Siempre hace buen tiempo

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Baja a mi noche

“Sentada en su butaca”
 
 
 
 
 BAJA A MI NOCHE
  
 Baja ahora a mi noche con la piedad del beso
 con que posa en la hoja la gota de rocío
 y límpiame el espejo con que copio este mundo
 de tristeza de niños sin niñez
 y ancianos sin arropo.
  
 Cántame tu nana, Señor, que tengo miedo
 a las sombras que tejen los dueños del dinero
 y a la frialdad de campos que engendran
 rascacielos con índices nikeis e ibex trentaicinco,
 cuando las flores huyen y los pájaros mueren
 sin ramas protectoras.
  
 Desándame el camino, que, perdidos sin norte,
 escarbamos asfaltos en busca de esperanza.
  
 Vuelve a casa, mi amigo, enciende tu fogata
 saca el pan con que hornas la ternura, y el vino
 con que sangras de nuevo entre misiles,
 que hace tiempo que no encuentro la risa
 sentados en la mesa de tu cuarto de estar.
  
 Me falta la cretona y el canto del jilguero,
 la tisana y la tarta, un calor de merienda
 y el croché de la abuela, sentada en su butaca
 y su nube sin tiempo. 
 Que la tele no grite
 zafiedades al aire y noticias que abruman
 al corazón exhausto.
  
 Salgamos a correr.
  
 
 Pedro Miguel Lamet
  
   
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“Para alcanzar amor”, en librerías

Para alcanzar amor

A partir del 27 de enero está en la calle mi nuevo libro Para alcanzar amor: Igancio de Loyola y los primeros jesuitas. Hace veinte años escribí mi primera biografía novelada de San Ignacio de Loyola, El caballero de las dos banderas, pero centrada, como suele suceder, en los años más movidos de la vida del fundador de los jesuitas: sus tiempos de gentilhombre “desgarrado y vano”, su conversión, sus años de peregrinaje. Ahora lanzo una novela histórica biográfica integral que engloba también los años más difíciles, los de la fundación de la Compañía de Jesús y su relación con sus compañeros, los primeros jesuitas.

TEXTO DE CONTRAPORTADA

El escritor Pedro de Ribadeneira, reconocido clásico de nuestra literatura, regresa a los ochenta y cuatro años de edad a su natal Toledo, y, a orillas del Tajo, evoca las peripecias de su larga vida: Desde el momento en que partió aún adolescente, como paje del cardenal Farnesio, hacia Roma, donde conocería casualmente a Ignacio de Loyola que, cuando solo contaba catorce años, le admitió en la naciente Compañía de Jesús. Eso le convirtió en su primer biógrafo y uno de los hombres que más trató y mejor conoció al fundador de los jesuitas.

                Ahora en su ancianidad rememora la vida del fundador, sus raíces, su época airada de caballero, su conversión, los tiempos de peregrinaje, de estudios, de fundación junto a sus compañeros y los años de oculto gobernante de la orden que ya extendía su influjo por todo el mundo conocido. Se plantea además las dudas y críticas que algunos han vertido sobre su libro, escrito en el marco de los acontecimientos de la España de Felipe II, la reforma y la contrarreforma, y bajo el condicionamiento de los inicios del proceso de canonización del futuro santo.

                Pedro Miguel Lamet viene a introducirnos también en los apasionantes hechos que enmarcan el nacimiento de la Compañía de Jesús, dentro del complejo ambiente político y social del Siglo de Oro, con su habitual amenidad y rigor histórico. Contrasta la personalidad de Ribadeneira, escritor sensible y algo quejumbroso, con la de Ignacio, provisto de honda armonía interior, amor apasionado a Jesucristo, e insólita capacidad de sintetizar la mística y el sentido práctico, cualidades que supo imprimir en la orden religiosa más eficaz y polémica de la Historia.

