Siempre hace buen tiempo

Category Archives: ESPIRITUALIDAD

Corazón de maleta

«Viajero» (Oviedo) © PMLamet

A este mundo venimos desnudos, y después del viaje de la vida  nos vamos desnudos.

Pero para el trayecto necesitamos objetos: desde el cepillode dientes a la cultura, pasando por un sinfín de adminículos: casas, libros,ropas, coches, tecnología, cuentas bancarias, pólizas de seguros, puestos,cargos y un largo etcétera. Es nuestra valija, la maleta del viaje.

El  problema nace de nuestra relación con esa maleta.

Hoy muchos transforman la valija en el destino del viaje. Confunden el medio con el fin. Es más se definen a sí mismos no por lo que son, sino por lo que llevan en el viaje, sus  posesiones, lo que tienen. Ante la sociedad nos prestigiamos por la cualidad de mi casa, mi coche, mi forma de vestir, el puesto que representamos, en vez de por el sentido de mi vida, mis valores, mi último destino.

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La libertad empieza dentro


Surtidores. Canal Isabel II. Madrid

Muchas veces me pregunto: ¿Qué es libertad? ¿Poder elegir lo que quiero? ¿Poder expresarme, reunirme, votar, realizarme sin restricciones?

No voy a entrar en disquisiciones filosóficas sobre el término. Me interesa la vida.

Por ejemplo, el escalón básico para ser libre es tener acceso a la alimentación, la habitación, la salud, la cultura, la relación humana. En este sentido hay un tercio de la humanidad que no disfruta de las condiciones esenciales de la libertad.

Pero, cuando tienes un plato para comer, un lecho para descansar y un libro para leer, ¿eres libre?

Cuando el adolescente pide libertad, generalmente habla de poder “hacer lo que le de la gana”. Este tipo de libertad, si se ejerce, suele acabar con el deterioro de la persona.

Personalmente tuve experiencias muy duras respecto a la libertad de expresión que me fue coartada en varias ocasiones de mi vida.

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La escalera del yo

Sandra era una chica guapa. Vino como loca a decirme que dentro de un mes iba a casarse. Su marido trabajaba de ejecutivo de una cadena de supermercados. Ella había estudiado en un colegio de monjas y todo le había ido sobre ruedas. Pertenecía a esas familias católicas, “gente bien” de toda la vida. Sus ojos brillaban bajo el velo blanco y sus manos temblaban cuando le dijo el “si” a Javier en una boda convencional y brillante. Sólo le quedaba vivir. Y la vida vino cobrando sus cuentas pendientes.

A los cinco meses de casada, Javier tuvo un accidente de automóvil. Enflaquecida, prematuramente vieja, vino a decirme que no quería seguir viviendo. Comenzó a darle órdenes a su subconsciente de que no podía salir de aquel agujero, una depresión que le mordía las entrañas. Hasta que al cabo del tiempo aceptó lo que le había ocurrido y comenzó a levantar cabeza. Empezó a bajar los peldaños de su escalera.

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El arte de creer

 

 

Cuenta una vieja leyenda hindú que hubo un tiempo en que todos los hombres eran dio­ses, pero abusaron de su divinidad y el dios supremo Brahma decidió despojarlos de su ser y poder divinos y ocultarlos donde ningún hombre pudiera encontrarlos. Fue ardua la ta­rea de encontrar un buen escondite. Algunos dioses menores convocados a consejo para dar con el lugar adecuado para esconder la divini­dad del hombre propusieron ocultarla en lo más hondo de la tierra o arrojarla al fondo de los océanos; otros dijeron que lo más seguro sería elevarla por los aires a la más alta de las atmósferas.

