¡Qué bien que me estoy muriendo con el feliz pasar de cada día! ¡Qué hermosura y cuánta algarabía saber que ya “soy” porque me estoy yendo
de mi pequeño yo, que nunca entiendo, y alcanzar al fin la gran sabiduría! Pues, al caminar por esta tierra fría, vislumbro en su belleza aquel estruendo
que será sumergirme en tu regazo del que nací eternamente tuyo, como chispa de amor vuelve a su esencia
y culmina su andar con un abrazo. Por eso aquí y ahora solo intuyo que ya estoy nadando en tu presencia.