En el V Centenario de la herida y conversión que transformaron

al gentilhombre Íñigo de Loyola

AQUIRIR EL LIBRO ON LINE:

En Agapea, En Amazón, En Casa del Libro, En El Corte Inglés

ISBN9788491649748 – Fecha de lanzamiento: 27 de Enero de 2021 – Idiomas: Castellano – Género: Novela histórica – Formato: Tapa blanda – Editorial: LA ESFERA DE LOS LIBROS – Dimensiones: 23.5 x 15.5 – Número de páginas: 520

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El arte de creer

Cuenta una vieja leyenda hindú que hubo un tiempo en que todos los hombres eran dioses, pero abusaron de su divinidad y el dios supremo Brahma decidió despojarlos de su ser y poder divinos y ocultarlos donde ningún hombre pudiera encontrarlos. Fue ardua la tarea de encontrar un buen escondite.
Algunos dioses menores convocados a consejo para dar con el lugar adecuado para esconder la divinidad del hombre propusieron ocultarla en lo más hondo de la tierra o arrojarla al fondo de los océanos; otros dijeron que lo más seguro sería elevarla por los aires a la más alta de las atmósferas.
Pero Brahma dijo que él sabía de qué pasta había hecho al hombre y que llegaría un día en que los seres humanos excavarían las entrañas de la tierra, descenderían al suelo de las aguas más profundas y surcarían las bóvedas celestes. Así que podrían reencontrar su divinidad.
Se desalentaron los dioses menores: no había lugar en el mundo donde esconder la divinidad de modo que nadie pudiera encontrarla. Meditó un rato Brahma, y presentó su decisión: escondería la divinidad del hombre en lo más profundo del propio ser de los humanos; era el último sitio donde irían a buscarla.

Como cualquier otro aspecto de nuestra vida, cualquier tipo de fe o religación trascendente es en sí misma ambigua. Religiosos dicen ser los suicidas fedayines que matan indiscriminadamente en nombre de Dios y otros fanáticos más cercanos que confunden fe religiosa con intolerancia, culpabilidad, angustia y miedo.
La religión mal entendida ha fabricado mucha infelicidad y reglamentarismo huero, si no terror y hasta locura. En cambio, la fe auténtica en el Dios-amor, ese que según el citado relato hindú se esconde en lo profundo del corazón humano, ha liberado conciencias, ha hecho crecer al hombre, le ha reportado alegría y capacidad de superar las mayores desgracias, ha engendrado santos tan heroicos como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, el Poverello de Asís o Ignacio de Loyola, Francisco de Javier, o defensores de la paz y la justicia como Gandhi o Ellacuría.


La pregunta, desde esta perspectiva, siempre es la misma: ¿Hasta qué punto la religión o cualquier suerte de fe en algo trascendente nos ayuda en nuestra realización como personas? Parece que la respuesta siempre es la misma: Todo el mundo cree en algo, aunque sea en el amor de su novia o en un ensueño de felicidad futura. Si no, viene el desmoronamiento de la persona.

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“Así como nosotros”

El que no perdona nunca rompe los barrotes de su propia cárcel.

Ha llovido mucho desde que Séneca escribió en su libro “De moribus”: “Perdona siempre a los demás, nunca a ti mismo”. Entre otras cosas el gran filósofo cordobés no conoció al gran especialista del perdón, Jesús de Nazaret, que dio en la clave al mostrar la gran razón para hacerlo, el amor: “Muchos pecados le son perdonados porque amó mucho”; y la ignorancia: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. Sólo el cristianismo cambió, incluso culturalmente, el arte del perdonar, que es simultáneamente un modo de amor y de humor.

Si esta vida es un sueño o una película, un pasar en definitiva, el que es incapaz de perdonar y perdonarse no sabe relativizar, absolutiza lo transitorio, le da tal importancia a la ofensa que desea cristalizarla para siempre. Su morbo se vuelve contra él como un boomerang, volviendo su corazón duro como una piedra, amargado e infeliz.

Hoy se quejan los moralistas que no hay demasiada conciencia de pecado, ni en el orden social, ni económico, ni sexual. El pecado es una palabra casi desterrada de nuestro lenguaje. Sin embargo, ¿por qué la gente vive infeliz, estresada, con una vaga y difusa conciencia de culpa? Han surgido en esta sociedad consumista pequeños nuevos “pecados”. Hoy es pecado fumar, sobre todo para los americanos del norte. Es pecado tirar papeles en el campo y desperdiciar agua tontamente. Es pecado no tener buen tipo y no ser joven. Sobre todo la televisión nos enseña que todo lo malo que ocurre cada día y aparece en el telediario es culpa nuestra: los accidentes de tráfico, el hambre del mundo, la droga, el sida, el cáncer, la bajada de la bolsa, hasta la pandemia y el cambio climático.