Pero Brahma dijo que él sabía de qué pasta había hecho al hombre

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El Testamento del cardenal Martini

“Sono Martini rosso, non Martini bianco“, dijo, haciendo un chiste con el color de la bebida y de las sotanas de cardenal y de papa, cuando entró en el Cónclave. Teníaaspecto  y porte de príncipe italiano del Piamonte, pero un corazón sapiencial de sacerdote, que amaba igualmente a Dios y a sus creaturas y que se adelantó a su tiempo en sus intuiciones eclesiales.

Podría haber llegado a ser un gran papa. Pero diversas circunstancias se lo impedían. Primero, sin duda el hecho de ser jesuita, una orden que marca mucho en la Iglesia. Pero sobre todo porque los tiempos, después de Juan Pablo II, y el electorado cardenalicio que había dejado nunca se lo hubieran permitido.

Es curioso que ya entró en el Cónclave, con un bastón, que normalmente no usaba,para indicar que estaba enfermo. Antes de ser elegido Pedro Arrupe general de los jesuitas se comentaba en Roma que el papa lo hizo arzobispo de Milán para que no ocupara ese cargo.

Se va dejando una estela de prestigio, finura, categoría moral y profunda espiritualidad. Lo admiraban sus alumnos del Bíblico, del que fue rector, lo admiraban los miembros de la Compañía. Lo admiraban los sacerdotes de Milán, que disfrutaron de su valioso ministerio y sus innumerables charlas de formación y ejercicios que han ocupado centenares de libros traducidos en todo el mundo.

Se puede asegurar que también lo han respetado sus opositores, comenzando por el propio Ratzinger, ya que sus ideas sobre el sacerdocio femenino, el celibato, los estudios bíblicos y la postura de la Iglesia frente a la ciencia y el progreso no eran compartidos en la misma medida por ambos. Pero nadie podía poner en tela de juicio su categoría moral y teológica.

Uno de los hechos más significativos en este sentido fue el diálogo entablado con Umberto Eco y otros intelectuales italianos.

Lo mejor de Martini sin duda era su autenticidad, que acaban de alabar con motivo de su muerte, algunas personalidades italianas. “Hablaba con el corazón”, “decía sin doblez lo que pensaba”, “su autoridad procedía de su autenticidad”.

Pero además siempre fue un buen religioso y sacerdote enamorado de Jesucristo. En uno de sus libros que acaba de publicar en España Sal Terrae, ” La transformación de Cristo y del cristiano a la luz del Tabor“,  cuenta que “cuando era un muchacho , me preguntaba: “¿cómo se ama  la Iglesia?” La pregunta tenía razón de ser porque yo  conocía a la Iglesia como puede conocerla un niño bautizado y que había hecho la Primer Comunión. Pero he amado a la Iglresia en la medida en que he invertido mis energías, tratando de servirla y apostando mi vida por ella. He ido familiarizándome con ella y la reconozco como madre que me ha engendrado, alimentado y sostenido”.

Reconoce que es “una casa en la que puede haber envidias y calumnias“. Pero “sin embargo la Iglesia es más grande que los hombres, porque es la esposa de Cristoy con los ojos de la fe la vemos como un reino de Dios que viene”. Según Martini, puede haber miedo y temores, pero a la postre, si se persevera, se “capta toda su verdad y maternidad”. Reside en lo que Pablo llama “un misterio de piedad”.

Cuando los periodistas con motivo de sus bodas de oro sacerdotales  siendo arzobispo de Miláne le preguntaron en 2002 cuál era el recuerdo más hermoso de su ministerio, respondió: “El haber celebrado la misa todos los días, porque la es la Iglesia vivida, la eucaristía es justamente el ‘misterio de la piedad’”.

Decía Ignacio de Loyola que “como en la vida toda, así también en la muerte” hemos de dar testimonio de nuestra fe. Martini quería terminar sus días en Jerusalén. Allí se fue, pero el Parkinson, que le aquejaba desde hace 16 años,  no se lo permitió. Tuvo que regresar a Italia y morir como un sencillo jesuita en el filosofado de Gallarate. Su último rasgo es no haber admitido el escarnecimiento terapúetico, sin alargar su vida artificialmente.

