilio con «dolor de estrellas»
- Retaguardia de sangre
- Primavera nacionalcatólica
- Por el Imperio hacia Dios
- Forjador de juventudes
- La aventura del Pozo
- Redimir a un barrio
- Ciudadano del mundo
- Charlie y el Vaticano II
- El sindicato clandestino
- El volcán de los setenta
- Franco y Díez-Alegría, hijos de la Iglesia
- El escándalo del «cura rojo»
- Amigos «de novela»
- Calles de Lele y Padre Llanos
- Centinela, ¿qué hay de la noche?
- La palabra se hizo carne
Apéndices.
Antología de textos
I. Credo
II. Prosa
III. Plegarias
IV. Poesía
Bibliografía
Índice onomástico

Editorial: La Esfera de los Libros
Fecha de publicación: 16/04/2013
Páginas: 734
ISBN: 978849970800316×24 Cartoné
Colección: Biografías y Memorias
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CRÍTICAS Y COMENTARIOS
Entrevista en Religión Digital
Comentario: El P.Llanos y las dos españas
Recensión del historiador Manuel Revuelta en «Actualidad bibliográfica»
Papa Francisco
Bueno, ya tenemos Papa. Francisco I o Francisco a secas, como parece ha precisado el portavoz. Me preguntan si estoy contento por ser un jesuita. Respondo que San Ignacio no quería dignidades eclesiásticas en la orden. Una vez elegido, posiblemente por un desbloqueo entre otros dos candidatos, observo lo siguiente: Han elegido a un hombre muy espiritual, muy austero, que no quería que le llamaran Eminencia y que viajaba con transporte público. Por tanto una figura que puede llevar a cabo libremente la reforma de la curia, descentralizando la Iglesia de Europa e Italia. Un hombre cercano al pueblo y preocupado por los pobres. Celebraba por ejemplo entre los cartoneros (gente que recoge basuras) .El nombre elegido, Francisco y sus primeros gestos de orar por Benedicto XVI, le definen. Podría llegar a ser el “Papa de los pobres” y un gran impulsor de la vida de oración. La imagen en el balcón del Vaticano emana sencillez y bondad. Y reconozco un golpe de sorpresa propio del Espíritu.
Ahora bien no nos llevemos a engaño: es un jesuita conservador en materia de moral sexual, contrario a la Teología de la Liberación y que lideró una corriente espiritualista de la Compañía en Argentina. Pero ha atacado el liberalismo económico, la corrupción política e incluso a la gobernante actual. Dará sorpresas en cuanto humildad y gestos cercanos. Puede ayudar a la unidad de la Iglesia, rota en movimientos, potenciar la vida religiosa y hacer que América Latina cobre porotagonismo en nuestro mundo.
El Testamento del cardenal Martini
“Sono Martini rosso, non Martini bianco“, dijo, haciendo un chiste con el color de la bebida y de las sotanas de cardenal y de papa, cuando entró en el Cónclave. Teníaaspecto y porte de príncipe italiano del Piamonte, pero un corazón sapiencial de sacerdote, que amaba igualmente a Dios y a sus creaturas y que se adelantó a su tiempo en sus intuiciones eclesiales.
Podría haber llegado a ser un gran papa. Pero diversas circunstancias se lo impedían. Primero, sin duda el hecho de ser jesuita, una orden que marca mucho en la Iglesia. Pero sobre todo porque los tiempos, después de Juan Pablo II, y el electorado cardenalicio que había dejado nunca se lo hubieran permitido.
Es curioso que ya entró en el Cónclave, con un bastón, que normalmente no usaba,para indicar que estaba enfermo. Antes de ser elegido Pedro Arrupe general de los jesuitas se comentaba en Roma que el papa lo hizo arzobispo de Milán para que no ocupara ese cargo.
Se va dejando una estela de prestigio, finura, categoría moral y profunda espiritualidad. Lo admiraban sus alumnos del Bíblico, del que fue rector, lo admiraban los miembros de la Compañía. Lo admiraban los sacerdotes de Milán, que disfrutaron de su valioso ministerio y sus innumerables charlas de formación y ejercicios que han ocupado centenares de libros traducidos en todo el mundo.
Se puede asegurar que también lo han respetado sus opositores, comenzando por el propio Ratzinger, ya que sus ideas sobre el sacerdocio femenino, el celibato, los estudios bíblicos y la postura de la Iglesia frente a la ciencia y el progreso no eran compartidos en la misma medida por ambos. Pero nadie podía poner en tela de juicio su categoría moral y teológica.
Uno de los hechos más significativos en este sentido fue el diálogo entablado con Umberto Eco y otros intelectuales italianos.
Lo mejor de Martini sin duda era su autenticidad, que acaban de alabar con motivo de su muerte, algunas personalidades italianas. “Hablaba con el corazón”, “decía sin doblez lo que pensaba”, “su autoridad procedía de su autenticidad”.
Pero además siempre fue un buen religioso y sacerdote enamorado de Jesucristo. En uno de sus libros que acaba de publicar en España Sal Terrae, ” La transformación de Cristo y del cristiano a la luz del Tabor“, cuenta que “cuando era un muchacho , me preguntaba: “¿cómo se ama la Iglesia?” La pregunta tenía razón de ser porque yo conocía a la Iglesia como puede conocerla un niño bautizado y que había hecho la Primer Comunión. Pero he amado a la Iglresia en la medida en que he invertido mis energías, tratando de servirla y apostando mi vida por ella. He ido familiarizándome con ella y la reconozco como madre que me ha engendrado, alimentado y sostenido”.
Reconoce que es “una casa en la que puede haber envidias y calumnias“. Pero “sin embargo la Iglesia es más grande que los hombres, porque es la esposa de Cristoy con los ojos de la fe la vemos como un reino de Dios que viene”. Según Martini, puede haber miedo y temores, pero a la postre, si se persevera, se “capta toda su verdad y maternidad”. Reside en lo que Pablo llama “un misterio de piedad”.
Cuando los periodistas con motivo de sus bodas de oro sacerdotales siendo arzobispo de Miláne le preguntaron en 2002 cuál era el recuerdo más hermoso de su ministerio, respondió: “El haber celebrado la misa todos los días, porque la es la Iglesia vivida, la eucaristía es justamente el ‘misterio de la piedad’”.
Decía Ignacio de Loyola que “como en la vida toda, así también en la muerte” hemos de dar testimonio de nuestra fe. Martini quería terminar sus días en Jerusalén. Allí se fue, pero el Parkinson, que le aquejaba desde hace 16 años, no se lo permitió. Tuvo que regresar a Italia y morir como un sencillo jesuita en el filosofado de Gallarate. Su último rasgo es no haber admitido el escarnecimiento terapúetico, sin alargar su vida artificialmente.
Ahora Carlo María Martini, es definitivamente un “Martini bianco”
Su última entrevista es de alguna manera un testamento valiente y lleno de luz:
A Juan XXIII

| Con tono llano y faz de campesino, como un abuelo que parte su ternura en la mesa camilla y se apresura a devolver humano todo lo divino,
y cual pastor sentado en el camino,
te sentaste en la plaza con la gente
devolviste a los pobres la alegría, Pedro Miguel Lamet. |