Todo ello crea en nosotros una especie de mala conciencia que amarga. Y como el viejo remedio del confesonario no está ya en boga –quizás porque en vez de liberar muchas veces, por mala interpretación de la reconciliación cristiana, hacía más pesado el talego del sentimiento de culpa– se busca al psiquiatra, al vidente, al astrólogo o, lo que es peor a diversas formas de drogas duras y blandas. La cosa es escapar.

Siempre defiendo que el hombre ha nacido para ser feliz, si su mente y su corazón pueden despertar a la verdad profunda y a la armonía universal. Para conseguirlo es necesario perdonar a los demás y perdonarnos a nosotros mismos.

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¿Quién mató al padre Huidobro?

Fernando de Huidobro, SJ

El pasado día 8 de enero fue reabierto el proceso de canonización del P.Huidobro a petición del Arzobispado Castrense

Había sido interrumpido porque había duda si lo mató un proyectil enemigo o el fuego amigo. Hilari Raguer sostenía que lo asesinaron compañeros disgustados por haber escrito a Franco contra los fusilaimientos.

Discípulo de Heidegger en Friburgo se ofreció para ser capellán de cualquier ejército, preferiblemente republicano.

Será procesado, por tanto, al parecer, no como “mártir”, sino como “confesor”

El pasado 8 de enero por la tarde, al iniciarse la reciente gran tormenta de nieve, se celebró en la residencia de los jesuitas de la calle Maldonado de Madrid, la apertura del proceso de beatificación/canonización del padre Fernando de Huidobro Polanco, SJ (1903-1937), capellán de la legión fallecido violentamente durante nuestra guerra civil. En realidad, se trata de una reapertura promovida por el arzobispado castrense, porque el primer proceso iniciado por la Compañía de Jesús, se interrumpió en tiempos de la transición, entre otros motivos porque era difícil probar que el obús que le mató provenía de la zona roja o el fuego amigo, y por tanto poder encauzar el proceso como mártir. En todo caso lo que sí se pone hoy de manifiesto es que se trata de una figura de reconciliación que incluso escribió a los mandos nacionales en contra de los fusilamientos indiscriminados de jóvenes rojos, a los que atendió también  a riesgo de su vida.

UN INTELECUAL EJEMPLAR, DISCÍPULO DE HEIDEGER

Carnet de estudiante en Friburgo

Nacido en Santander en el seno de una familia acomodada -su padre era ingeniero que fue destinado a Melilla, Málaga y Madrid-, gozaba de gran simpatía de carácter y brillantes cualidades intelectuales. Después de fallecer su padre y cursar el bachillerato, sintió vocación a la Compañía. Su madre y sus hermanos le aconsejaron que esperara un año, en el que hizo en Areneros un curso de preparación a Derecho, que aprobó en la Universidad Central con matrícula de Honor. Tras su noviciado y juniorado en Granada, fue destinado a Oña donde sufrió en octubre de 1939 la supresión de la Compañía y subsiguiente expulsión a Bélgica, donde estudió en Marneffe y luego en Valkenburg (Holanda) ciudad en la que fue ordenado sacerdote.

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La estrella de los Magos

Os deseo a todos el mejor regalo de Reyes, recuperar la ilusión
y reencontrar la estrella.
¡Felices Reyes!

Una estrella entre nubes desleídas


LA ESTRELLA DE LOS MAGOS

En medio de la noche rumorosa
y en un bosque de brumas ateridas
caminaba sin rumbo solo a oídas
de ese miedo interior que me rebosa,
cuando entre nubes refulgió preciosa,
como bálsamo azul en mis heridas
una estrella entre nubes desleídas
que encendió la ilusión por cada cosa.
De pronto renació en mí el niño huido
que en el cuarto de estar abría la puerta
al regalo de ser, al sueño tierno
de un día de Reyes que perdió el olvido,
y en una bici la sorpresa abierta
de volar de nuevo hacia el amor eterno.