Ahora Carlo María Martini, es definitivamente un “Martini bianco” 

Su última entrevista es de alguna manera un testamento valiente y lleno de luz:

En italiano

Resumen español

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Pescador contemplativo

 

Cae la tarde y el pescador espera en silencio. Su paciencia se parece a la del mar, que besa la orilla incansable como la armonía de su música, su remoto bramido, que acuna al tiempo. Decía Papini que “muchos pescadores de caña no son más que filósofos disfrazados para pasar inadvertidos antes los imbéciles”. Quizás porque la gente no admite a los contemplativos puros que “no hacen nada útil”, y parecen perder el tiempo mirando al mar. En una sociedad dominada por nerviosos deseos utilitarios contemplar equivale a perder el tiempo. Por eso, caña de pescar en mano, el contemplativo resulta más tolerable. “Al menos está ahí para algo”, pensarán. Olvidan estos nuevos imbéciles que contemplar es ser.Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

Azul en el azul

 

Está quieta la barca azul en medio del azul del mar. Y al contemplarla, por un momento no llegas a saber con certeza dónde acaba ella y dónde comienza el mar. Contemplas en el océano y en la barca un trasunto de tu vida. A veces zarandeada por marejadillas y tempestades. En otras ocasiones, como esta, serenamente acunada por leves olas y la brisa acariciadora de la tarde, que parece mimarla como a una niña chica. La barca sin mar no es nada, sino leño muerto. En el mar está su ser y su vida. Pobre barquichuela mía, recupera tu identidad azul, piérdete en tu mar, redescubre que sólo serás plenamente en el seno de lo absoluto, cuando, aceptándote frágil y llena de horizonte, dejes de intentar bogar contracorriente, cuando comiences a ser azul en el azul.Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather

La vieja y las flores

 

Ella vende color, alegría, juventud y vida. Vende flores perecederas. Desde su ancianidad rugosa ofrece en un ramillete toda la explosión de la primavera, como si en su mano se hubiera detenido de repente el tiempo de las risas y los brincos, los sueños y sobresaltos de su adolescencia allá en la plaza del pueblo, cuando el viento jugaba con sus cabellos y los ojos de los mozos la perseguían golosos como a un fruto turgente. El primer piropo, el rubor de un requiebro, la emoción de un beso en la oscuridad. Flores que fueron frutos de hijos y sudores de trabajo para criarlos y esperas al marido al regreso de la siega, y lágrimas tragadas tras su pérdida. ¿Dónde están ahora esas flores huidas? ¿Quién le devolverá aquella lozanía, aquel amor, aquel vivir de estreno? En la apariencia se diría que no le queda nada, que todo se lo ha arrebatado el implacable paso del tiempo. Pero, cuando cierra sus ojos, sabe que las flores de su alma permanecen intactas, frescas como el primer día. Sabe que se ha vuelto más transparente y que su amor entreve el otro lado de este fluir de la belleza. Que el verdadero jardín no muere porque palpita dentro.

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El mejor amigo

 

Decía Pitágoras. “Antes que al médico, llama a tu amigo”. Este viejo pescador no necesita llamarlo. Antes que llegue a puerto, después de su larga jornada de pesca, le está esperando con alegres ladridos. El otro día leí a un sabio filósofo que, ante el deterioro creciente de las relaciones humanas y los conflictos de enfrentamientos culturales y hasta religiosos, pedía que imitáramos a los animales en su fidelidad y nobleza. La mente es un tesoro que Dios nos ha regalado para saltar por encima del espacio y el tiempo, para captar la dimensión espiritual y secreta del universo. Pero cuando el hombre la usa para encerrarse en sí mismo puede llegar a perversiones como la tortura, el racismo o el odio fanático. Este fiel perro del pescador, cerca aún de la naturaleza primera, seguirá esperándole en el puerto como no lo haría quizás ni su mejor amigo.Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmailby feather