Pedro Miguel Lamet
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Meditación de fin de año

MEDITACIÓN DE FIN DE AÑO

Cuando al mirarme en el espejo, vago

hacia la sombra que detrás me dejo

y desayuno en la ventana un poco

de esta luz que me regala el tiempo,

te pregunto, Señor, cómo me llamo

y quién es este que pregunta al cielo

ahora que dicen que se acaba un año

y lo despiden con risas y festejos,

como si el fin no fuera cada día

y cada hora un nuevo comienzo;

como si pudiera retornar al niño

que jugaba a peonzas en el suelo

o al soñador sentado en la escollera

por bucear tu luz entre los versos.

Me parece este paso como un río

que no puedo atrapar; cual un intento

que no tiene otro fin ni otra diana

que despeñarse en un desfiladero

donde el “yo” ya es la nada iluminada,

una gota en el mar del  Universo.

Pedro Miguel Lamet

VIDEO DEL POEMA RELIZADO POR MI HERMANO MIGUEL ANGEL:

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Nochebuena de la pandemia

En esta Navidad tan atípica os deseo más que nunca, queridos amigos y lectores, felicidad de dentro. Quizás la fragilidad, inseguridad e incertidumbre en que vivimos por la pandemia, las restricciones que condicionan estas fiestas nos puedan ayudar más que nunca a acercarnos al desasimiento total con que vino Jesús a este mundo, despojándose de todo. Al final, paradójicamente, la más profunda razón de nuestra alegría.

Algo que he querido plasmar en este soneto:

NOCHEBUENA DE LA PANDEMIA


Nunca el mundo sintiose tan propicio
ni la tierra un erial tan deseable
para anhelar el Verbo que nos hable
desde el amor que era en el principio.


Nunca vimos tan cerca el precipicio
como en esta pandemia abominable,
ni sentimos el miedo a lo inestable
por un tiempo insalubre de desquicio.


Y nunca nochebuena fue tan buena
como la de habitar en lo inseguro
con una paradójica alegría,


ya que nunca la vida fue tan plena
ni el amor tan gratis y tan puro
como nacer en brazos de María.


Pedro Miguel Lamet, sj


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Despiértame

Amanecer
¿Cómo puede un hombre nacer
 siendo viejo?
(Jn 3,4)

 Para nacer de nuevo en la mirada
 y destapar el alma de la vida
 que se oculta debajo de esa herida
 del dolor, el absurdo y hasta la nada;
  
 para sentir la sangre emocionada
 que en el fondo del Ser ríe y anida
 con un sabor a gloria y despedida
 de este mundo de tiempo y alborada,
  
  despiértame al secreto de la rosa,
  sumérgeme en tu mar por un segundo
  desde el cráter feliz de cada cosa,
  
  haz que abrace el amor a lo pequeño
  para saber que soy en lo profundo
  un rayo de tu sol y de tu sueño.
  
  Pedro Miguel Lamet
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Tres profetas de Adviento

Tres profetas de Adviento
Tres profetas de Adviento

1. Él miraba a lo lejos una tarde

2. Voz que clama en el desierto,

3.  Cuando contemplo el brillo de mi aldea

       Avanzamos en el Adviento. La liturgia nos presentan tres profetas de este tiempo de caminar en la esperanza: Isaías, Juan el Bautista y María, a los que he dedicado tres sonetos:

            ISAÍAS

Mirad, la joven está en cinta y dará a luz un hijo… Porque un niño nos ha nacido, nos han traído un hijo, consejero maravilloso, príncipe de la paz.(Is. 7, 14; 9, 4-5).

Él miraba a lo lejos una tarde

el horizonte rojo de temblores

y el asirio imperio en los horrores

que avanza, mata, arrasa,  hiere y arde,





empuñando la espada del cobarde.

Cuando una luz deshace sus dolores

y de la sangre brota entre las flores

una visión de paz como un alarde:

¡No temas más, que ya amanece un sueño:

un hijo trae la luz sobre la tierra,

un niño se os dará, la joven madre









ya está en cinta  y en su seno encierra

el sendero  de amor con que se abre

al mundo  un Dios que anhela ser pequeño!





 
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